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	<title>Libro de Notas - Estilo familiar</title>
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	<description>diario de los mejores contenidos de la red en español</description>
	<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 17:49:23 GMT</pubDate>
	
	<item>
		<title>Moros y cristianos</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Confesaré, lector amable, que las fiestas populares apenas despiertan mi curiosidad, y adormecen mi interés. Llámense Moros y cristianos, Fallas, Sanjuanes, Magdalenas, aquí donde vivo todo es uno y lo mismo. No dudo que se deba a haberme criado en jardín de sobreabundancia, en la tierra de las flores, de la luz y del amor; y de la fiesta, qué fantástica, fantástica esta fiesta, qué fantástica, fantástica esta fiesta, esta fiesta en la que yo te di mi amor. Pero además de la sobreexposición o la repugnancia estética hacia los disfraces y las verbenas existen razones etnológicas, o más bien sociológicas, que el niño que está solo y observa acaba identificando, y el adulto elabora. La exaltación del gregarismo que diluye la responsabilidad individual, la sustitución de la voluntad por el “espíritu del pueblo”, la desaparición momentánea de una realidad casi insoportable por una fantasía reconfortante, la recuperación de los roles tradicionales del “hombre-hombre” de café, copa y puro, y de la mujer modelo de belleza, madre y esposa, y la integración-adoctrinamiento de los niños. ¡Qué fantástica esta fiesta!</p>
	<p>Estas fiestas tradicionales no sólo perpetúan los roles tradicionales a nivel individual, sino que, como buenos remedos carnavalescos, sirven de válvula de escape para el mantenimiento del <em>statu quo social</em> tras los cuales vuelve el rico a su riqueza, vuelve el pobre a su pobreza, y el señor cura a sus misas. Literalmente.<br />
En mis días jacobinos, uno de los achaques de la edad, abogo por su exterminio con Comité de Seguridad Pública y guillotina incluidos. Ya saben, “el terror no es más que la justicia rápida, severa, inflexible”, que decía Robespierre. Leo que Federico Herrero, imán de la mezquita la Unión de Málaga y presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas ha pedido la suspensión de los desfiles de Moros y Cristianos. Convencido que sus razones no deben ni rozar las mías; es más, convencido que mis razones para acabar con dicha fiesta y otras podrían acarrearme no menos problemas con determinados correligionarios de este señor, de nombre curiosamente entreverado entre gacetillero radiofónico y eurodiputado ultra, de los que en Francia afectan ya a simples profesores de filosofia de instituto (aunque significados intelectualmente) como Robert Redeker, amenazado de muerte por un artículo de opinión, tan incendiario como se quiera, en <em>Le Figaro</em>; convencido de que no decimos lo mismo aunque digamos las mismas palabras, he autorizado a Irene a que participe en la fiesta de Moros y cristianos que ha organizado su escuela hoy. Irá de cristiana, porque es el papel que le ha tocado en el reparto.<br />
Y aunque no lo fuese: en estos momentos, lamento decir que me parece más probable que acabe donde quiero, laica y atea, saliendo de cristiana que saliendo de mora. Así está el mundo.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/9758/moros-y-cristianos</link>
		<pubDate>Fri, 06 Oct 2006 09:10:34 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Estoicismo infantil</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El lector amable, a quien no presumo por ello menos entendido en ciencias pardas, ya debe saber que no hay peor desastre que un deseo cumplido, el “juicios tengas, y los ganes”, el finalismo en los objetivos vitales que el gitano nómada tuvo necesariamente que menospreciar para sobrevivir cotidianamente. Que en el aprendizaje a través de los procesos y las experiencias que conlleva la persecución de nuestros paraísos se halla lo mejor que la vida puede ofrecernos tampoco es, por otro lado, una novedad, aunque bajo ese rótulo nos lo presenten en las macrolibrerías en las listas de “no ficción”, i.e. “autoayuda”: ¿recuerdan el chiste? ¡qué bonito loignorito! Más les valiera haber leído antes y mejor a tanto comedor de barritas energéticas de habilidades sociales y mentales.</p>
	<p>Abandono la diatriba, que me acabo repitiendo más que mis propios criticados, aunque venga al propósito, pues no debo esperar que ni este artículo ni esta columna cambie la naturaleza sublunar y libere de golpe al mundo de la locura, la vanidad y la afectación.</p>
	<p>Mi niña va a tener un hermanito, o hermanita, como ella misma puntualiza. Su madre está embarazada, aclaro, para quien pudiera sospechar de mi chochez o de la juventud de mi mujercita. La continuidad biológica ya la he resuelto a mi gusto con Irene, y los compromisos familiares ancestrales de dotar a la familia de heredero masculino que transmita el apellido los delegué, para mi satisfacción y la de mi cuñada, en mi hermano pequeño.</p>
	<p>Irene ha reaccionado con explícita alegría, sabia resignación y miedo soterrado. He soportado la primera y no seré yo quien traspase al lector, no ya amable, sino bondadoso, tal sobredosis de excitación infantil en una niña que adora los bebés. Sobre el disfrute de la segunda y el padecimiento del tercero me explayaré un poco más, ya que al cabo son más enriquecedores. O si no, más curiosos.</p>
	<p>Por ejemplo, que a sus casi ocho años mi niña ya haya hecho el aprendizaje de la evitación del deseo inútil. Gran logro que espero, con mi ayuda, que la lleve a transitar más a Cicerón que a Buda. Ante la siempre eludible pregunta que mi mujercita no resistió la tentación de hacerle: “¿y tú qué prefieres, un hermanito o una hermanita?”, Irene le dio todo un baño de estoicismo: “Me da igual, porque si yo quiero un hermanito y después es una hermanita, o al revés, la verdad es que no depende de mi ni de nadie. No vale la pena querer una cosa o la otra. Mejor esperar a ver lo que viene.” Para que luego digan que los hijos sólo dan disgustos.</p>
	<p>Pero los dan. <em>So savage winter catches / the breath of limber things</em>. A Irene le cuesta mucho dormirse últimamente en mi casa. No se siente segura, dice. Tiene miedo. Cree que puede haber alguien bajo la cama cuando está boca arriba, y a su espalda cuando está de lado (“No tenemos miedo porque soñamos con un tigre. Soñamos con un tigre porque tenemos miedo” ¿Dónde dijo esto Borges?). Sólo mi presencia y mi contacto hasta que se duerme la calma y le permite conciliar el sueño. Además de la pérdida de hábitos a la hora de conciliar el sueño tras el descontrol vacacional en una niña de padres separados que no ha dormido más de dos semanas seguidas en la misma habitación y en la misma cama en todo el verano, hay algo más. ¡Crece tanto! Crece tanto que ya está llegando al aprendizaje de la soledad y del silencio, y pronto llegará a la comprensión del horror, de su proximidad, e incluso de su cotidianeidad.</p>
	<p>Está entrando en esa etapa que precede la pubertad, en que la progresiva aprehensión del mundo en su complejidad nos hace conscientes de nuestra finitud y de nuestra impotencia como individuos. Llega el final de la inocencia con la muy reciente muerte de su abuela materna, con la sueña constantemente hasta el punto de confundir sueño y vigilia sin que al parecer su madre haga gran cosa por poner orden en su cabecita,y con la llegada de su nuevo hermano, o hermana. Tendrá que asumir responsabilidades. Su madre, toda delicadeza y oportunidad, nada más comunicarle la noticia ya le dijo que tendrá que pasar más tiempo jugando sola en su cuarto porque ella y los demás estarán ocupados atendiendo al bebé. La primera noche que me quedé con ella tras saber la buena nueva, le dije que era normal que tuviese miedo, yo también lo tenía a su edad, y que menuda suerte que su padre podía quedarse con ella hasta que se durmiera, porque mi madre no podía quedarse conmigo. ¿Por qué papá? Porque éramos, somos, cuatro hermanos, y no podía quedarse con cada uno hasta que se durmiera cada uno. ¿Y a partir de ahora mi madre ya no podrá estar conmigo?</p>
	<p>Pero, ¿por qué decir más? Todos vivimos enredados en cuerdas de arpón. Todos hemos nacido con ronzales en nuestros cuellos; pero es sólo cuando somos sorprendidos por el imprevisto y brusco momento de la muerte que comprendemos los silenciosos, sutiles y siempre presentes peligros de la vida. Y si usted es un filósofo, aún sentado en un bote ballenero no sentirá en su corazón más terror del que sentirá sentado al atardecer frente al fuego de su hogar con un atizador, y no con un arpón, a su lado. Creo que cuando acabe Harry Potter le leeré <em>Moby Dick</em>.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/9688/estoicismo-infantil</link>
		<pubDate>Fri, 22 Sep 2006 11:42:25 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	<item>
		<title>Irene y la gran ciudad</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Imagino que el lector amable me leerá en las mismas condiciones en que le escribo, bajo los efectos de la resaca vacacional; aunque puede que me considere un tanto repelente si les confieso que me moría por volver a los brazos otra vez de mis lugares y mis rutinas, incluído el trabajo que me da de comer. Debe ser que con la edad, además de los achaques propios, la mente empieza a retrotraerse a la infancia: aún recuerdo la ansiedad por la vuelta a la escuela, material escolar nuevo y libros nuevos, la cantidad más grande de libros nuevos que tendría de una sola vez en todo el año. Me los leía todos en una semana. De pequeño quería que la escuela fuese una progresión permanente sin solución de continuidad. Pero sobre la abolición de las vacaciones, de esa forma de felicidad obligatoria que la sociedad de servicios en que vivimos nos impone, hablaremos otro día.</p>
	<p>Aún así, de mi localización geográfica durante ese período infausto no puedo quejarme, estaba donde quería estar: no “en la Sierra” que es una forma de vivir en la ciudad, pero con un parque al lado un poco más grande de lo habitual, sino en la montaña, <em>in deserta</em> (aunque siempre hay más gente de lo que uno quisiera). Irene estuvo allí conmigo ocho días, otros ocho en un lugar similar en el Bierzo con su madre (la cual, conociéndola, debió vivirlo como si fuese “la Sierra”) y otros ocho en una pequeña ciudad manchega de la que es originaria su familia materna, con concierto de Estopa y resaca subsiguiente (de agua y falta de sueño, claro) incluida. ¡Los trabajos que le manda el Señor! Que yo recuerde ahora mismo conoce también Madrid, Barcelona, Mallorca, Nápoles y Génova, y motivos de conversación recurrente entre nosotros son los viajes que haremos a Paris, Londres y Buenos Aires. Añada el lector amable que vivimos en la tercera o cuarta ciudad española en población (seamos piadosos y dejemos otros parámetros al albur del lector), y colegirá que el conocimiento empírico de mi niña sobre pueblos y ciudades es más que razonable a sus siete años y medio.</p>
	<p>Como colofón vacacional de mi vástaga tocaba la prometida visita bianual al Zoo de Barcelona. A última hora, de prisa y corriendo, unos amigos se condenaron acogiéndonos por una noche y un día (gracias Xavi, gracias Cuca, gracias Vera). Nada más llegar, a las cuatro de la tarde, fuimos a ver el espectáculo de los delfines: Irene había sabido por Vera, de su misma edad y condición, que hace apenas dos meses habían nacido dos delfines en el Zoo, por lo que su grado de entusiasmo hacia “el animal de mar que más le gusta” se multiplicó hasta el punto que me hizo comprarle el peluche de delfín bebé antes de entrar a a ver el espectáculo.</p>
	<p>Reconozco que en principio no era reticente a satisfacer los deseos de mi astilla, pero tras cuatro horas de conducción y hora y media de cola a la puerta del delfinario, lamentaba profundamente la magnánima piedad divina que permitió salir a los pecadores airados del cieno de la laguna Estigia en el quinto circulo del infierno dantesco para desterrarlos al limbo oceánico metamorfoseados en pescaditos pacíficos, alegres y contentos retozando en un jacuzzi del que, eso si, no podrían salir jamás. Y aún me faltaba Irene pidiéndome que fotografiara a los bichitos cada cinco segundos. Una tarde que sin duda muchos considerarían el colmo de la paternidad responsable.</p>
	<p>Y lo fue si lo que vino a continuación fue provocado, o facilitado, o inducido, o vaselinizado por tanto delfín. Acabó el espectáculo. Vimos los lobos, los suricatas, los perrillos de las praderas, tigres y leones, y nos cerraron el Zoo. Con la promesa de volver a la mañana siguiente, nos fuimos a comer algo y aproveché para visitar con ella y mostrarle mi Barcelona sentimental. Parlament 55, aquí vivía tu padre cuando venía a investigar y a leer manuscritos rancios a la Biblioteca de Cataluña, en la esquina de la Ronda sant Pau, del Mercat de sant Antoni y de la Ronda sant Antoni, y en este bar, Els Tres Tombs, desayunaba cada día antes de iniciar mis felices jornadas. Comeremos aquí. Se sorprendió del trajín de gente arriba y abajo en contraste con otras partes de la ciudad por las que habíamos pasado, semidesiertas, y por la variedad de tipos que veía, mucha más gente diferente una de otra que en su provinciana ciudad.</p>
