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Estilo familiar por Arístides Segarra

Arístides Segarra es escritor. Anteriormente ya fue construyendo Estilo familiar en Almacén. Estilo familiar dejó de actualizarse en octubre del 2006.

Papá, ¿y por qué no crees en Dios?

Léase en tono de reproche. Sí, lector amable: mi angelito me reprocha que no crea en Dios. Las implicaciones no son en absoluto baladíes.

Enumero:

Primera, que Irene cree en Dios. Hasta ahora sabía que creía en los ángeles y que les rezaba cada noche que dormía en casa de su madre, y probablemente en la mía, aunque lo disimula muy bien. Contra lo que el lector pudiera pensar, que crea en Dios, en un solo Dios, me tranquiliza, pues la creencia en los ángeles andaba a caballo entre el animismo y el politeísmo: estoy lo suficientemente anticuado como para considerar el monoteísmo un avance de la humanidad.

Segunda, que considera mi ateísmo una desviación o, como mínimo, una rareza. Estadísticamente hablando, así es. Pero no en el orden moral que le he inculcado: ¿he perdido la guerra, o sólo la primera batalla?

Tercera, que piensa que soy yo quien debe justificarse por no creer en lo que nadie me ha podido demostrar. Esto, con mucho, es lo peor de todo, porque implica una desviación de la razón que ha tenido criminales consecuencias a lo largo de la historia. Deberé insistirle en que, quien afirma, debe probar sus afirmaciones. Vamos, como la presunción de inocencia: no ser no debe demostrarse. Debe demostrarse el ser.

Con todo, el significado profundo de la pregunta de mi niña no es la existencia de Dios, sino la fe. Lo verdaderamente perturbador para ella no es si existe o no un ser supremo, sino si creo o no creo en algo indemostrable empíricamente. Si tengo fe.

No tengo nada en contra de la fe. Es un acto de optimismo que evita la desesperación en las mentes débiles incapaces de sobrevivir al miedo a lo desconocido. Pero no es para mí. La creencia, la fe, tiene su fundamento en el hic mihi tenebrae sunt (héteme aquí, en las tinieblas) que acompaña el comentario de mi definición favorita de Dios, una maravilla antropológica que nos dejó el siglo XII, superando, aunque sólo fuese por estar a hombros de gigantes, como explicó Bernardo de Chartres, cualquier definición anterior, y me parece aún válida en el presente: Deus est tenebra in anima, post omnem lucem relicta (Dios es la tiniebla que permanece en el alma después de toda luz). Dios es lo desconocido, lo inaprensible, la tiniebla del alma.Principium sapientiae est timor domini (el principio de la sabiduría es temer al señor, Eclesiástico 1, 14) define claramente la raiz de la fe: el miedo. Borges diría: “Teméis, ergo creéis en Dios”.

Debo conseguir que Irene no tenga miedo.

Arístides Segarra | 15 de julio de 2005

Comentarios

  1. purranki
    2005-07-15 12:39 Me ha conmovido profundamente tu artículo. A un hijo no se le puede hablar de forma beligerante, no se le puede lanzar el “por qué no soy cristiano” de Russell, ni acorralarlo con silogismos. Creo que mostrando una actitud serena conseguirás que vea que “la vida buena” es posible sin necesidad de dios. Que dios no ayuda a los que creen en él, ni los que creen en él tienen menos miedo.

    Quién es el que vulnera la inocencia de un niño? el que le cuenta mentiras piadosas o el que le dice la verdad? Así como la fe es una falsa virtud, porque consiste en creer lo que se sabe falso, la inocencia es una realidad explotada. Un padre honesto debe educar sin mentir y, a la vez, sin traumatizar. Nadie dijo que fuera fácil.

    Mucho ánimo.
  2. Marcos
    2005-07-15 12:58 Coincidiendo con lo dicho por purranki, sólo dos apuntes:

    1. Que yo no creo que el monoteísmo sea un avance de la civilización, sino todo lo contrario: el monoteísmo radicaliza las posturas y es el germen de todas las guerras de religión posteriores. Además, es excluyente y cerrado, y por lo tanto aburrido. El politeísmo es mucho más preciso además en su objetivo: uno recurre a según qué dios especializado en el tema en cuestión y no a un supermán divino.

    2. Sí, es un hecho lamentable el que el que tenga que justificarse es el no creyente. La única realidad evidente, al menos por ahora, dice que las leyes físicas que nos rigen no demuestran la existencia de un Dios, ni de las hadas, ni de Don Quijote. Así pues, son los que creen que esos tres y otros millones son parte de la realidad los que tendrán que justificar su existencia. El mundo al revés.

    Saludos.
  3. joseluis
    2005-07-15 16:02 Pues sí, Marcos, el mundo al revés. Y ¿a ese mundo volvemos?.

    Saludos.
  4. accesible
    2005-07-15 19:11 aclara la edad de tu niña, pues yo hasta ahora voy ganando las “batallas”, aunque nadie podrá asegurarme la “guerra”.
    Aunque, como dice purranki este duelo no es con el hijo, al que no se le puede hablar de forma beligerante si no con el miedo como afirmas en el post.
  5. Segarra
    2005-07-15 21:58 Lector amable, mi niña tiene seis años, o como ella prefiere, seis años y medio.

    En cuanto a mi opinión sobre el monoteísmo, parece ser que estoy en minoria, querido Marcos: incluso mi mujercita linda dice estar de acuerdo contigo. He intentado resumir mis argumentos en un par de frases, pero no he logrado convencerla, así que será mejor que desarrolle mis argumentos en el artículo de la semana que viene. A diós.
  6. daniel
    2005-07-27 11:54 Y espera que se vaya acercando la temporada de las comuniones…Ahí se junta el chantaje emocional (de la familia: abuelos, etc) y el de toda la vida (los regalos, la fiesta…). Pero es superable :-)

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