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	<title>Libro de Notas - Román Paladino</title>
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	<description>diario de los mejores contenidos de la red en español</description>
	<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 17:49:23 GMT</pubDate>
	
	<item>
		<title>Y cien.</title>
		<description><![CDATA[<p>No creo en las casualidades. Así que no puede ser casualidad que este sea el artículo centésimo de esta etapa de Román Paladino.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>No creo en las casualidades. Así que no puede ser casualidad que este que leen sea el artículo centésimo de esta etapa de Román Paladino (no se molesten, ya los he contado tres veces).</p>

	<p>Y mi asombro, después de estos cien episodios, sigue siendo grande. Desde este lado del texto, el lado del autor, me pregunto por qué siguen ustedes a ese otro lado. ¿Es esto realmente importante? La lingüística es un intento de tabular y entender eso tan espontáneo, intuitivo y personalísimo que es la facultad de hablar. Tal vez un intento vano. Aprendemos a hablar por imitación, no por normativa; es una facultad que llevamos en los genes y la desarrollamos a los escasos meses de haber nacido, mucho antes de aprender a leer y desde luego sin saber nada de sustantivos, adverbios, tiempos verbales, diptongos, ortografía, semántica… Hay lenguas ágrafas, que ni siquiera tienen escritura (de hecho, lo fueron todas antes de que a alguien se le ocurriera trascribir los sonidos a grafos).</p>

	<p>¿Por qué entonces ese interés en conocer cómo hablamos? Peor aún: ¿en cómo deberíamos hablar y escribir “correctamente”? ¿Y a qué llamamos habla “correcta”? ¿Y quién lo decide? </p>

	<p>Miren: el habla es un producto puramente social. Es más, solo tiene cabida dentro de un conjunto social de individuos. Y, de igual forma, la sociedad humana es, en altísimo porcentaje, resultado de que el habla evolucionó a lengua, esto es, usada bajo reglas comunes aceptadas por los hablantes. Tal como afirma el encabezado de esta sección (¿cien capítulos y nunca te habías leído el encabezado?) el idioma está al servicio de la sociedad. Sin la lengua seguramente nuestra especie seguiría siendo un conjunto de manadas disgregadas constituidas por un puñado de especímenes. El idioma es la sangre de la sociedad, el fluido que transporta las ideas entre sus miembros y les lleva la cultura distintiva que les caracteriza.</p>

	<p>Los idiomas son un nexo para los grupos humanos más fuerte que el territorio o la etnia. Los nacionalismos se construyen más fácilmente con una lengua distintiva que con un territorio geográfico; como también existen pueblos y comunidades sin territorio circunscrito pero que se aferran a la lengua vernácula como seña de identidad (las llamadas “lenguas no territoriales”); la lengua es el último bastión cultural de los emigrantes y permanece en sus hogares incluso tras varias generaciones.</p>

	<p>Los niños aprenden las lenguas en que sus padres les hablan, incluyendo su fonología o “acento”, y a eso le llamamos “lengua materna”; serán las lenguas en las que “piensan” (y hablo en plural porque hay bilingües y trilingües… ¿sueñan los bilingües con ovejas monolingües?).</p>

	<p>Pero incluso nuestro idiolecto es diverso: hablamos distinto en casa, en el trabajo, a los desconocidos, a los amigos. Hablamos diferente de cómo escribimos. Y también usamos palabras bien conocidas para citar conceptos que no sabríamos explicar.</p>

	<p>“Hablando se entiende la gente” dice el aforismo español. Al estamento donde se forjan las leyes lo llamamos “parlamento”, a la vía para alcanzar un acuerdo nos referimos como “diálogo”, a la promesa firme le decimos “palabra” y el evangelista habló de su Dios como “el verbo”.</p>

	<p>“Sobremesa” y “siesta” son términos exclusivos del español, la “saudade” es patrimonio del portugués como la “morriña” lo es del gallego y el “seny” del catalán. “Komorebi” es, en japonés, la luz del sol filtrada entre el follaje; el “depaysement” es la sensación incómoda de un francés al encontrarse en un país extraño; y un alemán puede contestar a una pregunta con “ja” o “nein” pero también con “doch” (que es un “sí” para contradecir a una pregunta negativa).</p>

	<p>En la lengua de los inuit (esquimales) hay una veintena de palabras para “nieve” y en la de los yanomami hay doce para “verde”. Atacola, alguaza, zarria, cincha, penca, tahalí, talabarte, correa, barreta, trabilla, traílla, precinta, guindaleta, rejo, cinturón, badana, tiento, majuela y lonja son algunas de las palabras del castellano para “cinta de cuero”.</p>

	<p>En español decimos “buenos días” y no “buena mañana”, decimos “la tarde” aunque casi todos los demás idiomas la dividen en dos o más periodos, decimos “primo/prima” pero en hindi hay un término distinto para la hija del hermano del padre, el hijo de la hermana de la madre, etcétera.  </p>

	<p>Los angloparlantes solo tienen “you” para la segunda persona, tanto singular como plural, mientras que en japonés te pueden tratar de anata, anta, kijo, otaku, omae, temae, kisama, kimi, on-sha o ki-sha según el grado de cortesía.</p>

	<p>El euskera y el persa no tienen género gramatical, el danés tiene dos: común y neutro, y algunas lenguas bantúes distinguen hasta veinte clases nominales.</p>

	<p>En ruso hay un tiempo verbal “imperfectivo” para la acción discontinua, en portugués existe un infinitivo personal, el latín tenía un futuro de imperativo y el mandarín no tiene declinación verbal alguna.</p>

	<p>Esta diversidad solo es explicable porque cada lengua, cada dialecto, es el reflejo de lo íntimo de cada comunidad; es fruto de su historia, de su entorno, de su clima, de los extranjeros que la colonizaron, de los vecinos con los que comerciaron, de los dioses que han adorado, de los alimentos que comen, el horario que siguen, las profesiones que ejercen, las jerarquías en que se dividen, las convenciones sociales a las que se atienen,…</p>

	<p>Idioma es, en definitiva, los pensamientos y sentimientos de un pueblo hechos palabras.</p>

	<p>Conocer nuestra lengua implica conocernos a nosotros mismos; respetarla y cuidarla es valorar ese patrimonio inmaterial que nos pertenece por derecho de sangre; enseñarla es difundirla y hacerla fuerte; escribirla es inmortalizarla.</p>

	<p>Algo de todo eso he intentado hacer (con mejor o peor fortuna) en estos cien artículos publicados en este espacio que me brindó Marcos Taracido y que se ha mantenido este tiempo bajo su égida y la de Alberto Haj-Saleh, a quienes debo agradecer techo y lumbre.</p>

	<p>Ahora que ha llegado el tiempo de volar solo, lo seguiré intentando desde otro punto del universo internet. En la nueva etapa de Román Paladino, en <a href="http://romanpaladino.maroman.es">RomanPaladino.maroman.es</a>, a partir del próximo vigésimo octavo día del próximo mes del próximo año, seguiré a este lado del texto, por si quiere usted seguir al otro lado.</p>

	<p>Y, en cualquier caso, muchas gracias por su grata compañía.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/25224/y-cien</link>
		<pubDate>Fri, 20 Dec 2013 02:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-12-16:77c262b7562572606450a68115f67ab6/b6f128c62ce7ba7e58fb31eefa1d7180</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Palabras de éxito.</title>
		<description><![CDATA[<p>Términos repetitivos, machacones y petrificados empleados <em>ad nauseam</em> y privándonos de la diversidad de matices y sentidos. Para mayor tristeza, no únicamente se abandonan las palabras  a las que usurpan, sino que la propia usurpadora termina, a fuerza de restregarla, plana y descolorida.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La sociedad humana imita a la biología, y esta al cosmos. Galaxias, estrellas, especies, pueblos e individuos parecen estar en permanente batalla por la supremacía frente al resto. El éxito o el fracaso son las únicas dos opciones en las que moverse: triunfar o morir.</p>

	<p>Y el lenguaje, extensión del pensamiento humano, no puede sustraerse a este combate universal. También las palabras luchan unas contra otras por el dominio del territorio semántico; y, de acuerdo con esas mismas reglas, unas salen victoriosas y aumentan su poder, mientras que otras son sometidas, asfixiadas y, con el tiempo, aniquiladas, fenecidas para el idioma.</p>

	<p>De alguna manera es esto “ley de vida”, un mecanismo natural del metabolismo filológico y una de las vías que tienen las lenguas para evolucionar. En el español hay decenas (centenares probablemente) de palabras que han quedado en la cuneta de la historia y han sido sustituidas por otras, aparentemente fruto del capricho del hablante popular.</p>

	<p>Pero en otras ocasiones la elección del vocablo favorito es perversa: proviene de grupos sociales que detentan un prestigio lingüístico ilusorio y gozan de gran poder de difusión. El resultado es que algunas palabras desbordan su capacidad natural, invaden y avasallan a sus vecinas, se hacen hegemónicas y llegan incluso a usurpar significados y conceptos que no les son legítimos.</p>

	<p>Este efecto es denominado “empobrecimiento del idioma”, cuando una multitud de palabras que enseñorean matices y funciones son hechas tabla rasa y en su lugar colocan a un vocablo único como omnímodo dictador, y al que llamamos palabra <em>baúl</em>, donde cabe todo (o <em>comodín</em>, aunque siempre me pareció más bien un término de tahúres).</p>

	<p>Estimo que, en nuestras modernas sociedades, la principal fuente de estas voces son los políticos y clases dirigentes, que suelen esgrimir un lenguaje vacuo, hierático y acartonado; pero son los medios de comunicación “masivos” los que pasivamente se acomodan a esta forma de hablar y la difunden, generando la masacre ecolingüística.</p>

	<p>Aun evitando los tópicos de “realizar”, “efectuar”, “hacer”, “tener”, “haber”, &#8220;tema&#8221;, &#8220;cosa&#8221;, &#8220;cuestión&#8221;,&#8220;importante&#8221;, etcétera, ya abundantemente documentados, surgen palabras que cobran un novedoso éxito en la prensa y se ponen &#8220;de moda&#8221;, términos repetitivos, machacones y petrificados, empleados <em>ad nauseam</em> y dañando la diversidad de matices y sentidos que es patrimonio de nuestros hablantes. Para mayor tristeza, no únicamente se abandonan las palabras a las que usurpan, sino que la propia usurpadora termina, a fuerza de restregarla, plana y descolorida.</p>

	<p>Veamos algunos casos:</p>

	<p><strong>Provocar</strong>, sustituye a inducir, estimular, generar, causar, producir, promover, ocasionar, crear, suscitar, fomentar, originar y hasta una decena más de palabras. No siempre es válido, pues indica un matiz de respuesta o reacción, pero además llama la atención que incluso se usa dos veces en la misma frase:<br />
— El revuelo <u>provocado</u> en la Agencia Tributaria tras el descabezamiento de la oficina de grandes contribuyentes <u>provocó</u> la reacción de la organización profesional de Inspectores de Hacienda. (El País)<br />
— Un aparatoso accidente en Padre Claret <u>provocó</u> grandes retenciones. (El Adelantado de Segovia)<br />
— El meteorito de Rusia <u>provocó</u> un terremoto a más de 4.100 kilómetros de distancia. (El Mundo)<br />
— Policía francesa recopila pruebas de tirador que <u>provocó</u> ataques en París. (La Nación de Costa Rica)<br />
— <span class="caps">UGT</span> critica el aumento de la conflictividad laboral <u>provocado</u> por la reforma. (Diario Progresista)<br />
— Según informa el diario británico Daily Mail, los radares de tráfico han <u>provocado</u> al menos 27.900 accidentes de tráfico desde 2001. (Libertad Digital)<br />
— La mentira le provocaba un agujero en el corazón. (El Mundo)<br />
— Imputado un hombre dejó su perro atado más de 15 días <u>provocando</u> su muerte. (Heraldo.es)<br />
— El abogado critica, por último, &#8220;la profunda indefensión que está <u>provocando</u> la instrucción y las dificultades que <u>provoca</u> en el derecho a la defensa…” (Andalucía Información)<br />
— Además, ese alambre de cuchillas «<u>provocaba</u> unas terribles lesiones &#8230;» (<span class="caps">ABC</span>)</p>

	<p><strong>Inmensa mayoría</strong>. Parece que no hay ya otro adjetivo válido para designar a los grupos que superan en número al resto. A veces incluso se emplea para referirse a mayorías bastante exiguas, pero lo más normal es que se deje caer sin mejor soporte estadístico que la opinión del hablante (en realidad, el significado etimológico de “inmensa” es “que no ha sido medida”, lo que sería muy adecuado si no fuera porque me temo que se quiere utilizar como sinónimo de “enorme”). En cualquier caso, y dejando subjetividades al margen, sustituye sin mejor criterio a “la mayor parte”, “gran parte”, “la generalidad”, “los más”, “la gran/ingente/enorme/abrumadora mayoría”, o, simplemente, “la mayoría” sin cuantificadores ni pleonasmos grandilocuentes.<br />
— El dirigente popular ha advertido además que &#8220;la <u>inmensa mayoría</u> de la sociedad vasca no tiene &#8230;” (El Correo)<br />
— La <u>inmensa mayoría</u> de la prensa estaba a favor de Kennedy en 1960. (El Mundo)<br />
— …cuando la <u>inmensa mayoría</u> de los Comités Olímpicos Nacionales de Europa votaron por la creación de los Juegos Europeos. (Europa Press)<br />
— De hecho, la <u>inmensa mayoría</u> de los objetivos marcados no se han llevado a efecto. (Salamanca24horas)<br />
— No sé de quién es la culpa pero a una <u>inmensa mayoría</u> de los españoles se les ha agriado el carácter en los últimos años. (El Mundo)<br />
— Hoy la <u>inmensa mayoría</u> de los españoles, incluida la <u>inmensa mayoría</u> de los votantes del PP, somos bastante más pobres. (El Norte de Castilla, citando a J.A.López Murillo)<br />
— La villa de Ribadesella gana así un nuevo espacio de recreo que había pasado desapercibido para la <u>inmensa mayoría</u> de los mortales. (El Comecio Digital de Asturias).</p>

	<p><strong>Contemplar</strong>. Hasta mediados del siglo XX en lengua española solo contemplaban los poetas, los filósofos y los ascetas, mentes dedicadas a observar y discurrir sobre lo observado. Luego empezaron a “contemplar” las leyes y normativas, el lenguaje del derecho tiene esos giros abstrusos, como sinónimo inopinado de “considerar”. Hoy parece que sea el verbo exclusivo para todo acto de prever, considerar, reflexionar, pensar, discurrir, meditar, suponer, atender, estimar, contener, valorar, y, si me apuran, hasta una treintena de usos, muchos de ellos además altamente inapropiados. Decía Lázaro Carreter que solo los seres humanos tienen capacidad para contemplar y que poner a un ser inanimado por sujeto era necedad. Tampoco estoy de acuerdo con tan estricta restricción, pero cualquier cosa es preferible a este aluvión de “contemplaciones”:<br />
— El proyecto de Presupuestos de Pamplona para 2014 <u>contemplaba</u> 198 millones de euros. (Diario de Navarra)<br />
— También ha criticado que el recinto no <u>contemplaba</u> un control de flujo entre plantas. (El Semanal Digital)<br />
— La moción socialista aprobada <u>contemplaba</u> una serie de medidas de apoyo los afectados por la hipoteca. (El Faro de Vigo)<br />
— El proyecto <u>contemplaba</u> su demolición para levantar un nuevo edificio. (Diario de Navarra)<br />
— Desde la pasada primavera la Universidad Católica <u>contempla</u> en su programa &#8230; Esta iniciativa se <u>contemplaba</u>, tal como se desprende de la &#8230;(Las Provincias)<br />
— …establece un calendario con la ruta a seguir hasta la cumbre de 2015, algo que antes no se <u>contemplaba</u>. (El País)<br />
— Balmón ha reiterado que el partido &#8220;no <u>contempla</u>&#8220; la hipótesis de otra insubordinación en el grupo parlamentario. (El Periódico de Catalunya)</p>

	<p><strong>Arrancar</strong>. En la veintena de acepciones que el <span class="caps">DRAE</span> registra para este verbo, ninguna hay que lo autorice a suplantar a comenzar, empezar, iniciar, nacer, abrir, dar comienzo/inicio, poner en marcha, entablar, originar, activar, etcétera. Y, en todo caso, este verbo transmite una idea de comienzo súbito, incluso violento; nada que ver con la normal e incluso protocolaria puesta en marcha de diversos sucesos. Y sin embargo…<br />
— Equo <u>arranca</u> sus primarias abiertas para abordar el reto decisivo &#8230; (eldiario.es)<br />
— <u>Arranca</u> la semana con siete provincias en alerta. (Ecodiario)<br />
— <u>Arranca</u> un rodaje de miedo en la mansión de Terranova. (La Voz de Galicia)<br />
— Artur Mas <u>arranca</u> una semana de viaje en la India recibido por el embajador Arístegui. (Vozpopuli)<br />
— Con retraso <u>arranca</u> proceso electoral en Honduras. (Telesur)<br />
— La negociación del nuevo <span class="caps">ERTE</span> de Liberbank <u>arrancará</u> en 15 días. (Tribuna de Toledo)</p>

	<p><strong>Parón</strong>. Y si todo comienzo es “arranque”, su antónimo no podía ser menos extravagante. No sé exactamente qué es “parón”; de siete diccionarios consultados, solo el sacrosanto <strong>María Moliner</strong> se atreve a darle entrada propia: «<cite>aumentativo de &#8220;paro&#8221;; paro brusco</cite>». Pero el uso desmedido con el que viene empleándose no siempre parece casar con esa idea, así que pronto tendremos que recurrir al “paronazo” para darle mayor grandiosidad. Mientras tanto, el ínclito viene cargándose a parada, detención, pausa, alto, descanso, interrupción, suspensión, paro, paréntesis, inciso y otras del mismo jaez.<br />
— Obama vende el <u>parón</u> nuclear como un éxito. (La Razón)<br />
— <u>Parón</u> de Eurovegas. (El Mundo)<br />
— <u>&#8216;Parón-protesta&#8217;</u> de los trabajadores de la lavandería central. (El Mundo)<br />
— El <u>parón</u> de los Eurotaxis por las tarifas amenaza la movilidad de los discapacitados. (ElEconomista.es)<br />
— El Málaga afronta otro <u>parón</u> infinito. (Marca)<br />
— Petronor pone fin al <u>parón</u> de su refinería. (Expansión)<br />
— <u>Parón</u> en el crecimiento europeo. (VozPopuli)<br />
— Motril advierte del ‘<u>parón</u> que sufrirá el modelo de ciudad’. (Ideal Digital)<br />
— Andalucía sigue batiendo récords de exportación pese al <u>parón</u> de septiembre. (Diario de Sevilla)<br />
— El Almería hace una lectura positiva del <u>parón</u> liguero. (Terra)</p>

	<p>En fin, aquí lo dejo. La lista sería larga, aunque no demasiado pues precisamente esta práctica consiste en eso: en reducir el léxico al mínimo. Se dice por ahí que para usar un idioma cotidianamente bastan mil palabras, pero a algunos parece que incluso les sobran unos cientos.</p>

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Similar:<br />
<a href="http://www.manualdeestilo.com/lexico/todos-los-dias-gallina-amarga-la-cocina/">Verbos &#8216;comodín&#8217; en Fundéu</a><br />
<a href="http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/16/16_0394.pdf">Concha de la Hoz Fernández, las palabras comodín</a></p>

	<p><small>(N.del A.: Los ejemplos ilustrativos son copia literal de ediciones digitales de publicaciones españolas y americanas tomadas durante Noviembre de 2013, Pueden haber sido corregidas o modificadas posteriormente al momento en que se copiaron).</small></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/25154/palabras-de-exito</link>
		<pubDate>Wed, 27 Nov 2013 23:52:50 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Hablando en jerigonza.</title>
		<description><![CDATA[<p>Con la nueva jerigonza<br />
jamás los han entrevado:<br />
muquen y pian de godo<br />
por ventas y por poblado.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><i>Con la nueva jerigonza<br />
jamás los han entrevado:<br />
muquen y pian de godo<br />
por ventas y por poblado,<br />
hasta llegar a Sevilla<br />
donde tanto han deseado.<br />
El lobo se va a la altana,<br />
la iza se entra en el cambio,<br />
y estiva la farda al coyme,<br />
y pídele veinte granos<br />
para que el birlo despenda,<br />
por ser recien arribado,<br />
hasta que sepa la tierra<br />
porque no sea descornado.</i></p>

