Libro de notas

Edición LdN
Los anales perdidos por Jose Antonio del Valle

Jose Antonio del Valle escribe la bitácora Vidas Ajenas y ha colaborado en www.Stardustcf.com y www.Bibliopolis.org. Los anales perdidos se publica el día 22 de cada mes y trata de ser una mirada a personajes e historias medio olvidadas por el tiempo.

Devuélveme mis legiones

Estatua de Arminio en Detmold
Cuando era pequeño, mis padres me mandaban a la cama en cuanto en la tele empezaban las cosas más interesantes, o al menos eso es lo que me parecía por aquel entonces. Series como Starsky & Hutch en mis tiempos estaban “fuera de los límites” y como mucho podías ver el principio de algún capítulo si la cena se alargaba más de la cuenta. De una de esas pocas ocasiones recuerdo una secuencia de la serie “Yo, Claudio”, que en su tiempo escandalizó a media España, poco o nada acostumbrada por esas fechas a ver por televisión historias tan poco edificantes como la de la familia de Augusto. En la secuencia en concreto, uno de aquellos centuriones se presentaba ante Augusto para darle la noticia de una gran derrota ante los germanos. Lo que más me impresionó, los niños son como son, es que los germanos habían metido a los prisioneros en cestas y les habían pegado fuego como ofrenda a sus dioses. Supongo que aquella noche no dormí mucho asaltado por imágenes tan horribles. No fue hasta mucho más tarde cuando leí la historia de la batalla del bosque de Teutoburgo, Arminio y Varo, y la verdad es que con los años sigue siendo una historia muy interesante por varias razones.

En la columna del mes pasado hablaba de las historias de la historia que nos cuentan (contaban) de niños para cultivar nuestro espíritu nacional; hablaba de Viriato, y Arminio es el Viriato de los alemanes, con el que al parecer comparte el dudoso honor de no haber sido derrotado por los romanos para morir traicionado por los suyos (para que luego digan que España es diferente). Parece que a Arminio lo redescubrió para sus compatriotas Martín Lutero, al que le pareció que aquel caudillo germano, devuelto a la luz poco antes por los eruditos italianos del renacimiento que tradujeron los textos clásicos en los que se contaba su historia, era una magnífica metáfora de su lucha particular contra Roma. Lutero además decidió que Arminio no era sino la latinización del nombre alemán Herman, lo que hoy pone en duda casi todo el mundo. Más tarde, este líder de la tribu de los queruscos sería reivindicado como legendario fundador de la patria por los que luchaban contra el imperialismo napoleónico y como símbolo de la secular contraposición entre lo latino y lo germánico en la época de la unificación y las guerras con Francia. De ese periodo data la gigantesca estatua de Arminio erigida en 1875 en Detmold, dónde se creía que había tenido lugar la batalla del bosque de Teutoburgo. Y, como suele pasar, después de la cima de la exaltación del personaje que tuvo lugar como era de esperar durante el nazismo, se pasó en los años más pacíficos que siguieron a sustituirlo en los planes de estudios por historias sobre la cooperación entre romanos y germanos, más acordes con la época de unidad entre los europeos que nos ha tocado en suerte.

A Arminio en las fuentes clásicas, como es natural, se le pinta como el malvado traidor que atrae al gobernador romano Publio Quintilio Varo a su destrucción. En realidad era un noble querusco que había sido educado en Roma, dónde pasó su juventud como rehén y, elevado al rango de caballero, dirigió tropas auxiliares del lado de los romanos en la guerra que estos libraron en Panonia en el año 7 D.C. donde parece que aprendió bastante sobre las tácticas de sus “patrones”. En aquella época, y tras las campañas de Druso (el padre del futuro emperador Claudio) la parte del territorio de los germanos comprendida entre el Rin y el Elba había sido pacificada, o al menos eso le pareció a Augusto, que envió como nuevo gobernador a Varo, quien según algunos había demostrado en Siria sus dotes de administrador y era el hombre de confianza del emperador, para que terminase el proceso de conversión de la zona en provincia romana. Sobre la capacidad de Varo también hay diversidad de opiniones entre los clásicos al parecer, unos le muestran como víctima de la traición de Arminio, y otros como un déspota que solo pensaba en enriquecerse, nada extraño en los procónsules de la época, y que con sus manejos acabó haciendo posible algo tan difícil como era que los germanos se unieran contra el invasor.
Sea como fuere, en el año 9 D.C. Varo se preparaba a retirarse a sus cuarteles de invierno al oeste del Rin cuando fue avisado por Arminio de una insurrección que al parecer había estallado en una de las tribus sometidas. Varo decidió acabar con los rebeldes de camino, y en vez de volver por rutas conocidas metió a sus tres legiones, unos 20.000 hombres, en una tierra llena de bosques y pantanos en la que su superioridad frente a los germanos en la guerra convencional les servía de poco.

