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Los mitos no se desnudan

Un autógrafo de Terenci Moix a Hilario Barrero me hace pensar. No el autógrafo en sí, sino el libro sobre el que ha sido garrapateado: “El día que murió Marilyn”. Moix era un mitómano empedernido, por lo que no sorprende en absoluto que el nombre del paradigma de los mitos eróticos aparezca como título de una de sus novelas.

Ello me hace preguntarme cómo se fabrican los mitos; concretamente, los mitos eróticos. Cómo es posible que alguien como Marilyn, muerta hace más de cuarenta años cuando aún no estaba cruzando la barrera de la madurez, ha podido mantenerse en lo más alto de los sueños húmedos de millones de personas sin ceder un ápice del brillo de su estrella. Han pasado décadas, centenares de filmes, inacabables búsquedas de una posible sustituta y el éxito ha sido nulo. ¿Dónde está la explicación al mito, a qué esa obsesión por reemplazar a alguien que, objetivamente hablando, ni siquiera cumple con los cánones de belleza y perfección establecidos desde la antigua Grecia? ¿Por que Jayne Mansfield, Brigitte Bardot, Jane Fonda, Kim Basinger, Sharon Stone, Madonna o la ahora refulgente Scarlett Johansson no inciden en nuestro imaginario de la misma forma que la inmarcesible rubia platino?

Del centenar de respuestas que podrían darse, quizá todas tan acertadas como erróneas, a mí se me ocurre una tal vez excesivamente seria: Marilyn nunca se desnudó. Algunos se opondrán a esta afirmación y dirán rápidamente que sí, que de hecho la Monroe fue la estrella de aquel primer número de la revista “Playboy” en el que Hugh Hefner la mostró al mundo recostada y risueña sobre terciopelo rojo… pero esas fotos no eran de la verdadera Marilyn, aunque se publicasen cuando la musa estaba en la cima de su carrera; la que se revolcaba ahí, pizpireta y deseable, era Norma Jean aún pelirroja y rizosa, sonriendo a camioneros y militares, pero no era Marilyn.

Marilyn nunca se desnudó, aunque muchos la vimos desnuda, o al menos eso intentamos. En “Con Faldas y a lo Loco” era en nuestra litera del vagón de tren en donde se metía, en nuestra habitación donde se pimplaba el bourbon que llevaba a todas partes como quitapenas, y a todos nos acabó cayendo mal Tony Curtis, que al final era quien se la quedaba en su papel de falso millonario guapo, frío y con gafas. En “La Tentación Vive Arriba” (uno de los pocos casos en los que el título español expresa mucho mejor que el original lo que la película acaba significando) todos soñamos con ser, no ese Tommy Ewell que lo pasa fatal ejerciendo de “rodríguez” con esa vecina tan despampanante, sino el fontanero que la va a visitar cuando ella, desnuda (así nos lo cuenta), se ha atascado el pie con el grifo de la bañera en su enésimo intento por combatir el asfixiante calor de Manhattan, multiplicado por mil dentro de ese edificio y en ese preciso instante. Y en “El Multimillonario”, un simplicísimo strip-tease, consistente en quitarse un jersey de punto violeta para quedarse en ropa interior y mallas junto a una barra vertical y delante de un anonadado Yves Montand, resulta muchísimo más ardiente que cualquier desnudo barato fácilmente encontrable por cuatro euros en un kiosco (y por bastante menos en internet). En una jugarreta macabra del destino, fue justo tras ser despedida de su último rodaje (que iba a llamarse “Something’s got to give”) cuando Marilyn decidió morir sola, convirtiéndose en eterna. De aquel rodaje se conservan algunos fotogramas en las que la Monroe sale completamente desnuda de la piscina, cubierta apenas por una toalla que deja todo su perfil al descubierto, sin mostrar nada más allá. Una escena nunca estrenada que coronaría su condición mítica para siempre.

