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Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve. Pueden seguirse sus artículos en Román Paladino.

El ejemplo de Puerto Rico

Cuando Cristóbal Colón arribó en 1942 1492 a la isla llamada Borinquen, los naturales hablaban taíno, una variedad de lengua arahuaca hoy desaparecida, no sin antes legar al mundo –no sólo al castellano— un buen puñado de términos como barbacoa, cacique, hamaca, huracán, piragua, tiburón o tabaco.

Curiosamente, aunque fue una constante en la conquista de América, la primera intención fue de respeto a las lenguas nativas:
Que haya escuela de leer y escribir, donde todos los que tuvieren hijos, que tengan capacidad para ello, envíen uno al menos, y los enseñen a escribir en su lengua, también para que los muchachos puedan escribir y leer a sus padres nuestras cosas en su lengua.
(1517, Instrucciones de un superior de la orden jerónima para los misioneros en las Antillas).

Sin embargo, pocas probabilidades tenía un idioma sin cultura escrita ni poder político ante el castellano, y la presión colonizadora y la mezcla de sangres impusieron la lengua de la metrópoli como única. Así, durante cuatro siglos el español fue el idioma de los boricuas, asentándose entre sus gentes y siendo sentido como propio sin mayor remilgo.

En 1898, España claudicaba en su conflicto bélico con los Estados Unidos y cedía a la joven nación americana el resto de sus territorios en el continente, entre ellos la isla de Puerto Rico. Como era esperable, el nuevo amo del territorio emprendió pronto la tarea de “americanizar” sus posesiones. En Puerto Rico se proclamó el inglés como lengua oficial y, reformado el sistema educativo, se dispuso que fuera la única a emplear en las aulas, salvo en la asignatura de castellano como idioma ‘extranjero’.

Nunca se cumplió. Para empezar, en Puerto Rico no había maestros que hablaran inglés (mucho menos para emplearlo docentemente). Pero, por supuesto, la población, padres y alumnos, seguían usando el castellano en todos los ámbitos de la vida, incluyendo, más o menos abiertamente, el académico.

El resultado fue una farsa que se prolongó durante décadas. Aunque el material escolar se proveía en inglés, las clases se daban en castellano; el idioma sajón casi únicamente se mostraba ante las narices de algún funcionario de inspección educativa, seguramente desganado y deseoso de cambiar de destino sin meterse en problemas (o eso, o era absolutamente imbécil).

Tal era la fuerza y resistencia del idioma que en 1916 se funda en San Juan de Puerto Rico la Academia Antillana de la Lengua, en cuyos estatutos se recogía el siguiente artículo:
La Academia Antillana de la lengua persigue, como esencialísimo propósito, la unidad, conservación, pureza y enriquecimiento del idioma vernáculo en los países comprendidos dentro de su jurisdicción y, cuando fuere heredero, en todos los de habla castellana, para el fortalecimiento de la personalidad y la hermandad de los pueblos antillanos y de todos los de la raza y lengua madres en el mundo.

En 1940, Vicente Géigel Polanco apunta interesantes reflexiones:
Sin el idioma autóctono —vehículo íntimo del pensar— no arquitecturan los pueblos originales sistemas filosóficos ni grandes literaturas, ni profundas concepciones científicas, ni fecundos movimientos, religiosos, ni nuevas ordenaciones sociales. Todas estas fundamentales concreciones del espíritu necesitan del poderoso sostén de la lengua vernácula. La corrupción del idioma vernáculo apaga las energías creadoras e invalida toda posibilidad de expansión anímica, generando por modo inevitable un achatamiento mental, símbolo de decadencia y augurio cierto de realizaciones híbridas. Mixtificad el idioma y observaréis cómo el alma colectiva jamás logra madurez de expresión.

