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Torreón de Tramoya por Rosalía Ramos

Desde la posición privilegiada del que ve sin ser visto, Rosalía Ramos, filóloga culpable de Las notas de Doxa Grey, desvela con respeto los 4 de cada mes los entresijos de la caja escénica, las esencias de los textos, los engranajes actorales y, en definitiva, la magia que se despliega sobre y en torno a las tablas. Eso que puede lograr que el espectador, frente a un escenario, se olvide hasta de sí mismo. O tome conciencia, en plena catarsis, de quién es y a qué ha venido.

¿Inaugurando tradición “alternativa”?

“¿Pero este Fringe de Madrid se llama así por el Fringe de Edimburgo o porque han copiado vilmente el concepto?”

No sé si importa demasiado, si ya hace más de setenta años desde aquella primera edición, la del festival Fringe de Edimburgo en 1947, y sólo veinte años después ya estaba exportándose a Brighton, Adelaide (Australia) y Edmonton (Alberta), con diferentes y casi siempre excelentes resultados.

Pero, ¿qué es el Fringe?

En una palabra, alternativa. Diferencia. Eliminar los comités de selección de piezas, establecer precios populares y devolver el teatro a la calle en un intento por dar cabida a grupos emergentes, algo que parece que, por una razón u otra, se nos olvida rápido en cuanto se asienta el mainstream.

Fringe Madrid, por poner un ejemplo cercano, sólo lleva dos ediciones, nacido en un ambiente de crisis en el que es difícil arriesgar. Pasó del centro Conde Duque de su primera edición en 2012 al Matadero, y si bien tampoco llega, ni llegará en muchos años, a los 2400 espectáculos de su homólogo y “padre” escocés, se aprecia el esfuerzo. Hay propuestas valientes, en cuyo proceso participamos los espectadores, mientras los actores intentan que no nos arrellanemos en las butacas… cuando hay butacas.

¿Es esto posible en Asia? Más concretamente, ¿es esto posible en China, donde la censura no permite manifestaciones de teatro callejero más allá de las ferias y fiestas oficiales, donde el teatro propio perdió gran parte de su identidad durante la Revolución Cultural y donde, en definitiva, las libertades artísticas se ven recortadas no ya por el Gobierno sino por los propios creadores?

Parece que, aun con reservas, sí. El Beijing Fringe Festival comenzó su andadura en 2008, de la mano de Meng Jinghui, uno de los directores teatrales más vanguardistas dentro de China. El evento pasó de ser un pequeño festival local con diez producciones a albergar en su edición de 2011 más de cincuenta espectáculos, que mezclaban teatro físico, danza, ópera y diferentes workshops y, quizá lo más importante, estaba abierto a las producciones extranjeras. No sólo a las compañías europeas o americanas, sino también, a esas creaciones surgidas de la colaboración conjunta entre expatriados residentes y actores locales: es decir, lo que vendría a ser la nueva realidad en la escena china y de la que sin duda se verán frutos en los próximos años.

Para Meng Jinghui, el creador del festival en la capital china que es también la capital artística, lo más importante de es ante todo desarrollar nuevos talentos y abrir fronteras teatrales… en teoría. Porque cuesta. Porque a veces chocan las ideas artísticas occidentales con las de un país con una cultura del espectáculo que les lleva a montar stands para fotomontajes en las exposiciones de pintura.
Porque un espectáculo como la española Carmen de Bambalina Teatro que se presentó en 2010, con marionetas y algún que otro desnudo, seguramente crearía sensación y no siempre positiva.

La pasada edición del Beijing Fringe Festival, que comenzó el 3 de septiembre y duró veintisiete días, trajo consigo casi sesenta espectáculos de doce países distintos, desde Alemania o Francia a Rusia o España, y que combinan música con una enorme diversidad de espectáculos. Sin salir del espacio del teatro. Todavía. Pero es un comienzo. Está por ver si se mantiene o termina sufriendo la censura en forma de misteriosos cortes en el suministro de energía, como durante la última edición del festival de cine independiente de Beijing. De momento, mientras el teatro se mantenga fiel a Artaud y Brecht y las compañías extranjeras cumplan y deslumbren, parece que todo sigue en orden.

Rosalía Ramos | 04 de octubre de 2013

Comentarios

  1. Natalia
    2013-10-08 23:11

    a mi me suena genial, la combinación del teatro con la música e incluso danza, opera, y otros tipos de espectáculos alternativos creo que es una buena mezcla para un festival en el que disfrutar de cultura y ocio unidos de la mano



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