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Estilo familiar por Arístides Segarra

Arístides Segarra es escritor. Anteriormente ya fue construyendo Estilo familiar en Almacén. Estilo familiar dejó de actualizarse en octubre del 2006.

Racaille

Mi sobrina Andrea es dos años menor que Irene. A punto, pues, de cumplir los cinco. Mi exmujer siempre dijo, y no siempre en privado, que el nombre de la sobrina fue elegido por su madre, exclusivamente, por el hecho de ser el finalista del concurso onomástico protagonizado por Irene, y el nombre posible de una futura hermana. Yo también lo creo, aunque tanto el encono de mi ex por aquella apropiación (trasunto de su altísimo sentido de la propiedad, otrora llamada posesión), como la fútil esperanza de un segundo hijo me resulten, aún hoy, incomprensibles. Las peleas de gallos familiares nunca han sido mi fuerte.

El caso es, lector amable, que Andrea preguntó a su madre hace unas semanas (¿sólo? Si parece ya tan lejano!) por qué quemaban coches. En París. Por si no nos acordamos. Confieso que tentado estuve de apropiarme la anécdota atribuyéndosela a mi dilecta siguiendo aquello de que “quien roba a un ladrón…”. Pero más que el hecho que aquel hurto onomástico siempre me la trajo floja, renuncié a ello sólo con repetirme mentalmente la pregunta en su literalidad. “No da la talla”, pensé. Espero que mi hermano pequeño, su padre, encaje deportivamente el comentario, pues nada malo dice de su hija, a quien he escuchado cosas muy dignas de ser robadas. Aunque ahora que lo pienso, mi hermano, de pequeño y, por lo que me cuentan, todavía ahora, montaba en cólera con sólo una mirada que él interpretara malintencionada. Casi mejor que no lea el artículo.

Como decía, la pregunta de Andrea no da la talla. No está a la altura de hallazgos irenianos del calibre de “papá, cómo se mueve la luna” o “qué hay debajo del infinito”, con prólogo, desarrollo y conclusión en su formulación extensa. La razón es su immediatez: formulada ante la imagen de los disturbios en la televisión, no presupone una reflexión previa, sino una reacción directa al estímulo. Descartada.

Pero María, mi sobrina pequeña, e hija de mi otro hermano, se aproximó más al espíritu intelectualmente aventurero que amo en los niños cuando emergió, la otra tarde, de la habitación de los juegos de casa de mi madre (por cierto, mi antigua habitación), en donde jugaban las tres, Irene, Andrea y María, y se dirigió directamente a mi mujercita requiriéndole, entre indignada y apenada, que metiera en vereda a Irene: “¡Tía, Irene no quiere jugar con nosotras a que ella canta una canción y nosotras nos reímos de ella!”

María llegará lejos. Camino lleva de convertirse en una magnífica Sarkozy exclamando ante las cámaras “¡Franceses, esa chusma no quiere jugar con nosotros a que ellos siguen siendo chusma para que vosotros, que pagáis impuestos y votáis, os sintais satisfechos de no serlo!”. Apunta maneras la niña, sí señor.

Arístides Segarra | 30 de diciembre de 2005

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