El sistema escolar vigente en nuestro país va encaminado a suplantar la lengua vernácula por un idioma extranjero. Estudiamos nuestro propio idioma como asignatura especial. Prácticamente toda la enseñanza se verifica en inglés. No es cierto que el sistema prevaleciente responda a un criterio bilingüista. Si así fuera, el estudio de todas las materias se llevaría a cabo en ambos idiomas simultáneamente. La verdad es que el inglés se impone en nuestro ámbito escolar como idioma oficial de la enseñanza. Por leyes inevitables del desarrollo mental, falla el más ahincado empeño de mantener la lengua materna como idioma de la cultura si el aprendizaje de la ciencia, la técnica y la historia se lleva a cabo en una lengua extraña. Así se explica la torpeza de expresión de las generaciones que han cursado estudios bajo este absurdo régimen pedagógico y halla razón de ser la pobreza de nuestro aporte a la cultura hispánica durante los últimos años.

[...]

El politiqueo seguía dominando la escuela y el absurdo pedagógico de trasmitir la instrucción en una lengua distinta a la vernácula seguía produciendo en Puerto Rico ese doloroso fenómeno de afasia en el campo de la cultura que apunta el doctor West en su interesante obra “El Lenguaje en la Educación”.

Enfocando el asunto en la dirección correcta, el doctor José Padín, nuestro anterior Comisionado de Instrucción Pública, abordó el estudio del problema dentro del campo de la pedagogía y, tras escrutadoras investigaciones llevadas a cabo por expertos en la materia, comprobó el error y la ineficacia de conducir la enseñanza escolar en el idioma inglés, y a modesto título de experimento y como paso inicial de ulteriores medidas, sancionó un plan de reformas para la escuela elemental a base de la enseñanza en la lengua vernácula, con el estudio del inglés como asignatura preferente.
(1940. El despertar de un pueblo. San Juan de Puerto Rico).

En este estado de cosas, en 1948 el gobierno de Washington se da por vencido: concede a Puerto Rico el bilingüismo oficial y acepta la libertad de enseñar en español, manteniendo el inglés como asignatura.

A la fecha actual, la oficialidad del idioma en la vieja Borinquen parece oscilar según los vientos políticos soplen anexionistas o autonomistas. En 1991 Puerto Rico fue oficialmente monolingüe castellana (ese año recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por su tenaz tarea en la defensa de su idioma), pero en 1993 se restituyó el inglés como idioma cooficial.

Oficialidad aparte, los puertorriqueños hacen su vida social en español, lo que no obsta para que buena parte de la actividad empresarial, comercial y administrativa se desarrolle en inglés, evidentemente al menos la que le relaciona con la Unión.

Y todo esto ¿es bueno? A mi modesto entender, ni bueno ni malo, sino todo lo contrario. Desplacémonos unos instantes de nuestra posición de hispanoparlantes y miremos con el ojo ajeno. Para los norteamericanos, incluso los más aperturistas, los puertorriqueños son casi extranjeros (y, por supuesto, “hispanos”). Para empezar, no es un estado de la Unión, sino un “estado libre asociado”, en la práctica una colonia cuyos residentes, entre otras cosas, no pueden emitir su voto a la presidencia.

Pero además, el idioma es una poderosa barrera de doble filo. Por un lado los puertorriqueños son, de derecho, ciudadanos norteamericanos; sin embargo, su bajo nivel de inglés, incluso entre titulados universitarios, les resta oportunidades profesionales y educativas fuera de la isla. Y, al mismo tiempo, la afluencia de angloparlantes desde el continente está seriamente limitada, protegiendo al isleño de ser desplazado por empleados formados en las poderosas universidades de los estados ricos. Solo algunos funcionarios y altos ejecutivos de empresas radicadas en el continente son destinados a ejercer su trabajo en la Commonwhealth de Puerto Rico.

Porque ¿cómo lo tiene un ciudadano estadounidense en Puerto Rico que desee para su prole una educación principalmente en inglés al amparo de la gratuidad estatal?

Pues lo tiene mal. La opción más frecuente en estos casos es la escuela privada. Pero esta elección genera una consecuente percepción de elitismo y desapego a la cultura boricua, anulando casi toda posibilidad de integración del desplazado en la sociedad a la que ha llegado y aumentando en él y su familia la sensación de exiliados.

