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Los anales perdidos por Jose Antonio del Valle

Jose Antonio del Valle escribe la bitácora Vidas Ajenas y ha colaborado en www.Stardustcf.com y www.Bibliopolis.org. Los anales perdidos se publica el día 22 de cada mes y trata de ser una mirada a personajes e historias medio olvidadas por el tiempo.

El castillo del horror

Henry Howard Holmes
Conocí la existencia de Henry Howard Holmes gracias a la documentación que mi amigo Dani Mares había estado recopilando para una de sus novelas. En una tarde de cervezas y estupenda conversación, tuve la suerte de asistir a un máster sobre asesinos en serie con mejor y peor fortuna y prensa; algunos conocidos en exceso para su número de víctimas y otros completamente desconocidos pese a tener en su haber una cuenta mucho más espantosa. Es el caso de Holmes, cuya historia llama la atención porque sus crímenes ocurrieron siempre en pos de una sola motivación: el dinero, a diferencia de todos esos asesinos de película con profundos traumas infantiles, aunque puede que algo de eso también hubiera. También es un caso particular porque, que se sepa, es la primera vez en la historia que se van a utilizar las técnicas y los métodos de la industrialización y la producción en serie para tan macabras actividades, en eso Holmes fue un adelantado a su tiempo, dado que sus crímenes se cometieron cincuenta años antes de Auschwitz, más o menos en la misma época que los de Jack el destripador, pero veamos quien fue nuestro protagonista de hoy en realidad.

Nacido Herman Webster Mudgett, nuestro hombre fue el vástago de una familia de clase media acomodada de New Hampshire, en los Estados Unidos. En sus memorias, Holmes, o Mudgett, reconocería más tarde haber tenido una niñez anodina y completamente normal salvo por un episodio en el que unos niños mayores le hicieron enfrentarse a un esqueleto humano lo que, lejos de asustarle, parece que le obsesionó con la muerte e hizo que acabara estudiando Medicina. Se graduó por la Universidad de Michigan en 1884, previamente había contraído matrimonio con Clara Lovering a la temprana edad de 17 años. Durante sus estudios tuvo sus primeros contactos con dos “negocios” que le acompañarían el resto de su vida, el robo de cadáveres para venderlos luego a sus compañeros de carrera y el uso de esos mismos cadáveres robados para estafar a las compañías aseguradoras. Incluso se piensa que ya en estos primeros años pudo cometer algún crimen a falta de otras fuentes de “material” para sus inquietudes de emprendedor.

Frank P. Geyer
Tras terminar sus estudios y algunos intentos de cobrar un seguro de vida a su nombre con los métodos ya indicados, Mudgett se mudó a Chicago y se cambió el nombre, pasando a ser Henry Howard Holmes, aunque en sus negocios usó otros muchos. También se casó otras dos veces, en 1887 con Mirta Belknap y en 1894 con Georgina Yoke, con la peculiaridad de que no se divorció antes de sus anteriores esposas, para que se hagan una idea de lo liada que tenía la vida nuestro hombre y por qué necesitaba desesperadamente tanto dinero. En 1886 empezó a trabajar en la farmacia de la viuda de E. S. Holton en Chicago, a la que acabó comprando el negocio. Posteriormente la señora Holton, a la que había hecho un seguro de vida que le dejaba como único beneficiario, desapareció convenientemente, aunque Holmes siempre dijo que se había mudado con su familia a California.

En 1893 tuvo lugar en Chicago la Exposición Universal, y nuestro emprendedor Holmes decidió sacarle partido. Así, en el espacio que ocupaba su farmacia y algunos edificios adyacentes que fue comprando con los beneficios de su negocio, construyó lo que la gente inmediatamente empezaría a llamar “el castillo de Holmes”, y que no era sino un gran hotel con 100 habitaciones destinado a aprovecharse del flujo de visitantes que la ciudad iba a recibir más que previsiblemente, en cuya planta baja seguía prestando servicios la farmacia original. Lo que no sabían sus vecinos es que aquel castillo era en realidad un lugar en el que ocurrían cosas espantosas. Construido por varios contratistas, a ninguno de los cuales se le dejó saber cómo era la obra en su totalidad, el castillo de Holmes era un laberinto plagado de pasadizos secretos, paredes corredizas, mirillas para espiar a los clientes y cosas mucho peores. Algunas habitaciones tenían conductos de gas para asfixiar a sus ocupantes, en los suelos había compuertas que comunicaban con rampas por las que los cadáveres llegaban al sótano del edificio, donde se procedía a darles un uso adecuado siempre en busca de la obtención del mayor beneficio económico. En el sótano había hornos para quemar los restos, aunque a veces también se utilizaban otros métodos, como el ácido. En general parece que los cuerpos eran despojados de sus partes blandas, y luego Holmes vendía los esqueletos a las escuelas de Medicina.

El hecho de que Holmes fuera un asesino ante todo utilitario no quita para que también tuviese su parte enfermiza y sádica, de manera que en el hotel también abundaban las salas de tortura y disección. Al parecer prefería mujeres jóvenes y rubias, aunque tampoco desaprovechaba otros tipos de víctimas. Holmes hizo también presa entre sus propias empleadas, de las cuales varias desaparecieron tras haberse hecho un seguro de vida que le dejaba como beneficiario, porque además parece que era un gran seductor, con un carisma casi hipnótico, capaz de hacer por ejemplo que un par de hermanas tejanas le nombraran único heredero antes de asesinarlas a ambas.