	<p>Y mientras ya relajada y tranquila se zampaba con ferocidad la comida que ella misma había elegido con mi beneplácito (pinchos, tortilla de patatas, anchoas y agua, entre sus rarezas está que no le guste la Coca-cola), dejó caer, como si no fuese importante, la siguiente afirmanción: papá, en las ciudades grandes todo está mas cerca que en las ciudades pequeñas. ¿Cómo? Sí, que en las ciudades grandes todo está más cerca que en las ciudades pequeñas. Sí, ya lo he oído, pero parece un poco contradictorio, ¿no? ¿Me lo explicas? Que en las ciudades grandes hay más oficios y más edificios, y las cosas estan más cerca de la gente, mientras que en las ciudades pequeñas hay menos gente y hay menos oficios y la gente tiene que ir más lejos para encontrar las cosas. Si mi niña. Tienes toda la razón. Hablaré con el tío Roger para ver si te incluímos en alguna de nuestras tertúlias sobre urbanismo y sociedad. ¿Qué? Nada, nada, es broma, pero sólo un poco.</p>
	<p>Ya leen, lectores amables, ¿cómo no perdonarle que adore los delfines, a Barbie y a Estopa? </p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/9579/irene-y-la-gran-ciudad</link>
		<pubDate>Sat, 02 Sep 2006 12:11:19 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Dejar hacer, dejar pasar: o no</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Irene anda algo desconcertada ante mi cambio de actitud con su madre. Abandonar el <em>laisser faire, laisser passer</em> que supuestamente favorecía un entorno pacífico a mi niña me ha costado meses de depresión, y exigirá la readaptación de todo el mundo. La primera, mi unigenita, que ya puede dejar de sobreprotegerme, aunque le está costando: debo insistirle en que no hay nada de mi vida y mis opiniones que no pueda contar a mi exmujer. La segunda es la antedicha, que sigue amurallada tras la ciencia infusa materno-esotérica, y que ya se ha encontrado con el ejercicio de mi patria potestad por escrito para que Irene deje de ser visitada por santeras y tratada contra enfermedades inexistentes con homeopatías y flores de Bach. Y para que vaya a su pediatra, a la que hace dos años que no ve. Y la tercera es mi linda mujercita, que preferiría una buena pelea ya, a un razonado escrito más tarde. Bueno, le gustarían las dos cosas, pero yo sigo odiando la violencia física, no he cambiado tanto.</p>
	<p>Ya me ven, pues: ayer era un gobierno europeo más sentado a la mesa de los veinticinco, dejando hacer y dejando pasar, camino de la disolución de Europa y de la autodestrucción en cuanto me acabara de leer la Constitución europea, cual 007 de tebeo (“este mensaje se autodestruirá en cinco segundos&#8230;¡Bum!”), y hoy soy un Parlamento europeo que por lo menos dice lo que cree, aunque al final haga lo que deba.</p>
	<p>El lector se preguntará quién es más esotérico, si mi exmujer con sus flores de Bach o yo con mis comparaciones, y me permitirá, <em>amabiliter</em>, para entender el paralelismo que le recomiende la crónica que publica hoy Thomas Ferenczy en <em>Le Monde</em> a propósito del embarazoso silencio con que los gobiernos de la Unión Europea cubren que dos de los veinticinco paises miembros (Polonia y Eslovaquia) cuentan en estos momentos con ministros de extrema derecha en sus gabinetes sin que se hayan producido algaradas mediáticas. Nada que ver con la berbena que se montó cuando en el 2000 la ultraderecha austríaca entró en el gobierno del canciller Wolfgang Schüssel con aquel guapito de cara de&#8230; no me sale el nombre, disculpen.</p>
	<p>En Polonia el gobierno de Kazimierz Marcinkiewicz y después el de Jaroslaw Kaczynski cuentan entre sus ministros con dos representantes de la Liga De Familias Polacas, cuyo presidente y ministro de Educación es un ultracatólico homófobo que deberíamos recordar por aquí por sus recientes declaraciones saludando la memoria del general Franco. Excepto  mentar la bicha, ¿les suena de algo?</p>
	<p>Pero vayamos al fondo de la ciénaga. Ferenczy analiza el silencio gubernamental europeo y lo contrasta con la firme denuncia que el Parlamento europeo ha realizado de la participación de la ultraderecha en los gobiernos de los paises miembros de la Unión. Atribuye el silencio de los primeros al fracaso de las denuncias y sanciones a Austria en el 2000, y a la comprobación de la “muerte natural” del fenómeno en contacto con los mecanismos democráticos. Puede que sea un buen análisis para no repetir los mismos actos fracasados en aquella ocasión, pero me preocupa que conduzca a un letal <em>laisser faire, laisser passer</em> carente de responsabilidad sobre los hechos. Hacia ello apunta el análisis final de la crónica: “Ciertamente, las ideas de extrema derecha no se corresponden con los valores europeos, pero, mientras las reglas de la democracia sean respetadas, ningun país de la Union se siente autorizado a abrir un proceso contra sus vecinos. Después de todo, nadie está a salvo de estos accesos de fiebre”. ¿Europa ha entrado en coma irreversible con la ampliación, y los partes médicos se han convertido en secreto de estado, como la salud de Fidel?</p>
	<p>Habría que matizar que ningún <em>gobierno</em> europeo se siente autorizado a abrir un proceso contra sus vecinos, pues el Parlamento europeo, al menos, ha dicho lo que piensa, aunque haga lo que deba. ¿Para cuando un Parlamento europeo constituyente?</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/9431/dejar-hacer-dejar-pasar-o-no</link>
		<pubDate>Fri, 04 Aug 2006 10:29:14 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Pero, ¿qué quiere esta gente, papá?</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Heme aquí de nuevo, lector amable, con el falso deseo de que mi obligada ausencia no les haya causado trastorno alguno. Irene bien, gracias. De hecho más alta, más gordita, más madura, más independiente y más dispuesta a juguetear con el saber y el mundo. O sea, que estan ustedes irremisiblemente perdidos si siguen dispuestos a leerme. Y acabarán tan desconcertados como su amante padre cuando mi dulce niña soltó la pregunta que encabeza este retorno mientras íbamos en el ascensor de casa como quien pide explicaciones por la ausencia de <em>Petit Suisse</em> en la nevera: con el aplomo de quien desprecia a aquel que en sus manifestaciones demuestra perversión o maldad.</p>
	<p>¿Esta gente? Momento de pánico paterno. ¿Espera que sepa de quién está hablando, y sólo pide una respuesta, o espera que lo pregunte, para explayarse? ¿está hablando del PP a propósito del diálogo con ETA, del PP a propósito del accidente de metro en Valencia, del PP por su menosprecio a la aconfesionalidad proclamada en la Constitución española durante la familiar visita del Papa a Valencia, del PP por su rechazo a la Ley de Memoria Histórica, del PP a propósito de su apoyo incondicional a Israel por su desmesurada respuesta a las provocaciones de Hezbolá, del PP por olvidar su pasado y llamar antisemita al gobierno? ¿O apunta más alto y va directamente a por Bush, a por el Papa, a por Israel, Hezbolá, Mojo Jojo y la madrastra de Blancanieves?</p>
	<p>Hasta que levanté la vista para meditar la respuesta, y la vi. VIVA VIVA VIVA FRANCO. En rotulador negro indeleble. Otra vez. En realidad no buscaba una respuesta, sino que manifestaba hastío por tener que revivir el Comando Segarra. Bien por mi niña.</p>
	<p>Les cuento las aventuras del Comando Segarra. Hace un par de meses apareció en el ascensor de nuestro edificio el innecesario, por obvio, cartel de <em>Prohibido Fumar</em>. El adolescente físico o mental de turno, más herido por el hecho de la prohibición que por la ausencia de humo, y dado que se trataba de una ley propuesta y aprobada por el gobierno socialista, no tuvo más brillante idea que sobrescribir en el cartel un par de VIVA FRANCO. ¿Para reivindicar la libertad de fumar en un metro y medio cuadrado? ¡Si yo hubiese sido un cachondo e irónico militante de la liga pro pisoteamiento de los derechos del no fumador y pretendiera denunciar el recorte de libertades, la pintada hubiese sido: VIVA FRANCO VIVAN LAS CADENAS VIVA LA MUERTE fdo. ZAPATERO ASTRAY! No, el interfecto no era inteligente. Ni amante de más libertad que la propia.</p>
	<p>El dia en que lo descubrí por primera vez también subía con Irene. Ante mi indignación por la pintada, Irene preguntó que quién era Franco. Ligero desconcierto. ¿Recuerdas que papá te cuenta a veces que hubo una guerra civil en este país que ganaron los fascistas, que vivimos muchos años sometidos a una dictadura en la que una sola persona decidía por todos nosotros? Ssssssiiiiii… Escasa indignación por su parte. Decidí apelar a las emociones. Ese señor fue el responsable del fusilamiento de tu bisabuelo, que era mi abuelo y el padre de tu abuelo, al que ninguno hemos conocido mas que a través de sus cartas porque él ordenó que lo mataran. ¿Ah, siiiiiiii&#8230;? ¿Y qué vamos a hacer? Fundar el Comando Segarra. Y nuestra primera acción subversiva  será boicotear la pintada. ¿Cómo, papá, la vamos a borrar? No, hija. Dibujaremos una flechita en el VIVA y al lado escribiremos: “¿Tu estabas en clase el día que explicaron que el subjuntivo es el tiempo de la irrealidad y el deseo?”. ¿Y eso qué significa, papá? Que ya puede escribir lo que quiera en la pared del ascensor que Franco no va a resucitar, y que ni siquiera nos vamos a tomar la molestia de borrarlo. Ah!, nos estamos burlando de él, ja ja ja… esto del Comando Segarra me gusta.</p>
	<p>Al día siguiente el interfecto había arrancado el cartelito, pero los responsables de la administración de mi edificio no tienen muchas más luces que las que iluminan al supradicho, con lo cual al cabo de un par de días había un nuevo cartel de prohibido fumar en el ascensor, y al tercero, nuevas pintadas. Eso sí, sin el viva. Sólo FRANCO, FRANCO, FRANCO, dispuesta en vertical y de tal forma que fue fácir reconvertirlas en ARRANCO, ARRANCO, ARRANCO, bastante más apropiada para un fumador. Irene no cabía en si de gozo con cada nueva acción del Comando, y llegó casi al éxtasis cuando nos pasamos media tarde dibujando y pintando banderitas republicanas en el ordenador para tapar las banderitas con el aguilucho con que el interfecto había ocultado nuestra manipulación del apellido del dictador asesino. Lástima que cuando fuimos a pegarlas alguien se nos había adelantado y había arrancado el cartel. Irene torció el gesto y dio una patada en el suelo por la frustración: ¡pues las pegamos igual! No, mi niña, la respuesta ha de ser proporcionada. Mohín de rabia.</p>
	<p>El caso es que durante un tiempo el interfecto fuese, no sé si de vacaciones físicas o mentales, y no hubo nada. Hasta su vuelta, que coincidió no sólo con Irene en el ascensor, sino también con mi mujercita, recién aterrizada de Buenos Aires. Criada en una buena familia burguesa, le pareció una cochinada. Las pintadas y nuestras respuestas. Que nos poníamos a su altura. Que había que pasar, no hay que contestarles, es darles una importancia que no tienen. ¿Cómo que no la tienen? ¿Tu crees que se trata de franquistas residuales, despreciables en número e influencia? De eso nada. Son adolescentes antisistema, que se manifiestan con formas violentas de extrema derecha o de extrema izquierda, me da igual que sean fascistas que okupas, y en estos momentos los de derechas son los más peligrosos porque quienes deberían controlarlos están abriendo la caja de Pandora de la lucha antisistema identificando el sistema con el adversario político: ¿dónde se sitúa el PP cuando afirma que el actual gobierno de España democráticamente elegido no representa al Estado? ¿Dónde se situa la Iglesia cuando afirma que es legítimo para un católico desobedecer las leyes democráticamente proclamadas por el Parlamento español?</p>
	<p>Bajé la vista hacia Irene y le dije: Eso es lo que quieren, Irene. Que nos callemos.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/9394/pero-que-quiere-esta-gente-papa</link>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2006 10:46:12 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Racaille</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Mi sobrina Andrea es dos años menor que Irene. A punto, pues, de cumplir los cinco. Mi exmujer siempre dijo, y no siempre en privado, que el nombre de la sobrina fue elegido por su madre, exclusivamente, por el hecho de ser el finalista del concurso onomástico protagonizado por Irene, y el nombre posible de una futura hermana. Yo también lo creo, aunque tanto el encono de mi ex por aquella apropiación (trasunto de su altísimo sentido de la propiedad, otrora llamada posesión), como la fútil esperanza de un segundo hijo me resulten, aún hoy, incomprensibles. Las peleas de gallos familiares nunca han sido mi fuerte.</p>
	<p>El caso es, lector amable, que Andrea preguntó a su madre hace unas semanas (¿sólo? Si parece ya tan lejano!) por qué quemaban coches. En París. Por si no nos acordamos. Confieso que tentado estuve de apropiarme la anécdota atribuyéndosela a mi dilecta siguiendo aquello de que “quien roba a un ladrón&#8230;”. Pero más que el hecho que aquel hurto onomástico siempre me la trajo floja, renuncié a ello sólo con repetirme mentalmente la pregunta en su literalidad. “No da la talla”, pensé. Espero que mi hermano pequeño, su padre, encaje deportivamente el comentario, pues nada malo dice de su hija, a quien he escuchado cosas muy dignas de ser robadas. Aunque ahora que lo pienso, mi hermano, de pequeño y, por lo que me cuentan, todavía ahora, montaba en cólera con sólo una mirada que él interpretara malintencionada. Casi mejor que no lea el artículo.</p>
	<p>Como decía, la pregunta de Andrea no da la talla. No está a la altura de hallazgos irenianos del calibre de “papá, cómo se mueve la luna” o “qué hay debajo del infinito”, con prólogo, desarrollo y conclusión en su formulación extensa. La razón es su immediatez: formulada ante la imagen de los disturbios en la televisión, no presupone una reflexión previa, sino una reacción directa al estímulo. Descartada.</p>
