Libro de notas

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Teatro abandonado por Alberto Haj-Saleh

Teatro Abandonado trata de recoger el 19 de cada mes fragmentos intermedios de obras teatrales que fueron dejadas a su suerte, a medio acabar, condenadas al olvido. Alberto Haj-Saleh es editor de Libro de Notas y de la bitácora Reducir al mínimo.

Si es que no sabes confesarte

CATHY está tratando de concentrarse en su ordenador, pero con poco éxito. Cada pocos segundos envía miradas furtivas a LEO, que permanece absorto en la lectura del dominical del periódico. CATHY hace leves intentos por llamar su atención, dentro de toda la colección de tics conocidos por todos: carraspeo, tamborileo sobre la mesa con los dedos de la mano derecha, pequeños ruidos entre quejidos y suspiros (“ay”, “ay dios”, “ohhh”) y finalmente chirrido de silla que va delante y detrás con estruendo creciente. Tanto se empeña en llamar la atención de su novio que acaba por dejar de mirarlo para centrarse en provocar ruidos variados. LEO al fin levanta la mirada y se queda mirando divertido el show de su chica. Finalmente CATHY lo mira y se sorprende de encontrarlo allí.

CATHY: ¿Qué pasa, qué me miras?
LEO: Digo yo: ¿si quieres hablarme de algo por qué no me lo dices simplemente?
CATHY: ¿Qué, el qué? ¿Qué dices? Yo no quiero hablarte de nada.
LEO: ¿Y entonces los ruiditos?
CATHY: ¿Qué ruiditos, qué?
LEO: (Armado de paciencia vuelve a mirar su revista) Vaaaale.
CATHY: Me he acostado con otro.

LEO la vuelve a mirar, despacio. Hielo.

CATHY: Una vez. Bueno dos. Es decir, una vez pero dos veces. O sea, con uno pero dos veces. Dos veces dentro de la misma vez. Da igual, ya sabes qué quiero decir.

Silencio.

CATHY: Tal vez fueran tres. En la semana que fuiste a cuidar a tus sobrinos. No… no lo pensé. Estaba… triste, supongo, y enfadada, eran días muy duros. Eso no es excusa, no es excusa. Es… bueno, es una explicación. Contextual. Bebí mucho.

Silencio.

CATHY: Bebí… bastante. Es decir, otras veces he bebido más, pero estaba contigo, no sola. O sea, no quiero decir que si bebo estando sola acabo en la cama con… sólo fue esa vez. Él da igual, no… no recuerdo como se llama, o sea, sí me acuerdo pero tú no lo conoces… que no viene al caso, no es importante… (Pausa leve) No sé por qué lo hice.

Se quedan de nuevo los dos callados. De repente, de forma completamente inopinada, LEO se levanta de un salto.

LEO: (A gritos) ¡No! ¡No! ¡Noooooo! (CATHY retrocede un poco asustada) ¡Como has podido, cómo has podido ha-cer-lo! ¡A mí! ¡A mí, que siempre te he respetado, que siempre te he amado! ¡Tú… tú… tú has roto ese vínculo sagrado que habíamos creado entre los dos, has manchado algo bello, algo hermoso, algo noble! ¿Qué queda de las promesas que nos hicimos? ¿Es que he hecho algo mal? Sí, sí… soy yo que no he sabido retenerte, no he sabido amarte, no te he dado lo que tú necesitabas, nunca estuve a la altura. Dime, ¿pensabas en mí mientras lo hacías con él? ¿O tal vez apartaste mi imagen, esperando en casa inconsciente de tus actos, inocente de tu lujuria, para poder consumar tu pecado, tu pasión ilegal? Me siento insignificante, mínimo, miserable… eso, ¡miserable! ¡Soy… un miserable! (Cae de rodillas delante de ella).

A lo largo de toda esta declamación, CATHY ha ido pasando del susto y la angustia al escepticismo, para terminar colocando su mejor cara de “cómo me estás tocando los ovarios”.

