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Tele por un tubo por Ramiro Cabana

Ramiro Cabana es comentarista de radio y televisión. Tele por un tubo dejó de actualizarse en agosto del 2006.

FUM, FUM, FUM

Muy buenas, mis requetebonitas, feliz año nuevo, etcétera. Cabana al habla una vez más. Y esta vez toca hablar de lo que está en todos los periódicos, toda la radio y por supuesto, la tele entera. La ley del tabaco.

En la tele, en todas las televisiones, y excepto en algún debatito amañado, todo ha sido meter miedo, asustar al personal, sacar reportajes de los métodos para dejar de fumar y sobre todo, sobre todo, sobre todo, cobrar por los anuncios de las empresas que comercializan esos métodos. ¿Eh, mis guapas? Se llama objetividad informativa.

Pero, ¿qué es esa tan cacareada ley del tabaco? Os preguntaréis con vuestra acostumbrada sagacidad. Pues es lo mismo que ya había antes y un poquito más. Ya no se podía fumar en el transporte público, ni en las oficinas del gobierno, etc. Ahora tampoco. ¿Y en los bares? En los bares se fuma. Porque la ley dice que los bares de menos de 100 metros cuadrados se puede fumar, y son la mayoría. Ayer mismo, 2 de enero, me di una vuelta por la ciudad y por mis bares habituales, y en todos se fuma. Igual que siempre.

Se puede fumar en los lugares de trabajo al aire libre. No en los cerrados. Así que los que salen perjudicados por la nueva ley son sólo los oficinistas. No los albañiles. Y aquí hay algo que no entiendo. La ley jode a los que votan al partido en el gobierno. La construcción está llena de inmigrantes, pero las oficinas no. El gobierno sabrá cómo tira sus votos a la basura.

En fin, que la ley afecta a unos cuantos, no a toda la población. El autónomo, solitario en su despacho, seguirá fumando. Bajará al bar a tomar un café y se despachará un pitillo tan tranquilo. Una ley menor, muy lejana al bomboyplatillo de las televisiones, una ley frívola, que aún siendo más dura hubiera resultado frívola.

Una ley frívola, mis queridas amigas personas lectoras, en comparación con el trabajo que le queda por delante a la supuesta ministra de sanidad. Una ley que equipare los servicios sanitarios en todo el territorio, por ejemplo. Porque no son iguales. En algunas comunidades hay que apuntarse a una lista de espera para entrar en las listas de espera. Hace falta una ley que imponga un gasto mínimo per cápita en sanidad, con una escala creciente según esa comunidad tenga más o menos personas mayores o infantiles.

Pero llega una a su ministerio por la mañana y resulta que no sabe qué hacer. Así que se pone a montar una ley menor. Nunca una ley que deje claro cómo debe ser la sanidad pública, que evite los mangoneos y retruécanos de los mal endeudados gobiernos autónomos.

Y mientrastanto seguiremos viendo anuncios con famosillos que anuncian que han dejado de fumar. Los idolillos que dan ejemplo. Mercedes Milà con sus campañitas y su amarillismo. Los telediarios y sus publirreportajes. Y los no fumadores desgañitándose porque se sigue fumando. Más de lo mismo. Más de lo mismo. Más de lo mismo.

La cosa, como siempre, queridas, es no trabajar.

Fin de la diatriba.

Ahora toca sacar a Borja y a Tigre a dar una vuelta. Eso sí que es un buen curro.

Chao.

Ramiro Cabana | 03 de enero de 2006

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