	<p>Harto inútil será que se abalance sobre los diccionarios para intentar desentrañar el significado de esos versos. Tal vez no haya entendido usted casi nada, precisamente de eso se trata en parte: de que no se entienda. Es la <strong>jerigonza</strong>, el <em>garlar</em> de la <strong>germanía</strong>, la lengua de la jacaranda, y si no es usted <em>jaque</em>, <em>rufo</em>, <em>lobo</em>, <em>comadreja</em>, <em>iza</em>, <em>coima</em> o <em>marquida</em> no va a <em>entrevarlo</em> por más que lo <em>columbre</em>.</p>

	<p>La palabra &#8220;germanía&#8221; proviene del latín <em>&#8220;germanitas&#8221;</em>, hermandad, fraternidad, e inicialmente era la denominación de las asociaciones gremiales de artesanos que operaban hacia el primer milenio, más específicamente en el Reino de Valencia. Pero ya para el Siglo de Oro la germanía era el submundo del hampa, el universo al margen de la ley y la justicia del rey.</p>

	<p>Y entre los <em>germanos</em> y <em>germanas</em> (que así se denominaban entre ellos) regían leyes no escritas, valores y moral peculiares y, como todo grupo cultural humano, lengua propia. </p>

	<p>En realidad casi tan solo el léxico, pues la gramática, declinación, género, número, sintaxis, fonética, etcétera se ajustaban a las propias del español sin gran distingo.</p>

	<p>Lo cierto es que este tipo de jergas han estado presentes entre los marginales de toda época y nación. Cuando en España los maleantes hablaban la jerigonza o germanía, los <em>beggars</em> británicos se entendían con el <em>cant</em>, los <em>fahrendes Volk</em>  de Alemania hablaban el  <em>rotwelsch</em>  (<em>gaunersprache</em> o <em>kokamloschen</em>) y en Francia era el <em>argot</em> o <em>jargón</em> su equivalente.</p>

	<p>Como igualmente hoy podemos referirnos al <strong>lunfardo</strong> bonaerense, el <strong>cockney</strong> londinense o el <strong>jive talk</strong> (ebonics ) del Harlem. En España, el <strong>cheli</strong> provenía del habla arrabalera de finales de la dictadura franquista, pero fue acogido por las corrientes culturales y políticas y ambientes juveniles que florecieron durante la transición, especialmente en Madrid, era la lengua de “la movida”. Lo que hoy se habla no recibe un nombre “oficial”, aunque se le menciona como <strong>“mangui”</strong> o <strong>“talegario”</strong> (también taleguero, la jerga carcelaria), entre otras denominaciones.</p>

	<p>Y es que hay que advertir que, con semejante sustrato social, las voces tienen una escasa longevidad, apareciendo y desapareciendo en el transcurso de una generación o incluso pocos años. </p>

	<p>Ciertamente, al encabezar este artículo he hecho trampas: había pocas probabilidades de que usted estuviese familiarizado con la germanía del siglo <span class="caps">XVII</span>. Sin embargo no le resultará tan críptico el significado del párrafo siguiente:<br />
<cite>Acababa el yonki de levantarle el peluco y un sello colorao a un pureta y estaba a punto de hacerle el puente a un buga para salir najando, cuando le colocó la madera de marrón. Tras pedirle la papela, le cachearon y vieron que el tío iba empalmao. Le trincaron un bardeo, con la que hubiera mojado al tarra si no se le hubiera achantado, y una pipa. El tío no iba de farlopa ni de caballo pero le cantaba la taza mazo de todo el alpiste que se había apretado antes de darle el palo al carroza.</cite><br />
<small>(N.del A.: Ese párrafo es parte de un texto localizable en varias fuentes de internet. Tiene algunos errores que no se ajustan al uso real de la jerga. Además, en todas las versiones que he encontrado, traducen “colorao” por “rojo”, cuando realmente significa “de oro”).</small></p>

	<p>Ni mucho menos tendrá dificultad en descifrar este otro, bastante menos intenso, que pude escuchar personalmente y de viva voz en un entorno nada carcelario:<br />
<cite>El nota es un capullo que te cagas, farda de buga y de que tiene un chabolo que lo flipas, pero es que es un bocas. Una vez vino a mi queli con dos coleguitas, nos liamos unos petas y el julay venga a comernos el tarro con chorradas; un rollo más chungo que el carajo.</cite></p>

	<p>Está difundida la idea de que las germanías hispanas tienen como principal fuente nutricia el caló, la lengua gitana. Sin embargo no es exactamente así. Si bien es cierto que muchos vocablos provienen de ahí, frecuentemente modificando o encriptando el significado, también la germanía ha dotado al caló de bastantes otras, generando un caló jergal, un código marginal a su vez dentro de la propia etnia gitana, dando lugar a mixturas idiomáticas donde se hace difícil determinar cuál fue el original y cuál el préstamo.</p>

	<p>Como también es opinión generalmente aceptada que estos dialectos tienen como función primordial la de hacer las conversaciones opacas a extraños, especialmente a la policía, justicias y otras fuerzas de orden público. Solo en parte es así.</p>

	<p>Pero los dos ejemplos de arriba podrían bastar para desmontar esa explicación: si usted es capaz de comprender el mensaje, imagínese cualquier policía con años de servicio. Es frecuente la anécdota del funcionario de prisiones que tiene que servirle de intérprete al interno recién ingresado cuando este no procede del mundillo delincuente.</p>

	<p>Aparte de eso, sería infinitamente difícil generar artificialmente códigos tan extensos, más todavía en un ambiente social tan disperso y desestructurado como es el de la delincuencia y marginalidad.</p>

	<p>Evidentemente hay una función agregadora  o identificadora al servicio de la comunidad hablante (como sucede en todos los idiomas y sus derivados). La integración del individuo al grupo exige de este el conocimiento y uso del dialecto, y el que no pertenece al grupo es fácilmente identificado, lo que no significa que el grupo utilice “intencionadamente” la jerga como mecanismo de exclusión.</p>

	<p>Por otro lado, la generación del léxico distintivo es, en parte, una necesidad: la de dar nombre a las especialidades “profesionales” (p.ej.: para cualquier observador externo todos serían “ladrones”, pero dentro del colectivo es necesario referenciar cada tipo), herramientas, acciones, amenazas, etcétera. </p>

	<p>En la lógica de la historia y la fisiología de los idiomas, estas jergas de la canalla tendrían que haber nacido y muerto sin abandonar su nicho diastrático, tan furtivamente como nacen y mueren sus hablantes legítimos. Pero, paradójicamente, son numerosos los textos y documentos que las han registrado a  lo largo de los siglos. Nada parece fascinar más a lingüistas y literatos que estas hablas silvestres, arcanas e intensamente expresivas.</p>

	<p>Entre los primeros, ya en 1609, en pleno auge de la recién nacida jerigonza, se publicaba un romancero y vocabulario de voces de germanía con la firma de un tal <strong>Juan Hidalgo</strong> (tal vez obra del abogado sevillano <strong>Cristóbal de Chaves</strong>, aunque este falleció en 1602). Desde entonces y hasta hoy se han escrito decenas de estudios y divulgaciones de estas variedades léxicas, no siempre  por filólogos (en realidad, pocas veces), sino por autores que por las más diversas razones han mantenido contacto con estos grupos: juristas, policías, trabajadores sociales, etc, como por ejemplo, un“clásico” del tema, “El delincuente español. El lenguaje: (estudio filológico, psicológico y sociológico)” de <strong>Rafael Salillas</strong>, criminólogo y reformista penitenciario del cruce de siglos <span class="caps">XIX</span>-XX.</p>

	<p>Pero su mayor presencia en tinta impresa viene de los novelistas: desde <strong>Francisco Delicado</strong>, <strong>Mateo Alemán</strong> y quienquiera que narrara las peripecias de <strong>Lázaro de Tormes</strong>, pasando por <strong>Cervantes</strong>, <strong>Quevedo</strong>, <strong>Mesonero Romanos</strong> o <strong>Galdós</strong>, hasta <strong>Max Aub</strong>, <strong>Umbral</strong>, <strong>Cela</strong> y <strong>Pérez Reverte</strong>, son legión las plumas que han caído en la tentación de retratar la picaresca y los bajos fondos trufando párrafos y páginas con retazos de germanías y jergas delincuentes, haciendo bueno el objetivo del de Berceo de poner por escrito el genuino lenguaje “en qual suele el pueblo fablar a su vecino”. </p>

	<p>Porque, hay que recordarlo una vez más, la capa evolutiva y generadora de los idiomas no está en las universidades, academias o estamentos políticos, ni tan siquiera en los estudios de literatos o en las mesas de redacción periodística. El caldo germinal de las lenguas humanas reside en la base de la escala social, tanto en lo léxico como en lo gramático.</p>

	<p>Y es que también, de alguna forma, el pueblo hablante &#8220;normal&#8221; ha encontrado en las jerigonzas, germanías y resto de variedades habladas por los marginados y los fuera de la ley, una vía de expresión divertida y con un cierto regusto a furtivismo y campechanía, y no ha dudado en apropiarse de ellas.</p>

	<p>Así, estos dialectos delictivos nos han legado cientos de términos y giros semánticos que hoy nos son familiares y frecuentes en el habla coloquial de cualquier estrato social, muchos de ellos registrados en los diccionarios oficiales y oficiosos: yonqui, parné, menda, fetén, chorizo (ladrón), mangante, camello (de drogas), fornido, guapo (sí, “guapo=bello” es germanía), rufián, fullero, abrirse o pirarse (irse, largarse), afanar, birlar, basca, bofia, pasma, guripa, bujarrón, chapero, trilero, butrón, jeta, chupa (chaqueta), chirona, trullo, trena, talego (cárcel), chorbo, chungo, chutarse (inyectarse), colgado (bajo los efectos de drogas o adicto a algo), colocado (idem), flipar, etcétera, etcétera, etcétera. </p>

	<p>(Todo ello, claro, referido casi exclusivamente al español de España. Las variedades americanas, como la muy rica léxicamente generada en torno al narcotráfico en el norte de México —que pálidamente refleja Pérez Reverte en “La reina del sur”- o la influenciada por el lunfardo en Argentina, habrían dado a esta columna unas dimensiones exageradas).</p>

	<p>O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0O0o0</p>

	<p>Algunos enlaces y fuentes:<br />
<a href="http://www.infoprision.com/glossary">Un código carcelario de Colombia</a><br />
<a href="http://db94blog.wordpress.com/2006/12/24/habla-de-germania/">Un glosario de germanía del Siglo de Oro</a><br />
<a href="http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-delincuente-espanol-el-lenguaje-estudio-filologico-psicologico-y-sociologico-con-dos-vocabularios-jergales--0/html/">El delincuente español: el lenguaje, de Rafael Salillas</a> (Centro Virtual Cervantes)</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/25023/hablando-en-jerigonza</link>
		<pubDate>Mon, 28 Oct 2013 09:13:49 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Moscas en la lengua</title>
		<description><![CDATA[<p>¿Qué sacro consistorio o qué senado<br />
le negará a la Mosca franca entrada?<br />
¿Qué grave audiencia? ¿Qué supremo estrado?</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué palacio de príncipe o monarca,<br />
qué taberna de pobres no visita?<br />
¿Cuál ancha nave? ¿Qué galera o barca?<br />
¿Qué templo tiene el mundo, o qué mezquita<br />
donde la libre Mosca no haya entrado,<br />
aunque a nadie al entrar la gorra quita?<br />
¿Qué sacro consistorio o qué senado<br />
le negará a la Mosca franca entrada?<br />
¿Qué grave audiencia? ¿Qué supremo estrado?<br />
(Arjona, Loor a la mosca, c.1600)</p>

	<p>La especie <em>Musca domestica</em>, <strong>mosca vulgar</strong>, es tal vez la más ubicua de las  que comparten hábitat con el ser humano. Haylas por doquier como aseveraba, cinco siglos ha, el granadino Juan de Arjona en esos tercetos endecasílabos. </p>

	<p>Tanta ha sido en la historia de la humanidad su pertinaz y molesta presencia que, como era de esperar, ha acabado infiltrándose en la lengua que hablamos, ya sea en forma sustantiva y propia como en las formas metafóricas, alegóricas y resto de figuras retóricas incluyendo, si cabe, el adagio.</p>

	<p>Aparte de la mosca, propiamente dicha, el idioma castellano ha empleado la raíz para nombrar a parientes más o menos lejanos: <strong>mosquito, moscón, moscarda, moscardón…</strong>, además de otros insectos erróneamente asociados al taxón: <strong>mosca blanca, mosca española</strong>, etc.</p>

	<p>Pero, ya fuera del marco entomológico, y entrando en materia propiamente idiomática, el sustantivo designa también a la mínima expresión de la barba masculina, al púgil con peso entre los 49 y 51 kg, al señuelo  que simula un insecto en el arte de pesca con caña, al síntoma oftalmológico de manchas en la visión (<strong>moscas volantes</strong>, propiamente llamadas miodesopsias), a los colibríes (<strong>pájaros mosca</strong>); y en esta era de las telecomunicaciones, ¡oh, novedosa mosca!, es la denominación en la jerga tecnológica del logotipo televisivo con el que, desde una esquina de la pantalla, se nos identifica la emisora.</p>

	<p>El color <strong>“ala de mosca”</strong>, pese a su asquerosa referencia, designa un tono gris frecuente en prendas de cierta elegancia. (También, en siglos pasados, se llamaban moscas a los lunares o manchas irregulares en forma y distribución que formaban parte del estampado o dibujo de un tejido).</p>

	<p>Además, en forma figurada, ha sido usada para el dinero (aunque su uso ha decaído, permanece en la expresión <strong>“soltar —o aflojar-  la mosca”</strong>); <strong>moscones</strong> se dice de los individuos que merodean e incomodan, especialmente los que acosan a las muchachas en sazón; ser una <strong>“mosca o mosquita muerta”</strong> (o parecerlo) es figura habitual para designar a aquellas personas de apariencia inofensiva. Y, muy cualificadamente, tenemos a la famosa <strong>“mosca cojonera”</strong>, prototipo del sujeto pelmazo, enojoso e insufrible, mosca ya catalogada oficialmente para el léxico hispano al menos  en el “Diccionario fraseológico documentado del español actual” (M. Seco, O. Andrés y G. Ramos). </p>

	<p>Mucho más personalísima, claro, es la asociación que Neruda hizo de la mosca a una especie de bichos mucho más repulsivos y perjudiciales: los tiranos y dictadores.<br />
[…] desenvainó la envidia, atrajo<br />
la dictadura de las moscas,<br />
moscas Trujillos, moscas Tachos,<br />
moscas Carías, moscas Martínez, <br />
moscas Ubico, moscas húmedas<br />
de sangre humilde y mermelada,<br />
moscas borrachas que zumban<br />
sobre las tumbas populares,<br />
moscas de circo, sabias moscas <br />
entendidas en tiranía.<br />
(P.Neruda, Canto General)</p>

	<p>En el conjunto de los términos derivados y compuestos es destacable que casi todos aluden a útiles cuya finalidad es la de librarnos de la importuna presencia de estos bichos: <strong>mosquitero,  mosquero, matamoscas, espantamoscas, atrapamoscas…</strong>, sin duda muestra de cuanto afán ponemos en esta tarea de vano exterminio.</p>

	<p>Desde hoy mis glorias de amante<br />
se concretarán, Dios mío,<br />
a tener en adelante,<br />
una mujer que me espante<br />
las moscas en el estío.<br />
No extrañéis que cual placer<br />
el no ver moscas os nombre,<br />
que a tal punto humilla al hombre,<br />
de la belleza el poder.<br />
(Campoamor, Doloras, <span class="caps">XIII</span>) </p>

	<p>Pero, aparte de los usos sustantivos de la palabra “mosca”, el doméstico insecto ha colonizado muchas expresiones, giros y locuciones del idioma castellano.</p>

	<p>Sin duda, una de las expresiones más populares entre las que incluyen el nombre del díptero es <strong>“por si las moscas”</strong>, locución adverbial coloquial que significa “por si acaso, por precaución o previsión”. Aunque puede asegurarse que se trata de una expresión genuinamente hispana, y casi seguramente española (no conozco ningún idioma donde exista similar), su origen es un misterio. Corren por ahí versiones que la atribuyen a leyendas medievales: los ejércitos franceses invasores de Girona en 1285 serían ahuyentados por una plaga de moscas provenientes de la tumba de Sant Narcis, patrono de la ciudad y comúnmente representado rodeado de un enjambre de estas.  Explicación bastante improbable: la frase no aparece en documento impreso alguno anterior al siglo XX. De hecho, es posible que no se popularizara hasta que en la víspera de Todos los Santos de 1929 se estrenara en Madrid el vodevil así titulado: “¡Por si la moscas!”, revista musical con partitura del Maestro Alonso y la actuación estelar de Celia Gámez, que cosechó gran éxito con centenares de funciones y gira por las principales plazas de España y América. Sea como fuere, el diccionario académico no se digna  recogerla sino hasta la edición de 1970.</p>

	<p>Por el contrario, mucho más antiguas y suficientemente documentadas, encontramos a las moscas como  protagonistas de bastantes expresiones comunes. </p>

	<p>Estar <strong>mosqueado o amoscado</strong>, simplemente <strong>“estar mosca”</strong> o, sustantivando, “tener un <strong>mosqueo</strong>&#8221;, es la forma más explícita en la que aparece el díptero. Aunque en siglos pasados “mosquear” era ahuyentar las moscas, especialmente con un <strong>“mosqueador”</strong>,  especie de sacudidor con tiras cortas (y, por similitud, “azotar”: <cite>«ahora no tengo gana de azotarme: basta que doy a vuesa merced mi palabra de vapularme y <strong>mosquearme</strong> cuando en voluntad me viniere»</cite>), el verbo llega a nosotros ya desde el siglo <span class="caps">XIX</span> para indicar recelo o suspicacia, (también como hartazgo o impaciencia) tal vez refiriendo al estado de atención que le permite a la mosca esquivar los intentos para capturarla, aunque también pueda ser una simplificación de la locución <strong>“tener (o estar con) la mosca detrás de la oreja”</strong>. </p>

	<p>Lo que sí parece una alusión a la inquietud que expresa un animal al que las moscas acosan es cuando nos preguntamos <strong>“¿qué mosca le habrá picado?”</strong> ante alguien que muda repentinamente de humor.  En catalán se emplea <em>&#8220;pujar la mosca al nas&#8221;</em>, es decir, <strong>“subir la mosca a la nariz”</strong> cuando ya alguna molestia colma la paciencia (en castellano es poco frecuente salvo el uso por bilingües); y de presumible origen canario es <strong>“plantar la mosca”</strong> que es una forma de hacer un desplante, de encararse con alguien que ya se está pasando de rosca.</p>

	<p>Aunque por más que nos irriten e inquieten estos insectos, hay quien es <strong>“incapaz de matar una mosca”</strong>,  es decir, de cualquier acto violento; todo lo contrario del que se empeña en <strong>“matar moscas a cañonazos”</strong>  que no únicamente emplea un recurso excesivo frente a una pequeña vicisitud, sino además puede indicar que es de escasa eficacia. Por el contrario, cuando tus enemigos <strong>“caen como moscas”</strong> es que el rendimiento es óptimo.</p>

	<p>Un joven estudiante se distrae de sus tareas <strong>“con el vuelo de una mosca”</strong>; sin embargo, que se pueda <strong>“oír el vuelo de una mosca”</strong> (o ni siquiera eso) indica un silencio absoluto y probablemente tenso.  Cuando la distracción llega a la abstracción total o implica pérdida de tiempo y esfuerzo diremos que está <strong>“cazando (o papando) moscas”</strong>. </p>

