Libro de notas

Edición LdN
Los anales perdidos por Jose Antonio del Valle

Jose Antonio del Valle escribe la bitácora Vidas Ajenas y ha colaborado en www.Stardustcf.com y www.Bibliopolis.org. Los anales perdidos se publica el día 22 de cada mes y trata de ser una mirada a personajes e historias medio olvidadas por el tiempo.

1242: Subotai se da la vuelta

Gengis Khan
Hace ya tres años por estas fechas (cómo pasa el tiempo) que escribí una columna sobre las veces que Europa había estado al borde de la catástrofe, salvándose en el último momento por una serie de batallas presuntamente decisivas. Mi intención por aquel entonces era hacer ver que no resultaba tan claro eso de que la civilización occidental dependiera en última instancia exclusivamente de las victorias militares. Un buen ejemplo de lo que decía es la historia que me dispongo a relatar, que en su día reconozco que se me pasó aunque, en rigor, no habría debido incluirla, puesto que hablamos de algo muy diferente a una de aquellas batallas decisivas. Estoy hablando del ataque de los mongoles a Europa entre 1237 y 1242 y de cómo fue detenido o, mejor, de cómo no lo fue.

Siempre me ha maravillado la historia de Gengis Khan y de cómo consiguió junto con sus descendientes el mayor imperio que ha visto la historia, aunque no nos suelen hablar de él tanto como por ejemplo del de Alejandro Magno, o del Imperio Romano. Es sorprendente cómo un reducido número de hombres fue capaz de forjar la mayor parte de ese gran imperio en unos 20 años gracias a una gran superioridad militar, y también a un calculado uso del terror que se saldó con unos 25 millones de muertos. Asusta pensar lo que habría podido suceder si las hordas asiáticas hubiesen arrasado Europa como hicieron con China y Asia central, porque al menos durante sus primeras campañas, los temibles guerreros de las estepas tenían la costumbre de acabar con todo rastro de cultura urbana, dado que su ideal habría sido una llanura infinita en la que apacentar sus rebaños.

Los mongoles llegaron por primera vez a Europa hacia 1223, tras arrasar en unos pocos años el imperio Kara Khitai y el de los Jwarizm-Shah en lo que hoy es Irán. A su paso dejaron algunas de las peores masacres de la historia, como la de Harat (1.600.000 muertos según las crónicas) o Nishapur (1.747.000 muertos) en 1220. Seguidamente las fuerzas comandadas por Subotai, uno de los mejores generales de Gengis Khan, cruzaron el Cáucaso, derrotaron a alanos y cumanos en 1222 y, finalmente, el 31 de mayo de 1223 exterminaron a una coalición de rusos y cumanos muy superior en número en el río Kalka. En aquella ocasión, la fuerza de Subotai era solo una de las alas del ejército de Gengis Khan, formada por unos 30.000 hombres, y tras su victoria frente a los príncipes rusos se le ordenó regresar para unirse al grueso de la fuerza mongol en algún lugar de Asia central, por lo que Europa no llegó realmente a correr peligro. Sin embargo, en el camino de vuelta sufrió algunas pequeñas derrotas a manos de los búlgaros que para la mentalidad de los hombres del Gran Khan no podían quedar sin respuesta, lo que produciría una segunda invasión catorce años después.

Ogodei Khan
En 1227 moría Gengis Khan y sorprendentemente la sucesión no fue lo problemática que se esperaba, dado que sus dos hijos mayores se quitaron de en medio y ofrecieron el título de Gran Khan al menor, Ogodei, que además resultó ser el más prudente y capaz. Con ello los mongoles siguieron su expansión en el lejano Oriente, y en 1237 le volvió a tocar el turno a Europa. Tras escarmentar a los búlgaros, un ejército mongol en teoría al mando de Batu, uno de los nietos de Gengis Khan, pero en realidad dirigido de nuevo por Subotai, que andaba ya cerca de los 70 años, cruzó el Volga y atacó Rusia en pleno invierno.