El “castillo” de Holmes
Tras la Exposición Universal el negocio decayó. Holmes volvió a su farmacia y a un montón de negocios limpios o sucios que le hacían viajar por todo el país, viajes en los que parece ser que siguió asesinando. En esta época se asoció con Benjamin Pitzel, un carpintero de antecedentes bastante turbios que había trabajado en la construcción del hotel de Chicago. También en aquellos días fue encarcelado por primera vez por otro de sus negocios con cadáveres y compañías aseguradoras. En la cárcel conoció a Marion Hedgepeth, un ladrón de trenes que le presentó a su abogado para organizar otro timo a una aseguradora. A cambio Hedgepeth debía recibir 500$ que nunca vio y que, al final, a Holmes le supondrían la ruina. El plan era hacerse un nuevo seguro de vida y luego encontrar un cadáver que hacer pasar por él para cobrar 10.000$, algo que, según sus memorias, había estado repitiendo desde su juventud. Parece ser que en algún momento Holmes cambió de idea y fue Pitzel el que se hizo el seguro, de manera que nuestro hombre no se complicó la vida, mató a su socio en Filadelfia e hizo que pareciera un suicidio. Luego Holmes fue a por la mujer de Pitzel, a la que convenció de que su marido estaba vivo y el plan seguía en pie. La mujer de Pitzel además lo puso al cuidado de tres de sus hijos, dos niñas y un varón, con los que Holmes huyó cuando Hedgepeth contó a la policía todo lo que sabía. Durante algún tiempo los mantuvo con vida camino de Canadá con la esperanza de que la viuda aún pudiese cobrar el seguro y todo se solucionara, pero al final acabó asesinando a las niñas en Toronto y al niño en Indianápolis. Los cuerpos fueron hallados más tarde por Frank P. Geyer, un detective de la agencia Pinkerton contratado por la compañía aseguradora.

Holmes fue detenido finalmente en Boston en noviembre de 1894. La policía le dijo que le arrestaban por un robo de caballos, con lo que no trató de huir pensando que le daría tiempo a maquinar algún plan para engañarlos, en realidad le procesaron por el asesinato de Pitzel.

Una vez encarcelado, se produjo la búsqueda de los hijos de Pitzel que fue seguida día a día por la prensa de todo el país hasta su fatídico desenlace. El relato de los crímenes debió estremecer a la sociedad americana de la época, a las niñas las había metido en un arcón con un solo orificio por el que introdujo un gas venenoso, luego enterró los cuerpos; y al niño lo estranguló, lo descuartizó y quemó los restos en una estufa, aunque no lo suficientemente a conciencia como para evitar que el hombre de la Pinkerton los encontrara. Además, la policía entró también por aquellos días en el castillo de Chicago avisada por un conserje que se había enterado de la peculiar historia de su jefe, encontrando al menos 17 esqueletos y todo tipo de restos humanos. Todo ello hizo que Holmes se convirtiera rápidamente en una celebridad y que William Randolph Hearst le pagara 7.500$ por una confesión. En un principio Homes escribió una historia auto exculpatoria en la que se pintaba a sí mismo como una persona normal víctima de las circunstancias y las casualidades más increíbles aunque, más tarde, después de que fuera declarado culpable tras un patético intento de defenderse a sí mismo, reconoció sus crímenes (27 asesinatos según él) en las páginas del Philadelphia Inquirer e incluso llegó a escribir que estaba poseído por Satán. Finalmente fue ahorcado en Filadelfia en mayo de 1896. Justo antes de la ejecución volvió a desdecirse y declaró que solo era culpable de dos muertes.

Benjamin J. Pitzel
Es difícil saber cuál fue el número real de las víctimas de Holmes. La verdad se encuentra en algún lugar entre los 4 seguros (Pitzel y sus tres hijos) y los 150 que acabó atribuyéndole la policía de Chicago. Aunque hay quien llega a los 200 teniendo en cuenta sus continuos viajes y su larga carrera criminal. Parece que durante la Exposición Universal de Chicago la criminalidad aumentó escandalosamente en la ciudad, y también hubo un gran número de personas que no regresaron a sus lugares de origen después de ella. Los posteriores testimonios de los vecinos del hotel, que veían entrar mucha gente y salir más bien poca, hizo que muchas de esas desapariciones fueran atribuidas a Holmes, pero no son más que especulaciones. El castillo de Holmes estuvo algún tiempo abierto a las visitas tras su ejecución, pero ardió poco después misteriosamente.

La vida de Holmes ha sido plasmada al menos en un par de novelas y la historia que escribió para Hearst, junto con su confesión, las memorias del caso de Frank Geyer y una descripción del castillo se pueden leer en la obra que va en la bibliografía más abajo. Además está el documental H.H. Holmes America´s First Serial Killer (2004) y en 2010 se habló de que una de las novelas podría convertirse en una película con Leonardo DiCaprio haciendo el papel de Holmes.
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ALGUNAS FUENTES

Jose Antonio del Valle | 22 de abril de 2012

Comentarios

  1. absence
    2012-04-22 20:23

    En el número 53 del maravilloso Crime does not pay se le dedicó una de las historietas. http://www.flickr.com/photos/el_blog_ausente/3447719841/
    Y también en los Archivos del horror del Creepy de la Warren, aunque no tengo el número a mano.

  2. Jose
    2012-04-22 20:43

    Mola, en América debe ser toda una “institución” lo raro es que no se haya hecho la película.

  3. Marcos
    2012-04-23 00:38

    ¡Queremos película YA!

  4. Jose
    2012-05-03 04:58

    Mirad lo que ha encontrado por ahí el Sr. Ausente:

    http://absencito.blogspot.com.es/2012/05/la-venganza-del-doctor-holmes.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed:blogspot/NNsX(El+blog+Ausente)



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