	<p>Tal vez la más extraña expresión con moscas de por medio sea <strong>“atar una mosca [por el rabo]”</strong>, tarea complicada, ya que estos bichos no tienen apéndice caudal y, de tenerlo, haría falta una gran habilidad, con lo que la expresión se usa para señalar hechos o afirmaciones que son difíciles de creer, sin explicación racional o, sencillamente, absurdas.</p>

	<p>Y, por supuesto, también a los refranes y proverbios  acuden las moscas, una costumbre que ya existía en tiempos del imperio romano, cuando se afirmaba que <em>&#8220;Aquila non capit muscas&#8221;</em> (&#8220;el águila no caza moscas&#8221;) para indicar que quien es realmente poderoso no se afana en quienes carecen de interés.</p>

	<p>Repasemos, brevemente, alguno de los más conocidos:
	<ul>
		<li><strong>Aramos, dijo la mosca al buey</strong>; que se dice de quien se ufana de una labor en la que poco ha aportado.</li>
		<li><strong>Se cazan más moscas con miel que con vinagre (o hiel)</strong>; de la mayor efectividad de las buenas maneras frente a las desmañadas. Lo cierto es que, respecto de la variante del final, el vinagre tiene un especial atractivo para una variedad específica de dípteros. El uso de &#8220;hiel&#8221; en este dicho vendría más de la rima que de la vida real.</li>
		<li><strong>En boca cerrada no entran moscas</strong>. Que apunta a que, en ocasiones, es mejor permanecer callado.</li>
		<li><strong>Me extraña, araña, que siendo mosca no me conozcas</strong>. Se le dice al que nos quería tender una celada o engaño y se lo hemos descubierto.</li>
		<li><strong>Cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo</strong>. Es decir, que el ocio, especialmente en los individuos maliciosos, es un importante generador de males.</li>
		<li><strong>Al hombre que camina, no se le paran las moscas encima</strong>. Una forma para recriminar al indolente, máxime cuando se queja de que nada le sale.</li>
	</ul></p>

	<p>En fin, comenzábamos esta columna con los versos mosquiles de un andaluz, y terminaremos con los de otro, para que, a pesar de tanta mosca en nuestra lengua, queden ustedes con buen sabor de boca:</p>

	<p>Vosotras, las familiares, <br />
inevitables golosas, <br />
vosotras, moscas vulgares, <br />
me evocáis todas las cosas.</p>

	<p>¡Oh, viejas moscas voraces <br />
como abejas en abril, <br />
viejas moscas pertinaces <br />
sobre mi calva infantil!</p>

	<p>¡Moscas del primer hastío <br />
en el salón familiar, <br />
las claras tardes de estío <br />
en que yo empecé a soñar!</p>

	<p>Y en la aborrecida escuela, <br />
raudas moscas divertidas, <br />
perseguidas <br />
por amor de lo que vuela,</p>

	<p>—que todo es volar—, sonoras <br />
rebotando en los cristales <br />
en los días otoñales&#8230; <br />
Moscas de todas las horas,</p>

	<p>de infancia y adolescencia, <br />
de mi juventud dorada; <br />
de esta segunda inocencia, <br />
que da en no creer en nada,</p>

	<p>de siempre&#8230; Moscas vulgares, <br />
que de puro familiares <br />
no tendréis digno cantor: <br />
yo sé que os habéis posado</p>

	<p>sobre el juguete encantado, <br />
sobre el librote cerrado, <br />
sobre la carta de amor, <br />
sobre los párpados yertos <br />
de los muertos.</p>

	<p>Inevitables golosas, <br />
que ni labráis como abejas, <br />
ni brilláis cual mariposas; <br />
pequeñitas, revoltosas, <br />
vosotras, amigas viejas, <br />
me evocáis todas las cosas.<br />
(A. Machado)</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/24894/moscas-en-la-lengua</link>
		<pubDate>Sat, 28 Sep 2013 08:12:27 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Voces del pueblo</title>
		<description><![CDATA[<p>Son voces expósitas, sin padre etimológico ni reconocido, nacidas en la germanía o la jerigonza, surgidas del pueblo y para el pueblo. Vocablos sin prosapia que tienen pocas posibilidades de entrar en los diccionarios oficialistas.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Si los idiomas se comportan como seres vivos: nacen, evolucionan, languidecen y mueren; sus elementos constituyentes, sus células, también cumplen ciclos vitales. Las palabras, de ellas hablo, no son inmutables y normalmente surgen desde un proceso de adaptación evolutiva, fruto de sus viajes a través de los tiempos y las lenguas.</p>

	<p>Sin embargo, parece como si al hablante no le bastaran estos mecanismos naturales, pues, en ocasiones, inventa palabras <em>de nuovo</em>. Y no hablo de neologismos técnicos, préstamos, calcos o similares, sino de las llamadas <strong>&#8220;expresiones creativas&#8221;</strong>, términos que se crean al vuelo, en un momento de inspiración.</p>

	<p>Son voces expósitas, sin padre etimológico ni reconocido, nacidas en la germanía o la jerigonza, surgidas del pueblo y para el pueblo. Vocablos sin prosapia que tienen pocas posibilidades de entrar en los diccionarios oficialistas, pues lo coloquial (literalmente de “coloquio”, diálogo) tiene vocación de oralidad y, salvo éxito rotundo, rara vez termina fijado en tipos de imprenta, que es donde los lexicógrafos suelen ir de caza. Además, nacen como localismos y muchas veces no logran traspasar las fronteras de su terruño.</p>

	<p>Pese a lo cual, y juntando las de ambas orillas del Atlántico, son <em>tropecientas</em> las que figuran en el <span class="caps">DRAE</span>, aunque muchas más las que pululan por chabolas y palacios, en las conversaciones populares, chascarrillos y gracietas, y sabrá Dios cuántas nacieron y se perdieron por el camino. Normalmente las usamos sin darnos cuenta de que ellas representan una muestra importante del poder del hablante sobre el lenguaje: la omnipotencia que supone crear  <em>ex nihilo</em>, de la nada.</p>

	<p>Con frecuencia son jocosas, sonoras y pegadizas. Curiosamente tienden a ser polisílabas, como si así fueran más ampulosas, si es necesario repitiendo sílabas  o añadiendo prefijos de iteración como “re-“.</p>

	<p>Una parte importante de estas expresiones son simples interjecciones en las que prima la sonoridad fonética (incluyendo la onomatopeya) sobre el significado. <em>Cáspita</em>, <em>repámpanos</em>, <em>catapúm</em>, <em>aúpa</em>. Aunque de otras podemos suponer que se tratan de eufemismos, palabras reconvertidas en invenciones carentes de significado para no tener que terminar la soez versión original. Así <em>caray</em> o <em>caramba</em> (de “carajo”), <em>córcholis</em>, <em>recórcholis</em> o <em>corcho</em> (de  “¡coño!”), <em>jolín</em> o su plural <em>jolines</em> (de “joder”), …</p>

	<p>Aunque también, con similar intención, se inventan palabras que sustituyen completamente un concepto velado, dejado a la imaginación del oyente. Es el caso de <em>refanfinflar</em> o <em>repampinflar</em>, que no significa nada concreto. En realidad, si no fuera por la posición que habitualmente ocupa en la oración, ni siquiera estaría seguro de que sea un verbo, toda vez que casi únicamente se emplea una forma, <strong>refanfinfla</strong>, que correspondería a la tercera persona singular del presente de indicativo.  Podemos suponer que <em>refanfinflar</em> sea aplicar alguna acción obscena o erótica sobre una de las formas femeninas que adopta la pléyade de sustantivos que designan el  miembro viril, que además queda prácticamente siempre escondida tras el pronombre átono “la”. Será, pues, verbo transitivo, aunque algunas veces, pocas, lo encuentro como intransitivo: <em>“me refanfinfla lo que diga la gente”</em>, con lo cual su supuesto significado queda aún más críptico.</p>

	<p>Otras  veces, estos neologismos populares se aplican como insultos más o menos disimulados, una forma de zaherir sin dejar del todo claro qué oprobio se le achaca al insultado. Así un sujeto puede ser un <em>mindundi</em>, o un <em>chiquilicuatre</em>, <em>chisgarabís</em>, <em>papanatas</em>, <em>chafalmejas</em>, <em>zarrapastroso</em>, <em>gurrumino</em>, <em>zascandil</em>, incluso un perfecto <em>gilipollas</em>, sin que tengamos muy claro a qué exactamente refería la palabra en origen aunque su significado, a fuerza de uso, termine por quedar bien definido.</p>

	<p>Como también se puede ser <em>sandunguero</em> si se tiene <em>sandunga</em>, <em>dicharachero</em> si se habla con  <em>dicharachos</em>, <em>pachorriento</em> si le domina la <em>pachorra</em>, o <em>chilindrinero</em> si cuenta <em>chilindrinas</em>. Otra cuestión es de dónde proceden esos extraños sustantivos que tienen todos los visos de haber nacido una noche de <em>jarana</em> y <em>cuchipanda</em>.</p>

	<p>También los encomios pueden ser objeto de la imaginación en el  léxico: <em>fetén</em>, chipén, <em>pocholo</em> o <em>pintiparado</em> han ido quedando arrumbadas, para ser sustituidas por <em>guay</em>, <em>chupi</em>, <em>chachi</em> (o <em>chachi-piruli</em>, que es más que chachi),  <em>chido</em>, que dicen en México, o <em>macanudo</em> que decían (ya no tanto) en Argentina.</p>

	<p>Un grupo curioso es el aplicado a un malestar más bien repentino y de causa desconocida, es decir: un <em>soponcio</em>, un <em>patatús</em> (o <em>patarrús</em>), <em>yeyo</em>, <em>jamacuco</em>, <em>arrechucho</em> o <em>sopitipando</em>.</p>

	<p>Queda, en fin, otro puñado de difícil clasificación: <em>encocorar</em>, <em>turulato/turuleta</em>, <em>impepinable</em>, <em>pingorotudo</em>, <em>empampirolado</em>, <em>cuchufleta</em>, <em>rechoncho</em>, <em>barahúnda</em>, <em>entenguerengue</em>, <em>corotos</em>, <em>mandanga</em>, … </p>

	<p>Seguro que conoce usted unas cuantas propias de su barriada o grupo de amigos. Cuídelas, mímelas, no se avergüence de usarlas por el hecho de que estirados lingüistas no las hayan tenido en estima, son parte de nuestro patrimonio tanto como la más refinada y culta de las glosas; y yo diría que expresivamente mucho más útiles que los vanos circunloquios que emplean muchas veces políticos, juristas, periodistas y otros grandilocuentes.</p>

	<p>X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X·X<br />
Más de lo mismo:<br />
<a href="http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/julio_13/23072013_01.htm">Refanfinflar, repampinflar</a> por Pedro Álvarez de Miranda</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/24746/voces-del-pueblo</link>
		<pubDate>Wed, 28 Aug 2013 07:47:48 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-08-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/5807de997b2a26f3e8a0686a0ada039a</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Divagaciones caniculares.</title>
		<description><![CDATA[<p>Es domingo, estamos en verano, luce el sol y reverbera el agua fresca junto a mi tumbona. No me pidan que me ponga gramático con este ambiente estival. A cambio, permítanme que divague sobre cosas que leo, veo y escucho entre chapuzón y sorbo de horchata.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Es domingo, estamos en verano, luce el sol y reverbera el agua fresca junto a mi tumbona. No me pidan que me ponga gramático con este ambiente estival. A cambio, permítanme que divague sobre cosas que leo, veo y escucho entre chapuzón y sorbo de granizada.</p>

	<p><strong>A vueltas con la calor.</strong><br />
Anuncia un tuit de <a href="https://twitter.com/RAEinforma">@RAEinforma</a> que “en la lengua general culta, «calor» es masculino: «el calor» (*«la calor» se considera hoy vulgar y debe evitarse)”. (Nota: es cita <a href="http://dpd.rae.es/dpd/srv/search?key=calor&amp;origen=RAE">copiada del <span class="caps">DPD</span></a>)<br />
<blockquote class="twitter-tweet"><p><a href="https://twitter.com/search?q=%23RAEconsultas&amp;src=hash">#RAEconsultas</a> En la lengua general culta, «calor» es masculino: «el calor» (*«la calor» se considera hoy vulgar y debe evitarse).</p>&mdash; <span class="caps">RAE</span> (@RAEinforma) <a href="https://twitter.com/RAEinforma/statuses/359964813247528960">July 24, 2013</a></blockquote><script async src="//platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></p>

	<p>Hombre, pues no puedo estar de acuerdo. Si acaso será “coloquial”, que se puede ser coloquial sin ser vulgar, y viceversa.</p>

	<p>Pero “la calor” y el calor son dos cosas distintas; o, mejor dicho, la calor es una forma particular de calor, como la describe <strong>Carmen Rigalt</strong>:<br />
<cite>&#8220;En Madrid ya tenemos suficiente con la calor, que bastantes sudores nos da. La calor es esa bofetada de fuego que te sorprende cuando por la noche das media vuelta en la cama, o cuando vas a salir de casa para ir al supermercado y te quedas pegada al asfalto como una lapa. La calor de Madrid es ausencia de aire, de respiración y de vida.&#8221;</cite></p>

	<p>El artículo en femenino, como se ve, añade el matiz implícito de que es climática, agobiante y veraniega por antonomasia, mientras que &#8220;el calor&#8221; puede precisar de un adverbio o calificativo para igualarse en magnitud y momento. Además, no puede emplearse en femenino para los usos figurados (“afecto”, “entusiasmo”, etcétera) ni,  por supuesto, para referirse a la forma de energía en física. Diferencias que no hacen sino confirmar que transportan conceptos ligeramente distintos, un caso no tan distinto a los sustantivos &#8220;margen&#8221; o &#8220;terminal&#8221;, ambiguos pero en los que predomina uno u otro género según el significado.</p>

	<p>Existe el mito de que “la calor” es expresión de origen andaluz; pues no: viene de muy antiguo y es que, en los inicios del idioma y hasta el siglo <span class="caps">XVIII</span> en que la Real Academia empieza a poner orden, muchos de los sustantivos en “-or” eran ambiguos: el/ la dolor, la temor, la humor, la color. Este último, por cierto, lo sigue siendo aunque casi únicamente se emplea en masculino. Luego, por la razón que sea, fue arreciando el masculino (en catalán y francés, sin embargo, prevaleció el femenino).</p>

	<p>Otra cosa es que los andaluces lo hayan mantenido más vivamente, tal vez porque es en su tierra donde más y mejor se manifiestan esas calores estivales, y ya he dicho antes aquí que un pueblo habla como piensa. Sin embargo me consta que es ampliamente utilizado en Castilla y Extremadura, en Cataluña, Valencia y Baleares (aunque con influencia de su lengua propia, como ya dije) y en Hispanoamérica, México especialmente, además de que la expresión es bien entendida, incluso en aquellas regiones peninsulares o americanas en que los rigores caniculares no son tan marcados.</p>

	<p>Y, en definitiva, coloquial o no, aporta su óbolo a la riqueza expresiva de nuestro idioma, y no creo que deba evitarse en la lengua &#8220;culta&#8221;; en todo caso en la &#8220;formal&#8221;, que también son dos cosas distintas.</p>

	<p>Por cierto que “la canícula” debe su nombre a que, hace unos milenios, por estos días se dejaba ver al amanecer la estrella <strong>Sirio</strong> o &#8220;del Perro&#8221; (ahora esta efeméride tiene lugar ya a finales de agosto). Así que los romanos llamaron a este periodo los <em>“caniculari [dies]”</em>, días de perra, aunque —dicen las malas lenguas- no tanto por las altas temperaturas meteorológicas como por la mayor apetencia de fornicio que sentían por estas calendas.</p>

	<p>Sea como fuere, hablar de “canícula veraniega”, como leo y oigo a veces, es una redundancia sin sentido ya que no hay más canícula que la tórrida temporada en la que se enseñorea “la calor”.</p>

	<p><strong>Saltos malayos.</strong><br />
Mundial de natación en Barcelona, prueba femenina de saltos de trampolín. La periodista de <span class="caps">RTVE</span> reiteradamente se refiere a <strong>Pandelela Rinong Pamg</strong>, una de las contendientes, como <em>“la saltadora malasia”</em>. Al punto empiezan a surgir por las redes sociales comentarios indignados y burlescos, indicando que el gentilicio correcto para las ciudadanas del país asiático es <strong>“malaya”</strong>.</p>

	<p>Lo cierto es que, en principio, a mí también me suena mejor la última; pero tengo la experiencia de que el oído es muy mal gramático, así que, antes de juzgar, prefiero echar mano de los textos normativos y me encuentro con esta sentencia inapelable del <span class="caps">DPD</span>:<br />
<cite>El gentilicio es malasio […]. También se emplea como gentilicio del país el adjetivo malayo, que en sentido estricto designa a los individuos de la etnia oriunda de esta zona y, como sustantivo masculino, la lengua que hablan.</cite></p>

	<p>Me quedo un poco &#8220;a cuadros&#8221;, pero acato y respeto el dictamen. Es decir, que ni todos los súbditos malasios son malayos, si no son además de la citada etnia, ni todos los malayos son malasios, que podría haber alguno nacido en Carrión de los Condes, un suponer. </p>

	<p>En cualquier caso, vaya desde aquí mi felicitación a la comentarista profesional, que entiendo que se lo curró porque estas cosas, como dije, no son intuitivas.</p>

	<p><strong>Perdonen las disculpas.</strong><br />
La compañía aérea de capital británico <strong>Iberia</strong> monta una especie de subasta web para un vuelo a Nueva York, pero —previsible- el chiringuito se le viene abajo porque el servicio no da abasto, y los organizadores se ven obligados a recular y publicar un <em>mea culpa</em> que reza como sigue:<br />
“Os pedimos disculpas a todos los que estabais deseando participar en nuestros social flight y no lo habéis conseguido. Las millones de peticiones recibidas en los primeros minutos han colapsado los servidores y no podemos continuar.”</p>

	<p>Molesta bastante a la vista ese “las millones de peticiones” que transgrede el uso tradicional de la concordancia. Aunque la concordancia de género provoca en ocasiones vacilaciones y alternativas, no es el caso de un artículo señalando al cardinal, de la misma forma que no se dice <em>“los decenas de viajeros”</em>.</p>

	<p>Pero el caso es que también me llama la atención el “pedimos disculpas”. Sin duda es correcto, vaya por delante, pero me deja reflexionando sobre la veleidad del término “disculpa”, que según el verbo que lo enarbole tiene por sujeto al ofensor o al ofendido.</p>

	<p>Propiamente hablando, “disculpa” es la quita de la culpa; en algún momento tal vez incluyó la prenda o favor ofrecido para compensar el agravio. Así que inicialmente la disculpa correspondería a quien tiene la culpa y la fórmula sería “presentar disculpas” u “ofrecer disculpas”; y el agraviado debería “aceptar las disculpas”, porque nobleza obliga.</p>

	<p>Pero en algún momento de la historia de nuestra lengua parece que la “disculpa” y el “perdón” empiezan a mezclarse y hoy ya no sabe uno bien dónde empieza una y termina el otro, de forma que se piden disculpas o se ruegan disculpas cuando se ofende, pero se exigen disculpas o se demandan disculpas cuando se considera uno lesionado por los actos del otro. Sin embargo, pedir, rogar, demandar y exigir son matices de intensidad de la misma acción. Imagínese el contrasentido de pedir disculpas, que se concedan y, en consecuencia, se acepten las disculpas… el mismo que las pide, claro.</p>

	<p>Repito: la Real Academia y otros lingüistas ya se han pronunciado sobre el tema y, como es de sentido común, la fórmula está aceptada, tanto para pedirlas como para ofrecerlas; al fin y al cabo lo importante en el idioma es que el receptor entienda sin problemas el mensaje, aunque muchas veces no parezca claro por qué se dice así y no de otro modo.</p>

	<p>Y ahora, si me lo permiten, con estas reflexiones variopintas les dejo, que voy a darme otra zambullida. Y a mis lectores del hemisferio boreal: que pasen un buen verano.</p>