	<p>Pero María, mi sobrina pequeña, e hija de mi otro hermano, se aproximó más al espíritu intelectualmente aventurero que amo en los niños cuando emergió, la otra tarde, de la habitación de los juegos de casa de mi madre (por cierto, mi antigua habitación), en donde jugaban las tres, Irene, Andrea y María, y se dirigió directamente a mi mujercita requiriéndole, entre indignada y apenada, que metiera en vereda a Irene: “¡Tía, Irene no quiere jugar con nosotras a que ella canta una canción y nosotras nos reímos de ella!”</p>
	<p>María llegará lejos. Camino lleva de convertirse en una magnífica Sarkozy exclamando ante las cámaras “¡Franceses, esa chusma no quiere jugar con nosotros a que ellos siguen siendo chusma para que vosotros, que pagáis impuestos y votáis, os sintais satisfechos de no serlo!”. Apunta maneras la niña, sí señor.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/8165/racaille</link>
		<pubDate>Fri, 30 Dec 2005 08:16:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Hola, soy Irene, feliz navidad</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hola. Soy Irene. Mi padre me ha dicho que si tanto me gusta la navidad, que el artículo de navidad lo haga yo. Yo le he dicho que escribiría lo que he puesto en la tarjeta de navidad del cole para los padres. Yo he hecho una para cada uno, pero las dos son iguales.</p>
	<p>Dice en la primera hoja: “Feliz Navidad 2006. papá.” Y dentro: “A quienes me quieren, a quienes más me cuidan, a quienes me cuentan cuentos, a los que me ayudan a ser mayor, a quienes me enseñan cosas, a quienes más quiero les deseo felices fiestas y buen año. Irene”.</p>
	<p>Mi padre dice que en el cole se han equivocado con la fecha, que no son las navidades de 2006, que son las del 2005, pero yo digo que no vuelvo al cole hasta el 2006, y que por eso son las navidades del 2006.</p>
	<p>Adios.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/8144/hola-soy-irene-feliz-navidad</link>
		<pubDate>Fri, 23 Dec 2005 16:58:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Cum glossa</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Por un instante oí un dúo de violas tocando a Marin Marais mientras mi vástaga exigía en un latín aniñado: <em>cum glossa!</em> Lo juro. Lo oí. Pero pasé rápidamente de la felicidad, siempre singular, siempre idiosincrásica, siempre un lujo, a la anodina convicción que alucinaba. Clínicamente, quiero decir, en ningún caso metafóricamente. Andaba pues encajando ya la agenda para hacerle un hueco al psiquiatra cuando caí en la cuenta que la  alucinación no había sido exactamente auditiva, sino más bien idiomática, lo cual descartaba por inútil la visita al podólogo mental: puede que sea útil cuando alguien oye voces inexistentes, pero Irene habló. Irene dijo:</p>
	<p>—Papá, ¿me lo lees?<br />
—No seas perezosa, léelo tú misma.<br />
—Ya lo he leído y no lo entiendo. Léemelo tú, por favor.</p>
	<p>Irene me lo preguntó delante de la pantalla del ordenador de mi mujercita, en la que, como fondo de escritorio, se puede ver y leer una viñeta de Sendra, dibujante del <em>Clarín</em>, que viene a ser la versión feminista del setentero chiste misógino “Pepe, hazme una guarradita”. En los setenta la misogínia viajaba en Vespa. </p>
	<p>Así pues, en realidad lo dijo, aunque no en latín. Pocas veces ha manifestado tan claramente la diferencia entre leer ella y que yo le lea. El lector amable puede sentirse tentado a interpretar la petición de Irene como pereza, como yo mismo hice en un primer momento. ¿Pereza? No, Sentido. Mi niña pedía sentido, y lo hacía reclamándome el acto a través del cual ella misma aprende a encontrarlo: mi lectura. Mi lectura añade el contexto, parafrasea las dificultades, dota de inteligibilidad al ruido y amansa, por tanto, la furia que provoca la ignorancia. Mi lectura interpreta el texto, reactivando así ese mecanismo, la interpretación, a través del cual la cultura y la sociedad occidental han llegado hasta aquí, y hasta ahora. No sé si para bien. Perdón: yo creo que para bien.</p>
	<p>Los actos del padre enseñan al hijo, y no sus palabras. Que sus padres les lean es la mejor manera de enseñarles a leer. Pero, como padres, hemos abdicado de la ejemplaridad, y abandonado al niño en la escuela, en donde, como debe ser, domina la palabra sobre la acción. Y así nos va. </p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/8101/cum-glossa</link>
		<pubDate>Fri, 16 Dec 2005 05:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>¡Son los padres, estúpido!</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El lector amable y, en algún caso, amado, me permitirá e, incluso, me agradecerá que me retire momentáneamente del parvulario colorín en el que los adultos dilucidamos las batallitas familiares propias o ajenas, y dedique mi tiempo y mi intelecto a queaceres más dignos. Es por ello que me niego a escribir sobre la mani. No hace falta que especifique cual, ¿verdad? Andaba yo convencido de que con Ramiro Cabana, convecino en este mismo edificio editorial, me unían pocas cosas, lo reconozco, aparte de preferir <em>Law &#38; Order: Criminal Intent</em> y <em>House</em> como alivio de nuestras soledades, pero tras su artículo “La mani”, al que nada me cabe añadir, debo revisar mi opinión y no dejarme llevar por su pésimo gusto para bautizar perros.</p>
	<p>No hablaré de la mani, sino de algo que brilla por su ausencia en el supuesto debate nacional en torno a la LOE a través del cual políticos, periodistas, medios de comunicación y empresarios pelean su minuto de gloria, o su balance económico (¿debo añadir la maldad de que entre las empresas dedicadas al negocio educativo hay que incluir a los sindicatos devenidos en empresas de servicios?). A quienes tienen opiniones que respeto sobre el tema no les he oído, y ahora me doy cuenta que, simplemente, no han hablado. Y lo entiendo. Les entiendo, pues yo mismo no hablo. Guardemos las palabras para oídos que escuchen incluso lo que no quisieran oir.</p>
	<p>Por ejemplo, que cualquier ley de educación es mala. O buena, pues la calidad de la educación no depende de leyes ni ordenaciones, sino de la importancia que la sociedad, no confundir con la opinión pública, le otorgue. Y nuestra sociedad cree, es decir mi vecino, mi mecánico, mi abogado, mi catedrático, mi político, mi periodista, mi sindicalista, mi maestro, creen, que no es importante. No lo dicen, pero lo creen. ¿Que cómo me atrevo a afirmarlo? ¿Que qué pruebas tengo de tamaña hipocresía social, de semejante monstruosidad? <em>Tout court</em>, los hechos. Si alguien dice que ama a la mujer que apalea, ¿no le desmienten los hechos? Si alguien afirma que su mayor preocupación es que sus hijos tengan una excelente educación, o simplemente dice que la educación debe ser la máxima prioridad de nuestra sociedad, mientras que como padre ni siquiera es capaz de leerle a su hijo en voz alta, o montará la de Dios es Cristo si, de repente, desaparece el doblaje en la televisión pública y privada y todo, y sobre todo los programas infantiles, se emite en versión original subtitulada, ¿no le desmienten los hechos? Si cree lamentable que sus hijos no sepan quién fue Franco y espera a que se lo digan en la escuela, ¿no le desmienten los hechos? Un adolescente apuntó tímidamente “¿un futbolista del Depor?”, en las imágenes que ilustraban la notícia del aniversario de la muerte física del execrable dictador, que se convirtió, en cuantos medios de comunicación consulté, en la exaltación de la muerte de la memoria de Franco. Si la sociedad no recuerda, puesto que los individuos que la componen ni recuerdan ni saben, ¿no desmienten los hechos que la educación sea una prioridad en este país?</p>
	<p>En estos días tirios y troyanos han polemizado sobre los derechos y la libertad de los padres, pero, ¿alguien oyó a alguien hablar sobre los deberes de los padres, sobre su responsabilidad en la calidad de la educación de sus hijos? ¿O su responsabilidad acaba con la elección y, en su caso, el pago del centro escolar?</p>
	<p>Si al lector amable le parece que pretendo fomentar la paranoia y el sentimiento de culpa de padres y madres, acierta. Es el reverso de la moneda, que del otro lado exhibe el amor de un niño que disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/8017/%25E2son-los-padres-estupido</link>
		<pubDate>Fri, 02 Dec 2005 05:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Gemma, ¿qué es una violación?</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Mi mujercita reclama su cuota parte de columna con gesto impaciente y no disimulada envidia, disfrazada de derecho conyugal. Accedo en esta ocasión, lector amable, para que calle, a ver si así consigo cierta paz para las semanas que vendrán. Y porque, para ser justo, la pregunta lo merece, y merece, pues, ser narrada por quien la vivió. He intentado alimentar su relato con el pan de oro de mi prosa, pero el estilo de mi querida esposa resiste dorados, e incluso alicatados. Lo dejo, pues, y transcribo sin afeites sus palabras, mientras espero que mi conexión a Internet se restablezca y que Irene deje de vomitar.</p>
	<p>“Una vez establecida la relación con mi maridito, por narices tenía que aceptar el hecho de que mi maridito es papaíto. Que me costó, me costó, para qué decir otra cosa, pero como tira más un vello púbico que una maroma de barco, y me encanta ser marida del señor Segarra, tuve y tengo la responsabilidad, y cada vez más el placer, de educar a una niña y ayudarla a enfrentarse a la dura y cruel realidad que le espera. Me tengo por una mujer disciplinada y nunca me gustó tratar temas a medias, así que en el momento que decidí convivir con mi maridito decidía convivir con mi putativa con todas las de la ley.</p>
	<p>En casa tenemos una norma, las preguntas de Irene se contestan y en eso el parentesco biológico no influye para nada. Y con esto no pretendo decir que la cosa sea grave o me provoque algún tipo de estrés. Para ser más exactos lo que hago es alucinar en colores. Vamos, que la curiosidad de la dulce vástaga no deja de sorprenderme. A mi querido Segarra le tocan las preguntas científicas. Por ejemplo, tuvo que revisar a Newton para explicarle a Irene cómo se movía la Luna. A mí, Irene, me reserva preguntas de carácter más social.</p>
	<p>Ocurrió el pasado verano, una tarde mientras me embrutecía frente a la caja lista (como gusta a Cabana llamar a la TV) viendo un capítulo de <em>El cor de la ciutat</em>, culebrón de guardia emitido en TV3. Aquel día descubrían al malo de la temporada (la quinta ya, Jesús), el violador. Y sin vaselina ni preparación alguna, a bocajarro, Irene me mira y suelta: “Gemma ¿qué es una violación?” Me dejó... de pasta de boniato. Pausa dramática, preparación de la jugada, los primeros segundos fueron de &#8220;tierra trágame que me toca contestar&#8221;. Lo bueno de vivir con un intelectual es que quieras o no algo se pega y si no, lo copio, y de Arístides me robo la necesidad de explicaciones previas. Le bajé el volumen a la tele, y empecé: &#8211; A ver, primero, ¿tú (a Irene) sabes qué es hacer el amor?    &#8211; No &#8211; Bueno, ¿sabes cómo nacen los bebes? &#8211; Sí, eso sí, que ya me lo has explicado: un espermatozoide fecunda un óvulo que crea como un granito muy pequeño que es el bebé y que va creciendo dentro de la tripa de la mamá y que se da la vuelta dentro de la tripa y después de nueve meses, bueno a veces siete u ocho, como yo, porque yo nací antes, sale por la vagina de la madre, y de cabeza. &#8211; Exacto. Bueno, pues para que el espermatozoide del papá, llegue al óvulo de la mamá, el padre tiene que meter la pilila dentro de la vagina de la madre&#8230; &#8211; ¿Mete la pilila dentro de la vagina de la madre? ¿Qué asco, no? &#8211; Mmm&#8230; Si, bueno, ahora te parece asqueroso, pero ya verás como cuando tengas trece o catorce años no te parecerá tan asqueroso. &#8211; Pero, Gemma, entonces seré mayor, y ahora soy una niña.</p>
	<p>Mientras rumiaba mi desconcierto, Irene siguió: &#8211; Pero bueno, Gemma ¿qué es una violación? &#8211; Pues una violación es hacer el amor, pero uno de los dos no quiere hacerlo. &#8211; Pero, si alguien no quiere hacer una cosa no podemos obligarle a hacerla, eso está mal. &#8211; Exacto &#8211; Y además, yo pienso que si obligan a alguien a hacer eso y no quiere, seguro que le pueden hacer daño. &#8211; Exactamente, le hacen mucho daño, por eso se tiene que denunciar. &#8211; Pues ¿sabes que pienso? Que a los violadores tendrían que tirarlos a la basura. [Pausa]. Bueno, vale, tendrían que estar en la cárcel. Porque eso está muy, pero que muy mal, y no se puede hacer, y tienen que juzgarlos y encerrarlos en la cárcel. &#8211; Tienes toda la razón, eso es exactamente lo que se tiene que hacer.”</p>
	<p>Por fin mi conexión funciona. Ahí les va.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7985/gemma-%25E2que-es-una-violacion</link>
		<pubDate>Fri, 25 Nov 2005 12:50:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Toreando suegros</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p><em>Para mi joven amigo Pep, que anda metido en labores de lidia</em></p>
	<p>Mi aludido en la dedicatoria, que recién llegó a los cuarenta, anda estos días, bastantes, ocupado a su pesar en la lidia de un toro más brabucón que bravo y con querencia no ya al toril, sino al útero de su madre. Creo que mi dilecto amigo preferiría que la metáfora no lo fuese, y tener que meterse con calzador y vaselina en un traje de luces de grana y oro luciendo figura de torero de raza. ¿Recuerda el lector amable a Curro Romero haciendo el paseíllo a sus sesenta y cinco años? Pues más o menos, pero a los cuarenta, luciría mi amigo, y les sigo asegurando que estaría dispuesto a matar el toro, e incluso a aceptar sujetadores y bragas durante la vuelta al ruedo, él, tan comedido, antes que tener que lidiar con su suegro.</p>
