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Los anales perdidos por Jose Antonio del Valle

Jose Antonio del Valle escribe la bitácora Vidas Ajenas y ha colaborado en www.Stardustcf.com y www.Bibliopolis.org. Los anales perdidos se publica el día 22 de cada mes y trata de ser una mirada a personajes e historias medio olvidadas por el tiempo.

Un día de gloria en la zona gris

Primo Levi
El otro día, acababa de leer las memorias de Filip Müller, uno de los supervivientes del Sonderkommando de Auschwitz, cuando encontré por casualidad las de otro de ellos, Shlomo Venezia, editadas recientemente por RBA. Y es que a veces uno se pregunta si en realidad nos interesamos por ciertos temas o ciertos temas se interesan con nosotros. He de decir que a las memorias de Müller llegué gracias a la película Shoah de Claude Lanzmann, un larguísimo documental sobre el holocausto en el que se suceden testimonios inolvidables entre los que se encuentra también el de Müller. Antes de “Shoah” había oído hablar de los hombres del Sonderkommando en la película La zona gris de Tim Blake Nelson, que aún me sigue produciendo pesadillas de vez en cuando.

Fue Primo Levi el que llamó “la zona gris” a todos aquellos que ocuparon los múltiples nichos ecológicos que había entre víctimas y verdugos durante el holocausto nazi. A ellos pertenecían los kapos, los policías judíos de los guetos, los presos de confianza o que ocupaban cualquier puesto en el engranaje de los campos de la muerte en muchas ocasiones solo por un plato de sopa extra que les permitiera vivir un día más. Y sobre todos ellos sin duda destacan los miembros de los diversos sonderkommandos. Sonderkommando significa simplemente grupo o comando especial, y lo utilizaban los alemanes tanto para grupos especiales de su ejército (los anglos dirían task force) como para los que llevaban a cabo las peores tareas en los campos de exterminio.

Los sonderkommandos se encargaban básicamente de limpiar las cámaras de gas de cadáveres y de alimentar con ellos los hornos crematorios, pero no eran esas sus únicas tareas, además seleccionaban y almacenaban las ropas y bienes de los muertos, cortaban el pelo de las mujeres, arrancaban los dientes de oro; cuando los hornos no daban abasto eran los encargados de excavar las grandes fosas en las que se incinerarían los cadáveres sobrantes, o bien de desenterrar cadáveres de fosas comunes para incinerarlos y limpiar así las huellas del genocidio. Como vemos una serie de trabajos dignos del mismo infierno de Dante. Los sonderkommandos no eran, eso sí, los encargados de matar a nadie y por lo tanto Primo Levi los libera de toda culpa. Había que estar allí para saber lo que uno puede llegar a hacer para vivir un día más. Hubo muchos, también es verdad, que prefirieron morir a realizar esas tareas, y otros que prefirieron unirse a las víctimas tras un corto periodo de tiempo en el sonderkommando. El mismo Filip Müller, que llevaba en ello desde 1942, estuvo a punto de unirse a un grupo de compatriotas checos en la cámara de gas, y solo sobrevivió gracias a las palabras de una compatriota que le ánimo a vivir para contarlo. Tanto en las memorias de Müller como en la película de Lanzman se nos relatan escenas que hacen que redefinamos nuestro concepto de miedo y nos preguntemos cómo habríamos reaccionado en su lugar.

Filip Müller
Desde luego la posición de los sonderkommandos era una de las más terribles que ha podido ocupar un ser humano a lo largo de la historia. Obligados a enfrentarse a sus paisanos, familiares en muchos casos, sin poderles decir que se dirigían a una muerte cierta porque la maquinaria nazi funcionaba demasiado bien para que cualquiera que entraba allí fuese más que un muerto andante. Posteriormente, cuando lo que sucedía en aquellos campos se fue conociendo, tenían que limitarse a confirmar con una mirada o un gesto lo que las víctimas ya sabían. Y todo ello siendo conscientes de que lo más probable era que al final ellos mismo acabaran saliendo por las chimeneas del crematorio, puesto que los alemanes eliminaban los grupos especiales cuando ya habían terminado la tarea para la que fueron creados o cuando el ritmo de trabajo decrecía, como sucedió en Auschwitz a finales de 1944.