	<p><a href="http://dpd.rae.es/dpd/srv/search?key=calor&amp;origen=RAE">Calor en el Diccionario de Dudas</a><br />
<a href="http://forum.wordreference.com/showthread.php?t=1388944">Discusión en Wordreference</a><br />
<a href="http://www.fundeu.es/recomendacion/los-miles-de-personas-no-las-miles-de-personas-861/">Fundéu: los miles de personas</a><br />
<a href="http://forum.wordreference.com/showthread.php?t=10232&amp;p=6805791#post6805791"><span class="caps">RAE</span>: ¿ofrecer o pedir disculpas?</a> (En Wordrefence.com)<br />
<a href="https://www.facebook.com/iberia/posts/699732516709821">Nota de Iberia en Facebook</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/24634/divagaciones-caniculares</link>
		<pubDate>Sun, 28 Jul 2013 10:30:45 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-07-28:77c262b7562572606450a68115f67ab6/dc8c76e719fb4bcf260f74b57e1de35c</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Sonidos fósiles</title>
		<description><![CDATA[<p>Superada la pubertad, en el aprendizaje de una segunda lengua la estructura gramatical puede ser asimilada con mayor o menor dificultad y el debido entrenamiento, pero la fonética (digamos popularmente, “el acento”) parece quedarse estancada en los dejos inherentes a nuestra lengua materna y primaria. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Rueda raudo el ferrocarril rumbo a Roma.</p>

	<p>Si tienen algún amigo que no sea hispanohablante nativo, preferiblemente noreuropeo, norteamericano u oriental (árabes, africanos y latinos algo menos), prueben a tomarle el pelo retándole a que diga la frase anterior. Aun cuando lleve muchos años residiendo entre hablantes del castellano, lo más probable es que no pueda alcanzar una pronunciación aceptable y se debata entre sudores y ejercicios gimnásticos de laringe.</p>

	<p>Cachondeitos de terraza veraniega aparte, tampoco los hispanos, tanto de aquí como de allá, somos unas hachas pronunciando lenguas extranjeras. Bastante tenemos con pronunciar la nuestra con una diversidad rayana en lo infinito.</p>

	<p>De hecho, no he utilizado un ejemplo con el fonema /j/ español, fricativo velar, porque muchos lo pronunciamos de forma más o menos relajada como “hache aspirada” y sería injusto exigir a nuestro cobaya fonético que lo hiciera más correctamente que los propios hispanos.</p>

	<p>Todo parece indicar que las lenguas se aprenden por imitación, al menos en la más tierna infancia. Esto es válido tanto para la gramática como para la fonética. Los infantes aprenden sin aparente dificultad una, dos y tres lenguas con solo moverse en los ambientes donde se hable.</p>

	<p>Sin embargo, y superada la pubertad, en el aprendizaje de una segunda lengua la estructura gramatical puede ser asimilada con mayor o menor dificultad y el debido entrenamiento, pero la fonética (digamos, popularmente, “el acento”) parece quedarse estancada en los dejos inherentes a nuestra lengua materna y primaria. </p>

	<p>No solo es prácticamente imposible alcanzar la pronunciación de un nativo, sino que además el neohablante tiende a aplicar los recursos fonológicos que adquirió junto con su idioma natural.</p>

	<p>Y no únicamente cuando intentamos expresarnos en una lengua foránea, sino incluso dentro de nuestro idioma, hay rasgos incrustados que no son fáciles de evitar. Consideremos simplemente el seseo de un andaluz o el yeísmo rehilado de un argentino, que suelen permanecer después de vivir muchos años en un entorno donde el habla común no los presenta.</p>

	<p>Más aún, el hablante incluso consciente de su diferencia, parece incapaz de articular el sonido como un nativo, aunque escuche y repita con esfuerzo. Parece como si el aprendiz, “en su cabeza”, reconociera como fonemas válidos los sonidos que logra emitir.  Uno no es realmente consciente de su acento. </p>

	<p>A esta aparente incapacidad para modificar los mecanismos fonéticos en la edad adulta se le ha denominado (un tanto drásticamente) <strong>“fosilización fonológica”</strong>. Aunque, más poéticamente, Thomas Scovel lo llamó <strong>“fenómeno Joseph Conrad”</strong>, en referencia al novelista británico que al parecer, y a pesar de haber escrito toda su obra en un inglés envidiable, nunca pudo erradicar de su habla un notable acento polaco, su lengua materna.</p>

	<p>La hipótesis más desalentadora mantiene que, durante el desarrollo físico, se atrofiarían los mecanismos fisiológicos de la fonología (laringe pero también lengua, labios, etcétera) unido además a un encasillamiento del área neurológica del lenguaje, lo que conlleva la pérdida de la plasticidad necesaria para adquirir nuevos mecanismos del habla.</p>

	<p>Sin embargo, si bien es cierto que a nivel cerebral se produce una fijación del mecanismo del habla en zonas bien delimitadas del cerebro (“área de Broca” y otras), no se ha podido establecer aún una correlación entre estas y la destreza fonológica propiamente dicha, además de que existe un cierto desajuste entre el periodo de fijación (alrededor de los 4-5 años de edad) y el final de la “etapa crítica” para la adquisición natural de los sonidos idiomáticos que parece sobrevenir algunos años más tarde; lo que no quita para que nuevos avances en neurología y neurociencia terminen por encontrar una conexión.</p>

	<p>Y respecto a los mecanismos fisiológicos, no se han encontrado tampoco modificaciones significativas del aparato fonador que avalen esa hipótesis.</p>

	<p>Es más probable (o al menos parece más lógico) que la explicación pase porque el hablante incorpore al idioma del que no es nativo las fonéticas que cree similares al que sí lo es, una fórmula que le es muy cómoda por conocida.  Se crea así lo que denominamos una <strong>“interlengua”</strong>, una mezcla extraña del idioma materno y el adquirido.</p>

	<p>Esta incorporación o <strong>“transferencia”</strong> de elementos propios al idioma en aprendizaje, no se limita a los sonidos; también el léxico y las estructuras gramaticales componen la interlengua, pero mientras estos van desapareciendo gradualmente con la práctica real del idioma, los fonemas permanecen, en especial aquellos que no tienen una correspondencia aceptable en el idioma propio.</p>

	<p>El problema es que el receptor nativo puede incluso tener dificultad para entendernos, mucho más si intervienen vocablos con sonidos similares (p.ej. el italiano “casa” —casa- y “cassa” —caja-), o cuando el aprendiente asocia indebidamente una grafía con su sonido, como suele suceder a los betacistas hispanohablantes con los grafemas v-w en lenguas germánicas (“Wie viel?”,  ¿cuánto?). <div class="mediaContainer" style="position:relative;display:block;width:175px"><audio id="mwe_player_0" style="width:175px;height:23px" poster="//bits.wikimedia.org/static-1.22wmf7/skins/common/images/icons/fileicon-ogg.png" controls="" preload="none" data-durationhint="0.78947845804989" data-startoffset="0" data-mwtitle="CPIDL_German_-_Wie_viel.ogg" data-mwprovider="wikimediacommons"><source src="//upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9d/CPIDL_German_-_Wie_viel.ogg" type="audio/ogg; codecs=&quot;vorbis&quot;" data-title="Original Ogg file (125 kbps)" data-shorttitle="Ogg source" data-width="0" data-height="0" data-bandwidth="124710"></source>Sorry, your browser either has JavaScript disabled or does not have any supported player.<br />

You can <a href="//upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9d/CPIDL_German_-_Wie_viel.ogg">download the clip</a> or <a href="//www.mediawiki.org/wiki/Extension:TimedMediaHandler/Client_download">download a player</a> to play the clip in your browser.</audio></div></p>

	<p>Los estudios más recientes, impulsados por el creciente interés en el aprendizaje de segundas lenguas, se inclinan por que no existe una fosilización completamente invalidante, sino que muchas veces es culpa de una metodología que incide poco o defectivamente en la importancia de la fonología en la enseñanza de idiomas. A pesar de lo cual reconocen que, seguramente, nunca hablaremos inglés, alemán o francés sin denotar nuestros orígenes castellanohablantes.</p>

	<p>Ni ellos sabrán nunca pronunciar bien la erre.</p>

	<p>θʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣθʒɸβŋɣ</p>

	<p><a href="http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/fosilizacion.htm">Glosario del instituto Cervantes</a><br />
<a href="http://cybertesis.uach.cl/tesis/uach/2008/ffo.48t/doc/ffo.48t.pdf">Fosilización fonológica en estudiantes chilenos</a> (<span class="caps">PDF</span> en inglés)<br />
<a href="http://www.publicacions.ub.es/revistes/phonica1/PDF/articulo_06.pdf">El mito del &#8216;periodo crítico&#8217;</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/24496/sonidos-fosiles</link>
		<pubDate>Fri, 28 Jun 2013 07:23:03 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Sustantívame, lexicalízame</title>
		<description><![CDATA[<p>Junto a la <strong>sustantivación funcional</strong>, usada por el hablante como recurso gramático eventual, está la sustantivación semántica o <strong>lexicalización</strong>, que implica que el vocablo se convierte en un sustantivo que designa un concepto propio.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sustantivar</strong> (o nominalizar) es poner en posiciones de sustantivo a una parte de la oración que normalmente juega en otra demarcación. (A este tipo de alteraciones gramaticales se les denomina genéricamente <em>metábasis</em>).</p>

	<p>Generalmente con la finalidad de que se constituya como sujeto, complemento directo o complemento del nombre, cualquier componente del lenguaje puede sustantivarse, ya sea verbo, adjetivo, adverbio e incluso preposiciones y pronombres, locuciones y hasta oraciones completas:<br />
<strong>Morir</strong> es solo el principio.<br />
<strong>Lo mejor</strong> es el final.<br />
Hay un <strong>antes</strong> y un <strong>después</strong>.<br />
<strong>El mismo</strong> que viste y calza.<br />
Tú pon <strong>el desde</strong> que yo decidiré <strong>el hasta</strong>.<br />
Tengo aquí <strong>lo tuyo</strong>.<br />
<strong>Quien bien te quiere</strong> te hará llorar<br />
Ya sé <strong>lo que hicisteis este fin de semana</strong>.</p>

	<p>Evidentemente, la forma más usual de sustantivar algo es escoltarlo con un artículo, de forma que no quede duda de cuál es su nueva función.</p>

	<p>Pero, junto a la <strong>sustantivación funcional</strong>, usada por el hablante como recurso gramático eventual, está la sustantivación semántica o <strong>lexicalización</strong>, que implica que el vocablo se convierte en un sustantivo que designa un concepto propio, desligado de su anterior función y que incluso adopta las mañas propias del nombre con flexión de género y número.</p>

	<p>Algunos ejemplos paradigmáticos son el sustantivo “porqué” (el porqué, los porqués, no confundir nunca con la conjunción átona “porque”),  el mañana (ya no es el adverbio para el día después de hoy sino que es sinónimo de el futuro y es distinto del sustantivo femenino “la mañana” como parte del día), el bien y el mal, el sí y el no,…</p>

	<p>Habría que aclarar que no podemos hablar propiamente de lexicalización de los infinitivos verbales en general, ya que el infinitivo es en sí mismo una forma sustantiva, salvo en los casos en que la sustantivación implica una desviación semántica; es decir: cuando aporta un concepto más o menos independiente de la forma verbal que lo origina: el amanecer, el anochecer, el deber (los deberes), el poder o un poder (p.ej. documento notarial),  placer (el verbo placer –me place, como te plazca- ha quedado anacrónico en castellano, por lo que es difícil reconocerlo ahora como el sustantivo lexicalizado que es realmente), pesar (de dolor: “a mi pesar”, no de medir el peso), cantar (como colección de rapsodias: cantar de los cantares, cantar de mio Cid).</p>

	<p>Es significativo que los hablantes parecen tender a lexicalizar aquellos infinitivos que sirvan para referirse a parámetros humanos (pesar, sentir –el sentir popular-, saber –el saber humano-, mirar –es tierno su mirar-, andar –la soltura de sus andares-, etcétera), frente a los que son propios de objetos inanimados, que rara vez sufren el proceso de llegar a ser concepto autónomo.</p>

	<p>Pero, sin duda, el mayor conjunto de sustantivos lexicalizados lo compone el que procede de adjetivos (y participios,que es la forma adjetiva del verbo). Sin embargo, tampoco aquí cualquier calificativo evoluciona naturalmente a nombre con valor semántico propio.</p>

	<p>Aunque no hay reglas estrictas ni marcas que permitan predecir que un adjetivo pueda ser lexicalizado, es infrecuente que alcancen ese rango aquellos que difícilmente se puedan aplicar a personas. No han sido lexicalizados, por ejemplo, profundo, ancho, frondoso, repentino, escaso, etcétera.</p>

	<p>Pero, aun en el caso de los adjetivos propios de persona, parece haber una curiosa asimetría: lexicalizamos con muchísima mayor frecuencia aquellos con una carga peyorativa o negativa que los que resultan laudatorios.</p>

	<p>Así, nos referimos con frecuencia a “un grosero”, “una enferma”, “un inútil” o “un mentiroso”, mientras que solo en una sustantivación funcional algo forzada emplearíamos sus antónimos: “un amable”, “una sana”, “un útil” y “un sincero”, respectivamente, y que prácticamente siempre se emplean como meros adjetivos (un señor amable, una persona sana, un empleado útil, un amigo sincero), negándoseles la opción sustantivada, menos aún lexicalizada.</p>

	<p>Hablamos de “los ilegales”, pero nunca de “los legales” (pese a que el adjetivo “legal” haya sido implantado por el lenguaje de los jóvenes de fin de siglo: un tío legal), de los condenados e  imputados, pero no sustantivamos a “los absueltos” o a “los exculpados”.</p>

	<p>Bueno, reconozcamos que también hemos hecho sustantivo con genio y sabio (los genios de la pintura, los siete sabios de Grecia), pero también en este caso los adjetivos propios de la nesciencia (tonto, idiota, estúpido, lelo, necio,&#8230;) ganan por goleada.</p>

	<p>Incluso podemos encontrar casos en los que se hayan lexicalizado los dos extremos, y ambos sugieren características negativas: un enano/un gigante, un flaco/un gordo, un pobre/un rico (“rico” parece un adjetivo beneficioso, pero cuando queda lexicalizado suele implicar desdén o burla: “los ricos son así”).</p>

	<p>Tengo para mí que uno habla como piensa, máxima aplicable tanto al individuo como al colectivo. Tendré que concluir entonces que, como especie parlante, somos mucho más proclives a la maledicencia, la descalificación y el insulto que al enaltecimiento y el elogio. Así nos va.</p>

	<p>(O)(0)&#176;(0)(O)(0)&#176;(0)(O)(0)&#176;(0)(O)(0)&#176;(0)(O)(0)&#176;(0)(O)(0)&#176;(0)(O)(0)&#176;(0)(O)(0)&#176;(0)</p>

	<p>Inspirado por:<br />
<a href="http://revistas.ucm.es/index.php/RFRM/article/download/RFRM9090110231A/12867">El proceso de sustantivación y lexicalización de los adjetivos con artículo en Español</a> (<span class="caps">PDF</span>) de <strong>Antonio Briz</strong>, <span class="caps">UCM</span>, 1990</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/24341/sustantivame-lexicalizame</link>
		<pubDate>Tue, 28 May 2013 08:47:54 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-05-28:77c262b7562572606450a68115f67ab6/623bceed66a4fcdc2e068413738e45cf</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Escrache: historia de una palabra</title>
		<description><![CDATA[<p><strong>Escachar</strong> es un verbo castellano de tan antigua prosapia como se demuestra. Proviene, seguramente, de “des-cachar”, esto es, arrancar un cacho (<em>cacculus</em>), tronchar, quebrar mediante la fuerza bruta.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El pensamiento, las ideas, se construyen como imágenes personalísimas. Esta raza de cavernoplatónicos que somos los seres humanos percibimos los objetos del mundo que nos rodea y los interiorizamos en una forma que, de momento, ni la neurología ni la filosofía nos la explican de forma convincente.</p>

	<p>Pero el proceso no termina ahí. Animales sociales dotados de fonación, sentimos la necesidad de transmitir estos conceptos a nuestros semejantes y los convertimos en sonidos. Surgen así las palabras que forman los idiomas pero, a diferencia del concepto personal, la palabra tiene vocación universal y ya no pertenece al individuo sino a la comunidad de hablantes, y por tanto deja de ser evocación del pensamiento  y pasa a ser representación del ideario colectivo.</p>

	<p>Pues este hilo de reflexiones me lleva a pensar que al analizar la etimología, la evolución de las palabras en sus formas gráficas y significados, accedemos de algún modo a la historia del pensamiento de un pueblo.</p>

	<p>A lo que vamos.</p>

	<p>En 1252, las cortes de <strong>Alfonso X el sabio</strong>, reunidas en Toledo, van elaborando las leyes, fueros y ordenanzas del territorio de Castilla y lo hacen en la lengua que ya les es propia (y no en latín como venía haciéndose). En aquellos documentos encontramos esta disposición que sanciona a los que maltraten los árboles de la comunidad:<br />
<cite>Et qui <strong>escachare</strong> rama o cortare por que el arbol aya danno que peche por la primera rama .v. soldos de la moneda de la tierra (Y quien escachare rama o cortare para hacer daño al árbol, que pague por la primer rama 5 sueldos de la moneda de la tierra).</cite></p>

	<p><strong>Escachar</strong> es un verbo castellano de tan antigua prosapia como se demuestra. Proviene, seguramente, de “des-cachar”, esto es, arrancar un cacho (<em>cacculus</em>), tronchar, quebrar mediante la fuerza bruta, que es aproximadamente el sentido en que se usa en el párrafo anterior. De algún modo la palabra es pariente —por cacho=cacharro- de “descacharrar” o “escacharrar”, que viene también a ser romper o deteriorar.</p>

	<p>Y no es la única lengua romance que la adopta, pues también el italiano <em>scacciare</em> (pronunciado [escachare])  y el catalán <em>esqueixar</em> llevan similar significado (y resultaría difícil determinar ahora si viajó la palabra de uno a otro idioma o si surgió naturalmente en ellos).</p>

	<p>Con el transcurrir de los siglos, “escachar” desaparece casi por completo del castellano peninsular escrito, tal vez porque se aprecia como una palabra vulgar y malsonante, impropia del imperio en expansión al que está destinada Castilla. (No lo recoge <strong>Covarrubias</strong> y no entra en el Diccionario de la Real Academia hasta 1912).</p>

	<p>Pero aparentemente se refugia en el español llevado hasta América y, a la ida o la vuelta, en las regiones españolas con mayor contacto con las colonias, especialmente Galicia y Canarias, y de ahí regresa tímidamente a la literatura cuando el costumbrismo y el modernismo recuperan el habla popular. </p>

	<p>El matiz en estos casos parece haber mudado ligeramente a “aplastar, chafar”, pero permanece un retintín de violencia. Sin embargo, aparece también un nuevo significado más curioso. El Diccionario Galego-Castelan de <strong>Xosé Luis Franco</strong> (1968) recoge:<br />
<span class="caps">ESCACHADO</span>: Hendido, roto, hecho cachos// Persona que se ríe mucho// Muchacho travieso.<br />
Por su parte, el canario <strong>Francisco “Pancho” Guerra</strong>, cita en su Léxico Popular de Gran Canaria (inacabado en 1961, publicado póstumamente en 1977) da al mismo participio adjetivo esta definición:<br />
Escachado/&#8212;a = mal criado, fresco, malicioso, frescachona, sinvergüenza, provocativa.</p>

	<p>Aunque caben otras hipótesis, hay varios documentos que hacen “escachar”=”tronchar”, partirse de la risa, y tal vez de ahí pasa a designar a un chaval burlón o a una chica demasiado descarada para su sexo (y época).</p>