La mitología del sexo, personificada en Marilyn, consistía justamente en no atravesar esa línea que impide a la imaginación seguir su curso, por eso sus sucesoras nunca consiguieron el nivel de trascendencia que ella obtuvo (reforzado, indudablemente, por su prematura muerte). Algunas se acercaron, como la Bardot o Sofía Loren, pero su sexualidad era demasiado evidente y carecía de ese punto de ingenuidad de M.M. Kim Basinger es, quizá, la que se manejó con más soltura en ese terreno, aunque ésta sí se desnudó en la infame pero innegablemente mítica “9 Semanas y Media”, desnudos hechos entre penumbra y juegos de luces del que destacó por motivos propios el que todos conocemos, asociado ya sin remedio a la voz rota de Joe Cocker. La Basinger no volvió a desnudarse hasta casi dos décadas después, pero rezumaba sexo en cada una de sus interpretaciones posteriores y quizá precisamente por ello fue apagándose en fama merced a proyectos que no hacían justicia a lo que iba más allá de sus carnosos labios. Gracias a Curtis Hanson, que nos la devolvió grandiosa en “L. A. Confidential” comprobamos para nuestro alivio que quien tuvo, retuvo… y tampoco necesitó desnudarse para ello. Sharon Stone, en cambio, necesitó de unas fotos en la misma “Playboy” y de protagonizar el polvo del siglo con el señor papada mágica para hacerse un hueco en el negocio. Lo que quedó de ese film, aparte del picahielos, fue algo no menos mítico, pero sí mucho más vulgar: un descruce de piernas. Cuando la Stone, ya madura (y reconstruida) quiso recuperar su sitio en el olimpo erótico tuvo que escuchar seguramente más de un “ah, sí, eso ya lo había visto”. El tren de los mitos no paró en esa estación.

Sería complicado buscar una explicación, entonces, a por qué apenas hay (si es que hay) mitos masculinos, pero una cosa es segura: los pocos que lo han conseguido tampoco se han desnudado. El líder indiscutible sería Paul Newman, hoy octogenario y retirado del cine, pero cuyos ojos azules están presentes en las mentes de mujeres (y tambien hombres) de toda edad y condición. A su estela habríamos tenido a un Robert Redford, hoy estropeado por las operaciones estéticas, pero que al arrastre de Newman fue más un rostro deseable que un buen actor. Sí es cierto que a lo largo de este siglo de cine que llevamos otros muchos han sido protagonistas en sus respectivas épocas: Sean Connery, Marlon Brando, Clark Gable, Cary Grant (aunque yo no lo consideraría dentro de la categoría de mitos eróticos) y, por supuesto, Rodolfo Valentino, el más grande del cine mudo y, que se sepa, el único que provocó con su muerte suicidios de sus admiradoras. Todo eso es imposible de encontrar actualmente, excepto en momentos muy concretos que después se difuminan o que son condenados a morir por sus propios protagonistas, como es el caso de Richard Gere o de Mel Gibson, el ultracatólico que más ha enseñado el culo en la Historia hasta que se hizo evidente que se le estaba quedando flácido. Quizá esto ocurre porque los (aspirantes a) mitos masculinos se intentan buscar en otros campos alejados del celuloide, como la música o los deportes.

Es difícil que vuelva a generarse un mito erótico paradigmático, al estilo de Marilyn Monroe. La avidez del consumo de imágenes hoy día se sacia con mucha más facilidad gracias a la tecnología, y ya no es necesario meterse en una sala de cine o leer una revista para cumplir, al menos con la mente, las fantasías más increíbles. Por la misma razón, la mitología se ha ido diluyendo conforme esos secretos, esas zonas íntimas que no hace tanto eran inalcanzables, son revelados con apenas un par de clics (a Manara me lo imagino con media sonrisa cuando comprueba que la realidad ha superado ampliamente a sus “perversos” dibujos). Siempre hay una foto robada, un descuido inevitable o un mañoso del photoshop que te da inmediatamente la respuesta a tus deseos. Y, en el momento en que dejan de serlo, acaban por desaparecer entre la maraña que ya puebla nuestra mente, insaciable pero cada vez menos impresionable.