	<p>Cree, el infeliz, que no se lo merece, ahora que pensaba haber dejado atrás las convenciones sociales y, sobre todo, el tiempo que se pierde en ellas. Pensaba, el mísero, que su suegro entendería su habitual silencio durante las comidas familiares como una muestra de respeto que evitaba hacer públicas ante la família sus diferencias en la forma de vida, los valores, los criterios, las aspiraciones y los objetivos de sus vidas, por no hablar de sus diferencias respecto de la paternidad y sus servitudes. Mi amigo cree tener razón, y no seré yo quien se la quite, cuando afirma estar seguro que las ideas y las acciones de su suegro sobre la crianza y educación de los hijos no funcionan: él convive con su resultado.</p>
	<p>Mi sincera, aunque brutal, opinión es que le saldría más barato, económicamente y emocionalmente, divorciarse. Él lo sabe, pero se niega. Su sacrificio me sería admirable si el enemigo estuviese a la altura, pero más bien ronda las bajuras mezquinas de quien se niega siquiera a admitir que su autoridad no debiera basarse en la gracia divina o la tradición sino en el mismo ejercicio de una paternidad responsable. Y que, en todo caso, la autoridad de un padre acaba en el mismo instante en que el hijo es capaz de actuar según su propia conciencia. Si a ello añadimos que lo que les une, esposa para uno e hija para el otro, comió en su juventud la fruta del árbol prohibido en forma de fuga del hogar paterno, y cuestionó para siempre, con ello, la autoridad y el poder del progenitor, llego rápidamente a la conclusión que mi amigo, mi caro amigo, lo tiene mal.</p>
	<p>No le arriendo las ganancias de tener que escuchar a su suegro afirmando que dejarse la comida en el plato es pecado mortal en su casa, al tiempo que le dice a su hija, cuando ésta ordena a los niños que no dejen nada en el plato, que les deje comer o no según les apetezca, socavando así la autoridad de su hija aún al precio de renunciar a sus principios. Ni se la arriendo cuando le acusa de sobreproteger a su hija precisamente él, que les pone a los suyos casa y coche, y que regala a su nieta, cada vez que van a comer, un huevo Kinder. Feo asunto, ya les digo.<br />
Mi amigo es de natural tranquilo y paciente, hasta el punto que raras veces, muy raras, le he visto tan cabreado. Incluso Irene, cuando le vió la semana pasada, me hizo un comentario secreto (que me obliga a situar la oreja a la altura de su boca) en el que me preguntó si estaba enfermo, pues le vió más delgado y  ciertamente desmejorado Pero debe calmarse si quiere ganar semejante desafío, pues en los toros, como en el boxeo y en la vida, el que se enoja pierde.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7938/toreando-suegros</link>
		<pubDate>Fri, 18 Nov 2005 05:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Cerrar las orejas</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta el momento he pensado, lector amable, que el <em>horror silentii</em> de Irene era esa pequeña tara de mi hija que la hacía real, secular, digna del mundo en que debe vivir. Me sigue, o más bien me seguía, horrorizando su horror, pero era necesario, intuyo que imprescindible,  como <em>memento mori</em> de mi irrefrenable tendencia a idealizarla sin mesura y sin criterio. No me consuela que semejante propensión abunde entre los padres de hoy, como no me consuela que el alcohólico sea un enfermo y no un vicioso: lo único que consiguen cediendo a la tentación de convertirse en adictos y propagandistas de la perfección que, a sus ojos, resplandece en su progenie, es arrojar a los hijos, a los reales, a los imperfectos, al averno del abandono. O peor aún: de la inexistencia.</p>
	<p>Es altamente probable que usted, lector amable, opine que semejantes padres son la insana y afortunadamente escasa excepción a una mayoría de padres responsables, humildes en sus criterios y sus valores, capaces de modificarlos si una observación directa de sus hijos y la reflexión pausada y carente de autoengaño de lo observado así lo sugiere. No lo dudo. Lo que dudo es que sean mayoría. Tampoco diré que lo sean los otros, los que bajo el disfraz del padre orgulloso recitan en público la loa que en privado se transforma en exigencia desmesurada e insatisfacción permanente por los logros, habilidades, pensamientos, palabras y actos de sus vástagos. ¿Verdad que les conocen? También a sus hijos, siempre en pos de algo o alguien que les proporcione la metadona necesaria para sobrevivir, a falta de la verdadera droga de la felicidad: que te quieran.</p>
	<p>Ya me perdonará la sensibilidad del lector amable si digo claramente que hay padres, más de los que estamos dispuestos a admitir, que disimulan bien su odio hacia los hijos. Sí, les odian, el peor pecado que un padre pueda cometer. Y se odian tanto por ello a sí mismos como para representar el resto de su vida el esforzado y socialmente exitoso papel de padres ejemplares, para lo cual son imprescindibles unos hijos ejemplares. Podemos tener la tentación de ver una cierta justicia en que tales padres dependan, para su redención mundana, de quienes odian. Pero la justicia es ciega también para las consecuencias de sus justos actos, y semejante dependencia se traduce en la imposibilidad que el hijo satisfaga nunca las expectativas de un padre que siempre nos reprocha que lo podríamos hacer mejor, que no es suficiente, incapaz de ver lo conseguido, siempre pendiente de lo que todavía no se tiene, adoctrinando así al inocente para que jamás se le ocurra pensar que puede ser independiente, con autoridad y criterio propio, que puede llegar a ser mejor que su Dios. Perdón, que su padre.</p>
	<p>“Striving to better, oft we mar what’s well” (King Lear, act. I, scene iv). Sí, lo bueno se malogra queriendo mejorarlo. Hubiese podido caer en el error con Irene, intentar “mejorarla” para eliminar su disgusto por el silencio. Hubiese sido trágico, pues ahora comprendo que, si bien podemos cerrar los ojos, desconectar nuestro cerebro de los estímulos visuales, nos es imposible cerrar las orejas. El sonido es el ralentí que el cerebro necesita para mantenerse en marcha, y en los niños, que necesitan absorber estímulos más que comer y dormir, el silencio es dañino. Le he prometido que no volveré a poner mala cara cuando diga que no le gusta el silencio, ni intentaré convencerla de lo contrario, pues no me cabe duda que mi niña lo descubrirá por ella misma cuando llegue el momento. Es muy buena, Irene, y deseo fervientemente que lo siga siendo, tanto como ahora me espanta que sea la mejor. Aunque, como yo no la odio, ¿puedo desear que lo sea?  </p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7898/cerrar-las-orejas</link>
		<pubDate>Fri, 11 Nov 2005 05:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>De crucero</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Como lo lee, lector amable. Irene está de crucero. Con su madre. Mi queridísimo amigo Colom, cuando lea esto, esbozará ese gesto alegre y relajado con que me reprocha los excesos verbales, y algún otro, satisfecho de poder regañar al niño que no mantiene la necesaria atención, y se despista. Exclamará: “¿era necesario decirlo?”. Pues no, no era necesario. Usted ya sabe, si lee aunque sea infrecuentemente esta columna, que yo jamás me iría de crucero. Y que me cortaría las piernas antes de llevar a Irene de crucero. Es el peor viaje que pueda imaginar.</p>
	<p>Pero tal vez algún lector despistado, amable pero despistado, recala hoy por primera vez en esta página. Y se pregunte, ya que no me conoce, por qué siento tal aversión a los cruceros. Resumiendo: a, no sé nadar; b, me mareo con facilidad; c, padezco una cierta claustrofobia.</p>
	<p>Y d, irse de crucero es el signo más relevante que he encontrado hasta ahora de lo que le ha sucedido a la sociedad española en los últimos veinte años. No es una metáfora, no. No digo que la sociedad española haya estado de crucero como quien dice que ha estado ausente de sus responsabilidades. Es un signo: los españoles de clase media baja se van de crucero, otrora viaje reservado a los muy pudientes y ociosos. Tiempo y dinero, los símbolos de estatus de nuestros días, son recreados mediante autobuses náuticos que no lo son por ausencia de boato, sino por su completa carencia de lujo. No es que las cosas tengan aspecto de haber sido compradas en un chino, eso seria cutrez. No. Son adocenadas, hermosa expresión. Adocenadas. Gran virtud burguesa.</p>
	<p>¿Queda algo de la ética de los pobres que yo conocí todavía? El orgullo del pobre, que se fundamentaba en la laboriosidad, y censuraba severamente la ociosidad, y para quien era de sentido común que el dinero era peligroso, siempre con su cara y su cruz. Y aborrecía el engaño social, aparentar lo que no se es. Como irse de crucero.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7861/de-crucero</link>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2005 08:31:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Reacciones aireadas</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Irene debe aprender que, a veces, si no las más de las veces, la verdad se manifiesta en el error, y que incluso el más lerdo y necio de los hombres puede ofrecer la respuesta que a los más sabios les es negada. Es así. Pero también es cierto que en el error no hay mérito, y que aunque los pobres de espíritu posean la llave de la verdad, de nada les sirve, pues no saben ni que existe la cerradura.</p>
	<p>Irene se revolcaba en el sofá muerta de risa mientras me oía decir que una reacción aireada debe ser la de una señora ofendida que grita “¡sinvergüenza!” mientras se abanica. O la del marinero que maldice por el precio del gasoil desde la proa de su barco mientras vuelve del Gran Sol. O la de Marilyn Monroe sobre el respiradero del metro, sujetándose la falda con las manos estratégicamente situadas sobre el sexo. Literalmente, reacciones aireadas.</p>
	<p>Pero el periodista de Telecinco a quien se lo oí durante las noticias del mediodía ni siquiera sospecha cuánta verdad esconde su error, su necia demostración de dominio lingüístico, su fracasada exhibición de superioridad intelectual, su nada. Y sé que no lo sospecha porque en su seguridad, en su aplomo, percibí la soberbia, ese sudorcillo que emanan quienes creen saberlo todo, quienes no pueden soportar vivir en la incertidumbre, en la duda, en la inquisición constante, en la curiosidad que se autoalimenta. Creen que no cuestionarse nada y saberlo todo es lo mismo, quemando así las etapas que llevan al primero de los pecados con el que el judeocristianismo cargó nuestras almas. Aunque el lector amable crea que Adán y Eva pecaron primero, hubo otro antes más perverso, mucho más peligroso y estéril que la adquisición del libre albedrío con que los primeros padres nos obsequiaron.</p>
	<p>Vivimos entre aspirantes a ángel caído. No, no he padecido una sobredosis de “La semilla del diablo”, tuve bastante con verla una vez a los diez años para quedar traumatizado. Ni ninguna de esas patraña que proliferan hoy en día para saciar en los adolescentes el hambre de inseguridad y miedo que necesitan para crecer, y que no encuentran en la muelle vida que les proporcionamos.</p>
	<p>Aquí donde me ven ustedes, lectores amables, aquí donde me ves, mi niña, soy un gran amante de esa hermosa fábula que ni siquiera los santos padres permitieron que figurara en el texto canónico de la Biblia. Aunque hay quienes atribuyen su caída al libre albedrío o a la lujuria, prefiero con mucho el orgullo como causa. Si fuese el libre albedrío, Dios hubiese sido un mal guionista, repetitivo hasta ser cansino. Si la lujuria pudiese tentarles, no veo qué les distinguiría de los hombres. Así pues, sólo queda el orgullo.</p>
	<p>La <em>vanitas</em>, sí. Esa enfermedad mortal del alma saciada y satisfecha, está detrás de la <em>lectio facilior</em> acomodaticia, perezosa y egoísta, aireada, ahora sí, por el periodista que ha provocado mi reacción, ahora sí, airada.</p>
	<p>Para disculpa del errorista, la verdad que encierra su error no podría haberse dado sin él. Sin el periodista y sin el error. Asumió que, en su mundo, en su contexto, toda reacción es pública, toda exaltación difundida, toda pasión secada a la intemperie de nuestras vanidades, de nuestro orgullo. Todas las reacciones son “aireadas”. ¿Qué puede haber de más lógico y propio de los inicios del siglo veintiuno que reacciones “aireadas”? Nada. Porque mi ira, mi santa ira, es más bien atemporal.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7825/reacciones-aireadas</link>
		<pubDate>Fri, 28 Oct 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Pensarse en el futuro</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Irene ha dibujado una tarjeta para su nuevo primo político, Arnau. Creo haberle hablado alguna vez, lector amable, de la enfermiza pasión de Irene por los  bebés. Debo reconocer que semejante <em>filia</em> me incomodaba sobremanera, pues la interpretaba como predisposición a realizar sin rebelión sus posibilidades físicas. Este artículo debía glosar, pues, uno de mis puntales ideológicos, remarcando a la Irene futura que leerá estas palabras con provecho que nuestra humanidad se basa precisamente en la superación de la determinación biológica.</p>
	<p>Pero hete aquí que mi niña, ya próximo su séptimo cumpleaños, ha conseguido sorprenderme de nuevo haciendo obsoletos mis temores y desmontando la condescendencia, o mejor, simpleza con que en ocasiones la interpreto, pues resulta que su pueril pasión no es fruto de un supuesto imperativo biológico.</p>