	<p>Pero “escachar” siguió su propio curso y en el cono sur americano mudó a <strong>“escrachar”</strong>, manteniendo la semántica, pero con esa epéntesis (añadido de un fonema, “r” en este caso) nada inusual en la evolución etimológica (homo—&gt;hombre, humerus—&gt;hombro,  stella—&gt;estrella). Ni sabemos cuándo ni exactamente por qué.  Es improbable (no imposible) la influencia del inglés <em>scratch</em> (rayar, arañar, tachar… los ingleses anduvieron por los puertos de Buenos Aires y Montevideo en la época de la independencia colonial, pero dejaron escasa huella en el idioma), siendo más plausible el cruce con el lunfardo <strong>“escracho”</strong> (retrato fotográfico, jeta, rostro feo), a su vez de origen incierto (¿del italiano <em>scaràcchio</em>: escupitajo?) </p>

	<p><cite>Escracho es un término con varios significados, algunos de los cuales remiten al universo de la delincuencia. Su acepción más antigua es &#8216;estafa realizada por medio de un extracto de lotería falsificado&#8217;, y parece provenir del cruce entre el argotismo escrache (&#8216;pasaporte&#8217;, &#8216;papel de liberación de un preso&#8217;) y el italiano jergal scaracio &#8216;billete&#8217;, &#8216;escrito&#8217;. Como dice Gobello, ambas acepciones son &#8220;fáciles de asociar al susodicho extracto y a la fotografía, que es la parte más destacada de un pasaporte y, por razones obvias, la que más inquietaba a los delincuentes aluvionales&#8221;. De este modo, escracho pasó a significar &#8216;fotografía, especialmente del rostro&#8217; y, por extensión, &#8216;cara&#8217;. Poco después se aplicó a una &#8216;persona fea o de mal aspecto&#8217; y finalmente tomó el valor de &#8216;tatuaje&#8217;.</cite> (Oscar Conde, “Lunfardo”, Ed. Taurus, 2011).</p>

	<p>Es probable es que los porteños adoptaran “escracho” inicialmente sin relación de parentesco con el castellano “escachar”, pero la similitud fonética terminaría por hermanarlos. Sin embargo, además de su carácter “destructivo”, “escrachar” gira ahora de nuevo con un matiz inusitado: el de quedar en evidencia, expuesto a la opinión pública, especialmente si es en forma crítica o humillante  (también en el portugués de Brasil toma este significado).  Tal vez, en la misma germanía lunfarda, “quedar escrachado” tomase el valor de la foto infame que acompaña a la ficha policial, pero ya en la década de los 80 uno podía quedar escrachado  en la prensa que denunciaba abusos políticos o incluso en las revistas de cotilleos por asuntos mucho más venales.<br />
<cite>Cualquier sospechoso pobre puede ser impunemente filmado y fotografiado y escrachado cuando la policía lo detiene,&#8230;</cite> (Eduardo Galeano, Patas arriba, 1998)<br />
<cite>&#8230;metían las cédulas de la gente a ver si la tenían registrada. Escrachados, decía Mario.</cite> (Marcelo Cohen, El instrumento más caro, 1981)</p>

	<p>Sin perjuicio de que los escritores rioplatenses tiraran también del significado tradicional de aplastar o romper:<br />
<cite>Sacás una más, y te la escracho toda.</cite> (Rodolfo Walsh)<br />
<cite>Si el paquete se escracha en la calle&#8230;</cite> (Cortázar)</p>

	<p>En noviembre de 1994 se constituye en Argentina la asociación Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio, <strong>H.I.J.O.S.</strong>, integrada fundamentalmente por jóvenes hijos de “desaparecidos” por las dictaduras, muchos entregados en adopción a familias afines al régimen, con el objetivo de denunciar y exigir la condena judicial y social de los asesinos de sus padres.</p>

	<p>En 1995 los componentes de <span class="caps">HIJOS</span> comenzaron a reunirse frente a los domicilios o centros de trabajo de conocidos miembros de las dictaduras implicados en torturas y asesinatos, como método de denuncia pública; sin duda alguno de los participantes identificó la acción con un <strong>“escrache”</strong>, y el nuevo sustantivo, perfectamente construido como derivado del verbo matriz, recibía carta de naturaleza.</p>

	<p>En las propias palabras de los representantes de <span class="caps">HIJOS</span>:  <cite>«&#8220;Escrachar&#8221; es poner en evidencia, revelar en público, hacer aparecer la cara de una persona que pretende pasar desapercibida. […] El escrache es una herramienta para denunciar la impunidad que nos sigue golpeando. Consiste en “marcar” públicamente la casa de los genocidas, para mostrar a la sociedad dónde se esconden los asesinos de nuestro pueblo. Ya que no hay justicia, por lo menos que no tengan paz, que se los señales por la calle como lo que son: criminales”»</cite></p>

	<p>Desde entonces, verbo y sustantivo han ido apareciendo aquí y allá, en diversos países de habla hispana. El caso más reciente en España desde finales de 2012. Sin embargo, se puede advertir un ligerísimo nuevo cambio en el significado: ya no es tanto una maniobra para señalar públicamente a un individuo en su impunidad como una manifestación o algarada expresamente dirigida contra un objetivo personal o institucional: se hace escrache a personas pero también se habla de escrache al Congreso,  a la sede de un partido o al local donde se celebra algún evento.</p>

	<p>Y, de momento, por aquí va la palabra tras ocho siglos de recorrido.</p>

	<p>Lamentablemente, vengo notando una curiosa tendencia de anglicización: algunos añaden una “t” y la dejan como “escratche”, sin duda creyendo ingenuamente que proviene de “scratch”.<br />
<cite>“Imbroda y Rajoy le están haciendo un verdadero scratche a las inversiones en Melilla”</cite> (leído en www.eltelegrama.es de Melilla)</p>

	<p>Y otros, a su vez, denominan a los participantes del escrache como <em>“escrachers”</em>, con ese sufijo “-er” que el inglés emplea para designar a quien realiza una actividad concreta (<em>worker, plumber, bróker,</em> …), cuando la voz <strong>&#8220;escrachero&#8221;</strong> ya está documentada en letra impresa hispánica al menos desde principios del siglo <span class="caps">XXI</span>.</p>

	<p>No, por favor; para una vez que los hispanohablantes inventamos una palabra no vengamos ahora a falsear sus rancios orígenes castellanos. Como decía al principio, ahí reside un ladrillo de nuestra historia y memoria. El escrache es nuestro.</p>

	<p><a href="http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?option=com_content&amp;view=section&amp;layout=blog&amp;id=7&amp;Itemid=407">H.I.J.O.S. y escrache</a><br />
<a href="http://que-significa.com.ar/significado.php?termino=escracho">“escracho” en Argentina</a><br />
<a href="http://www.eldia.es/2009-04-27/criterios/19-escacho-cabeza.htm">“Te voy a escachar la cabeza”</a><br />
<a href="http://elpais.com/elpais/2013/04/05/opinion/1365177599_995504.html">Escrache de ida y vuelta</a>, por Álex Grijelmo.<br />
<a href="http://www.fundeu.es/recomendacion/escrache-y-escrachar-terminos-adecuados/">Fundéu</a><br />
<a href="http://www.lanacion.com.ar/210134-de-escraches-truchos-barrabravas-y-filologos">La nación</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/24188/escrache-historia-de-una-palabra</link>
		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 11:30:09 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-04-28:77c262b7562572606450a68115f67ab6/2d4653061ca385df0f03b450027e04f2</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Los ricos también cometen faltas de ortografía.</title>
		<description><![CDATA[<p>Al fin y al cabo, el lenguaje es la principal herramienta social y, cada vez más, portador de esa &#8220;primera impresión&#8221; a la que tanta importancia damos: currículos, cartas de presentación, correos electrónicos, folletos informativos, presupuestos, nuestra página web, nuestros tuits o publicaciones en redes sociales o blogs preceden hoy a la presencia física, de tal forma que cuando alguien nos estrecha la mano, sea cliente potencial, empresario contratante o cita a ciegas, ya sabe cómo escribimos.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Unamuno</strong> ya decía, con evidente sorna, que ante una política que <cite>&#8220;hiciera imposible, o poco menos, las faltas ortográficas ¿no desaparecería uno de los modos de que nos distingamos las personas de buena educación de aquéllas otras que no han podido recibirla tan esmerada? Si la instrucción no nos sirviera a los ricos para diferenciarnos de los pobres ¿de qué nos iba a servir?”.</cite></p>

	<p>El caso es que tal vez nos aproximamos a esa igualdad sociolingüística que temía don Miguel, pues me encuentro frecuentemente con errores ortográficos, gramaticales y sintácticos de diversa cuantía en textos de políticos, periodistas, abogados, médicos, profesores, artistas, etcétera, muchos de ellos encumbrados socialmente o, al menos aparentemente, económicamente.</p>

	<p>No diré aquello de que sucede &#8220;cada vez más&#8221;, porque no dispongo de datos estadísticos. Si en mi anterior artículo defendía que esto viene sucediendo desde hace ya mucho en el ámbito universitario y descartaba, por improbable, la influencia de las nuevas tecnologías, hoy me toca preguntarme: ¿pero es realmente importante?</p>

	<p>Y si lo fuera, ¿por qué entonces, a pesar de que se denuncia desde hace décadas el aparentemente progresivo deterioro de la salud gramatical de nuestros estudiantes, no se le pone freno con decisión?</p>

	<p>No creo que suspender en las pruebas de acceso a la universidad por faltas de ortografía sea una solución. Bien está que de alguna manera se exija al aspirante universitario una aceptable destreza en el lenguaje escrito, pero el resultado de la prueba se supone correlativo con la formación recibida en su etapa bachiller, por lo que el problema habría que buscarlo aguas atrás. A raíz de un comentario recibido en la columna antes citada, investigué un poco sobre los porcentajes de aprobados y suspensos en selectividad durante los últimos años (el <span class="caps">INE</span> lleva una estadística de ello accesible a cualquier ciudadano que tenga internet) y busqué correlacionarlos con los criterios de exigencia ortográfica aplicados. El resultado es cero: la tasa de aprobados oscila entre el 75-80% de presentados año tras año independientemente de a cuánto se cotice la infracción gramatical.</p>

	<p>Pero no iba yo a eso, pues ya digo que me faltan datos objetivos para señalar la causa y aunque la supiera, me abstendría de proponer una solución pues creo que hay gente mejor preparada para esas cosas (y, ya puestos, a las que le harían más caso que a mí).</p>

	<p>Repito la pregunta: ¿es valioso, importante, crítico o dramático que los jóvenes que venimos formando en las más sofisticadas disciplinas del conocimiento no nos escriban &#8220;<em>osea</em>&#8221;, &#8220;<em>haber</em> si&#8221;, &#8220;<em>preveer</em>&#8221; o &#8220;<em>fluhido</em>&#8221;? ¿Y es importante para ellos o para todos? Razonen la respuesta.</p>

	<p>Lo cierto es que una deficiente ortografía y capacidad de expresión escrita puede suponer un lastre importante en el desarrollo laboral, tanto mayor cuanto más alto es el rango profesional.</p>

	<p>O no necesariamente&#8230;</p>

	<p>&#8220;<em>Abría</em> que <em>preveer</em> todos los <em>susesos</em> posibles&#8221;, argumentaba, tal cual lo he transcrito, un proyecto presentado a un importante concurso público, firmado por una consultoría de cierto prestigio, dicho sea de paso. Pues, miren por dónde, en este caso concreto resultó adjudicatario; nunca supe si fue que el comité razonó que en beneficio del contribuyente primaba la calidad técnica (y, por supuesto, el importe ofertado) o que los miembros del mismo tampoco lo hubieran escrito mejor (en realidad, me barrunto que nunca lo leyeron: nadie en su sano juicio lee el texto de informes o proyectos de cientos de páginas y estas cosas ya sabe uno que están adjudicadas de antemano).</p>

	<p>Pero, anécdotas penosas aparte, la idea general es que un texto que presenta múltiples y evidentes faltas de ortografía indicaría una insuficiente formación en el autor, además de un nivel cultural no adecuado al desenvolvimiento social que se espera de un profesional con un grado académico determinado (nótese que formación y cultura no irían necesariamente de la mano). El resultado es que quien les lee y detecta las faltas tiende a desconfiar de la profesionalidad y valía personal del responsable.</p>

	<p>Al fin y al cabo, el lenguaje es la principal herramienta social y, cada vez más, portador de esa &#8220;primera impresión&#8221; a la que tanta importancia damos: currículos, cartas de presentación, correos electrónicos, folletos informativos, presupuestos, nuestra página web, nuestros tuits o publicaciones en redes sociales o blogs preceden hoy a la presencia física, de tal forma que cuando alguien nos estrecha la mano, sea cliente potencial, empresario contratante o cita a ciegas, ya sabe cómo escribimos.</p>

	<p>Algunos estudios hay que reflejan la influencia negativa que la mala ortografía puede llegar a tener en las interacciones laborales y sociales, y afirman que hasta un 50% de nuestros destinatarios pueden huir aterrados ante un texto minado de faltas. </p>

	<p>Sin embargo, tengo la percepción de que la pulcritud gramatical en general, y ortográfica en particular, está considerada como un valor menor. El deficiente gramatical normalmente no siente vergüenza alguna de sus desmanes y en ocasiones hasta parece alardear de ello: <cite>&#8220;Mira haber, me se entiende ¿no?, pues eso es lo que bale&#8221;.</cite></p>

	<p>Y, claro, llegado este punto levanto el dedo dispuesto a contraatacar con un argumento irrebatible y&#8230; no lo encuentro. Por un lado, muchas veces no es culpable de ese defecto, sino incluso víctima del mismo. Y, por otro, escribiendo mal no hace daño aparente a personas ni bienes privativos, no altera el orden público ni amenaza las libertades individuales. Afearle su nesciencia parecería tan arbitrario como recriminarle que fume, y encima sin poder aducir que los demás respiramos pasivamente sus humos tóxicos.</p>

	<p>Tal vez ahí es donde estamos fallando. Todos. Somos hipócritamente tolerantes con el lenguaje deficiente. No nos cortamos para advertir discretamente a nuestro interlocutor de que tiene una mancha de tomate en la falda, la bragueta mal cerrada o un moco asomando por la nariz, pero ante sus faltas de ortografía hacemos la vista gorda y nos quejamos &#8220;para adentro&#8221; sin transmitirles el respingo moral que nos ha causado. No hablo de ejercer un talibanismo ortográfico agresivo y guarnecido de ínfula y desprecio, sino sencillamente ponerle las tildes que faltan en el impreso bancario al rellenarlo, comentar en un blog algo así como &#8220;tus opiniones me parecen interesantes, deberías cuidar la ortografía para que otros no las juzgaran por eso&#8221; o corregir al comercial que asegura que su empresa es líder &#8220;en este área&#8221; con un &#8220;creo que se dice &#8216;esta área&#8217;&#8221;, adornado con una afectuosa sonrisa.</p>

	<p>De esta forma, dando a la corrección idiomática un más alto valor tal vez presionemos a educadores y educandos de que es realmente importante. Al menos tanto como ser rico.</p>

	<p>Pues quizás erré antes cuando dije que no hacían daño alguno: el idioma es una riqueza común, y a todos nos conviene un idioma sano y pujante, e igual que no nos apetece respirar el humo de un fumador en un local cerrado, tampoco es agradable leer una carta del banco donde además de informarnos de un descubierto en nuestro saldo, encima lo escriben mal.</p>

	<p>• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●• ●</p>

	<p><a href="http://www.baquia.com/posts/2011-07-15-las-faltas-de-ortografia-cuestan-millones-a-las-empresas">Las faltas de ortografía en páginas web cuestan millones a las empresas</a><br />
<a href="http://elpais.com/diario/2012/01/02/sociedad/1325458801_850215.html">La ortografía puntúa en Internet</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/24031/los-ricos-tambien-cometen-faltas-de-ortografia</link>
		<pubDate>Thu, 28 Mar 2013 07:57:33 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-03-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/eaadaea44e2c43d43253e25fca6f1b13</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Desmadre (ortográfico) en la Universidad</title>
		<description><![CDATA[<p>«Prescindo de cómo se redacta o cómo se acentúa, batallas virtualmente perdidas; pero baste decir que en un curso universitario de Lengua Española un 60 por 100 de mis alumnos tuvo faltas de ortografía en el primer examen parcial.»</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos días me he encontrado dos veces con el mismo objeto periodístico, uno <a href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/02/16/actualidad/1361037969_843190.html">en el diario El País</a> y el otro en el programa insignia de la Cadena Ser, <a href="http://www.cadenaser.com/espana/audios/21-vez-escribimos-peor-22/csrcsrpor/20130225csrcsrnac_7/Aes/">Hora 25.</a> </p>

	<p>Ambos documentos descubren lo que al parecer es sin duda una verdad a voces: que los universitarios españoles de hoy tienen una paupérrima cultura ortográfica y que la culpa la tienen los malditos móviles y la perversa internet y sus abominables redes sociales.</p>

	<p>Algo así como el testimonio siguiente:</p>

	<p><cite>Prescindo de cómo se redacta o cómo se acentúa, batallas virtualmente perdidas; pero baste decir que en un curso universitario de Lengua Española un 60 por 100 de mis alumnos tuvo faltas de ortografía en el primer examen parcial. Esto no es excepcional y, por no serlo, tiene consecuencias fatales: el profesor de Lengua no puede avenirse a una situación de hecho y es, en primer curso, quien pecha con la ingrata tarea de ser el encargado de cerrar el paso a los candidatos. La situación es muy grave por falta de solidaridad en los demás docentes; para mí es incomprensible que resulte más fácil aprobar el griego que el español. Consecuencia: un ataque sistemático y frontal contra la disciplina, recurriendo a cualquier argumento, por falso que sea [&#8230;]</cite></p>

	<p>Pero el caso es que el texto citado fue escrito por el lingüista <strong>Manuel Alvar</strong>, catedrático de la U. Complutense, en 1979, por lo que los alumnos a los que se refiere cursaron su bachiller durante los últimos años de la dictadura franquista y primeros de la transición, probablemente no habían manejado jamás una computadora y faltaban dos décadas para que los primeros móviles llegaran a sus manos. </p>

	<p>Es posible, sin embargo, que aquel panorama haya empeorado, principalmente a cuenta de los disparates curriculares en que los sucesivos gobiernos de todo signo han endilgado a nuestros educandos, sin contar los nocivos efectos de la crisis y sus recortes:</p>

	<p><cite>En los últimos veinte años, según el periódico, el nivel de faltas de ortografía ha aumentado en casi el 50%. No importa que sean estudiantes de ciencias o de letras; todos han empeorado su nivel de escritura o, peor aún, el de expresión oral. Se calcula que durante los últimos 40 años la enseñanza de lengua en la escuela primaria y secundaria se ha reducido en 800 horas; del mismo modo, los sistemas de aprendizaje han valorado destrezas distintas al aprendizaje de memoria o a los dictados, lo que ha provocado también una dejadez constante por la pulcritud en la escritura.</cite></p>

	<p>Aunque debo advertir que <a href="http://lacuadratura.com/2010/10/06/los-universitarios-franceses-destacan-por-su-bajo-nivel-en-ortografia/">el párrafo anterior</a> refiere a una noticia publicada por <a href="http://www.leparisien.fr/societe/pourquoi-notre-langue-est-elle-aussi-malmenee-04-10-2010-1094196.php">el matutino Le Parisien</a> en octubre de 2010 donde detalla la situación en Francia bajo el gobierno de <strong>Sarkozy</strong>.</p>

	<p>Bueno, prometo no hacer más trampas; el siguiente párrafo tampoco es actual ni ibérico:<br />
<cite>Una de las razones por las cuales los alumnos de hoy encuentran tan difícil redactar en forma aceptable podría ser el actual desplazamiento a todo nivel de la palabra escrita. Nos ha correspondido vivir en una época en la cual el lugar tradicional del libro ha sido usurpado por el cine y la televisión. Hoy en día se lee muchísimo menos que antes por la sencilla razón de que la lectura ha ido perdiendo importancia en nuestra sociedad como fuente de información y de entretenimiento. Los jóvenes de ahora tienen mucho menos contacto con la lengua escrita que los de generaciones anteriores y su dominio de ella se desarrolla, por tanto, en forma incompleta.</cite> <br />
(Ana María Rodino y L. Ronald, Problemas de expresión escrita del estudiante universitario costarricense, San José (Costa Rica), 1985)</p>