Marilyn nunca se desnudó, pero jamás dejamos de desearla. Quizá ahí esté la clave del mito: el deseo, que desata la imaginación y es mucho más fértil con lo que intuye o adivina que con lo que se nos muestra a cambio de nada.

(Artículo publicado simultáneamente en La Remington de Joe Gillis)

Manuel Haj-Saleh | 31 de julio de 2007

Comentarios

  1. Ana Lorenzo
    2007-07-31 17:47

    No sé si la explicación será válida o no, o si los jóvenes seguirán viendo en Marilyn un mito erótico, pero es un artículo precioso.

    Un beso

  2. Miguel A. Román
    2007-07-31 18:29

    B.B. se desnudaba a la menor ocasión y se te comía con patatas, la Loren tiene cara de jugar al ajedrez mejor que tú, montar un armario de Ikea mejor que tú, cocinar mejor que tú y hacer el amor mejor que tú; Angelina Jollie, sencillamente, puede partirte la nuca con una sola mano mientras se pinta las uñas de los pies con la otra. La Stone ni te cuento.

    Lo mejor que tenía —tiene— Marilyn es que te necesita, es rubia, pechugona, frágil y tonta, llora como una magdalena y con dos copas pierde toda defensa de su virtud. Dice llamarse Lolita y que se supone que debe jugar con los chicos…. Marilyn necesita un hombre a su lado, cualquier hombre, tú mismo, yo mismo. Marilyn es una oportunidad real.

    Bo Derek jugó a eso, pero no lo logró. ¿Por qué? Pues porque en el fondo intuíamos que lo de Marilyn era pose, pero ni un rubio pelo de tonta, que al final se casa con un millonario, con un príncipe y, en la vida real, con una estrella del beisbol, un literato galardonado con el Pulitzer y tirándose al mismísimo presidente de los EEUU; pero Bo parecía realmente tonta, y no somos machistas hasta ese punto, queremos que además de dos enormes, redondos y preciosos… ojos… tenga cerebro, tal vez porque para adentro reconocemos que los tontos somos nosotros.

  3. Cayetano
    2007-07-31 18:53

    Interesante. A mi personalmente me gustan representaciones de mujeres (la vida real es otra cosa) realizadas por actrices como Liv Ulman , Emmanuelle Riva o Ingrid Bergman. Nunca he sentido nada especial por Marylin. De todas formas creo que se trata de un modelo o patrón cultural aprendido (el gusto por Marilyn) y cada etnia tiene los suyos. Son curiosos los patrones de belleza que tienen (o tenían) cada cultura, aunque aquí tambien podemos hables de globalización de los modelos :)

  4. hb
    2007-08-01 05:00

    Precioso articulo. Para mi la Monroe es mas que un mito: es todo una epoca. El dia que murio a muchos de nosotros se nos murio algo muy querido. Gracias, Manuel, por esta hermosa evocacion y reflexion.

  5. Manuel Haj-Saleh
    2007-08-01 06:16

    Gracias a todos por los comentarios y por los elogios :-) Asi da gusto

    Como dice Cayetano, cada etnia tiene su propio modelo cultural, que incluye en cierta medida las características que ha de reunir un mito para que lo sea. El que las comunicaciones se estén globalizando podría contribuir (yo tengo mis dudas) a globalizar también esos modelos. Si eso es así, puede que nunca volvamos a tener mitos…

    Como Ana, yo tampoco sé si los (más) jóvenes verán a Marilyn como mito, posiblemente no, pero también es cierto que las posibilidades de elegir ahora son mucho mayores y, si no hay nada ni nadie que encarrile lo que vemos o lo que leemos, es más difícil mostrar a M.M. en todo su esplendor. Con todo, creo que aún podemos sorprendernos :-)
    Esto lo digo porque, en teoría, a mí Marilyn no tendría por qué haberme despertado nada: cuando nací ella llevaba ya doce años muerta y cuando empecé a ver sus películas con ojos de pubertad, más de veinte, pero lo que yo sentí al verla en “Con faldas y a lo loco” tocando el ukelele es algo difícil de explicar… yo en aquel momento no fui capaz de hacerlo :-)

    Saludos.