El bilingüismo no supone, por sí mismo, un problema; pero la presencia de comunidades monolingües en entornos bilingües crea elementos de indeseada fricción; al mismo tiempo que el bilingüismo tiende a desplazarse siempre hacia la lengua “diferente”, mezclándose con sentimientos “patrióticos”. El problema casi siempre es excesivamente complejo para encontrar fórmulas que contenten a todas las partes.

Creo que la solución a estas circunstancias debe buscarse y articularse dentro de la propia sociedad bilingüe, con respeto y sensibilidad hacia los ciudadanos de cualquier lengua materna, con inexcusable mimo a las lenguas propias y a la cultura que representan y, sobremanera, desnuda de cualquier vestimenta territorialista de tintes politizados.

La lengua, en cualquier caso, no puede nunca ser un arma “contra los otros”. Su razón de ser es como vehículo de comunicación entre las personas, y cualquier otro uso supone en sí mismo, una perversión.

ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Referencias:
Ciudad Seva
La Lengua de Puerto Rico, trabajo escolar
Amparo Morales (Catedrática del Departamento de Estudios Hispánicos. Universidad de Puerto Rico)
Premio Príncipe de Asturias de las Letras, 1991

Miguel A. Román | 28 de junio de 2008

Comentarios

  1. Merche
    2008-06-28 19:21

    Excelente artículo.

    Una parte de mi familia vive en New Jersey. Su visión de los portorriqueños es muy próxima a la que tú has dado: casi extranjeros. Algunos les definen como obstinados por su empeño de conservar su lengua, por cuanto una parte importante de los estadounidenses considera que su obstinación les aleja de “el progreso”, es decir, que el problema del idioma es una barrera real. En realidad creo que los problemas sociales y económicos de Puerto Rico poco tienen que ver con cuestiones lingüísticas y sí en cambio con la política de Washington hacia su supuesto estado libremente asociado.

  2. Francisco
    2008-06-29 12:54

    La historia esta presente. Lo mismo que se dice aqui de los estadounidenses intentando, sin exito, erradicar el lenguaje castellano en Puerto Rico en favor del idioma ingles se da en casi todas las tribus indigenas de Mexico.

    Esas tribus, que suman millones de indigenas, no hablan ‘el castilla’ sino su lengua original; es decir, sus muchas lenguas. Tambien se refugian en un apartado legal de las leyes mexicanas para seguir, en lo que no viole las leyes mexicanas, sus propias costumbres y estilo de vida. Es la ley de Usos y Costumbres Indigenas que, entre otras cosas, respeta su idioma, creencias religiosas y relaciones sociales. Tienen un jefe, un concejo de ancianos o de sabios de la etnia y asi se gobiernan respetando las leyes mexicanas, pues se sienten mexicanos. Y lo son, ciertamente.

  3. thermidor
    2008-07-01 20:15

    Es curioso que EEUU no tenga idiomas oficiales-si bien el inglés acabe siéndolo de facto- y Puerto Rico sí.

    Interesante artículo.

  4. Xoán
    2008-07-02 01:11

    Es verdad, thermidor, “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Cuando la lengua ya es de hecho oficial no hay nada que decir al respecto. Cuando no funciona como tal en todos los órdenes, abundan las emocionadas declaraciones formales e institucionales…
    Muy interesante el artículo y las referencias. Comparando las situaciones es como mejor se demuestra que no existen lenguas de primera ni de segunda categoría, sino simplemente hablantes en realidades sociales y políticas diversas.
    No estoy de acuerdo, sin embargo, con que las lenguas sean sólo vehículos de comunicación (que es lo que son principalmente, claro). Funcionan también como símbolos de muchas cosas, de identidad colectiva, de poder económico, de resistencia cultural, de agresión cultural, de progreso, de atraso…, dependiendo de las circunstancias y los intereses. Por lo que te he leído, sé que no es tu caso, Miguel, pero en general cuando se ocultan esos significados socialmente atribuidos a las lenguas es por motivos ideológicos también perversos. Véase si no las cosas que escribió Alvar sobre el “índice de comunicabilidad del español”, o algo así, que volvería esta lengua intrínsecamente mejor que la mayoría de las otras lenguas habladas en el mundo. O las declaraciones de Gregorio Salvador afirmando que el español “ha devenido en pura esencia lingüística”. Estoy esperando que alguien defina lo que es eso.
    Por lo demás, estoy totalmente de acuerdo con que el bilingüismo, o el plurilingüismo, no tiene por qué ser un problema y que lo que más hace falta es lo que menos abunda, “sentidiño”.