Tras el exterminio de los judíos húngaros, los crematorios de Auschwitz II-Birkenau habían llegado a ocupar a más de mil hombres, y la repentina disminución de la carga de trabajo hizo que se les empezara a mandar a la cámara de gas. Los alemanes eran expertos en el engaño, conseguían llevar miles de personas a la muerte con todo tipo de subterfugios, el más conocido sin duda el de las famosas duchas, y en el caso de los hombres del crematorio se les decía que iban a ser trasladados. Solo que si llevabas un tiempo siendo testigo de sus métodos no te hacías ningún tipo de ilusiones, y uno de estos traslados fue lo que desató la sublevación que se relata en “La zona gris” en octubre de 1944. En la película todo sucede por la presencia de una niña que no ha muerto en la cámara de gas. Aunque la historia de la niña es verídica, y fue relatada por el médico judío Miklós Nyiszli, ayudante de Mengele, en sus memorias (que son la base del guión del film) y posteriormente por Primo Levi, lo que sucedió en realidad fue algo mucho menos poético. Simplemente la mayor parte del sonderkommando del crematorio IV iba a ser gaseada, y decidieron morir luchando.

Miklós Nyiszli
Cuenta Filip Müller que, ante la cruda realidad que se les presentaba cada día, se había creado un grupo de resistencia que había conseguido algunas granadas, algunas armas cortas y tenían un plan estupendo parecido al que utilizarían los presos del campo de Sobibor. Además las presas de la fábrica de munición adyacente habían conseguido hacerles llegar bastante pólvora para volar los hornos. El único problema es que la dirección de la resistencia, en comunicación con los partisanos, no acababa de ver el día perfecto, lo que tenía descontentos a la mayoría de los conjurados.

Al final fue la muerte inminente lo que produjo la sublevación de una manera demasiado espontánea y diferente a los planes originales como para que saliera bien. Sabemos lo que pasó gracias a las memorias de Müller y Nyiszli, pero también gracias a documentos enterrados en el suelo del campo por algunos de los cabecillas como Zalmen Gradowski, que pereció en el levantamiento, .

En la mañana del 7 de octubre de 1944 los miembros del sonderkommando del crematorio IV fueron formados para pasar lista y hacer una selección para la cámara de gas. Tras pasar lista los prisioneros atacaron a los guardias con martillos, palos, piedras y todo tipo de herramientas. Los guardias de las SS inmediatamente empezaron a responder con sus ametralladoras, y los prisioneros se tuvieron que refugiar en el crematorio, donde utilizaron los explosivos conseguidos gracias a las mujeres para volar el horno. Con el sonido de las explosiones los presos del crematorio II se unieron a la revuelta, matando a golpes a un SS y metiendo a otro vivo en el horno.

Pronto empezaron a llegar refuerzos de las SS como se muestra muy bien en “La zona gris” y la mayoría de los revoltosos fueron asesinados sin contemplaciones, aunque un grupo de doce logró volar una parte de la alambrada y escapó. Lamentablemente equivocaron la ruta y fueron abatidos por los alemanes antes de llegar muy lejos.

Ella Gertner
Se cree que en la refriega murieron 250 presos y tan solo 3 SS, aunque otros 12 fueron heridos. Posteriormente los alemanes alinearon a otros 200 miembros del sonderkommando en el suelo y los asesinaron de un tiro en la nuca. Ese mismo día, otros 14 miembros del sonderkommando, pertenecientes a los crematorios III, I y V que no se habían sublevado fueron detenidos por la Gestapo y, bajo tortura, denunciaron a varias prisioneras de la fábrica de armamento.

Finalmente, y tras meses de torturas, cuatro de ellas: Ella Gartner, Roza Robota, Regina Safir y Ester Wajsblum, fueron ahorcadas en Auschwitz el 6 de enero de 1945.

La rebelión en sí no tuvo prácticamente ningún resultado, el horno IV no volvió a estar operativo, pero un mes después todos los demás eran desmontados ante el avance de los soviéticos, con lo que su lucha no sirvió para mucho en cuanto a limitar el número de judíos asesinados. Queda eso sí el acto testimonial de unos hombres que han sido denigrados durante años hasta que Primo Levi rescató su memoria, pero que en el último momento supieron morir luchando.
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ALGUNAS FUENTES

  • Gradowski, Zalmen: Documento de un Sonderkommando de Auschwitz. en Letras libres.
  • Levi, Primo: Los hundidos y los salvados. El Aleph. Barcelona, 2002.
  • Müller, Filip: Eyewitness Auschwitz. Ivan R. Dee. Chicago, 1999.
  • Venezia, Shlomo: Sonderkommando. RBA. Barcelona, 2010.
  • Weber, Louis (Ed.): Crónica del Holocausto. LIBSA. Madrid, 2002.
Jose Antonio del Valle | 11 de junio de 2010


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