	<p>A mi niña le gustan los bebés porque en su presencia ella se sitúa más próxima a los adultos, su futuro, que a los bebés, su pasado. De hecho los trata como ella cree que los adultos los tratan.  Irene, en presencia de un tierno infante, se proyecta hacia el futuro. ¿Que cómo lo sé? Lo entenderán cuando les cuente el contenido de la tarjeta que escribió e ilustró para su primo. En la portada ha pintado a su primo en la cuna y a su tía al lado. El presente. En el interior el texto: “HOLA ARNAU SOY IRENE ESPERO QUE SALGAS PRONTO DEL HOSPITAL”. En la contraportada ha pintado a su primo Arnau, con seis años escuchando a Irene, que tendrá doce, contarle cosas de cuando era pequeño.</p>
	<p>Mi niña ha aprendido la lección antes de que pudiera hacérsela explícita: que no hay regreso, que no se puede volver a un lugar o un tiempo que ya no existe tal y como existió cuando existió con nosotros. Y que sólo cabe construirse el futuro. Irene ya lo sabe, pues no se identifica con el niño, sino con el adulto que le hace carantoñas y que le transmitirá el pasado. </p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7741/pensarse-en-el-futuro</link>
		<pubDate>Fri, 14 Oct 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>El cuento de Irene</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Irene se ha negado a que hoy escribiera mi artículo semanal: debo reconocer que, los jueves, dedico más tiempo a Libro de Notas que a mi hija. Puesto que hasta el momento lo ha resistido con cierta dignidad, hoy le propuse un cambio. Escríbelo tú. Pensaba que sería suficientemente disuasorio como para que aceptara mi ausencia durante la tarde y la cena, y el borde de su cama antes de dormir. Pero no. Vale, les contaré un cuento que me he inventado. Atrapado por mis propias palabras, no puedo sino transcribirles el cuento que, a modo de artículo, les dedica mi niña.</p>
	<p>“Una abeja, un pastel que habla y una niña vestida de azul marino. Un día la niña estaba caminando por el bosque y encontró una abejita que se comía un pastel parlanchín y le dijeron la abeja y el pastel parlanchín: hola amiga, ¿qué haces hoy caminando por el bosque, no sabes que por aquí hay muchos, muchos lobos? Y la niña respondió: ja, ja, ja, en este bosque nunca ha habido lobos. ¿Qué dices, no recuerdas un día en que te persiguió un lobo o que?”</p>
	<p>Como condición para aceptar su propuesta he hecho que se comprometiera a contestar los comentarios, si se producen. Esto me pasa por hablar.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7658/el-cuento-de-irene</link>
		<pubDate>Fri, 30 Sep 2005 07:22:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Sin consuelo</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Mi niña lo intuye, y no le gusta. Lo sé. Tiene derecho a que no le guste, pero tiene la obligación de entenderlo. Sí, los niños tienen obligaciones, y ya sé que es una herejía que atenta contra el <em>statu quo</em> que la infancia ha adquirido en nuestras envejecidas sociedades, en las que ahora se discute si un cachete es maltrato. Mi padre jamás me levantó la mano, sólo necesitó una mirada. Aquella mirada. Sólo hacían falta aquellos ojos transmitiendo que no te estabas comportando como se esperaba de ti.</p>
	<p>Irene intuye, pues no es capaz todavía de ponerle palabras, que su padre jamás la ha consolado, y que jamás lo hará. No me refiero al consuelo de diario, con el que se obsequia al niño cuando cae de la bicicleta o se abre la ceja contra un saliente de la cama, sino al consuelo con el que le mentimos sobre el sentido de esta vida y les drogamos con la existencia de otra en donde encontrará a los familiares muertos. El consuelo que supone hacer creer que el bien tendrá una recompensa ajena a uno mismo, como el esfuerzo y la voluntad. En ese sentido soy un padre desolador: no conjuro los miedos de Irene con mentiras piadosas, a lo sumo con mi presencia, que dista mucho de semejarse al atributo divino.</p>
	<p>Puede que usted, lector amable, piense que semejante crueldad me será devuelta con creces cuando, ella adulta y yo anciano, no disimule mis limitaciones, mi demencia o mi muerte, y haga que me sean constantemente presentes, en justo pago por su desconsuelo infantil. Eso espero.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7617/sin-consuelo</link>
		<pubDate>Fri, 23 Sep 2005 04:36:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Bunny y yo</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco que he caído en la cuenta. Sólo muy recientemente los hechos, los simples y puros hechos han dejado de tener el aspecto de una lombriz, apelmazados en una secuencia que se organiza tan sólo por el tiempo. Ahora tiene forma de cadena, eslabones que se unen y se sucede uno a otro engarzándose sobre el vacío de las causas y las consecuencias.</p>
	<p>Cuando se lo cuente, puede que mi crédito de padre consciente y volitivo entre en números rojos. Se preguntará el amable lector cómo pude no ver la realidad, ni conocer su verdad, convirtiéndome en uno de esos tantos felices en la ignorancia del significado de las cosas, uno de tantos voluntariamente pobres de espíritu.</p>
	<p>Pero disculpe el lector amable, pues ahora caigo en que puede que no recuerde quien es Bunny. Bunny es el conejito de trapo que puse en la cuna de Irene cuando tenía veinte días. Y sigue durmiendo con él. Bueno, con su clon, pues el original lo perdí entre mi casa y la guardería cuando tenía dos años. Afortunadamente conseguimos otro, aunque la promoción de pañales con que los regalaban ya había terminado aquí, pero no en Castilla-La Mancha. Ventajas del estado autonómico, ya ven.</p>
	<p>Repasaba ahora aquel artículo de finales del 2002 (“La invención del yo”) en que mencionaba a Bunny, y me hago cruces de cuán ciego fui: allí estaban ya todos los elementos para llegar a la conclusión a la que llego ahora, casi tres años después.</p>
	<p>“Cuando apago la luz, le cuenta a Bunny sus cuitas del día, los acontecimientos, los recuerdos de jornadas pretéritas y la percepción, dolorosa para mí, de su ayer, pues raramente recuerda su pasado conmigo, mi más preciado tesoro.”</p>
	<p>Sí, lector amable. Como usted ya habrá deducido, como puede que dedujera ya a finales del 2002, Bunny soy yo. Es a mí a quien habla, cuando lo hace con él. Es a mi a quien se aferra cuando lo aprisiona entre sus manos para sentirse segura y poder dormir. Cuando me acuesto a su lado, aparta a Bunny. Y si en ese momento le pregunto, como hice ayer, por qué no lo coge, la respuesta expresa claramente lo que puede que todos ustedes ya supieran, lo que ella sabía: “Papá, ya te tengo a ti”.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7529/bunny-y-yo</link>
		<pubDate>Fri, 09 Sep 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>El hastío del estío</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Aún no hace quince días deambulaba entre Corrientes y Perón a la busca de un lugar donde cenar. Mis amigos argentinos (o mejor, bonaerenses) parecían más interesados en el paseo o la charla que en la comida, y así deambulamos por bastante más tiempo del que hubiéramos tenido que esperar en el primero de los restaurantes, en el que, por cierto, acabamos cenando. Mientras los demás se consumían en averiguar el tiempo de espera que cada local nos ofrecía, Fernando Caride, su mujer Gabriela y yo nos complacíamos en regalarnos mutuamente las palabras de nuestras hijas, ambas de seis años, y en admirarnos del proceso deductivo que sus lindas cabecitas habían elaborado hasta llegar a ellas. ¿Qué pasó por su mente, que elucubraciones realizó hasta llegar a lo que dijo? Ya ven, en qué nos distraemos los padres.</p>
	<p>Una de nuestras deducciones a partir de la puesta en común fue que viajar en coche estimula el razonamiento en los niños. Más del cincuenta por ciento de las anécdotas tenían como escenario el vehículo: lejos de la televisión y de las obligaciones de la interacción social, obligado a no hacer nada (“¡niño, no leas en el coche que te mareas!”) sus mentecitas elaboran la información que han recibido durante el día o los días anteriores. Habría que generalizar la experiencia: no sólo pedirle a quien corresponda una iniciativa legislativa que prohíba los DVD en los vehículos familiares, sino aprender de esta experiencia infantil y erradicar de trenes, autobuses y aviones las pantallas de televisión.</p>
	<p>La sottise, l’erreur, le péché, la lésine,<br />
Occupent nos esprits et travaillent nos corps,<br />
Et nous alimentons nos aimables remords<br />
Comme les mendiants nourrissent leur vermine.</p>
	<p>O permitirlo sólo para los coches caros y los pasajes de primera clase, y contribuir así a la nivelación social: que se idioticen los ricos, y que piensen los pobres. Aunque siempre habrá algún quintacolumnista de la oligarquía que lo denuncie por atentar contra la igualdad: querer ser como Beckham es una manifestación más del fascismo audiovisual que nos arropa y nos cuenta un cuento antes de dormir, y enfoca sobre el lugar equivocado, a ver si en el ínterin nos distraemos lo suficiente como para olvidar lo importante.</p>
	<p>Nos péchés sont têtus, nos repentirs sont lâches;<br />
Nous nous faisons payer grassement nos aveux,<br />
Et nous rentrons gaiement dans le chemin bourbeux,<br />
Croyant par de vils pleurs laver toutes nos taches.</p>
	<p>Ese tafurario cambio de foco lo he encontrado a mi vuelta explicitado con palabras sangrantes en la discusión y justificación de la reforma de los estatutos de autonomía. Decía Pasqual Maragall en El País del domingo pasado, que “la asimetría más dañina es la obstinada negación de la diferencia. Si en algo habría que corregir la trilogía de valores de la Revolución Francesa es en eso: la diversidad es un valor tan decisivo como la igualdad.”</p>
	<p>Sur l&#8217;oreiller du mal c&#8217;est Satan Trismégiste<br />
Qui berce longuement notre esprit enchanté,<br />
Et le riche métal de notre volonté<br />
Est tout vaporisé par ce savant chimiste.</p>
	<p>Ya ve, lector amable: el nieto del gran poeta Joan Maragall no ha colegido que la diversidad está contenida en la libertad, y no en la igualdad, y que los tres principios no són independientes ni autosuficientes, sino un conjunto que se equilibra entre las partes, en donde el límite de la libertad está en la igualdad y la fraternidad (léase solidaridad, si se quiere), el de la igualdad en la libertad y la fraternidad, y la fraternidad en la libertad y la igualdad, y que si rompemos ese equilibrio para otorgar un cierto grado de substancialidad a un accidente (la diversidad, se sobreentiende que “de los pueblos”, no de los individuos), escoramos la nave hacia los escollos del totalitarismo de cualquier signo.</p>
	<p>C&#8217;est le Diable qui tient les fils qui nous remuent.<br />
Aux objets répugnants nous trouvons des appas;<br />
Chaque jour vers l&#8217;Enfer nous descendons d&#8217;un pas,<br />
Sans horreur, à travers des ténèbres qui puent.</p>
	<p>Un calado mucho menor desde el punto de vista de la teoría política y social tiene la llamada “Cláusula Camps” del nuevo estatuto  valenciano, que actualiza la clásica fórmula castiza “¡Que inventen ellos!” La Cláusula Camps pretende que el estatuto ahora reformado asuma cualquier competencia que otras comunidades autónomas incluyan en su estatuto con posterioridad a la aprobación del valenciano. No se pretende construir un país mejor. Ni siquiera lo desean con la fuerza suficiente como para pensar cómo quieren que sea. Que piensen los demás, y ya copiaremos. Propongo que, cuando esto suceda, cambien también nombre y símbolos, y se la denomine “Comunidad Autónoma Cualquiera”, que sus habitantes sean llamados Cualqueranos, y su bandera sea transparente: un vulgar trozo de plástico. Por la igualdad hacia la inexistencia. Y nosotros hacia el hastío.</p>
	<p>Ainsi qu&#8217;un débauché pauvre qui baise et mange<br />
Le sein martyrisé d&#8217;une antique catin,<br />
Nous volons au passage un plaisir clandestin<br />
Que nous pressons bien fort comme une vieille orange.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7482/el-hastio-del-estio</link>
		<pubDate>Fri, 02 Sep 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Vacaciones</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Lector amable: le deseo el descanso que merece, y le ahorro durante agosto tener que leerme. Es más, para que todo vaya tiñéndose de la dulce pereza agosteña, no iré hoy más allá del deseo ya expresado, y el de reencontrarle a la vuelta. Que descanse.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7321/vacaciones</link>
		<pubDate>Fri, 29 Jul 2005 06:02:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Monoteísmo, politeísmo y control social</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En la entrega de la semana pasada deslicé una pequeña provocación que no esperaba que fuese atendida, como tantas otras veces. Me equivoqué en esta, y mi querido Marcos en su comentario entró al toro con arrojo y pertinencia. Va por él, pues.</p>
	<p>Ante todo el lector amable debe saber que el presente artículo no es una defensa del monoteísmo frente a otras formas religiosas contemporáneas: soy ateo, pero no me importa que cada cual tenga su dios. Defiendo su papel en la historia cultural y social de oriente y occidente, es decir, defiendo el monoteísmo en su contexto. Ni mayor ni menor defensa de la que merece la guillotina como método humanitario de ejecución. Que lo fue, en su contexto.</p>
	<p>¿Es un ataque al politeísmo? Tampoco: su realidad queda demasiado lejana como para que merezca un esfuerzo relevante. Si estas notas atacan algo, es el utopismo social e individual, las edades doradas, los mundos soñados que acaban en catástrofe, parafraseando a Susan Buck-Morss. </p>