  5. Miguel A. Román
    2008-07-02 02:35

    Corríjome. Puerto Rico no recibió el Príncipe de Asturias en la categoría de “Concordia” sino en el de “Letras”, confusión en mi defectiva memoria porque en el 2000 se premió a las academias hispanas de la lengua a la Concordia (y no a las “Letras”... ¿¿??). Corregido queda en el texto.

    En efecto, EEUU no tiene idioma oficial aunque se ha intentado varias veces. Ni la constitución ni las leyes federales indican oficialidad de la lengua, excepto la ley de aceptación de emigrantes que obliga al aspirante a conocer el inglés para obtener sus “papeles”. Sin embargo casi una treintena de estados tienen leyes estatales donde sí dan oficialidad al inglés. El caso de Puerto Rico no es el único oficialmente bilingüe, también Hawaii y Samoa lo son, conjugando el inglés con sus respectivas lenguas vernáculas.

    No he dicho que el único sentido de los idiomas sea la comunicación, solo que es su razón de ser, el motivo por el que surge entre las sociedades primitivas. No se me esconde, por supuesto, que a partir de esa función práctica se generan ámbitos de culturas y pensamientos que se asocian con naturalidad a la identidad de los pueblos.

    Como tampoco se me escapa que el grueso de las imposiciones lingüísticas por la vía de la oficialidad va soterradamente encaminado a minar esas identidades nacionales o subnacionales que los estados consideran “peligrosas”.

    Otras veces, paradójicamente, la lengua oficial lo es por compromiso de neutralidad, caso frecuente de países donde conviven muchas lenguas y no se le quiere dar preeminencia a ninguna para evitar los previsibles conflictos.

  6. Francisco
    2008-07-02 03:58

    Efectivamente, EEUU no tiene un idioma oficial, pero acusa a los hispanohablantes residentes de seguir hablando espanol y no integrarse a su cultura.

    Hay quienes pensamos que son los anglosajones quienes han sido incapaces de asimilar la cultura del continente.

    Viven en un continente descubierto y conquistado en castellano; dicho continente fue bautizado con el nombre de un cartografo que, trabajando en Sevilla, hizo el mapa de America, nombre que los estadounidenses han hurtado para denominar su pais.

    Encima, viven en un pais con profusion mayoritaria de nombres en castellano; tales como Colorado, Nevada, Texas, Nuevo Mexico, Florida, Arizona, california, Carolina, Montana, etc. y residen en ciudades como Los Angeles, San Francisco, San Antonio, Las Vegas, Sacramento. El resto estaconstituido principalmente por nombres indigenas como Minnesota, Michigan, Wisconsin, Wyoming, etc.

    Los anglosajones llegaron a este continente sin visa ni pasaporte. Se metieron.

    De lo anterior se evidencia el absurdo que constituiria declarar al ingles como el lenguaje oficial.

    El idioma ingles no tiene merito en America.

    El castellano si.

  7. jesus caballero
    2008-07-03 02:55

    en 1492

  8. Miguel A. Román
    2008-07-03 04:32

    Buff… Sí, claro, je, qué tonto. Corrijo, corrijo.

    (¿y nadie más lo vió?)

  9. Beatriz
    2008-07-03 21:36

    Ciertamente un artículo muy interesante y además ameno ; me quedo con ganas de más .

  10. David
    2008-08-03 06:15

    El bilingüismo en Puerto Rico al igual que en otros lugares, debe basarse en el castellano como lengua vehicular en la escuela y en la sociedad, y el inglés en una lengua que les permita comunicarse con la administración estadounidense, en transacciones comerciales internacionales y con los anglófonos que vayan de turistas.
    El estadounidense que quiera vivir toda su vida en inglés en Puerto Rico será alguien que se sienta superior y que nunca respetará a los portorriqueños.



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