  6. Marcos
    2007-08-02 07:30

    Creo que coincido con todos un poco; Miguel da en el clavo en su descripción de Marilyn, y claro, Cayetano, todos tenemos nuestros mitos alternativos.

    Lo que me sorprende mucho es que no nombres a Gary Cooper; creo que llegó incluso hasta nuestra generación, y desde luego la de nuestros padres suspiraban por él. Y creo también que lo que realmente gustaba de él era el mismo aire de ingenuidad que Marilyn, esa fragilidad dentro de su hombría, o como quiera llamarse: ni el sexo evidente de Brando, ni la comicidad excesiva de Grant.

    Saludos

  7. Otis B. Driftwood
    2007-08-02 17:54

    No sabría decirte… a mí me parecía sosito en ese aspecto, siempre parecía “demasiado mayor”. A mi abuela le gustaba Burt Lancasterr :-)

  8. cm
    2007-08-03 00:19

    Nunca he comprendido esa atracción por M. M. Mis gustos coinciden plenamente con los de Cayetano. Sobre todo Emmanuelle Riva.

    ¿Mitos masculinos? Siempre Brando —más intenso que Newman—. Luego de Niro. Sin necesidad de desnudo. Sabido es que nuestros parámetros van por muy distintos cauces.

    Me gustó mucho el artículo, Manolo.
    Saludos.

  9. Cayetano
    2007-08-03 01:44

    Cuando hablaba de etnias con modelos eróticos (aka mitos) estaba pensando en la cinematografía India (Bollywood) y en el conjunto de templos de Khajuraho . Tambien podría extenderme sobre mitos eróticos africanos, etc.

    Viene todo esto a raiz de la frase: la mitología del sexo, personificada en Marilyn. Solo quería señalar que hay muchas formas de personificar.

    Lo digo porque luego pasa lo que pasa. ¿Si somos tan buenos por que nos tiran la torres gemelas?. Va con mucha coña, solo apuntar que el modelo Marilyn (en este mundo globalizado) es bastante minoritario :) Ignorar el resto de modelos desde un etnonbliguismo puede acarrear consecuencias.

  10. Tracy
    2007-08-05 20:43

    ¿La comicidad excesiva de Grant?
    Esperen que me ofendo

  11. JJ
    2007-08-06 00:39

    ¿Y nadie menciona al mito erótico geek de la Princesa Leia? ¿O el no menos erótico y no menos geek de Natalie Portman, su mae?

  12. Manuel Haj-Saleh
    2007-08-07 06:31

    ¿erótico o geek? humm… ¿son compatibles? ¿una rana que habla mola que te cagas? ;)

    Mira, la Portman no se me había ocurrido. Pero creo que aún hemos de darle unos añitos. Le falta voluptuosidad, pero le sobra morbo por todas partes. Arf, añado.

    Y no me ofendan a Tracy, oigan, que tiene luego un pronto… Quedan avisados.

  13. OSWALDO FLORES GOMEZ
    2008-05-23 05:49

    EL LIBRO DE LOS MITOS NO SE DESNUDAN ES UN LIBRO INTERESANTE POR QUE HABLA SOBRE, POR EJEMPLO MARILIN MOURRON SE DISE QUE LA VIERON DESNUDA PERO NO ERA SIERTO NADAMAS QUE RIAN HASER QUE ERA ELLA, PERO NO ES CIERTO PORLO QUE SEDICE QUE ERA UN MITO DE ELLA QUE ESTABA DESNUDA.



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