	<p>Las razones del éxito histórico del monoteísmo deben menos a su correlación antropológica con las sociedades agrícolas (pues las hubo politeístas) que a su virtualidad como correlato intelectual de un sistema de control social eficaz: la idea de que lo único se impone al caos viene de lejos y atraviesa distintos momentos de la civilización occidental. Al final del libro 12 de su Metafísica Aristóteles afirma, citando a Agamenón en la Ilíada: “Pero los seres no quieren verse mal gobernados, el mando de muchos no es bueno, basta un solo jefe”. Incluso la supuesta edad dorada del politeísmo, la Roma clásica, derivará hacia el monoteísmo cuando el respeto integrador por las religiones de los pueblos conquistados cede el paso a la necesidad de control social: cuando una sola lengua y una sola ley (¿no son esos sus legados, lengua y derecho?) se muestran insuficientes para sostener la unidad del Imperio, la unidad del poder. Roma puede que fuese el paraíso del <em>homo religiosus</em>, siempre y cuando no cuestionase los fundamentos de la estructura social: los cristianos arrojados a los leones, o el desprecio romano por la religión judía no los inventó Hollywood. </p>
	<p>El monoteísmo y sus formas previas aparecen históricamente en sociedades complejas con formas muy elaboradas de control social, desde Babilonia hasta nuestros días, y no por casualidad suele ir de la mano de la aparición de la escritura como instrumento de gestión de dicha complejidad social: recuérdense los orígenes de la escritura cuneiforme (y otras) como sistema de contabilidad para el comercio. Las formas complejas de organización social y sus instrumentos, entiéndase ejército, policía, administración burocrática, y otros, tienen hoy en día mala prensa, pero dudo que ninguno de sus críticos pretenda en serio volver a formas simples de organización social, ni siquiera ese cáncer del monoteísmo que es el salafismo yihadista.</p>
	<p>¿Hay algo que le debamos al politeísmo? Es una pregunta sincera: rebusco con ahínco y no lo encuentro, pero tal vez se deba a mi debilidad intelectual. Algo debe haber.</p>
	<p>De hecho, hoy en día el politeísmo no pasa, como digo, de la nostalgia de la edad dorada. El contraste actual al monoteísmo proviene, más bien, de esa suerte de multiteísmo social que es la tolerancia religiosa. Ni siquiera, pobre de mi, del ateísmo, minoritario hoy como ayer. Me parece bien, aunque no dejo de pensar que la libertad de culto, como signo de los tiempos, no es sino la traslación al individuo de los sistemas de control social a través de la religión: en nuestro tiempo y en nuestro mundo occidental, la religión ha dejado de tener virtualidad comunitaria contra los terrores sociales, ahora atendidos por el poder político y sus formas mediáticas, y deviene el remedio de nuestros temores individuales. De ahí que cada uno necesite su propia religión.</p>
	<p>Las valoraciones positivas del politeísmo histórico, que sí existen, adornadas de amanerada y falsa nostalgia cultista, se tiñen así de principios y valores “modernos”, nada que ver con su realidad histórica: en nuestro mundo, en que lo <em>cool</em>  es la libertad, la diversidad, la subjetividad, el multiculturalismo, el individualismo económico y, por ende, social, el aprecio por el politeísmo enraíza mejor con la ética democrática que el monoteísmo, ahora teñido de referencias dictatoriales, monopolistas, de represión de supuestas tendencias naturales del hombre.</p>
	<p>Que los modelos sociales y las formas religiosas interactúan entre si es un lugar comun desde que Max Weber publicara <em>La ética protestante y el espíritu del capitalismo</em>, allá por 1904. Discutir si primero fue el huevo o la gallina, primero la ética o el capitalismo, me parece perfectamente inútil: lo relevante es que interactúan. Si debo dar mi opinión, creo que las sociedades desarrollan religiones a su imagen y semejanza, que las formas sociales determinan las formas religiosas, como me ha enseñado el conocimiento preciso de la historia del cristianismo. Sigo e insisto con ello: la religión es el sueño de una sociedad, la ritualización de sus miedos y sus anhelos. Lo cual no es óbice para que, si el sueño de la razón produce monstruos, el de la religión produzca demonios.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7300/monoteismo-politeismo-y-control-social</link>
		<pubDate>Fri, 22 Jul 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Papá, ¿y por qué no crees en Dios?</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Léase en tono de reproche. Sí, lector amable: mi angelito me reprocha que no crea en Dios. Las implicaciones no son en absoluto baladíes.</p>
	<p>Enumero:</p>
	<p>Primera, que Irene cree en Dios. Hasta ahora sabía que creía en los ángeles y que les rezaba cada noche que dormía en casa de su madre, y probablemente en la mía, aunque lo disimula muy bien. Contra lo que el lector pudiera pensar, que crea en Dios, en un solo Dios, me tranquiliza, pues la creencia en los ángeles andaba a caballo entre el animismo y el politeísmo: estoy lo suficientemente anticuado como para considerar el monoteísmo un avance de la humanidad.</p>
	<p>Segunda, que considera mi ateísmo una desviación o, como mínimo, una rareza. Estadísticamente hablando, así es. Pero no en el orden moral que le he inculcado: ¿he perdido la guerra, o sólo la primera batalla?</p>
	<p>Tercera, que piensa que soy yo quien debe justificarse por no creer en lo que nadie me ha podido demostrar. Esto, con mucho, es lo peor de todo, porque implica una desviación de la razón que ha tenido criminales consecuencias a lo largo de la historia. Deberé insistirle en que, quien afirma, debe probar sus afirmaciones. Vamos, como la presunción de inocencia: no ser no debe demostrarse. Debe demostrarse el ser.</p>
	<p>Con todo, el significado profundo de la pregunta de mi niña no es la existencia de Dios, sino la fe. Lo verdaderamente perturbador para ella no es si existe o no un ser supremo, sino si creo o no creo en algo indemostrable empíricamente. Si tengo fe.</p>
	<p>No tengo nada en contra de la fe. Es un acto de optimismo que evita la desesperación en las mentes débiles incapaces de sobrevivir al miedo a lo desconocido. Pero no es para mí. La creencia, la fe, tiene su fundamento en el <em>hic mihi tenebrae sunt</em> (héteme aquí, en las tinieblas) que acompaña el comentario de mi definición favorita de Dios, una maravilla antropológica que nos dejó el siglo XII, superando, aunque sólo fuese por estar a hombros de gigantes, como explicó Bernardo de Chartres, cualquier definición anterior, y me parece aún válida en el presente: <em>Deus est tenebra in anima, post omnem lucem relicta</em> (Dios es la tiniebla que permanece en el alma después de toda luz). Dios es lo desconocido, lo inaprensible, la tiniebla del alma.<em>Principium sapientiae est timor domini</em> (el principio de la sabiduría es temer al señor, Eclesiástico 1, 14) define claramente la raiz de la fe: el miedo. Borges diría: “Teméis, ergo creéis en Dios”.</p>
	<p>Debo conseguir que Irene no tenga miedo.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7274/papa-y-por-que-no-crees-en-dios</link>
		<pubDate>Fri, 15 Jul 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Mi Londres</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>A Irene le tengo prometidos dos viajes importantes antes de que abandone la infancia. No debo demorar el momento de hacer planes al respecto, porque Irene crece, <em>tempus irreparabile volat</em>, y por tanto sólo me quedan seis o siete años para realizarlos. Son dos ciudades: la segunda en importancia para mi, aunque, por razones que creo obvias ella la prefiere, es Paris. La primera es Londres. Mi Londres. Visitar ambas conmigo será su <em>tour</em>. Ya. Ya sé que debería esperar a que acabe la universidad, pero la modernidad ha encontrado la forma de democratizar el <em>tour</em>: ahora se llama Erasmus, y espero que para entonces yo, si sigo aquí, ya no le sea necesario.</p>
	<p>No lo he comprobado experimentalmente todavía, pero puede que, de las dos, Londres sea la más inhóspita para un niño, así que deberé aplicarme en mis labores de <em>cicerone</em> paterno-filial para extraer de esa ruda y enérgica ciudad los matices necesarios para que mueva sus pasiones.</p>
	<p>Aunque dudo mucho que su Londres sea mi Londres. Dudo que mi niña llegue a llorar de pura felicidad escondida entre los pasillos de esa joya de la bibliofilia y de los estudios clásicos, medievales y renacentistas que es el Warburg Institute, al que tan magníficamente le conviene la sobriedad del edificio georgiano de cinco plantas que lo contiene, milagrosamente salvado de los bombardeos nazis durante la segunda Guerra Mundial, que devastaron su entorno. Dudo que Saint Martin in the Fields le proporcione la misma paz de espíritu que a mi, que cada vez que visite Charing Cross crea ver aún el duelo de una ciudad por su <em>Chère Reine</em>, que pase horas en un banco de un viejo cementerio judío que quedó encerrado en un rincón del Queen Mary College, en el East End. Y dudo, aunque lo intentaré, que le embargue la misma emoción que a mí cuando, en mi primer viaje, después de dejar las maletas en la pensión cuáquera en que nos alojábamos, nos acercamos al bar del Russell Hotel y nos emborrachamos con su delirante arquitectura victoriana y con su güisqui.</p>
	<p>Son sólo unas pocas imágenes, fragmentarias y deslavazadas, las primeras que me han asaltado en cuanto he sabido de las explosiones en el metro y en el autobús. De nuevo han atacado una ciudad, ¡qué imbéciles! Una ameba sería mejor estratega que ellos. Pero ¿qué se puede esperar de quien organiza un infierno para ganarse el cielo?</p>
	<p>Espero que en ese <em>tour</em>, aunque pequeñito y por etapas, cual carrera ciclista homónima, Irene comprenda que la ciudad, la civilización y el progreso humano son indisociables, y que es por ello que quienes quisieran detener el tiempo y abolir la historia las atacan. A las ciudades les debemos, retomando la tradición greco-romana, el proceso continuo de progreso material y social que desde el siglo XII, el siglo de las ciudades, se produjo en occidente. Es contra eso contra lo que apuntan los atentados de Nueva York, de Madrid y de Londres: contra la forma de organización social responsable de la democracia y del progreso científico y técnico.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7214/mi-londres</link>
		<pubDate>Fri, 08 Jul 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2005-07-08:77c262b7562572606450a68115f67ab6/fb316ac6e0712028df0ace80293115fc</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Contra la cultura</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un par de meses oí a Felipe González citar a André Malraux a propósito de la Constitución Europea, o como gusta decir a los políticos, de la Construcción Europea. Por qué el subconsciente es tan traidor cuesta más de explicar que un sí o un no a la Constitución: Una Europa construida suena demasiado a una Europa del suelo, de las patrias, del cuerpo, de lo perecedero, de lo antiguo. Me sonaba mejor lo del Mercado Común, una sociedad de intercambio, de comunicación, de conocimiento, de progreso. Construir una Europa que sirva para salir de ella y andar por el mundo: ¿no es ése el objetivo? Debería serlo. “Más que derechas e izquierdas, es una cuestión de europeístas y no europeístas”, decía González, y de europeístas reformistas, y no revolucionarios. </p>
	<p>En esa tradición europea reformista se reconocía el expresidente, y se reconocía junto a Malraux, e incluso junto a mí, y citaba al escritor y político francés a propósito de la épica de las revoluciones, enfrentada a la inexistente épica de las reformas: “un día de fuego y cincuenta años de humo”. Más que su contenido literal, con el que muchos estamos de acuerdo, me llamó la atención el hecho de que Felipe González citara al fundador de la noción contemporánea de política cultural, y por ende de Cultura, y ello documenta lo que hasta ahora sólo era una interpretación personal: la contaminación gaullista del socialismo español en materia cultural. Comprensible, por otro lado: Francia, junto con Alemania, fueron los espejos europeos del socialismo español durante el franquismo, y durante la transición miran a Europa, miran a Francia, y perciben una determinada política cultural como europea, cuando simplemente era de derechas. Es más, de la derecha en lucha contra el comunismo exterior e interior. 1959, en plena guerra fría, es la fecha de la creación del primer ministerio de Cultura francés, mejor dicho, del Ministerio de Acción Cultural, cuyo primer ideólogo y detentador fue, por supuesto, Malraux. A muchos de ustedes puede llamarles la atención que eso que llamamos Cultura tenga fecha de nacimiento. Bueno, en realidad lo que tiene fecha de nacimiento es la política cultural individualizada y desligada de otros ámbitos. O mejor todavía, la Acción Cultural como objetivo de estado.</p>
	<p>¿Qué objetivo persigue esta acción? Según Malraux, la democratización de la cultura. Suena lindo. ¿Lo es? Observemos las etapas de desarrollo de dicha acción cultural, para valorar el objetivo: 1º, desvincular la cultura de la educación o de cualquier propósito pedagógico: “La cultura es a la educación lo que la política es a la historia”.  2º, profesionalizarla, relegando el tejido ciudadano “amateur” que vinculaba decididamente cultura y pedagogía (universidades populares, grupos de teatro “amateur”) al ostracismo del “loisir”, del ocio. 3º redistribuirla, creando para ello puntos de acceso propio descentralizados, las “Casas de la cultura” departamentales, que en el caso español devienen municipales.</p>