Subotai Bahadur está considerado por muchos como uno de los grandes generales de la historia e incluso algunos le consideran superior a Aníbal, Napoleón o Alejandro y, a juzgar por las hazañas que realizó, no es para menos. En realidad su mismo origen humilde delata una de las causas por las que el ejército mongol era superior a todos los de su época. Aparte de su movilidad y su superioridad táctica, el mando se obtenía por méritos y no por nacimiento. Resultaría imposible en otro ejército del momento ver a un príncipe de sangre real relegado por un viejo general que en la época de la segunda invasión de Rusia estaba tan gordo que tenía que ser transportado en un carro especial al campo de batalla.

Entre 1237 y 1240 los mongoles arrasaron las principales ciudades de Rusia: Riazan, Vladimir, Moscú, Chernigov y finalmente Kiev, el 6 de diciembre de 1240, donde la matanza subsiguiente transformó una próspera ciudad comercial en un pequeño villorrio que tardaría en levantar cabeza. Luego la fuerza de Subotai se dividió en tres. Acostumbrados a operar a cientos de kilómetros de sus mandos en las inmensas llanuras asiáticas para luego ir a concentrarse en un único punto y derrotar al enemigo en una batalla decisiva, las distancias europeas les debían parecer poca cosa. El ala derecha del ejército, mandada por Baidar, otro de los nietos de Gengis Khan, arrasó Polonia. El 9 de abril de 1241, un ejército de unos 30.000 hombres formado por polacos y caballeros teutónicos al mando del duque Enrique II, el piadoso, de Silesia se encontró cerca de Liegnitz con un pequeño grupo de mongoles que tras una mínima resistencia se batió en retirada. Los caballeros, creyéndose vencedores, cargaron contra ellos solo para ser conducidos al grueso del ejército mongol, que aunque no llegaba a los 10.000 hombres logro una sorpresa total que acabó exterminando a los polacos. Al mismo tiempo el ala izquierda, al mando de Kuyuk, hijo de Ogodei, derrotaba a un ejército húngaro en Transilvania, y el centro, mandado por Subotai y Batu, cruzaba los Cárpatos para ir a aniquilar el ejército del rey Bela IV de Hungría en Mohi, el 11 de abril.

Bela IV de Hungría
Tras estos acontecimientos prácticamente no quedaba ninguna fuerza que pudiera oponerse a la completa invasión de Europa. Los mongoles pasaron el resto del año arrasando Hungría y Croacia, mientras el rey Bela huía a Austria, donde llegó a prometer al emperador alemán que se convertiría en su vasallo si acudía en su ayuda. Sin embargo, el emperador Federico II Hohenstaufen estaba muy ocupado en sus guerras italianas contra el Papa y, extrañamente para el hombre cuyo carisma había logrado conquistar Jerusalén solo mediante la diplomacia, la invasión de los mongoles no pareció preocuparle lo más mínimo ni cuando a principios de 1242 éstos se plantaron a cien kilómetros de Viena. Por un momento la suerte de Europa pareció echada. Aparte del emperador, el único monarca capaz de haber hecho una mínima resistencia habría sido Luis IX de Francia (San Luis), los demás soberanos, Enrique III de Inglaterra, Fernando III de Castilla o Jaime I de Aragón estaban al igual que Federico Hohenstaufen demasiado ocupados en sus lejanos dominios para prestar atención a la amenaza.

