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Teratología por Marcos Taracido

«Quizás sea el momento de explorar otra percepción de los desvíos, de buscar desde otros ángulos, de observar en los destellos del espejo, de describir la ofuscación, de voltear la entelequia, de sopesar qué perversidad o cuál aborto corroe la naturaleza. Momento, quizás, para una nueva teratología.» #. Marcos Taracido escribe cada jueves Textos del cuervo. Teratología dejó de actualizarse en marzo del 2008. Foto: Joan Fontcuberta, El Ciclop, reproducida con el permiso del autor

[Fauna] Homo translucidus

Voló durante siete pisos y se abrazó al asfalto. Ahora se mueve lentamente, como si cada hueso buscase su sitio a cada paso. Aun vestido, es confusión todo el cuerpo, y no se adivina fácilmente cuál es el frente y cuál es el revés. El rostro es un equívoco, y los ojos bailan en las cuencas sin asentarse nunca, y todas las facciones parecen movidas y borrosas, como un puzzle mal encajado. Su mirada busca con desesperación la de los otros, pero jamás encuentra.

Marcos Taracido | 03 de mayo de 2007

Comentarios

  1. Ana Lorenzo
    2007-05-04 18:36

    Me gusta. Y me pregunto: ¿intentaba suicidarse? ¿Acaso trataban sus padres de deshacerse del monstruo? ¿O quizá su padre, mientras la madre, desesperada, intentaba impedirlo, ella, cuyos ojos sí, en ellos, paraba él los suyos?

  2. Marcos
    2007-05-06 18:58

    Conocí, en Manchester, a un hombre que habí asobrevivido a un salto de 7 pisos; y mirarlo era como ver una fotografía movida. Y se notaba a su alrededor un espacio inmenso de aislamiento, como una de esos escudos de defensa que lucen las naves en las películas de ciencia ficción, sólo que el escudo no emanaba de él, sino que lo forjaban los otros para evitar al monstruo: monstruo no sólo por sus secuelas físicas, sino por ser escupido por la muerte que él mismo había escogido. Tres pecados terribles.

    Y creo, Ana, que el hecho de que haya escrito este comentario es prueba de que el texto es, al menos en algo, fallido.

    Saludos.

  3. Candi
    2007-05-07 00:33

    No es un texto fallido, Marcos. Hay en él un hilo de continuidad con «Crítica de la razón», de tu anterior espacio LEVE HISTORIA DEL MUNDO. Las historias quedan suspendidas en la mente, y, un día u otro, se lanzan a vivir la vida imaginaria que su autor decidió darles. Esta es una de ellas.

    Saludos cordiales, en este alegre domingo de primavera.
  4. Marcos
    2007-05-07 04:32

    No sé, Candi, pudiera ser… en cualquier caso me deja asombrado que te acuerde de ese texto, o que hayas acudido a él; gracias.

    Sin embargo, yo no veo esa cnotinuidad, más allá de una narrativa-espacial. Quiero decir que ambos son personajes muy distintos: uno llevaba un monstruo dentro y se mató en un momento de “humanidad”. Éste sólo es un monstruo en la medida en que así lo ven los demás: es un monstruo sólo porque a los “otros” les/nos da miedo su físico extraviado y, sobre todo, su condición de suicida, y más aún de suicida superviviente: matarse es el mayor sacrilegio para el subconsciente social; pero sobrevivir es peor: rompe con la regla (supervivencia) más sagrada y encima sale vivo, no es castigado; se le percibe como un muerto viviente.

    Hablo demasiado.

    Saludos

  5. Candi
    2007-05-07 08:02

    Nada asombroso, esos relatos que forman la «Leve historia del mundo» los he leído recientemente. No recordaba el título, pero sí los hechos que se narran. E inmediatamente asocié el salto al vacío de aquel monstruo, que en un arrebato de moralidad, horrorizado ante la visión de sí mismo, intenta desaparecer, con éste, asociado ahora, y no antes —por desconocimiento— a la monstruosidad, solo en virtud de su aspecto físico. Y relacioné ambos sucesos.

    Saludos.

  6. Ana Lorenzo
    2007-05-07 17:09

    No, no creo que falle el texto, Marcos. Al principio mi interpretación fue esa: la del monstruo suicida (que todo el mundo ha alojado alguna vez en potencia, ¿no?), pero intenté reinterpretarlo dentro de la Teratología y, entonces, lo forcé. Quizá porque esto es lo que esperaba de tu Teratología en el espejo, y en la primera entrega (maravillosa), me despistaste.
    O yo misma me despisté. El monstruo de la Puella disturbata era el hombre que le olía el cuello, pero la muchacha tenía esa malformación que se gesta en un útero. Este homo translucidus, si ha elegido la muerte, y encima «la mort n’a pas voulu de moi», no se ha gestado en el útero más que tú o que yo, o que Candi, como monstruo.

    Creo que yo también hablo demasiado.

    Un beso

  7. Marcos
    2007-05-07 20:42

    Bueno, Ana, a mí me gusta la ambigüedad. En ese sentido en este hilo de comentarios me siento a disgusto, desnudo. Me gustaría pensar que en Puella disturbata el monstruo eran ambos o al menos ambos podían ser monstruosos para alguien. Y también me gustaría que pasase lo mismo en con este Homo translucidus: monstruosa su figura y su desafío y monstruosos quienes le niegan la mirada.

    Saludos.



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