	<p>En resumen: se relega la cultura a un ámbito secundario, se reduce el número de agentes culturales activos, y se convierte a los ciudadanos en consumidores pasivos de cultura. La democratización de la cultura se consigue, pues, desnudándola de cualquiera de sus virtudes y sus potencialidades, primando la contemplación frente a la reflexión. Buen trabajo.</p>
	<p>De aquellos lodos, estos polvos. La cultura ha desaparecido de la educación, las asociaciones culturales han dejado de tener sentido (utilidad, diría yo)  pues sus funciones han sido usurpadas por las distintas administraciones que ejercen, como clientes, el monopolio del mercado, y los consumidores de cultura se han convertido en Público. Hemos cambiado la cultura de las elites por la elite de la cultura, formada por un nuevo funcionariado de artistas y agentes culturales (gestores culturales) celosos guardianes de sus privilegios intelectuales y económicos, y, por tanto, de la clausura del acceso a dicha elite. Cambiarlo todo para que nada cambie es la esencia del quintarepublicanismo francés, que hemos heredado quienes hemos seguido su modelo.</p>
	<p>Los socialistas españoles partían de otra realidad: sin duda cambiaron muchas cosas a través de sus políticas, y no podemos decir sin faltar a la verdad que nada cambió. Pero este reconocimiento no implica que aquella política, aquel cambio continúe siendo válido. Ya no lo era cuando el PP accedió al poder en las grandes ciudades, en las autonomías y en estado, pero no encontraron razón alguna para cambiar una política que servía a sus intereses más inmediatos de control social y de autoafirmación en el poder a través del reparto de subvenciones, y que además les permitía avanzar decididamente en el camino de la “espectacularización” de la cultura (vg. la Ciudad del Teatro valenciana y sus montajes teatrales, el nuevo Palau de les Arts) y la consiguiente “loisirización” de la demanda cultural de los ciudadanos (vg. la Ciudad de las Artes y las Ciencias—nunca sabremos qué querían hacer los socialistas con ella— , Terra Mítica&#8230;).</p>
	<p>La idea según la cual el Estado puede transformar o mejorar significativamente la sociedad utilizando el fermento de las artes es falsa. Las políticas públicas de la cultura no constituyen algo tan grande que pueda hacer más fuerte la democracia, entretener a los ciudadanos y luchar contra las desigualdades sociales. El impacto social del arte es limitado, y, en todo caso, muy indirecto. Más exactamente, es la idea misma de una causalidad social que liga las artes como causa a un estado de la sociedad como efecto lo que está desprovisto de pertinencia. Por lo tanto, el balance de cerca de cuarenta años de ministerio de la Cultura es positivo en términos legislativos, en términos de equipamientos y de instituciones artísticas, de desarrollo de profesiones artísticas. Pero no se ha enfrentado con éxito los efectos de la estratificación social sobre las “prácticas culturales”, pero ha permitido la convergencia de dos crecimientos: la de la oferta artística profesional y de equipamientos culturales y la de una clase media cultivada. No puede hacerlo mejor, en materia de lucha contra las desigualdades de acceso que la Educación Nacional. ¿Por qué nos resistimos a admitir estas constataciones? Porque parecen nutrir un argumentario contra el ministerio de Cultura. Se teme que el deshinchamiento de estos fines justifique su desaparición y arruine la justificación  de la intervención pública.</p>
	<p>Y porque, políticamente, nadie está dispuesto a crear un ministerio de Turismo, Ocio y Deportes. Nadie está dispuesto a asumir la responsabilidad de reducir Cultura a sus justos términos, reintegrándola en Educación. Porque nadie quiere ver que no sólo el emperador está desnudo, sino que todos nosotros lo estamos con él.</p>
	<p>A pesar de ello, la existencia de un tal ministerio y de la acción del estado y de los colectivos locales tienen una justificación simple, pero menos exaltante: es la supervivencia y la existencia misma de una vida artística que tenga un mínimo de autonomía en los diferentes niveles de la sociedad francesa. En una sociedad donde el 50% de la riqueza nacional pasa por los poderes públicos, éstos deben asegurar las condiciones económicas de la vida artística. Es lo que se ha hecho. Esto es, y será siempre, lo esencial.</p>
	<p>¿Cabe la reforma de las políticas culturales? Devolver a la educación su papel en la cultura será devolver a la educación su vínculo con la realidad inmediata, capacitar al ciudadano para elegir minimizando la elección cautiva de su poder adquisitivo, y potenciando el asociacionismo “amateur” frente al actual asociacionismo profesional, “patronal” en tanto que empresarial, así como una descentralización efectiva de las programaciones culturales que rompa el actual “embudo” que supone su centralización en las administraciones públicas que, carentes de criterio estético (pues qué criterio estético puede existir si ocio y cultura son lo mismo), acaban programando lo que las subvenciones o la televisión han promocionado. Pero esto no seria una reforma de las políticas culturales, sino el cuestionamiento de la esencia de la política cultural, de la Cultura tal y como la hemos entendido desde la Revolución malrauxiana de 1959, que transmutó Cultura en Ocio. Cuarenta y cinco años después, puede que sea el momento de proclamar un día de fuego que nos aporten cincuenta años de un humo nuevo. Para que algo cambie.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7168/contra-la-cultura</link>
		<pubDate>Fri, 01 Jul 2005 01:29:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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		<title>Pleitos tengas, y los ganes</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Confesaré, lector amable, que mi natural cartesiano y mi furibundo antihermetismo tiene un flanco débil: las maldiciones gitanas. Aunque sólo en apariencia, pues máximas como la que encabeza este artículo no basan su cumplimiento en las capacidades taumatúrgicas de quien la pronuncia, sino en un aquilatado conocimiento de la naturaleza psicológica y social del ser humano. Como muestra baste mi propio botón: ¿recuerdan ustedes que semanas atrás publiqué un artículo titulado “Más latin y menos deporte”? Pues Irene, mi niña trajo ayer su boletín de notas: la más baja, Educación Física. La maldición gitana nos enseña que la causalidad a veces sigue caminos tortuosos que bien pudieran confundirse con la casualidad.</p>
	<p>A vueltas con lo mismo andan en Francia, tras su renovado Waterloo del 29 de mayo, en que no sólo dijeron no al tratado constitucional europeo, sino que, como consecuencia, arrojaron a la Unión Europea en manos de quien no dudó en dinamitar cualquier posibilidad de política exterior común en el affaire Irak. Mientras los franceses descubren asombrados, e incluso escandalizados, que los políticos partidarios del sí decían la verdad al asegurar que no existía un “Plan B” en el caso de que no se aprobara el tratado europeo, Blair se relame el bigote y con un pequeño zarpazo (reducción del “cheque británico” a cambio de la reforma a la baja de la política agraria común, cuya máxima beneficiaria es Francia, seguida de España, y que el tratado blindaba) ha hecho saltar por los aires esa festiva sensación que invade a los revolucionarios el día de la victoria. Fue bonito mientras duró. Pero ya lo dicen los gitanos: pleitos tengas, y los ganes.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7118/pleitos-tengas-y-los-ganes</link>
		<pubDate>Fri, 24 Jun 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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		<title>Obispos en la calle</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Debo reconocer que me produce una retorcida ternura, lector amable, que los obispos españoles se vean moralmente constreñidos a salir a la calle para defender su idea del mundo y de los hombres. Y cierta decepción que ninguno de los cuatro que antes de serlo fueron profesores míos haya anunciado su presencia. Puede que nos unieran más cosas de las que me gustaría, mi niña: es el lado oscuro de mi fuerza.</p>
	<p>Sorprende el encono con el que se oponen a algo a lo que no conceden validez, como no se la conceden al matrimonio civil heterosexual. Y sorprende la candidez de sus miedosas argumentaciones. Leemos en Catholic.net:</p>
	<p>“¿Qué sucede entonces cuando un católico obligado a contraer matrimonio según la forma canónica descrita contrae sólo matrimonio civil? Pues lo que sucede es que no contrae matrimonio. No se trata sólo de que no reciba el sacramento del matrimonio, sino de que no contrae válidamente matrimonio; pues, para un bautizado, es imposible contraer un matrimonio que no sea sacramental. Y, para un católico, ordinariamente al menos, no hay matrimonio sacramental válido sin observancia de la forma canónica. En consecuencia, la Iglesia considera nulos los matrimonios de los católicos que, estando obligados a observar la forma canónica, contraen matrimonio solamente de forma civil. Estos matrimonios son, para ella, inexistentes. Es como si no se hubiesen celebrado. Por tanto, estas personas, a los ojos de Dios y de la Iglesia, siguen estando solteras. Si ese matrimonio civil, no reconocido como válido por la Iglesia, se disuelve por una sentencia de divorcio, no hay impedimento para que esas personas puedan contraer el matrimonio canónico. Y no es que la Iglesia reconozca el divorcio en ese caso, no; se trata simplemente de que la Iglesia no ha reconocido ese matrimonio, de que para ella nunca ha existido.”</p>
	<p>A lo que debemos añadir lo escrito en <em>El Mundo</em> por Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, a propósito de la boda del Borbón con una divorciada:</p>
	<p>“Antes he dicho que, en España, el Estado y la Iglesia procuran evitar choques jurídicos, por su diversa conceptuación del matrimonio. Y hemos visto que, al ser el matrimonio civil de Letizia Ortiz inválido (inexistente) ante la Iglesia, nada le impediría celebrar matrimonio canónico con una tercera persona, incluso aunque no lo hubiera disuelto civilmente. Pero, en este último caso, nos encontraríamos con un caso de lo que los juristas llamamos «bigamia permitida»: es decir, habría dos matrimonios válidos en el contexto social y jurídico: uno ante la Iglesia y otro ante el Estado. Para evitar esta anomalía, la Iglesia, en estos supuestos, impide la celebración de un segundo matrimonio hasta que el primero no esté disuelto. Es el único supuesto que admite el divorcio civil, pero como un expediente puramente formal para lograr la igualdad de situaciones jurídicas en Derecho civil y en Derecho canónico. De este modo, el divorcio de Letizia Ortiz de su primer matrimonio no sería tal divorcio desde el punto de vista del Derecho canónico. Más bien sería un simple instrumento legal para permitir que Letizia acceda, en el futuro, a un matrimonio ante la Iglesia. Así que, en síntesis y siempre desde el punto de vista jurídico, el inicial matrimonio no sería tal para la Iglesia católica y el subsiguiente divorcio tampoco tendría la carga jurídica que le otorga el Estado.”</p>
	<p>No reconocen el matrimonio civil, pero en ése supuesto, admiten el divorcio civil. Interesante ventana al mundo real, por la que se les va a colar el divorcio homosexual, si el divorciado desea contraer matrimonio canónico. Creo que lo saben, y que por eso están tan cabreados. Por cierto que, con tanto jaleo, parece que ya nadie se acuerde del dinero. Porque les estamos pagando de más, ¿verdad?</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7059/obispos-en-la-calle</link>
		<pubDate>Fri, 17 Jun 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Más latín y menos deporte</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>De vez en cuando, lector amable, me dan ataques de darwinismo socio-cultural que mi amada infante escucha mientras se las escupo a la radio, al periódico o al ordenador. O a algún amigo por teléfono. Irene escucha atenta, aunque si mi indignación rebasa ciertos límites directamente se asusta y llora. Reporto al lector algunos de los últimos motivos de mis arranques de furia o de exaltación, todos ellos tomados de la prensa foránea, más que nada para distraernos de las miserias propias.</p>
	<p>Leído al lingüista Alain Bentolila, en <em>L’Express</em>: “No hagamos de los raperos nuevos Baudelaire. Hay una ley simple en lingüística: cuando menos palabras tenemos, más las utilizamos, y más pierden en precisión. Se tiende a compensar la imprecisión de su vocabulario por la connivencia con los interlocutores, y a no comunicar más que con un número restringido de gente. La pobreza lingüística favorece el ghetto; el ghetto conforta la pobreza lingüística. En ese sentido, la inseguridad lingüística engendra una especie de autismo social”. Exactamente, pero la consecuencia, de tan terrible, es a penas enunciada: el ghetto necesita de su miseria económica y de su pobreza cultural para sobrevivir como tal. ¿Contradictorio? Mucho. Como la vida misma.</p>
	<p>Intercalo una local: el Ayuntamiento de Torrent (Valencia) ha inaugurado unas instalaciones deportivas públicas que incluyen un gimnasio público (mayor, por cierto, que muchos colegios e institutos), en cuya cristalera de entrada figura, en lugar preferente entre otras máximas deportivas “El deporte es una filosofía de vida”. ¿A ustedes no les recuerda el pavoroso “Arbeit macht Frei”, el trabajo hace libres, a las puertas de Auschwitz? No dejo de recordar que la exaltación del deporte es un rasgo común a los totalitarismos europeos del siglo XX. No pretendo decir que vivamos en una democracia fascista, adynata político, por otro lado, sino que deporte y populismo son dos caras de la misma moneda.</p>
