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Mondo Píxel PG por John Tones y Javi Sánchez

Mondo Píxel PG supone, como el Parental Guidance de su título indica, un punto de vista alternativo y guiado acerca de los videojuegos. Cada viernes, John Tones y Javi Sánchez, miembros del hervidero de visiones con seso sobre lo interactivo Mondo Píxel, contarán en LdN cómo se ha convertido el ocio electrónico en una volcánica explosión de inquietudes pop. Sus ramificaciones en cine, tebeos y música, su influencia en nuestra vida diaria, su futuro como forma de ocio y olla a presión cultural. Cada semana en Mondo Píxel PG.

El futuro es Betamax

Esta semana Sony ha presentado las características finales de PlayStation 4. La consola sale a la venta este mes con un magro catálogo de juegos de lanzamiento, pero sus defensores ya han agotado en casi todos los países las reservas disponibles, debido en gran parte a los errores previos de Xbox One. La máquina de Microsoft intentó pegar un puñetazo encima de la mesa en cuanto a gestión de derechos digitales acariciando un viejo sueño de las grandes distribuidoras (tu videojuego no es tu propiedad, sino una licencia de uso) y se ha tirado medio año corrigiendo el atrevimiento, hasta el punto de que las dos consolas se presentan al lanzamiento más o menos en igualdad de oportunidades —aunque Xbox One con el sambenito de que es menos potente técnicamente: Xbox 360 también lo era en comparación con PS3 y aquí estamos: con un alto porcentaje de juegos de esta generación creados directamente para la consola de Microsoft—.

Sin embargo, en esa presentación de características finales, PlayStation 4 ha demostrado que no está tan lejos de Xbox One en lo que a los otros usos del salón respecta: no permite la reproducción de MP3, CD Audio y vaya usted a saber qué formatos de vídeo. Tampoco soporta discos duros externos (aunque a diferencia de Microsoft sí permite cambiar su disco duro por defecto, de 500 GB) ni puede comunicarse con el resto de nuestros cacharros a la hora de reproducir multimedia. El cabreo de los usuarios ha sido tan monumental como ignorante de la trayectoria de la compañía japonesa, hasta el punto de que Shuhei Yoshida, presidente de Sony Worldwide Studios, ha tenido que tomar prestada una carta del desastre que afrontó Microsoft en su momento y admitir en un par de tuits que “escucha” a sus clientes.

La razón es bastante simple: en tiempos de ponerle puertas al campo, todo el mundo quiere copiar el modelo de Apple. Tanto Sony como Microsoft cuentan con potentes tiendas online de vídeo y música (Sony incluso tiene un muy desconocido sistema de suscripción musical similar a Spotify o Google Music) y, cuántas menos cosas puedas meter en sus consolas, más estás obligado a pasar por el aro de sus plataformas digitales. Microsoft se está dejando un enorme pastizal en montar su propia plataforma televisiva —tanto con acuerdos con terceros como con fichajes propios y producciones de la casa, algo que nos tememos que sólo mira al mercado estadounidense— y Sony necesita a la desesperada que PlayStation tire del resto de sus maltrechas divisiones. La obsesión por el control se nota en el desprecio que ambas muestran de salida a los servicios de Google, con Youtube a la cabeza.

El problema es que, independientemente de que la base de usuarios que maneje esos formatos ahora prohibidos sea mínima, capar esta generación de consolas —que son, básicamente, PCs “cerrados”— puede salir rana: si la caja debajo de la tele no me permite hacer lo que el resto de mis cosas electrónicas (o sí, pero pasando OTRA VEZ por taquilla), mi caja de debajo de la tele me está empujando a ignorarla. Sobre todo teniendo en cuenta la percepción, gracias a modelos gratuitos y juegos de móviles, de que el videojuego tradicional es caro de pelotas y de que está anclado en un pasado en el que el salón es Stonehenge, mientras nos llegan relojes Android y Google Glass nos saluda desde el futuro.

Y, sobre todo, Steam, la plataforma digital de Valve, que está siendo pionera —junto al Origin de Electronic Arts— en meter al usuario en su redil dándole una amplísima libertad: cada vez más juegos de su catálogo nacen directamente para Mac, Windows e incluso Linux con una política comercial estupenda (juega en todos tus ordenadores, paga una sola vez) y un as debajo de la manga. Sus futuros híbridos para salón, anunciados hace cerca de un mes, quieren meterse también en el terreno del audiovisual bajo demanda. Pero sin castrar: sus máquinas serán PCs abiertos, donde el usuario podrá meter tornillo y software a placer por una sencilla razón: pertenecen al bando de los que piensan que la piratería se produce más debido a políticas abusivas y precios desmedidos que al “todo gratis”. Si consiguen traducir todo lo que han hecho bien en el sector juegos (rebajas, disponibilidad, libertad de uso) a una tienda online de multimedia, puede que las dos tradicionales tengan competencia donde menos se esperaba: en un tipo de máquina que todo el mundo daba por muerta en tiempos del smartphone y a la que hoy, tecnológicamente al menos, han copiado de arriba abajo.

John Tones y Javi Sánchez | 01 de noviembre de 2013

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