	<p>Ignoro si los autores disponían de estudios estadísticos fiables de cómo escribían los universitarios costarricenses “de generaciones anteriores” para poder comparar y afirmar sin duda  que “se lee muchísimo menos” y que era la influencia del cine y la televisión la causa probable del desmadre en aquellos años.</p>

	<p>Y entiendo que, en cualquier caso, a eso habría que añadir un factor corrector del perfil económico y cultural de los estudiantes que accedían a la universidad en los años 50-60, que, al menos en España, eran normalmente varones hijos de familias pudientes.</p>

	<p>No citaré, por hastío, un buen puñado de referencias pretéritas o recientes, que manifiestan situaciones similares en Italia, Reino Unido, Alemania, Suecia, Canadá, Estados Unidos, Argentina, Chile, etcétera, sin aparente relación con su nivel de desarrollo ni forma de gobierno.</p>

	<p>Tampoco me hacía falta tanto extracto, excepto para reforzar probatoriamente lo que mi memoria me trae de mis remotos tiempos de estudiante universitario, cuando muchos de mis camaradas de facultad adolecían de una penosa ortografía que convertía en un calvario el leer sus apuntes de clase.</p>

	<p>Y, en definitiva, tengo para mí que los universitarios y estudiantes de secundaria de hoy en castellano no escriben destacadamente peor que hace décadas ni que en otras lenguas; aunque si alguien posee estudios serios y basados en pruebas objetivas y estadística comprobable que muestren la evolución en ese aspecto estoy dispuesto a rectificar y admitirlo. (No, hasta donde yo sé, <span class="caps">PISA</span> y <span class="caps">TIMMS</span> evalúan la capacidad lectora pero no la escritura)</p>

	<p>Pero, aunque algo haya, no veo razón para buscar la causa en las nuevas tecnologías. Incluso me atrevería a decir que al contrario; Internet es, todavía, un universo básicamente de texto, pero además escrito por sus propios usuarios. Es probable que nunca antes tantos leyeran y escribieran tanto, y lo que sí parece demostrado es que leer, pero sobre todo escribir, es el mejor ejercicio para un mejor dominio de la ortografía.</p>

	<p>No estoy diciendo, cuidado con eso, que el escenario sea satisfactorio. Es evidente que es una situación a corregir, pero será mejor hacerlo desde un diagnóstico certero y fiable, y no disparar en todas direcciones y mucho menos convertir en noticia sensacional lo que tiene trazas de ser un achaque histórico.</p>

	<p>(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)(·)</p>

	<p><a href="http://www.fundeu.es/noticia/los-universitarios-suspenden-en-ortografia-5060/">Fundeu: los universitarios suspenden ortografía</a><br />
<a href="http://metro.co.uk/2008/08/07/embrace-bad-spelling-says-professor-355035/">Un profesor británico propone aceptar las faltas más comunes</a><br />
<a href="http://www.universitynavigator.com/university-blog/is-facebook-making-students-terrible-writers.html">Facebook hace escribir mal</a><br />
<a href="http://www.svt.se/nyheter/regionalt/sydnytt/lararstudenternas-tentor-fulla-av-fel">En Suecia</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/23875/desmadre-ortografico-en-la-universidad</link>
		<pubDate>Thu, 28 Feb 2013 07:40:58 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-02-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/614ef691a2ab4a30f6d58e5626e37fe7</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Palabras de marca</title>
		<description><![CDATA[<p>Las marcas registradas experimentan sensaciones encontradas cuando su nombre propio pasa a ser común, es decir, a emplearse como denominador genérico de todos los productos similares, pasando por encima de los registros de patentes y marcas.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><blockquote class="twitter-tweet" width="450" height="200" lang="es"><p><a href="https://twitter.com/search/%23RAEconsultas">#RAEconsultas</a> La próxima edición del diccionario académico incluirá el verbo «tuitear», que es regular y se conjuga como «amar».</p>&mdash; <span class="caps">RAE</span> (@RAEinforma) <a href="https://twitter.com/RAEinforma/status/293956277166555136">23 de enero de 2013</a></blockquote><br />
<script async src="//platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></p>

	<p>Según la cuenta oficial en <strong>Twitter®</strong> de la Real Academia Española, el verbo “tuitear”, así como los sustantivos “tuit”,”tuiteo” y “tuitero” podrían incorporarse a la próxima edición del diccionario oficialista que edita esta entidad.</p>

	<p>Pero lo que más me sorprende de la noticia no es que los académicos se hayan apresurado a registrar unos vocablos pertenecientes a una jerga coloquial y que, dada la velocidad con que cambian las tendencias en Internet, bien podrían ser efímeros y haber desaparecido del lenguaje común en cosa de un lustro.</p>

	<p>Lo que me ha llamado la atención en este caso es que <strong>Twitter Inc.</strong>, empresa propietaria del servicio y de las patentes asociadas, no haya puesto el grito en el cielo ante el panorama de que su nombre de marca se va a convertir en un vulgar verbo y, además, castellanizado con una grafía que pudiera dar lugar a confusión e incluso fraude.</p>

	<p>Al menos tal fue la reacción de <strong>Google Inc.</strong> cuando, en 2006, el muy prestigioso diccionario angloamericano <strong>Merriam-Webster</strong> decidió incluir el verbo <a href="http://www.merriam-webster.com/dictionary/google"><em>To google</em></a> (googlear) en su undécima edición y el propietario de la marca solo consintió bajo la promesa de que la definición citaría expresamente su motor de búsqueda  de forma que, propiamente hablando, no es posible “googlear” usando Bing, Yahoo o cualquier otro servicio de búsqueda web (algún tiempo después, el referente británico <strong>Oxford Dictionary</strong> incorporó el término en idénticas condiciones). De igual forma, la empresa <strong>Xerox Corp.</strong> luchó durante años para que su nombre no fuera reconocido como sinónimo universal de “fotocopiar” sino, en todo caso, de “xerografiar”: obtener una “xerografía” o “xerocopia”.</p>

	<p>Y es que las marcas registradas experimentan sensaciones encontradas cuando su nombre propio pasa a ser común, es decir, a emplearse como denominador genérico de todos los productos similares, pasando por encima de los registros de patentes y marcas.</p>

	<p>Pues, por un lado, podría aceptarse como un honor el haber alcanzado en el ideario léxico de toda una comunidad de hablantes el rango de referente predilecto; incluso puede que ello conlleve una consagración y trascendencia a través de los siglos.</p>

	<p>Pero, a efectos prácticos e inmediatos, figurar en un diccionario como sustantivo común implica la banalización de una marca (la cual muchas veces supone un importante activo económico para los propietarios) y el riesgo de que el público la vea como una más de la gama y la competencia la incorpore como concepto a sus propios productos. Además, claro, de verse despojada de mayúscula inicial.</p>

	<p>Es cierto que la gente no mira en los diccionarios antes de usar un vocablo para comprobar si es nombre común o de marca registrada; pero los tribunales sí, y el hecho de ser un sustantivo “oficialmente” incorporado al lenguaje puede condicionar que prosperen o fracasen demandas de registro, autoría o usurpación de marcas. Así que el empeño no está tanto en impedir que el término sea empleado en la calle como portador del concepto genérico —lo cual, me temo, es inevitable-, como que llegue a las páginas de los diccionarios más representativos de cada idioma; máxime si, como en el caso del <span class="caps">DRAE</span>, está formalmente reconocido como catálogo oficial del léxico.</p>

	<p>Pero, claro, la opción contraria es negar la mayor: que los hablantes se apropian de las marcas registradas y las incorporan a su habla cotidiana sin hacer miramientos legales de ninguna clase, y su omisión en el tesauro podría suponer una incongruencia lingüística severa. Así, y ante un cierto vacío legal, la Real Academia, como otros editores de diccionarios, han optado por reflejar, cuando sea preciso o formalmente requerido, que la palabra es (o proviene de) una marca registrada.  En ocasiones, por si las moscas, incluso tras la desaparición de la marca o del derecho privativo que en su momento le amparaba.</p>

	<p>Actualmente son algo menos del centenar (ochenta y tantas) las que figuran en el diccionario del castellano con esta advertencia. Algunas, de uso tan extendido que se sorprende uno de encontrarlas en esa nómina; juzguen ustedes mismos si ven en esta lista alguna que no imaginasen protegida por clausulas legales:
	<ul>
		<li><strong>Materiales y tejidos:</strong> nilón o nailon, rayón, celofán, tergal, viyela, sintasol, escay, plastilina, plexiglás, licra, formica, tartán, ferodo, teflón, neopreno, uralita, invar, duraluminio.</li>
		<li><strong>Productos químicos o aleaciones:</strong> vaselina, <span class="caps">DDT</span> o dedeté, aspirina, antipirina, zotal, freón, lavandina, formalina.</li>
		<li><strong>Alimentos:</strong> maicena, potito, tabasco, bijol, kiko, polo (helado), chupa-chup o chupachups.</li>
		<li><strong>Utensilios domésticos o cotidianos:</strong> celo, termo, posit (de post-it), letraset, birome (bolígrafo), velcro, primus, jacuzzi, magnetófono, gramola, pianola, futbolín, mecano, túrmix, chubesqui (del brasero Choubertsky), fotomatón, gillette, sandino (horquilla), támpax, rímel, cláxon, dictáfono, pimpón o ping-pong, tirita o curita, tebeo (de <span class="caps">TBO</span>), bamba (de wamba))</li>
		<li><strong>Herramientas, tecnologías y productos industriales:</strong> delco, linotipo, teletipo, verascopio, klystron, motor diésel, aerobús (de airbus), infografía, tecnicolor, cinemascope.</li>
	</ul></p>

	<p>Mención particular merece la palabra <strong>“michelín”</strong>, obviamente derivada de la industria francesa de neumáticos, pero cuyo significado en castellano coloquial refiere a la “mascota” de la marca, un humanoide formado por bandas de neumáticos (¿blancos?) que semejan a ese “pliegue de gordura que se forma en alguna parte del cuerpo” (definición <span class="caps">DRAE</span>) al que ha dado nombre. (Por cierto, el personaje de Michelín tiene también nombre propio y registrado: <em>Bibendum</em>). Este significado algo peyorativo  es exclusivo del idioma español, e ignoro qué gracia les hará a los directivos de la marca, pero el  término está arraigado en el idioma desde hace ya más de medio siglo:<br />
<cite>Pero no olvide mi consejo: haga ejercicio, porque he notado en su cintura un conato de &#8220;michelín&#8221;. Y a los hombres les gustan los &#8220;michelines&#8221; en las ruedas de sus coches, pero no en las cinturas de sus esposas.</cite> (Álvaro de Laiglesia, &#8220;Una pierna de repuesto&#8221;, 1960)</p>

	<p>En Hispanoamérica, especialmente en Chile, un <strong>mentolatum</strong> o <strong>mentolato</strong> es sinónimo de persona o utensilio versátil o polivalente, remedio eficaz para todo, refiriendo a un ungüento medicinal de nombre comercial &#8220;Mentholatum&#8221;.</p>

	<p>Pero, además de los citados, hay una larga lista de nombres de marca frecuentemente usados como nombre común que aún no han recibido el visto bueno de los lexicógrafos, ignoro si por presión legal o porque no los consideran con suficientes méritos: rotring, pladur, martini (cóctel), bimbo (pan), tetrabrik, dónut, clínex o kleenex, colacao, nocilla, casera (gaseosa), cocacola y fanta, wi-fi, barbie, túper o táper (de tupperware), salvaslip, walkman, albal (papel), minipímer o gominola…, muchas de las cuales ya figuran en diccionarios de otros idiomas o editoriales privadas y aparecen sin pudor en el lenguaje literario y periodístico:<br />
<cite>… desde que Dios los ha unido el matador no reconoce más <strong>salvaslip</strong> que los suyos.</cite> (Cambio 16, febrero 2003)<br />
<cite>Se sienta al volante y arranca por fin, viendo cómo se queda enjugando sus lágrimas de <strong>gominola</strong> y sal…</cite> (Mercedes Castro, “Y punto”, 2010).<br />
<cite>Llegué al edificio, me sequé las lágrimas con un <strong>clínex</strong>, subí las escaleras&#8230;</cite> (José E. Pacheco, “Las batallas del desierto”, 1980).<br />
<cite>María Luisa era una estúpida. Tan decorativa como una <strong>Barbie</strong>, tan artificial como una <strong>Barbie</strong> y, a pesar de sus cuatro hijos, con la entrepierna tan enteriza como la de una <strong>Barbie</strong>.</cite> (Ana Rossetti, “Plumas de España”, 1988).<br />
<cite>…pero una vez que enviudan se llevan el <strong>túper</strong> a la ventana</cite> (H.Casciari, “Más respeto, que soy tu madre”).</p>

	<p>Y a todo eso habría que añadir las perífrasis adjetivas emanadas de la publicidad, como tener &#8220;un cuerpo <strong>danone</strong>&#8221;, lucir una &#8220;sonrisa <strong>profidén</strong>&#8221; o ser alguien &#8220;el primo de <strong>Zumosol</strong>&#8221;: <cite>Rajoy ha sugerido el martes que Alemania y otros socios de <strong>zumosol</strong> impulsen el crecimiento.</cite> (Diario de Jerez)</p>

	<p>Y es que, repito una vez más, los hablantes son los dueños reales del idioma y, por tanto, de los vocablos que lo componen, y ni conocen límites legales ni esperan a que figuren en los diccionarios para elegirlos y usarlos, ya sea tuitear, <em>googlear</em> o, por supuesto, <a href="http://virtualacademiaespanola.es/palabras/wasapear">wasapear</a>.</p>

                                     O—-·-—O—-·-—O—-·-—O—-·-—O—-·-—O

	<p><a href="http://elcastellano.elnortedecastilla.es/castellano/aula/palabras-procedentes-de-marcas">Mª Ángeles Sastre en El Norte de Castilla</a><br />
<a href="http://www.wipo.int/wipo_magazine/es/2009/06/article_0010.html">El cementerio de las marcas</a><br />
<a href="http://www.cincodias.com/articulo/sentidos/marcas-mueren-exito/20060718cdscdicst_1/">Las marcas que mueren de éxito</a><br />
<a href="http://www.fundeu.es/noticias-articulos-la-rae-y-sus-quebraderos-de-cabeza-con-el-teflon-o-el-chupa-chup-6594.html">La <span class="caps">RAE</span> y los nombres de marca</a><br />
<a href="http://es.wiktionary.org/wiki/ec%C3%B3nimo">Ecónimo</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/23703/palabras-de-marca</link>
		<pubDate>Mon, 28 Jan 2013 07:48:46 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-01-26:77c262b7562572606450a68115f67ab6/28187ac975572822382228bcfdbf7ff1</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Con una tilde de más</title>
		<description><![CDATA[<p>Como viene siendo tradicional, permítanme emplear la columna de este día de los Santos Inocentes para traer a esta picota virtual algunos de los cotidianos desmanes que se le hacen al idioma, particularmente desde la prensa tecleada.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Como viene siendo tradicional, permítanme emplear la columna de este día de los Santos Inocentes para traer a esta picota virtual algunos de los cotidianos desmanes que se le hacen al idioma, particularmente desde la prensa tecleada.</p>

	<p>Y no es que crea yo que el periodismo sea la primera trinchera contra la corrección gramatical y ortográfica; pero, por un lado es fácil y rápido localizar desafueros (gracias, Google®) en estas fechas en las que entre compromisos familiares, laborales y ociosos me queda poco tiempo para rellenar el folio y pico acostumbrado como ustedes se merecen. En segundo lugar, la prensa digital es fuente ubérrima de deslices, dislates, atropellos y pedorretas a nuestro idioma (en buena parte porque ya hace mucho que no existe la figura humana del corrector) y esa abundancia facilita la ejemplificación. Y, en definitiva, porque considero que el periodista es un profesional, que cobra por su trabajo (poco y mal, pero eso es otra cuestión), y al que habría que exigirle la debida profesionalidad, recordándole que su oficio no solo consiste en encontrar la noticia, sino también en saber contarla, manejando con destreza esa herramienta de la comunicación humana que es la lengua escrita.</p>

	<p>Y hoy vamos a tratar de tildes. Pero no de aquellas que se escamotean, que esas ya las tenemos por aquí más que trilladas, sino de las que sobran, de las que no van, de las sembradas a voleo tal vez por un acto reflejo o inconsciente, pero siempre trasluciendo un desconocimiento de la norma. </p>

	<p>Y no hablo de lapsus o errores mecanográficos, y prueba de esto es que los casos anómalos se repiten insistentemente como siguiendo una inexistente norma disléxica. Habría que destacar, además, que reiteradamente aparecen estos desafueros en los mismos medios periodísticos y muy especialmente en las secciones de deportes y (¡oh, sorpresa!) cultura.</p>

	<p>Comenzamos:<br />
<div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">&#8220;Cómo cuidarte a <strong>tí</strong> y al bebé durante las cenas de fin de año&#8221; (vidayestilo.terra.com)<br />
&#8220;Diciéndoles hoy por <strong>tí</strong>, mañana por mí.&#8221; (abc.es)<br />
</div><br />
Esta es de primero de talibanismo ortográfico: el pronombre &#8220;ti&#8221; es monosílabo tónico, pero al no haber un <em>alter ego</em> átono no es acreedor a tilde diacrítica, como sería el caso de &#8220;tú&#8221; y &#8220;mí&#8221;.</p>

<div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">
&#8220;recordando que siempre se presentó ante las autoridades cuando ello le <strong>fué</strong> requerido.&#8221; (abc.es)<br />

&#8220;tras el que <strong>dió</strong> a conocer la lista de convocados&#8221; (marca.com)<br />

&#8220;Por inercia entregó la iniciativa y lo <strong>fió</strong> a las recuperaciones de pelota&#8221; (elnortedecastilla.es)<br />

&#8220;Por fin alguien <strong>vió</strong> la luz&#8221; (andalucia.diariocritico.com)<br />

&#8220;Sin embargo, no duró ni un año como primer ministro y se <strong>vió</strong> obligado a dimitir&#8221; (abc.es)<br />

&#8220;Cuando el partido ya tocaba a su <strong>fín</strong>,&#8230;&#8221; (marca.com)<br />

</div>

	<p>De nuevo nos encontramos con más monosílabos tónicos que no tienen que diferenciarse de ningún homógrafo átono. Y no es tan difícil: los monosílabos no se tildan, y la lista de excepciones diacríticas es tan breve que cabe en un pósit pegado al borde del monitor: tú, él, mí, sí, té, dé, sé y más.</p>

<div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">&#8220;Fue precisamente <strong>ésto</strong> lo que sucedió en la convocatoria del año 2008.&#8221; (diariodeleon.es)<br />

&#8220;<strong>Ésto</strong> se aplicaría, en principio, a los delitos castigados con penas inferiores a dos años de prisión&#8221; (laopiniondemalaga.es)<br />

&#8220;<strong>Ésto</strong> es lo que afirma el profesor de Matemática Aplicada de la Universidad <span class="caps">CEU</span> San Pablo, &#8230;&#8221; (laverdad.es/murcia)<br />

&#8220;He firmado seis meses porque <strong>éso</strong> me ofrecieron&#8221; (deportes.terra.es)<br />

&#8220;Y <strong>éso</strong> que para lograr no sobrepasar esta cifra deberían realizarse ya, quitas en las partidas del presupuesto provisional&#8221; (diariovasco.com)<br />

&#8220;aunque ya ha pasado de los 50 y de <strong>aquéllo</strong> le quedó una buena historia que contar&#8221; (eldiariomontanes.es)<br />

&#8220;<strong>Aquéllo</strong> fue como consecuencia de que al no tener esas barreras,&#8230;&#8221; (canarias7.es)<br />