	<p>Parecida indignación a la que me asaltó con el tema de la filosofía deportiva, asaltó a Jacques Julliard, de <em>Le Nouvel Observateur</em> ante el no francés a la Constitución Europea: “De agosto de 1940 hasta su muerte en agosto de 1944, <em>l’Action française</em>, la revista realista de Charles Maurras llevó como divisa “La France, la France seule”. Ya se ha cumplido. No sólo porque Francia se ha convertido, en una sola noche, en una nación de segundo orden en la que el ministerio de Asuntos Exteriores es abandonado a un <em>dilettante</em>; sino sobretodo porque la campaña del referéndum se ha desarrollado en un clima de desconfianza hacia el extranjero, e incluso de xenofobia; si se hubiera dicho ayer sobre la OS marroquí lo que se ha dicho ahora sobre el fontanero polaco, los autores podrían haber sido perseguidos ante los tribunales, o como mínimo ganarse el desprecio de los antirracistas. Desgraciadamente, el tema de la preferencia nacional, tan querido por Jean-Marie Le Pen, está en todas partes. No es pues sorprendente que éste último forme parte de la mayoría que ha salido de las urnas el día 29 de mayo por la noche. Acontecimiento mayor, mucho más considerable que el 21 de abril de 2002, que consagró la plaza del Frente Nacional, pero también su aislamiento. Hoy, es Francia quien está aislada, y la tentación de “La France seule”, más allá de la retórica sobre la Europa de los pueblos, no está sólo en la derecha, sino también en la izquierda. (...) Se quiera o no, un gran cambio de dirección ha sido decidido. Francia acaba de darle la espalda a la construcción europea tal como la ha llevado desde hace medio siglo. No debemos pedirle un plan B a Bruselas; es necesario pedir a los promotores del no en qué consiste su plan B. Retenemos el aliento, pegamos la oreja. ¿Tiene usted un plan B, Laurent Fabius? Si es que si, díganos pronto cual es. Si no, reconozca que para salvaguardar su carrera ha entregado gratis las llaves de Europa a Tony Blair, que ni siquiera pedía tanto&#8230; La Europa de mañana será británica, es decir, liberal y atlantista. Es, desgraciadamente, la posibilidad más fuerte. Y si, como es previsible, Angela Merkel, de la CDU, reemplaza este otoño a Gerhard Shröder en la Cancillería alemana, un eje germano-inglés podría muy bien sustituir <em>de facto</em> el dúo franco-alemán. Para todos los teóricos del no, sería un resultado brillante. ¡Y pensar que se me ha reprochado que les llamara bobos! Me quedé corto.”</p>
	<p>Aunque no sé si lo redactó a la luz del carpetovetónico llamamiento de Bernard Frank, en ese mismo número de <em>Le Nouvel Observatoire</em>: “se está bien en Francia, no nos muevan”. Lo hubiera merecido.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/7019/mas-latin-y-menos-deporte</link>
		<pubDate>Fri, 10 Jun 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Violencia y melomanía</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En mis años salvajes, que, contra el sentido común, no fueron mis años jóvenes, especulé con la justificación  de la violencia política. Sí, lector amable; sí, mi amada niña, y no me avergonzaré de ello: sin esa exploración, mi actual mansedumbre seria, como la de tantos otros, pura cáscara, si no cazcarrias. No creo que deba justificarlo, por tanto, pero tampoco creo ser una excepción entre las víctimas, directas o indirectas, del peor episodio de violencia civil que la España del siglo veinte ofrendó al mundo, que, por cierto, lo acogió con entusiasmo mal disimulado, pues las batallas propias libradas en campo ajeno, con muertos ajenos y miseria ajena, siempre alegran los corazones cobardes.</p>
	<p>De semejante ajetreo, y de la transición española hacia la democracia, de la cual lo mejor que se puede decir es que sobrevivimos, salí con escasas certezas, pero firmes. La primera, que la violencia es consustancial a la naturaleza humana. Segunda, que como tantas otras características de la naturaleza humana, debe ser abolida del intercambio social. Tercera, que eso está muy lejos de ser posible. Cuarta que, por tanto, en la democracia, insisto, en una democracia, el monopolio de la violencia debe ejercerla el estado a través de los cauces establecidos en su ordenamiento jurídico, pues una democracia no debe ser llamada tal si no tiene establecidos mecanismos de control que permitan fiscalizar ese ejercicio de la violencia. Lo contrario, esperar que los individuos se autolimiten en su ejercicio, es una clara muestra de papanatismo social o, en el peor de los casos, añoranza de la caverna, y no precisamente la de Platón. El deleznable episodio de terrorismo de estado que vivió España en los ochenta con el GAL fue atajado gracias a que funcionaron los controles democráticos. Fue muy grave que sucediese, pero aún más lo hubiese sido que no hubiesen funcionado dichos controles.</p>
	<p>Ahora bien, esto es un “constructo social”. La democracia y los límites de la violencia no son fenómenos naturales, sino el fruto de la capacidad humana para modificar su naturaleza a través de la elaboración de pautas sociales basadas en la memoria, en la cooperación y en la transmisión de conocimiento: historia, derecho, cultura. Y esto se enseña. Porque no es natural, y porque la cultura sólo vive si se transmite.  </p>
	<p>Acabamos, pues, donde empezamos la semana pasada, en la educación. Albricias sean dadas a esa asignatura que pretende implantarse: Educación para la ciudadanía. Porque enseñarán estas cosas, digo yo. Yo hubiese preferido un título más lacónico, menos moral, más profesional, si quieren: Derecho. Sus detractores, desde ambos extremos ideológicos advierten del peligro de manipulación política. Se les ve el plumero: el talibanismo político debe temer, con razón, a un ciudadano consciente, informado y con la independencia que permite el saber. Incluso puede darse la paradoja de que esta asignatura produzca ciudadanos anti-sistema. Pero sabedores de a lo que se enfrentan, y conocedores de las reglas del juego, aunque sea para romperlas.</p>
	<p>Pero no crea el lector amable que me creo todo lo que me dicen. Un par de meses antes de que la ministra de Educación propusiera al Consejo Escolar del Estado la creación de dicha asignatura, la ministra de Cultura de ese mismo gobierno proclamaba con ignara complacencia que “somos un país de melómanos” porque el ochenta y nueve por ciento de los españoles escucha los 40 principales en casa, en el trabajo, en el coche, en el supermercado y en el bar. ¿De quién me fío? ¿Tendrá la Formación para la Ciudadanía que adquirirán nuestros jóvenes bases tan sólidas como nuestra melomanía?</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/6974/violencia-y-melomania</link>
		<pubDate>Fri, 03 Jun 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Acoso escolar, a nuestra imagen y semejanza</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Ya sabe el lector amable que, como padre, no soy <em>a priori</em> mejor que nadie. Valga como petición de disculpas por no haber hablado antes de un tema que, como profesor, como víctima de <em>bullying</em> durante mi infancia, como columnista, como intelectual, como persona, debería haber tratado ya. ¿Y por qué lo hago ahora? No lo hice con Jokin, ni siquiera ahora por el trágico destino de Cristina Cuesta, la adolescente de Elda (Alicante) que se lanzó, se cayó o la tiraron desde un puente. Lo hago porque lo sufre mi niña. Ya ven. Soy como cualquier otro padre: egoísta, y ciego, sordo y mudo a todo lo no sea lo mío, los míos.</p>
	<p>Lo dicho, como cualquier otro padre. Demasiado ocupado en llegar a mañana, demasiado preocupado, demasiado cansado, con escaso o nulo control sobre mí y los míos. Demasiado satisfecho y relajado, porque Irene va a una buena escuela, porque yo la educo muy bien, porque es lista, guapa, inteligente, madura&#8230;</p>
	<p>Hasta que Irene empieza a decir que le duele la tripa y no se encuentra bien cada mañana que debe ir a clase. Hasta que se niega a comer porque dice estar demasiado gorda (¡seis años, 1’25m. y 24 kilos!). Hasta que se niega a que determinados compañeros suyos de clase suban a su coche, en medio de un ataque de histeria. Hasta que ves como huye de ellos a la entrada o la salida de clase, como su estrés se manifiesta a flor de piel con una erupción.</p>
	<p>No sigo. Irene no es un modelo, sólo un ejemplo. Y los hay mucho más dolorosos, mucho más crueles, mucho más irreparables, que ni sus profesores ni sus padres han sido capaces de reconocer en tiempo y forma. ¿Responsables? Todos. Sin excepción. Cuantos pudimos hacer algo y no lo hicimos, sin que la ignorancia nos exima. Pues, justamente, la ignorancia de los adultos es una de las armas de los acosadores.</p>
	<p>Puede que alguno de ustedes, almas cándidas, se pregunten cómo seres tan angelicales pueden alcanzar tan altas cotas de refinada crueldad. Como en el cuento del escorpión y la rana, es su naturaleza. Así somos: insolidarios, manipuladores, narcisistas, violentos, crueles, despiadados. Capaces de elaborar una vida tejida al margen de los adultos, que se desarrolla bajo sus ojos, pero no se ve. Una vida en donde la exclusión, la intimidación, la extorsión y el abuso de la fuerza rigen las relaciones sociales al tiempo que, cuando nos miran, cumplimos con la imagen que los demás tienen de nosotros.</p>
	<p>¿Exagerado? ¿Por qué? Los niños nos imitan, y nos devuelven la imagen de lo que somos desprovista del disfraz con que la adecentamos.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/6923/acoso-escolar-a-nuestra-imagen-y-semejanza</link>
		<pubDate>Fri, 27 May 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Víctimas</title>
		<content:encoded><![CDATA[<p>A veces hay que decir cosas que no complacen. Cosas que no están en el breviario de ideas comunes. A veces la medicina es amarga. A veces hay que nadar contra la marea, y cazar la liebre con un toro. ¿Y por qué cito a Arnaut Daniel, el maestro del más grande lloriqueador, es decir, del más grande lírico que la humanidad ha dado? Vea, vea el lector amable que no me duelen prendas, y que Petrarca puede presidir mi ara sacrificial sin que por ello deje de exhibir mi rechazo al sentimentalismo:</p>
	<p>Ma pur sì aspre vie né si selvagge<br />
cercar non so ch’Amor non venga sempre<br />
ragionando con meco, et io co llui.</p>
	<p>¿A qué trae todo esto? Pues a que andaba yo ciertamente cabreado a propósito del pifostio que se tienen montado algunos a costa de las víctimas. Y de lo que cuesta explicarles a los niños, que hacen su vida entre nuestros comentarios y nuestras prédicas, que la justicia no puede, no debe complacerlas. Que las leyes no deben tener ese objeto. Muchos principios constitutivos de la democracia se quiebran si eso sucede: nada impediría que existiese una justicia personalizada en función de la victima y no del crimen, lo cual supone retrotraerse al antiguo régimen, como mínimo: el sueño de cualquier totalitarismo.</p>
	<p>V. S. Naipaul lo expresa con claridad: “Es necesario odiar al opresor y temer al oprimido”. Nada más cierto. Yo mismo sería temible como víctima, y no dudaría en utilizar los métodos de mi opresor. Hay excepciones, sin duda: una de ellas, la generosidad de las víctimas del franquismo durante la transición española. Es la línea que separa la civilización de la barbarie. Y la necesaria didáctica política al respecto brilla por su ausencia. Son días tristes para la democracia liberal, sobre cuyos principios Raimundo Ortega escribe en el último número de <em>Revista de Libros</em>:</p>
	<p>“[Fukuyama] olvida la existencia de diferencias fundamentales y más hondas entre la filosofía de la democracia liberal y la de doctrinas pretéritas como el comunismo o actuales como el islamismo integrista. Y la más evidente de esas diferencias es que la democracia siempre ha supuesto que las personas pueden entenderse por encima de las fronteras religiosas, nacionales, culturales o económicas y, de esa forma, llegar a acuerdos sobre los cuales asentar una autoridad pública limitada pero firmemente respetada. En las sociedades así configuradas, la fuerza no constituye un elemento característico de las relaciones sociales, sino un último recurso. Por lo tanto, en la ética democrática los compromisos y las concesiones mutuas no son excepciones a un principio general sino medios habituales —que precisan instituciones y procedimientos para su plena realización— para llegar a acuerdos qué serán siempre más satisfactorios y duraderos que los alcanzados mediante el engaño, la ruptura de los compromisos adquiridos o el dominio de unos pocos sobre la mayoría.”</p>
	<p>Me preocupa que nadie les explique esto a los niños, tanto que hablamos sobre la delimitación de las responsabilidades entre la escuela y los padres. En ese ir y venir se pierden muchas cosas, y temo que ésta sea una de ellas.  De todos modos, por si hay duda, creo que es tarea de la escuela, que es a quien incumbe formar ciudadanos. Para los padres quedan las personas.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/estilofamiliar/6836/victimas</link>
		<pubDate>Fri, 13 May 2005 06:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Arístides Segarra</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2005-05-13:77c262b7562572606450a68115f67ab6/9a0077766622cfe974ec838f1b05673e</guid>
	</item>
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