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Mondo Píxel PG por John Tones y Javi Sánchez

Mondo Píxel PG supone, como el Parental Guidance de su título indica, un punto de vista alternativo y guiado acerca de los videojuegos. Cada viernes, John Tones y Javi Sánchez, miembros del hervidero de visiones con seso sobre lo interactivo Mondo Píxel, contarán en LdN cómo se ha convertido el ocio electrónico en una volcánica explosión de inquietudes pop. Sus ramificaciones en cine, tebeos y música, su influencia en nuestra vida diaria, su futuro como forma de ocio y olla a presión cultural. Cada semana en Mondo Píxel PG.

Oda de aquella manera a Jim Sterling

Hemos oído hablar durante toda la semana de Jim Sterling, jefe de análisis de uno de los blogs más seguidos e influyentes de Internet, Destructoid, que deja su cargo dejando a la web algo desamparada y sin un líder carismático al frente. Polémico, sencillo y muy prototipo del gordo forero que discute de todo y en todo cree tener la razón, Sterling tenía sin embargo notorias virtudes: una sencillez a la hora de afrontar la crítica de los videojuegos que lo hacían cercano al lector; y, por supuesto, una popularidad que garantizaban cierta relativa independencia, una en la que creían a ciegas todos sus seguidores. Con la llegada de la nueva generación, Sterling anuncia que deja Destructoid. Durante un par de semanas las conjeturas se han sucedido: ¿iba a abrir una nueva y revolucionaria web? ¿Un emporio de reseñas en Youtube? Al final, la realidad ha echado por tierra cualquier deseo de revolución en el sector periodístico especializado: Sterling se va a otra importante web de crítica de videojuegos, The Escapist, como coordinador de su plantel de críticos. Le deseamos lo mejor, y a The Escapist, que tenga un servidor con unos cimientos fuertes, porque le esperan semanas de avalanchas considerables.

Independientemente de nuestra opinión sobre los textos de Sterling (es populachero como solo alguien de tamaño éxito puede serlo, y solo en Polygon y Kotaku, por mencionar dos mastodontes de la crítica especializada, tienen en cada uno un buen puñado de escritores de mucha más enjundia), nos llama la atención su calado popular: Destructoid tiene que estar temblando en este momento, y es llamativo que un mero opinador sobre videojuegos arrastre tanta gente y ojo, condicione tantas compras. Por encima de cualquier otra cosa, Sterling es un generador de opinión, y como tal hay que valorarlo: solo encontramos un equivalente en nuestras letras, y obviamente está alejado de la crítica de videojuegos. Se trata de Carlos Boyero, capaz como Sterling de desbocar o cancelar la carrera de un juego solo con un gesto de complacencia o disgusto. Por supuesto, hay diferencias con la prima donna de El País. Para empezar, Sterling sabe escribir. Pero su consideración de cara al público es paralela. Y, como periodistas y comentaristas culturales convencidos de que aún nuestra profesión tiene cosas que decir en este siglo de atomización profesional, nos tranquiliza que haya quien pueda ser capaz de mover a decenas de miles de personas con un trabajo diario sencillo, discutible como todos, pero en última instancia consistente y defendible.

Nunca hemos sido amigos de la deificación de una profesión como la de crítico de videojuegos, porque viene pareja de la adjudicación de otra característica: la suposición de utilidad. Las veces que los autores de esta columna hemos oído lo de que hay que ser justos con las notas porque tenemos una responsabilidad con los lectores no se pueden contar con los dedos de las mano y los dedos de los pies, y va en la dirección contraria de nuestra firme creencia en que la crítica es un género periodístico de opinión libre y ensayo loco, no de matemática aplicada. Por eso nos hace especial gracia, por no usar otro euemismo, la existencia de una web como Otogami, que acaba de conseguir una ronda de financiación de nada menos que 330.000 euros. Otogami es un buscador de ofertas (nada raro hasta aquí) que aplica una nota muy perversa sobre los juegos, el Otoscore, una nota que se calcula en base a su puntuación en Metacritic (ese infierno en la tierra conceptual que hace medias de notas como si los productos culturales fueran morcillas) y al precio que tiene en las tiendas. Complejísimos algoritmos (dicen y, ojo, lo más pocho es que nos creemos que esos algoritmos existen) adjudican este “Otoscore” de desdichada implementación, este summun numérico de la relación calidad/precio y sobre cuya desdichada existencia e implicaciones ya dimos cuenta en Mondo Píxel. Otogami no quiere convertirse (aunque nos da que lo intentó) en algo más relevante que Metacritic gracias a tener en cuenta la repercusión en el bolsillo del jugador de cada juego, pero es inevitable acordarse de estos proyectos cada vez que hablamos de superestrellas de la crítica, precisamente porque por desgracia, crítica y numeritos van siempre de la mano.

Por eso, e insistimos, aunque Sterling no es precisamente nuestro modelo de crítico, sí que nos satisface ver que la gente clama su fidelidad a lo que al final no es más que un tío. Un tío gordo con sus propias opiniones y que se dedica a contarlas para que terceros saquen sus propias conclusiones. No hay nada más saludable que eso, y nos aleja de la palabra “algoritmo”, término que no nos importaría ver desterrado de una vez por todas de esa crítica cultural que cada vez vemos más utópica y utilitaria. Que te vaya bien, Sterling: escribes regular, pero al menos no eres un robot.

John Tones y Javi Sánchez | 08 de noviembre de 2013

Comentarios

  1. Alberto
    2013-11-08 10:36

    A bote pronto:

    - Uno tiene que acordarse siempre de Hedda Hopper y Louella Parsons, que también eran emperatrices romanas alzando o bajando el pulgar con las películas según les iba el viento y luego cayeron en desgracia porque sí y ya nadie les hacía caso. En fin, lo peor que puede hacer un crítico es creerse infalible e indispensable: en cualquier momento pasan de ti y se acabó, no eres más que el Capitán Haddock gritando borracho.

    - Lo de Ortogami es aterrador… pero maldita sea, funciona. Es decir, no es que funcione porque sus apreciaciones sean correctas, me refiero a que mucha (MUCHA) gente da por bueno un sistema de medición cultural en esos términos. Igual que mi suegro viendo sólo películas a las que La Voz de Galicia pone 4 o 5 estrellitas (si tiene 2 da igual lo que le diga yo o le diga su hija: tiene 2 y no va a verla) o compañeros que van al cine en función de la nota media de Filmaffinity.

    Así que cómo juzgar a los de Ortogami…

  2. Juan
    2013-11-09 01:14

    Lo raro es que no creasen Otogami antes. La gente (populacho queda feo y clasista) quiere que se lo den todo masticadito. Otogami les permite perder el menor tiempo posible para saber qué juego de calidad les durará más. Sin tener que pensar ni evaluar nada de nada (sin apenas leer).

    Qué horror, y desastre, de sociedad.

    P.D. quizás lo mejor sea Javi Sánchez Dictador Universal 2014. O no.



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