</div>

	<p>Sí, ya sabemos que <strong>este, ese, aquel</strong>, sus femeninos y plurales quedan excluidos de tilde diacrítica según la última norma académica, y que aun así algunos la mantienen voluntaria o inconscientemente. Pero <strong>las formas neutras esto, eso y aquello</strong>, nunca portaron el rasgo distintivo, simplemente porque no existen como adjetivo y, por tanto, no hay razón para marcar diferencia alguna.</p>

<div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">&#8220;afrontan con un amargo humor el inicio de su protesta <strong>contínua</strong> e indefinida&#8221; (farodevigo.es)<br />

&#8220;dirigió en la <span class="caps">SEP</span> las diversas dependencias responsables de la formación <strong>contínua</strong> de los docentes de educación básica.&#8221; (eluniversal.com.mx)<br />

&#8220;Desde entonces el crecimiento ha sido <strong>contínuo</strong>&#8221; (heraldo.es)<br />

</div>

	<p>El adjetivo &#8220;continuo/continua&#8221; es palabra llana, puesto que las dos vocales finales forman diptongo y constituyen sílaba única. Precisamente por eso, cuando el diptongo se disocia en hiato, se marca con tilde la tónica, como en las formas del verbo &#8220;continuar&#8221;: &#8220;continúo&#8221; y &#8220;continúa&#8221;.</p>

<div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">&#8220;Amigos de la familia y compañeros también lo describen como un <strong>jóven</strong> que era muy reservado y educado.&#8221; (clarin.com)<br />

&#8220;Un <strong>jóven</strong> de 17 años se arrastra por el suelo en medio de un tiroteo&#8221; (rtve.es)<br />

</div>

	<p>Ya se sabe que las paroxítonas o graves terminada en consonante llevan tilde, pero la norma exceptúa a la &#8220;n&#8221; y la &#8220;s&#8221;. Puede que se trate de un reflejo condicionado: la mayoría de palabras del castellano que terminan en &#8220;-n&#8221; son agudas. Pero &#8220;joven&#8221; es claramente llana; de hecho, los transgresores le colocan la tilde en la sílaba tónica, aunque sea contrario a la norma. Este tic compulsivo afecta, claro, a otras palabras llanas terminadas en &#8220;-en&#8221; o &#8220;-in&#8221;:</p>

<div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">&#8220;<strong>álguien</strong> se ha preguntado qué significan&#8221; (elimparcial.es)<br />

&#8220;el cantante nacional Lucho Gatica fue distinguido con la <strong>Órden</strong> al Mérito Pablo Neruda&#8221; (lanacion.cl)<br />

&#8220;Jacques Rogge recibe la <strong>Órden</strong> Olímpica de oro del <span class="caps">COE</span>&#8221; (rtve.es)<br />

&#8220;Habría sido el <strong>cúlmen</strong> de una tarde algo falta de intensidad&#8221; (elmundo.es)<br />

&#8220;Ocho siglos de proceso histórico que tuvieron como <strong>gérmen</strong> la rebelión de 300 irreductibles cristianos a las órdenes del rey Pelayo&#8221; (elcomercio.es)<br />

&#8220;El Gobierno ha creado un impuesto estatal sobre los depósitos de los bancos con un tipo de <strong>gravámen</strong> cero&#8221; (rtve.es)<br />

&#8220;Una iniciativa que pretende mejorar la <strong>imágen</strong> de España en el exterior&#8221; (cadenaser.com)<br />

&#8220;reunió el pasado noviembre a ambos en el <strong>mítin</strong> de arrancada de su campaña&#8221; (abc.es)<br />

&#8220;En el <strong>mítin</strong> central de CiU en las comarcas de Lleida&#8221; (elperiodico.com)<br />

</div>

	<p>Y, como se trata de un acto irreflexivo, incluye también las terminadas en &#8220;-s&#8221;, especialmente cuando no es un plural:</p>

<div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">&#8220;cuya <strong>tésis</strong> doctoral gira precisamente en torno a Luces de Boemia&#8221; (diariodeleon.es) (sí, pone &#8220;Boemia&#8221;, es que es el periodista de cultura, ya saben&#8230;)<br />

&#8220;Las cumbres mundiales tienen validez solo cuando sus resultados se asocian a la <strong>práxis</strong>&#8221; (elnorte.ec)<br />

&#8220;El ruso Valeri Karpin fue presentado este <strong>lúnes</strong> como técnico del Spartak de Moscú&#8221; (lavozdegalicia.es)<br />

</div><br />


	<p>Y, para finalizar por hoy, <a href="http://www.fundeu.es/recomendaciones-U-construido-incluido-no-llevan-tilde-980.html">un clásico</a></p>

	<p><div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">&#8220;es un modelo en el que nadie queda <strong>excluído</strong>&#8221; (ecodiario.eleconomista.es)<br />

&#8220;El presidente venezolano estuvo más de 15 días <strong>recluído</strong> en Cuba&#8221; (lagaceta.com.ar)<br />

&#8220;Durante la noche, un F-16 ha <strong>destruído</strong> el banco Nacional Islámico en el centro de Gaza&#8221; (lavanguardia.com)<br />

&#8220;La canciller alemana ha asegurado que no ha <strong>influído</strong> en la decisión del Gobierno español&#8221; (rtve.es)<br />
</div><br />
Y es que la pareja &#8220;ui&#8221; siempre forma diptongo, aunque algunos intenten divorciarlo en los participios con esa tilde de intención hiatizante. Bueno, en los participios y también en sustantivos y adjetivos:</p>

<div class='clara' style="background-color:#ffeedd; border:1px solid  #888888">&#8220;La <strong>huída</strong> se ha producido tras varios días de fuertes enfrentamientos&#8221; (europapress.es)<br />

&#8220;el hombre salió del vehículo y emprendió la <strong>huída</strong> corriendo&#8221; (diarioinformacion.com)<br />

&#8220;En ese punto fueron denunciados dos de los conductores, menos el <strong>huído</strong>&#8221; (abc.es)<br />

&#8220;cuando aún no se conocían las ventajas de este asfalto que absorbe el <strong>ruído</strong>&#8221; (levante-emv.com)<br />

&#8220;tenemos muchos jugadores muy buenos entre líneas, de juego rápido y <strong>fluído</strong>&#8221; (mundodeportivo.com)<br />

&#8220;El Movimiento por la Escuela Pública, Laica y <strong>Gratuíta</strong> de Valladolid&#8230;&#8221; (elnortedecastilla.es)
</div><br />


	<p>En fin, que uno se pregunta si tanto problema, económico o técnico, supondría instalar un <em>software</em> corrector ortográfico en las redacciones digitales (hasta el más simple detecta estos casos) y evitarse este deslucimiento de su labor. Aunque no sé yo si habría que empezar por los centros donde se forman los profesionales del reporterismo.</p>

	<p>Feliz año 2013 a mis lectores.</p>

	<p>N.del A.: Los ejemplos citados han sido copiados literalmente de la publicación digital indicada en cada caso. Pueden existir diferencias respecto de la edición en papel, así como que podrían haber sido corregidas en la versión web con posterioridad a su captura.</p>

	<p><a href="http://www.datsi.fi.upm.es/~coes/espell_leame.html"><span class="caps">COES</span>, corrector <span class="caps">GNU</span> desarrollado por la <span class="caps">UPM</span> y U.Carlos <span class="caps">III</span></a><br />
<a href="http://www.cpimario.com/index2.html">Corrector ortográfico de notas</a>, un sencillo editor de texto gratuito con corrector ortográfico (no incluye las normas ortográficas de la <span class="caps">RAE</span> 2010).</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/23531/con-una-tilde-de-mas</link>
		<pubDate>Fri, 28 Dec 2012 07:50:53 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-12-18:77c262b7562572606450a68115f67ab6/952ebf89932581f12bb8962e70771543</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Con tildes a porfía</title>
		<description><![CDATA[<p>Dos años hace ya que vio la luz la Ortografía de la lengua española parida por la Real Academia y la Asociación de Academias de la lengua española. Y constato que son aún legión los <em>hispanoescribientes</em> que ignoran que a los pronombres demostrativos (este, ese, aquel y sus plurales y femeninos) y al adverbio “solo” se les ha absuelto de tilde.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><cite>Si hubiessemos de usar de esta nota en todas las palabras, hariamos trabajosa la escritura, imponiendonos una dura ley: por esto ha discurrido la Academia fixar reglas de Ortographía, que, excusado la multiplicidad de los acentos, se establezcan solo en las voces, que los necesiten.</cite> (Orthographía, Real Academia Española, 1741)</p>

	<p>Dos años hace ya que vio la luz la <strong>Ortografía de la lengua española</strong> parida por la Real Academia y la Asociación de Academias de la lengua. Y constato que son aún legión los <em>hispanoescribientes</em> que ignoran que a los pronombres demostrativos (este, ese, aquel y sus plurales y femeninos) y al adverbio “solo” se les ha absuelto de tilde.</p>

	<p>Aunque no siempre se mantiene esta por ignorancia, que en algunos casos, al parecer, se porfía en ella por una cierta nostalgia o apego a la norma que le inculcaron sus maestros durante su edad escolar.</p>

	<p><blockquote class="twitter-tweet" lang="es"><p><code>&lt;a href=&quot;https://twitter.com/blasmartinez&quot;&gt;blasmartinez&lt;/a&gt; Yo escribiré sólo, aquél, aquélla, éste y ésta con tilde, hasta que palme.&lt;/p&gt;&amp;mdash; Arturo Pérez-Reverte (</code>perezreverte) <a href="https://twitter.com/perezreverte/status/216951763377455105" data-datetime="2012-06-24T17:51:45+00:00">junio 24, 2012</a></blockquote><script src="//platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>(¡Loable empeño, vive Dios! En ausencia de óbito tengamos entonces por gazapo este texto del novelista y académico: <a href="http://novelaenconstruccion.com/2012/05/11/desde-la-ventana-de-max/"><strong>Este</strong> es un atardecer veneciano tal como lo veía Max&#8230;</a>)</p>

	<p>Habría que aclarar que esta supresión, que a algunos repugna, no es un capricho ni alcaldada sino, al contrario, una vuelta al cauce normativo general. Esta columna, los habituales lo saben, no es particularmente servil con la <span class="caps">RAE</span>, pero cuando hace algo bien –a veces pasa– es de justicia reconocerlo; y en este asunto va por buen camino (en mi humilde opinión, por supuesto).</p>

	<p>La función diacrítica de la tilde se ha de emplear, en puridad, para distinguir entre dos palabras distintas que, sin ella, serían homógrafas pero no homófonas, pues una presenta pronunciación tónica y la otra átona.</p>

	<p>Destaquemos dos cosas. Una: que hablamos de <strong>dos palabras distintas</strong>, y no de una misma palabra con dos funciones. Y dos: que esas palabras <strong>se pronuncian de forma distinta</strong>, aunque si se aplicaran las reglas generales de tildación se escribirían igual.</p>

	<p>Y, en el caso que nos ocupa, &#8220;este&#8221;, &#8220;esa&#8221;, &#8220;aquellos&#8221; y &#8220;solo&#8221;, no presentan en ninguna circunstancia entonación distintiva alguna, fuese cual fuese el papel desempeñado en la oración. Como sucede con decenas de vocablos que jamás fueron acreedores a marca gráfica que les identificara frente a sus gemelos.</p>

	<p>Nadie, por ejemplo, ha planteado nunca que la diferencia entre el adverbio de tiempo “luego” y la conjunción ilativa “luego” deba resolverse con una tilde, incluso aunque pudiera existir ambigüedad en la frase:
	<ul>
		<li>[Hoy hace sol,] <strong>luego iremos a la playa</strong>. (por tanto…)</li>
		<li>[Primero iremos a comprar,] <strong>luego iremos a la playa</strong>. (más tarde…)</li>
	</ul></p>

	<p>Ni tampoco se usa con cuantitativos como “muchos”, “pocos”  o “algunos” (pese a que, casi anecdóticamente, estuvo autorizado durante algún tiempo): “Algunas  veces tenía jaquecas y <strong>muchas</strong> molestias varias”, donde, si no enmendamos la puntuación, no está claro si “muchas” apunta a “molestias varias” o a “veces”.</p>

	<p>Tampoco el sustantivo “vino” y el verbo “vino” (de venir) se diferencian con tilde, ni la preposición “para” del verbo “para” (de parar) o, yéndonos a monosílabos, el sustantivo “ser” (entidad, esencia) del infinitivo “ser”, el sustantivo “son” (sonido) de la forma verbal “son”,  “sal” (compuesto químico o condimento) y “sal” (de “salir”), etcétera.</p>

	<p>Y es así porque se pronuncian igual, y no una con mayor énfasis que la otra. Nótese la diferencia entre los anteriores ejemplos y el genuino uso diacrítico:
	<ul>
		<li><strong>¿Cuándo</strong> vendrás? / Vendré <strong>cuando</strong> pueda.</li>
	</ul></p>

	<p>La tilde ahí remarca el carácter tónico del adverbio interrogativo frente al átono de la conjunción. Podría discutirse si son o no la misma palabra, pero, siendo distinto el acento prosódico, poca duda hay.</p>

	<p>De igual forma funciona entre los monosílabos, justificándose así su presencia en los pares tónico/átono:
	<ul>
		<li><strong>Sé</strong> que <strong>se</strong> marchó.</li>
		<li><strong>Él</strong> es <strong>el</strong> mejor.</li>
		<li><strong>Dé</strong> a su padre recuerdos <strong>de</strong> mi parte.</li>
	</ul></p>

	<p>(En realidad, ni siquiera todos los vocablos tónicos son beneficiarios de tilde diacrítica, aunque haya otros átonos de igual grafía. Tal es el caso de los nombres de letra “te” y “de”, o las notas musicales “mi”, “la”, “si”, entre los monosílabos, o el “como”, presente de indicativo de “comer”.)</p>

	<p>Por tanto, la tilde diacrítica no es, ni debe ser, un recurso con la función de discriminar ante el riesgo de anfibología o doble significado de una oración. Es cierto que se ha empleado durante muchos años con ese pretexto, contando con el beneplácito de la Real Academia, en particular (y exclusivamente) con los pronombres demostrativos y con el uso de “solo/sólo” y, durante medio siglo, la norma ha instado a tirar de tilde discriminativa ante el riesgo evidente de equívoco (en la edición del <span class="caps">DPD</span> de 2005 dice “obligatoriamente”).</p>

	<p>Sin embargo, ya cuando fue institucionalizado en las <em>Nuevas normas de Prosodia y Ortografía</em> de 1952, muchos lingüistas, algunos con silla académica, expresaron su disconformidad con ese criterio, como Ángel Rosenblat: <br />
<cite>“Así, convierte en potestativa la acentuación de esos pronombres (pronombres sustantivos), lo cual conspira contra la fijeza de las reglas de acentuación, que hasta ahora era absoluta. La Academia ha decidido no extender esa posibilidad de acentuación a otros pronombres (otros, algunos, pocos, muchos, etc.), contra su criterio anterior. Me parece que la decisión académica es un primer paso para la supresión definitiva del acento de los pronombres demostrativos, con lo cual corta por lo sano una serie de discusiones: por ejemplo, el uso o no de acento en &#8216;aquel que&#8217; («¡Dichoso aquel que se contenta con lo que tiene!»). <strong>En realidad no hay por qué distinguir con la ortografía lo que no se distingue con la pronunciación</strong>.”</cite></p>

	<p>Pese a estas y otras interpelaciones, el texto fue aprobado en 1959. Lo sorprendente es que los súbditos de la lengua hispana, incluso los muy cultos, parecieron todo este tiempo olvidar el carácter “potestativo” y convertirlo en “imperativo”, de tal forma que si uno omitía el rasgo gráfico, hubiese o no riesgo de vaguedad, siempre había al quite un celoso guardián de la moral ortográfica para denunciar la sacrílega omisión.</p>

	<p>O tal vez no tan sorprendente, toda vez que los casos realmente justificables se podrían contar con los dedos de una oreja.</p>

	<p>A veces se ha recurrido a ejemplos de insólita ocurrencia para denunciar el riesgo de ambigüedad, como en textos escolares que ejemplificaban: <em>&#8220;Compraron <strong>aquéllos</strong> libros&#8221;</em>; o en el texto de la ortografía académica de 1999: <em>&#8220;Dijo que <strong>ésta</strong> mañana vendrá&#8221;</em>, donde el pronombre tildado ejerce de sujeto. Pero, claro, si como el maestro Yoda hablásemos, normas distintas falta harían. Lo normal, sensato y conforme al uso común del castellano es interponer el verbo entre el sujeto y los complementos de aquel: “aquellos compraron libros”, “Dijo que esta vendrá mañana”; o, para culteranos irredentos, emplear una adecuada puntuación: “compraron, aquellos, libros”, “dijo que, esta, mañana vendrá”.</p>

	<p><em>“Estaré allí solo dos días”</em> presenta la tan traída y llevada ambigüedad que durante años ha hecho preceptiva la tilde diacrítica. Sin embargo, si la frase fuese dada de viva voz, el oyente tendría que discernir por su conocimiento el sentido correcto (ya que, insisto una vez más, no hay prosodia distintiva); y, si fuese escrita, se cuenta con varias opciones para no dar lugar a confusión: “solo estaré allí dos días”, “estaré allí, solo, dos días”, “estaré allí solamente dos días”,  “estaré allí dos días yo solo”, etcétera.</p>

	<p>Lo que lamento es que, incluso reconociendo el riesgo infinitésimo de ambigüedad, la Ortografía tímidamente afirma en la edición impresa que <cite>“se podrá prescindir de la tilde”</cite>, añadiendo en la web que <cite>“la recomendación general es, pues, no tildar nunca estas palabras”</cite>. De momento este uso anómalo del artefacto no constituye, pues, una falta de ortografía propiamente dicha.</p>

	<p>Sin embargo, si no existe justificación lingüística, es una excepción a la norma general, nunca fue taxativamente obligatorio y, encima, embarulla el ya de por sí accidentado oficio de escribir correctamente, no sé a qué vienen las reticencias a liberarse de una vez por todas de esa tilde cojonera. Ganas de complicarse la vida.</p>

	<p>Tal vez haya que esperar otro medio siglo, allá por el 2060, para que las academias de nuestro idioma se decidan a dar un pasito más y la tilde de los demostrativos y el solo adverbial se desvanezcan por el mismo camino que la que coronaba antaño la preposición “á” (junto con las conjunciones “é”, “ó” , ”ú”, en uso hasta 1914),  el sustantivo “fé” (hasta 1952) o las formas verbales “fué”, “fuí”, “dió”, &#8220;vió&#8221;, etc , y empecemos a tener una norma coherente y acorde con ese espíritu de la Ortographía del <span style="font-variant: small-caps;">xviii</span> que abogaba por poner tilde solo donde sea estrictamente necesario.</p>

	<p>Otras referencias:<br />
<a href="http://estepais.com/site/?p=38938">¿No más éste, ése, aquél (a, s) ni sólo?</a> por Antonio Cajero<br />
<a href="http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000018.nsf/(voAnexos)/arch8100821B76809110C12571B80038BA4A/$File/CuestionesparaelFAQdeconsultas.htm#novOrto5">Tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos</a> por Real Academia Española<br />
<a href="http://librodenotas.com/romanpaladino/12602/criticos-diacriticos">Críticos diacríticos</a> en esta misma columna.<br />
<a href="http://www.justa.com.mx/?p=16841">La Real Academia o la Academia Mexicana</a> en Revista Justa.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/23410/con-tildes-a-porfia</link>
		<pubDate>Wed, 28 Nov 2012 08:03:37 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-11-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/de19b6219913ca860086af7fe310a0f8</guid>
	</item>
	<item>
		<title>El mejor español</title>
		<description><![CDATA[<p>¿Se habla en algún lugar el mejor español? ¿Existe siquiera tal portento? </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Me inquiere un amigo (y editor de este medio que ahora leen) una cuestión algo espinosa: <strong>¿Dónde se habla el mejor español?</strong></p>