La historiadora Cecelia Holland, en un magnífico contrafactual, describe lo que podría haber ocurrido. Sin apenas nadie que le detuviese, Subotai podría haber arrasado primero Alemania y los Países Bajos, acabando con la incipiente industria y el comercio que posteriormente daría lugar al capitalismo, luego habrían arrasado los centros culturales de Francia e Italia que dieron lugar al Renacimiento y a la ciencia moderna. Holland dice que el desastre habría sido similar al que sucedió en Irán, donde incluso destruyeron los canales de irrigación que llevaban milenios haciendo de aquella una tierra fértil y la convirtieron en el páramo que sigue siendo aún hoy, aparte de dar lugar a una nueva época oscura en el que los europeos habrían quedado para siempre bajo el yugo del fanatismo religioso. Se calcula que en Irán los mongoles exterminaron al 40% de la población. Un desastre similar al que supondría cien años después en Europa la Peste Negra, solo que además habría acabado con la mayoría de los medios materiales de la economía del continente. Como todos los contrafactuales, son solo especulaciones aunque, desde luego, el panorama que se presentaba no era nada halagüeño.

Federico II Hohenstaufen
Por todo ello imaginamos el suspiro de alivió que debió recorrer Alemania y Austria cuando en febrero de 1242 Subotai simplemente dio la vuelta y se volvió por donde había venido. ¿Qué había sucedido? Algo inesperado. Cuando todo parecía perdido, el Gran Khan Ogodei murió, y la ley exigía que los príncipes de sangre real y los hombres más poderosos del Imperio acudieran en persona a la elección del nuevo soberano. Esta vez el elegido fue Kuyuk, que había servido bajo Subotai. Con el nuevo Khan los intereses de los mongoles se volvieron a centrar en China y el cercano oriente, donde serían detenidos por los Mamelucos de Egipto en 1260 en Ain Jalut. Todavía entre 1285 y 1288 Nogai Khan, señor de la Horda de Oro, descendiente de Gengis Khan había de atacar Hungría y Polonia, aunque ni sus fuerzas ni su valía eran las de Subotai (muerto en 1248), y sería rechazado por los húngaros que, a la fuerza ahorcan, habían aprendido mucho de los mongoles en el ínterin.

En resumidas cuentas la mayor ocasión que vieron los tiempos no fue una batalla (aunque los polacos celebran el aniversario de Liegnitz aún hoy como si el sacrificio de sus caballeros hubiese servido de algo) sino la muerte a miles de kilómetros de suelo europeo de uno de los hijos de Gengis Khan, y si hoy Europa es lo que es hay que darle las gracias más a las extrañas leyes de una raza de pastores que al valor de sus propios guerreros.
———————————-

ALGUNAS FUENTES

  • Borge, Dimas: El imperio del halcón blanco en Historia 16 nº274. Madrid, 1999.
  • Holland, Cecelia: The Death that Saved Europe en What If?. Berkley. New York, 2000.
  • Nicolle, D. & V. Shpakovsky: Kalka River 1223. Osprey. Oxford, 2001.
  • Turnbull, Stephen: Mongol Warrior. Osprey. Oxford, 2003.
  • Turnbull, Sthephen: The Mongols. Osprey. Oxford, 1980.
Jose Antonio del Valle | 11 de mayo de 2010

Comentarios

  1. Marcos
    2010-05-11 18:03

    Apasionante, Jose. Es curioso cómo nuestra educación occidental perfila la historia a su gusto, creo que ningún libro escolar de historia da la importancia al imperio mongol que tuvo. Y más curioso todavía como la historia puede cambiar por detalles tan tontos como el de una única muerte y su sucesión.

    Saludos

  2. santi viteri
    2010-05-11 20:52

    Enhorabuena por este excelente artículo. También por Vidas Ajenas, que me encanta. Es un placer leerte y conocer un poco más, las pequeñas historias detrás de la Historia

  3. maxchufa
    2010-05-12 04:41

    Me ha gustado mucho el artículo y la conclusión final, realmente apasionante. Ya se sabe que el aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo. Un saludo.



LdN en Twiter

Publicidad

Publicidad

Libro de Notas no se responsabiliza de las opiniones vertidas por sus colaboradores.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons
Desarrollado con TextPattern | Suscripción XML: RSS - Atom | ISSN: 1699-8766
Diseño: Óscar Villán || Programación: Juanjo Navarro
Otros proyectos de LdN: Pequeño LdN || Artes poéticas || Retórica || Librería
Aviso legal