CATHY: ¿Has terminado?
LEO: (Aún de rodillas) Pues… sí, creo que sí.
CATHY: ¿No estás sobreactuando un pelín?
LEO: (Se reincorpora lentamente sin rastro de la cara desencajada de antes) …eh… sí, un poco. (Se sienta de nuevo en su sillón)
CATHY: ¿Se puede saber qué está pasando aquí, por qué has montado todo esto?
LEO: Uf… no sé… se supone que es lo que debo hacer, ¿no?
CATHY: ¡No! Es decir, ¡sí, pero de verdad!
LEO: Ya. De verdad.
CATHY: ¿Es que no te importa lo que te acabo de contar?
LEO: (Se vuelve a levantar) No es que no me importe. Creo que no es eso. Pero tú has tenido dios sabe cuánto tiempo para preparar tu bomba. Yo he tenido que improvisar mi reacción en un segundo.
CATHY: ¿Improvisar? ¿Improvisar dices? ¡Que no es una obra de teatro, Leo! ¿Ni siquiera sabes cómo te sientes o qué te pasa?
LEO: Sí. Es exactamente eso, no sé cómo me siento. Te has acostado con alguien que no soy yo, bien. Supongo que no querías hacerme daño y que no volverá a ocurrir, que has aprendido la lección y que te sentiste tan mal que no volverás a pasar por eso. Y además te has dado cuenta de que soy el hombre de tu vida y que eso que ocurrió ha sido un lamentable error. ¿No es así?
CATHY: (Pensando un momento) Sí, más o menos es eso lo que iba a decir cuando te enfadaras. Bastante acertado.
LEO: Bueno, pues hala, dejémoslo ya.
CATHY: Y puedes acostarte con alguien si quieres.
LEO: Eso es… ¡¿qué?!
CATHY: Que puedes acostarte con una chica.
LEO: ¿Con una cualquiera?
CATHY: Sí.
LEO: Bueno, eso no es verdad. No puede estar más buena que tú.
CATHY: ¿Qué? ¿Por qué dices eso?
LEO: Porque ya sé como iría a terminar la historia: tú diciéndome que todos los tíos somos iguales, que vamos todos a lo mismo, que vemos un par de tetas grandes y ya no sabemos nada de nadie más, que damos asco… y hala, a juzgar alegremente a todo un género, el masculino, por un acto individual y aislado de una persona, yo. Y además, ¿cómo sabe que sólo fue por las tetas? ¿qué pasa, que para demostrar que no somos superficiales no podemos acercarnos a ninguna que esté medianamente buena? Joder que presión, todo el santo día viviendo en el qué dirán, basta ya, joder.
CATHY: Estás como una regadera.
LEO: Por otra parte tampoco puede ser más fea que tú. Por algún requiebro mental extraño, tampoco aceptarías eso y olvidarías cualquier argumento feminista para mirarme lateralmente con medio desprecio y diciendo algo del tipo “con ese adefesio… por el amor de dios, Leo, te creía con mejor gusto”.
CATHY: ¿Pero cómo puedes pensar…?
LEO: Shhh, espera, espera. En ese caso sólo nos queda una chica que sea más o menos igual de guapa que tú, o que tú consideres mona pero sin excesos. Hay que cuidar que no la despaches con un “pero si es muy sosita la pobre”; tampoco puede ser un cerebrito que empezarán las bromas jocosas con lo de que “qué habrá visto una como ella en un idiota como tú”. Creo que sólo me quedan las que sean divertidas y monas, pero no demasiado simpáticas que si no ya la tenemos acusada de desesperada por ser el centro de atención. Joder, Cat, me lo pones bastante difícil, ¿eh? Yo casi que creo que no me va a valer la pena tanto trabajazo para un polvete de compensación a tu desliz.
CATHY: ¿Pero quién habló de compensar? Yo lo único que he dicho es que si alguna vez tuvieras un… eso, desliz, yo lo comprendería. Que sería comprensiva, que no me enfadaría, vaya.
LEO: Como yo. Que no me enfado.
CATHY: Sí. Exacto. Como tú.
LEO: Pues eso.
CATHY: Pues eso… no. ¡Por qué demonios no te enfadas!
LEO: ¿Para eso me lo has contado? ¿Para que me enfade? ¿No prefieres que sea comprensivo yo también?
CATHY: ¡Yo que sé… no! ¿No lo entiendes? ¡Es como si no te dieras cuenta de que otro tipo me ha… penetrado!
LEO: Hala, penetrado. Vaya verbo.
CATHY: ¡Es que me la metió!
LEO: Al menos tenía puntería.