Máscara romana de Kalkriese
En 1987, Anthony Clunn, un oficial del ejército británico destinado en Alemania y aficionado a la numismática encontró el escenario de la batalla en la localidad de Kalkriese, a unos 100 km del lugar señalado en el siglo XIX por la estatua de Arminio. Clunn halló gran cantidad de monedas y objetos de la época en lo que había sido un paso angosto entre una colina boscosa y un pantano. Encontró también restos de un muro de barro que se extendía a lo largo del camino y que pudo servir para ocultar y proteger a los hombres de Arminio. A raíz de estos descubrimientos, el arqueólogo Peter S. Wells cree que los hombres de Varo fueron atraídos hasta este paso estrecho que solo podían cruzar en columna de marcha y hacía imposible la defensa, y luego diezmados desde el muro con armas arrojadizas antes de que los germanos acabaran su trabajo en un brutal cuerpo a cuerpo que para Wells no duró más que unas horas. Ante la magnitud de la derrota, Varo se quitó la vida con su espada para no caer prisionero. Las fuentes clásicas dicen que la matanza duró varios días, siendo acosados continuamente por los germanos hasta que prácticamente no quedó nadie vivo salvo unos pocos centenares que consiguieron alcanzar el Rin tras semanas de privaciones y miedo en territorio hostil. Sea como fuere, la pérdida de cerca de 20.000 hombres supuso un golpe mortal para las esperanzas de expansión de Augusto. No solo eso, durante algún tiempo se temió una invasión de la Galia por los germanos, puesto que con la destrucción de las legiones XVII, XVIII y XIX solo quedaban otras dos para proteger el Rin. El golpe moral debió ser terrible para el emperador, que hasta entonces pensaba que Germania era una provincia más. Asustado, mando licenciar a su propia guardia, formada por germanos, expulsó de Roma a los residentes de esa raza para evitar una “quinta columna” ante un posible ataque y se cuenta que por las noches caminaba en vela por los pasillos de su palacio gritando ¡Quintilio Varo, Devuélveme mis legiones!

Después de aquello, Arminio disfrutó de un tiempo de fama en el que casi consiguió convertirse en rey. Los romanos volvieron al este del Rin para vengarse al mando de Germánico (hermano de Claudio) en sucesivas campañas entre los años 14 y 16. En el año 15 Germánico acampó en el lugar de la batalla y enterró los restos de Varo y sus hombres que habían sido dejados a la intemperie. Encontró también altares dónde los germanos habían sacrificado a parte de sus prisioneros a los dioses del bosque y el pantano. Aunque las fuentes clásicas nos presentan a un Germánico vencedor que pacifica finalmente el país, el hecho de que posteriormente los romanos se retiraran y no volvieran hace pensar a los historiadores modernos que la cosa debió de ser bastante diferente. Sea como sea, lo que sí consiguió Germánico fue recuperar las águilas de dos de las legiones perdidas frente a Arminio (la tercera se recuperaría en época del emperador Claudio) y, para humillación de éste, se llevó prisionera a Roma a Thusnelda, su esposa embarazada de un hijo que nacería en cautiverio y moriría como gladiador años después. La historia de los hombres de Varo acaba según Tácito en el año 50 cuando, en una expedición de castigo contra la tribu de los catos, las tropas al mando de Lucio Pomponio rescataron a varios de ellos que habían permanecido cuarenta años como esclavos de los germanos.