CATHY lo abofetea e inmediatamente se lleva las manos a la boca arrepentida.

LEO: (Frotándose la cara) No sé cómo me las arreglo para que te cabrees incluso cuando eres tú quien tiene la culpa.
CATHY: Lo siento… creo que no debería haberte dicho nada.
LEO: Por fin lo has entendido. No deberías haberme dicho nada. La próxima vez que te sientas terriblemente culpable y tengas que liberarte… te lo tragas y lo asumes como penitencia. Confesarte conmigo no te redime. Lo que te aligera a ti me lo carga a mí.

Vuelve a sentarse en el sillón y a coger su dominical. CATHY, anonadada, se sienta de nuevo frente a su ordenador sin saber muy bien que hacer.

LEO: (Sin levantar la vista de la lectura) ¿Supo cómo tocarte?
CATHY: ¿Cómo dices?
LEO: ¿Era hábil? ¿Te gustaba como te tocaba?
CATHY: Pero… no vayas por ahí. ¿A qué viene eso ahora? Creí que no te había importado.
LEO: Pues parece ser que sí que me importa. ¿Te gustó?

Siguen casi dos horas en las que CATHY detalla a mitad de camino entre la sinceridad y las mentiras piadosas su relación sexual esporádica con una persona que no era LEO durante aquella semana en la que él se fue a cuidar a sus sobrinos sin resolver muchas cuestiones que herían profundamente a su pareja. Después de esas dos horas no sé qué es lo que pasa pero es algo completamente diferente a lo que ha existido en sus vidas hasta ese momento.

Alberto Haj-Saleh | 19 de febrero de 2009

Comentarios

  1. Santiago
    2009-02-19 22:50

    Qué podemos agregar…

  2. Merche
    2009-02-20 00:44

    ¿Se hace como acto de sinceridad o para acallar la propia conciencia? Ay…

  3. Marcos
    2009-02-21 03:01

    Peroi, ¿hay alternativa?

  4. María José
    2009-02-21 03:38

    Sí, Marcos, portarte bien :)

  5. Eli
    2009-02-23 07:04

    ¡Qué divertido! Tras un momento de angustia, se me ha escapado una carcajada. Me ha encantado, Alberto. Muakss

    (Sí, ya si eso en otro momento reflexionaré sobre la sinceridad total y absoluta en la pareja…)

  6. Marta
    2009-03-01 22:17

    Como la vida misma. En fin, si uno no va a saber confesarse… mejor no portarse “mal”. Jeje. Me ha gustado mucho, Alberto, muy representativo.

  7. Rafita Superstar
    2009-03-02 20:41

    Lección que aprendí con la propia experiencia, y sí, lo hice para sofocar mi indefectible sentimiento de culpa. Espero que no vuelva a ocurrir, ni la infidelidad primero, ni la confesión después, aunque si el hombre es capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, yo unas 37, así que ya veremos…

  8. Karlaki
    2009-03-17 01:09

    ¡Qué bueno Fanshawe! ¡Pero que muy bueno!
    Y lo mejor de todo es que el tío descubre al final que no sólo es un cachondo pragmático, sino un cornutto contento.

    Qué arte…

  9. kaiser
    2009-04-26 22:30

    “Lo que te aligera a ti me lo carga a mí.”
    Pué delicados son los equilibrios con la otras personas que no somos nosotros mismo.
    Por cierto, me ha gustado :)


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