Al final, Arminio, vencedor de los romanos o al menos no vencido por estos definitivamente, se vio envuelto en guerras civiles contra sus propios compatriotas que, se dijera lo que se dijera después, no tenían aún la noción de pertenecer a una patria común más allá de lo que les diferenciaba de los romanos, y no estaban dispuestos a consentirle que se proclamara rey. Como Viriato, acabó traicionado por los suyos, siendo asesinado en 21 D.C.

La impronta que la batalla del bosque de Teutoburgo dejó en la historia fue considerable. Marcó el fin de la expansión del imperio en la zona y dejó definitivamente al Rin como límite entre las lenguas germánicas y las romances, entre los bebedores de vino y los de cerveza, dice Wells, y permitió asentarse una cultura germánica que siglos más tarde acabaría con el imperio y formaría la Europa que conocemos. Como punto de divergencia de líneas temporales para aficionados a la historia virtual no tiene precio: Isaac Asimov por ejemplo dice en su libro “El imperio romano” que sin esta batalla los romanos podían haber seguido hasta el Vístula y el Dniester, que forman un límite mucho más estrecho y por tanto más fácil de defender que el que formaron en realidad el Rin y el Danubio. Otros dicen que con una provincia romana entre el Rin y el Elba, el inglés no habría nacido, dado que los sajones se habrían romanizado. Todas estas disquisiciones nos adentran en el mundo de la ucronía del que algún día escribiré algo por aquí.

—————————————————————————-

ALGUNAS FUENTES

  • Asimov, Isaac: El Imperio Romano. Alianza Editorial. Madrid, 2003.
  • Rodríguez González, Julio: Historia de las legiones romanas. Almena. Madrid, 2003.
  • Wells, Peter S: The Battle That Stopped Rome. Norton, New York, 2003.
  • Wikipedia: Arminius.
  • Wikipedia: Batalla del bosque de Teutoburgo.
Jose Antonio del Valle | 11 de diciembre de 2006

Comentarios

  1. Cristina
    2006-12-11 22:52

    Ay, qué alegría, esperaba encontrar algo sobre la Navidad y me encuentro uno de mis temas favoritos, la batalla de Teutoburgo.
    La verdad es que siempre me ha impresionado la masacre que se organizó, aunque nunca he creído que hubiera mucha estrategia por parte de los germanos, no creo que ni en sueños se supusieran que podían acabar con tres legiones.
    Un saludo.

  2. Jose
    2006-12-12 01:43

    Je, je. A ver si va a resultar que somos almas gemelas de esas. No, sé según el libro de Wells la cosa estaba muy preparada, aunque es difícil saber cómo va a salir, claro. Me recuerda mucho a otro de mis desastres favoritos, el de Annual, al que creo que se parece en bastantes cosas. Tampoco creo que los rifeños supieran muy bien lo que iba a pasar, pero no creo que fueran tan analfabetos en estrategia como pensaba Silvestre.
    Me alegro que que sigas por aquí, por cierto.

  3. Nitram
    2007-01-14 07:50

    tiempo sin leerle don HdC sus buenas historias. Con respecto a Viriato y que era lusitano quisiera desfacer un entuerto muy común: la Lusitania no equivalía a la actual Portugal, toda la parte norte de Portugal era la Gaellicia y Lusitania comprendía englobaba también partes de las actuales provincias de Cáceres, Badajoz, Salamanca.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Lusitania

    de nada.

  4. royal
    2008-03-29 10:51

    es una mamada todo esto



LdN en Twiter

Publicidad

Publicidad

Libro de Notas no se responsabiliza de las opiniones vertidas por sus colaboradores.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons
Desarrollado con TextPattern | Suscripción XML: RSS - Atom | ISSN: 1699-8766
Diseño: Óscar Villán || Programación: Juanjo Navarro
Otros proyectos de LdN: Pequeño LdN || Artes poéticas || Retórica || Librería
Aviso legal