	<p>Bueno, según <strong>la peluquera de Victor García de la Concha</strong>: <cite>&#8220;En España es fama que donde mejor se habla español es en Colombia&#8221;</cite>: (aprox. min 2:40).<br />
<iframe scrolling='no' frameborder='0' src='http://www.caracol.com.co/playermini.aspx?id=380061' marginheight='0' name='20080119csrcsrnac_5' height='190' marginwidth='0'></iframe> Claro, le faltó tiempo a la prensa del país americano para proclamar que &#8220;la Real Academia afirma que en Colombia se habla el mejor español&#8221;.</p>

	<p>No sé si fue por esta alusión que <strong>J.M. Blecua</strong>, su sucesor al frente de la <span class="caps">RAE</span> (de García de la Concha, no de la peluquera), declaraba algún tiempo después que <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2011/12/15/actualidad/1323903603_850215.html">en ningún sitio se habla el mejor español del mundo.</a></p>

	<p>Creo recordar que, en la España peninsular, ese título se atribuía a la ciudad de Valladolid u otro punto de Castilla. Aunque en mi entorno insular se dice que, gracias a su secular aislamiento, pudiera ser la isla canaria de El Hierro donde mejor se ha conservado esta antigua lengua castellana:<br />
<cite>«Es fama generalmente admitida, dentro del ámbito de las Islas Canarias, que es en El Hierro donde mejor se habla, y es también un aserto generalmente repetido entre los especialistas y estudiosos de las hablas canarias que  el habla de El Hierro  es el más cercano al castellano, sobre todo por la realización de  determinados fenómenos fonológicos, como la articulación de una /s/ muy cercana a la del castellano, incluso su pervivencia en posición implosiva y final, aunque un poco relajada, en contra de lo que ocurre generalmente en el resto del Archipiélago, que se pierde o se realiza muy debilitada; y además, la distinción nítida entre /ll/ y /y/ (los herreños dicen orgullosos distinguir pollo y poyo), la distinción de /r/ y /l/ en posición implosiva y la conservación de la /d/ intervocálica, entre otros fenómenos.</cite><br />
<cite>Sobre la propiedad del habla herreña en los aspectos sintácticos y semánticos se manifestó Gregorio Salvador con estas palabras: &#8220;También la construcción de la frase y la fluidez expresiva, en esa isla, se manifiesta superior, en líneas generales,  si la comparo con el muestrario que poseo de las otras.»</cite><br />
<small>(Maximiano Trapero: <a href="http://www.webs.ulpgc.es/canatlantico/pdf/8/6/libros/6/INT_Pervivencia_INTRODUCC.pdf">Pervivencia de la lengua guanche en el  habla común de El Hierro</a>)</small> </p>

	<p>Pero ¿es que existe un español mejor que el resto? Por supuesto, tomando las <strong>variantes diatópicas</strong> del idioma, aquellas que son propias de una zona geográfica específica, y no las <em>diastráticas</em>, que son las que están en función del nivel sociocultural del hablante (por eso mismo, tampoco podríamos tomar como referente el nivel más culto de cada región, sino el cotidiano, vulgarmente descrito como &#8220;el de la calle&#8221;).</p>

	<p>Primero habría que establecer cómo sería ese español ideal, óptimo e imperfectible. Supongo que se puede empezar por exigir una fonética aséptica e impecable, espulgada de seseo, ceceo, yeismo (con o sin rehilamiento), conservación de las consonantes finales, no aspiración de la &#8220;s&#8221; ni la &#8220;h&#8221;, no elisión de la &#8220;d&#8221;, &#8220;f&#8221; labiodental, sin intercambio entre r y l, etcétera. Por supuesto, también habrá que atender a la precisión en el seguimiento de las normas gramaticales, específicamente morfología y sintaxis, descartando los candidatos laístas, leístas y loistas, el uso de infinitivo por imperativo, condicional por subjuntivo (&#8220;si yo querría nueces, las comprara&#8221;), diminutivos en adverbios y gerundios (prontito, corriendito), uso exhaustivo del pretérito indefinido en detrimento del perfecto; dejemos aquí otro etcétera.</p>

	<p>Pero, si nos ponemos así de exigentes, el panorama es desierto: no habría región hispanohablante libre de pecado.</p>

	<p>Pese a ello hay regiones o ciudades que se postulan a sí mismas como referente del castellano &#8220;mejor hablado&#8221;. En realidad casi podríamos dividir el mundo hispanohablante en dos facciones: los que consideran que sus paisanos destrozan sistemáticamente el idioma común y los que piensan que en su pueblo se habla un español ejemplar.</p>

	<p>Pero lo cierto es que, dentro de un nivel sociocultural y educativo aceptable, no hay ni uno ni otro extremo.</p>

	<p>A quienes suponen que el habla de su terruño se aparta de la ortodoxia, como a quienes están convencidos de que los suyos la cumplen a rajatabla habrá primero que recordarles que no existe tal ortodoxia, es solo una idea ya obsoleta difundida por la educación escolar y que en tiempos fue avalada por lingüistas mimados por una concepción centrípeta de la sociedad a la que no eran ajenos los mecanismos del poder político. No creo necesario recordar que el uso del idioma ha sido y es aún considerado como distintivo de prestigio social y cultural (desde tiempo inmemorial: los griegos clásicos ya se burlaban del &#8220;soloikos&#8221;, el habla de Soloi, ciudad de Cilicia, de donde proviene el término &#8220;solecismo&#8221;. Siglos después esa variante fue la lengua franca de todo el imperio romano en oriente y en la que Polibio, Plutarco o Jenofonte escribieron sus obras). </p>

	<p>Hoy es comúnmente aceptado que ninguna lengua que se extienda por un número aceptable de kilómetros cuadrados tiene un estándar. O mejor dicho: sí, pero ese no lo habla nadie.</p>

	<p>Pues la función primordial de un idioma es la de entender y hacerse entender, y si esta función se cumple completamente es que los interlocutores emplean la variante del castellano correcta entre ellos. Sucede entonces con harta frecuencia que esta imagen del lenguaje eficiente hace pensar a los implicados que es la suya, y no otra, la forma correcta de expresarse. </p>

	<p>Y, al contrario, si ponemos a un bogotano y un vallisoletano a departir, se entenderán casi sin problemas, pero ambos contertulios detectarán en el otro &#8220;sorpresas&#8221; fonéticas y gramaticales que les resultarán extrañas y probablemente, en su fuero interno, las cataloguen como &#8220;incorrecciones&#8221;. Ha de tenerse en cuenta que incluso &#8220;hablar sin acento&#8221;, si eso fuera posible, constituiría un acento característico que el resto de los hablantes identificarían como ajeno a su entorno cotidiano.</p>

	<p>No existe, concluyamos, una variante del español que sea mejor que otras. Al contrario: es la suma de las diversidades la que hace de nuestro idioma uno de los más importantes del mundo en extensión, hablantes y contenidos. De eso sí podemos estar orgullosos.</p>

	<p>Pero, ya que empezábamos citando la patria lingüística y civil de Rufino J. Cuervo y García Márquez, dejemos que opinen los naturales de la <em>Atenas Hispánica</em>:<br />
<iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/j6aZcQaeLI4" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Y más:<br />
Alberto Bustos: <a href="http://blog.lengua-e.com/2010/donde-se-habla-el-mejor-espanol/">Dónde se habla el mejor español</a><br />
Roberto Hernández Montoya: <a href="http://www.analitica.com/bitblioteca/roberto/zonas_dialectales_america.asp#habla_bien">Habla bien el que habla como yo</a><br />
Violeta Delmonte: <a href="http://digital.csic.es/bitstream/10261/13074/1/Documento1.pdf">Lengua estándar, norma y normas en la difusión actual de la lengua española</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/23258/el-mejor-espanol</link>
		<pubDate>Sun, 28 Oct 2012 07:56:11 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-10-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/5286afd24da656a1d249a78041b78b8f</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Traicionero infinitivo</title>
		<description><![CDATA[<p>Aportaba yo un texto donde un tertuliano y amigo me señaló un renuncio, esto es: <cite>Mentira, falta o contradicción en que se coge a alguien</cite>, que dice el <span class="caps">DRAE</span>.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En una de estas “redes sociales” que vienen sustituyendo a los cafés de tertulia (salvo que, ahora, el café te lo pones tú, de tu casa, y te ahorras la propina)  aportaba yo un texto donde un tertuliano y amigo me señaló un renuncio, esto es: <cite>Mentira, falta o contradicción en que se coge a alguien</cite>, que dice el <span class="caps">DRAE</span>, y colijo entonces que, si no te cogen, no es renuncio propiamente dicho.</p>

	<p>Pero el caso es que me cogieron.</p>

	<p>Decía yo: &#8220;<strong><em>Advertir</em></strong> además que, en este caso,…&#8221;</p>

	<p>Y, claro, ahí no hay oración. No la hay porque no hay verbo ni sujeto, pues, aunque aparece una forma verbal, esta figura en infinitivo. Y un infinitivo es, en realidad, el nombre del verbo, un sustantivo, una forma impersonal que, por lo tanto, no admite sujeto.</p>

	<p>En vano descargo aclararé que la frase “pensada” portaba un introductor del tipo “quiero advertir…”,  “debo advertir…” o “tengo que advertir…”;  formas correctas donde el infinitivo ejerce de complemento directo.  Hubo pues una elipsis indebida, fruto de la premura que el teclado alienta, lo que no justifica el solecismo.</p>

	<p>Pero lo usual en este caso es que el hablante haya querido emplear el modo imperativo plural: <strong>Advertid</strong>. Pero los hispanohablantes abominamos de las consonantes finales sordas y pronunciamos <em>reló</em>, <em>Madrí</em>, <em>coñá</em> e <em>interné</em>, y esta ausencia termina por provocar la vacilación entre “d” y “r” final, toda vez que, además, ambas formas existen aunque con funciones distintas.<br />
 &#8211; ¡Niños, <strong><em>ser</em></strong> bien educados y <strong><em>dar</em></strong> las gracias a este señor tan amable!<br />
 &#8211; Esto <strong><em>tenerlo</em></strong> muy en cuenta.<br />
 &#8211; <strong><em>Hacerle</em></strong> caso y <strong><em>esconderlo</em></strong> bien.</p>

	<p>Es más frecuente encontrarlo con el aditivo de un pronombre, especialmente cuando se trata del reflexivo de segunda persona “os”, en parte una hipercorrección ante el <em>horror vacui</em> que produce la obligada elisión de la desinencia –d del imperativo (estad-&gt;estaos, tened-&gt;teneos, poned-&gt;poneos), con la excepción muy cualificada de “idos” que, sin embargo, no escapa a la maldición.</p>

	<p>Esta incorrección ha sido trasladada a la literatura culta en innumerables ocasiones, muchas veces como artificio del autor para dotar al personaje de un habla castiza.<br />
 &#8211; &#8220;<strong><em>Estaros</em></strong> quietos, éste es compañero, joder&#8221;. […] &#8220;<strong><em>Tranquilizaros</em></strong> un poco, coño&#8221;. (Trascripción de conversación oral, así recogida en varios medios, 26/09/2012).<br />
 &#8211; Niñas&#8230; <strong><em>Poneros</em></strong> los sombreros&#8230; (Gómez de la Serna)<br />
 &#8211; <strong><em>Poneros</em></strong> como es debido &#8212;les decía su madre-. (Sánchez Ferlosio)<br />
 &#8211; ¡Fuera! <strong><em>¡Iros</em></strong> a vuestro infierno y <strong><em>dejarme</em></strong> con el mío! (Torrente Ballester)<br />
 &#8211; <strong><em>Quedaros</em></strong> aquí. (M. A. Asturias)<br />
 &#8211; Eso decimos por acá. &#8220;<strong><em>Darle</em></strong> un actor malo al público a ver cómo lo toma. ¿No alcanza, no gusta? <strong><em>Darle</em></strong> dos.&#8221;  (Larra)</p>

	<p>Lo cierto es que el panorama para el hablante no es sencillo. Para empezar, como ya dije, son válidas las estructuras con verbo más infinitivo, con o sin la partícula “que” u otras.<br />
 &#8211; De su condición <strong>deciros podría</strong> … (Góngora)<br />
 &#8211; <strong>Nadar sabe</strong> mi llama el agua fría&#8230; (Quevedo)<br />
 &#8211; Mis pensamientos no <strong>temiendo hallaros</strong>, [&#8230;] / dicen mis ojos que <strong>podrán miraros</strong>.  (Lope)<br />
 &#8211; Que el alma que <strong>hablar puede</strong> con los ojos / también <strong>puede besar</strong> con la mirada. (Becquer)</p>

	<p>Por otro lado, anteponiendo la preposición “a” a algunos infinitivos se obtiene un sentido imperativo coloquial pero correctísimo:<br />
 &#8211; ¡Venga, <strong>a correr</strong> todo el mundo!<br />
 &#8211; <strong>¡A callar</strong>, que no son horas!<br />
 &#8211; <strong>¡A joderse!</strong></p>

	<p>Y, para terminar de complicarlo, es también uso aceptado cuando aparece en instrucciones o indicaciones (pese a que no hay una justificación gramaticalmente sostenible):<br />
 &#8211; <strong>Tirar</strong> de la anilla en caso de emergencia.<br />
 &#8211; <strong>Batir</strong> los huevos y <strong>mezclarlos</strong> con el azúcar.<br />
 &#8211; <strong>No fumar</strong>.<br />
 &#8211; <strong>Empujar</strong>.</p>

	<p>Todo lo cual configura una compleja gama de usos y opciones que confunden y tientan al mejor escribano a cometer un imperdonable pero humano desliz. </p>

	<p>Como fue el caso.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/23113/traicionero-infinitivo</link>
		<pubDate>Fri, 28 Sep 2012 08:13:43 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-09-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/ecb5188e7b9613b9fc3c155d869f2402</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Subjuntivo pero menos</title>
		<description><![CDATA[<p>Permítanme reiterar una vez más que el lenguaje no es sino el pensamiento hecho sonido; y, dentro de esta concepción del habla humana, el modo subjuntivo del verbo es la expresión del anhelo, la fórmula que el hablante se ha dado para indicar deseo, incertidumbre o conjetura a quien quiera escucharle.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Permítanme reiterar una vez más que el lenguaje no es sino el pensamiento hecho sonido; y, dentro de esta concepción del habla humana, el modo subjuntivo del verbo es la expresión del anhelo, la fórmula que el hablante se ha dado para indicar deseo, incertidumbre o conjetura a quien quiera escucharle.</p>

	<p>Es por eso que el subjuntivo normalmente viene escoltado por adverbios y expresiones que proporcionan diversas dosis  de deseo, esperanza , posibilidad,  o, como mucho, remota probabilidad:<br />
Si tú quisieras… (pero, probablemente, no quieres).<br />
Aunque volviese a nacer… (seguro que no).<br />
Dudo de que venga (y es duda explícita).<br />
Quizás tenga compasión (en el mejor de los casos).<br />
Ojalá estuvieras aquí (pero no estás).<br />
Tal vez me hubiera gustado ver Roma (pero nunca fui).</p>

	<p>Pero el idioma es libérrimo y pocas veces o ninguna se somete a la norma sin presentar excepciones. Y el uso del subjuntivo no iba a ser excepción a esta elasticidad de la gramática cotidiana.</p>

	<p>Así, el presente de subjuntivo ejerce también <a href="http://librodenotas.com/romanpaladino/16510/dudas-imperativas">de imperativo</a>, el futuro se emplea <a href="http://librodenotas.com/romanpaladino/14269/un-futuro-sin-futuro">en funciones de  condicional</a>, y a los pretéritos, simple como pluscuamperfecto, nos los encontramos (y aceptamos) en territorio donde debiera plantarse un pasado de indicativo. Y sirva la anterior oración de ejemplo, pues donde puse “debiera” tendría que haber puesto “debía”, ya que no es afán ni duda, sino hecho constatable. </p>

	<p>Este uso del subjuntivo llamado “impropio” (impropiamente, dicho sea de paso), también “no inducido” (por un indicativo introductor) o, simplemente, “indicativo encubierto”, no es habitual en el habla común, salvo excesiva pedantería, y proviene de un empleo relativamente frecuente en la literatura medieval y renacentista:<br />
<cite>…oyeron decir y supieron cómo Hércules viniera allí  y comenzara a poblar aquella ciudad.</cite> (Escavias, Repertorio de príncipes, 1475)</p>

	<p>Uso que copia <strong>Cervantes</strong> con ostensible ironía (pues ya en su época no se usaba, salvo por los literatos petulantes), tanto cuando “plagia” los versos del <strong>Amadís</strong>:<br />
<cite>Nunca fuera caballero de damas tan bien servido como fuera don Quijote cuando de su aldea vino.</cite></p>

	<p>Como cuando ridiculiza a un Sancho que se ha vuelto cursi:<br />
<cite>-… claro está que mi alegría fuera más firme y valedera, pues que la que tengo va mezclada con la tristeza del dejarte. Así que dije bien que holgara, si Dios quisiera, de no estar contento.</cite><br />
<cite>&#8211; Mirad, Sancho —replicó Teresa-, después que os hicísteis miembro de caballero andante, habláis de tan rodeada manera, que no hay quien os entienda.</cite></p>

	<p>Sin embargo, esta pátina de antigüedad solemne del falso pretérito de subjuntivo ha seducido también a autores modernos:<br />
<cite>Pasé mucha vergüenza, muchísima, pero nunca fuera tanta como la que creí pasar.</cite> (Cela, Pascual Duarte)<br />
<cite>En España y fuera de ella, apareció más de una vez —muchas veces- quien intentara hacerlo. Empeño casi inútil.</cite> (Gómez de la Serna, Automoribundia)<br />
<cite>Don Amerio, que ya estuviera en Castroforte unos años antes,…</cite> (Torrente Ballester, Saga/fuga de J.B.)</p>

	<p>Y no es casualidad que dos de los tres ejemplos anteriores correspondan a autores gallegos,  dado que la presencia del subjuntivo en las lenguas vernáculas de Galicia y Asturias es superior a la del castellano, en parte porque, en ellas, su significado no es tan marcadamente diferente del indicativo.</p>

	<p>Pero, salvo estas cabriolas justificadísimas (y con cuentagotas), no es de recibo recurrir exhaustivamente al modo subjuntivo para referirse a hechos confirmados, donde puede y debe usarse una expresión en modo indicativo. Recomendación que, pese a figurar en todos los manuales de estilo, se olvida con frecuencia en un periodismo poco cuidadoso con las formas:<br />
<cite>Desde que comenzara a trabajar en el mundo del periodismo a los 14 años, Toñi Moreno no ha parado de cosechar éxitos.</cite> (Diario de Sevilla)<br />
<cite>Habrá una nueva asignatura Educación Cívica y Constitucional, como ya anunciara el Gobierno de Mariano Rajoy</cite> (El Mundo)</p>

	<p>Mención aparte merece el que yo llamo (socarronamente) <strong>“subjuntivo necrológico”</strong>, recurso frecuente y consolidado por el uso de esta fórmula en los panegíricos y obituarios para citar los logros y empleos que en vida alcanzaron los finados:<br />
<cite>Belén Ordóñez ha fallecido en Madrid a los 56 años. La que fuera eterna sombra de su hermana Carmina Ordóñez moría tras una larga enfermedad&#8230;</cite> <br />
<cite>El que fuera el primer hombre en marcar su huella sobre la luna, el astronauta Neil Armstrong, fallecía esta madrugada…</cite><br />
<cite>El Ars homenajea al fallecido José Luis Piñol. El que fuera especialista de balonmano de Diario <span class="caps">CORDOBA</span> durante muchos años…</cite><br />
<cite>El que fuera secretario general del Ayuntamiento durante dieciocho años, [], falleció ayer a los 87 años en Oviedo.</cite></p>

	<p>Sin embargo, pese al luctuoso matiz que implica, constato que es hoy ampliamente utilizado para individuos vivos y coleantes, solo porque hayan ya cesado en la actividad o circunstancia que les dio relumbrón:<br />
<cite>[Jennifer Grey, ] Quien fuera uno de los rostros más angelicales del cine durante los años 80…</cite> (La Vanguardia)<br />
<cite>Parece que la que fuera Miss España en el año 2006 vuelve a tener ocupado su corazón.</cite> (El Norte de Castilla)<br />
<cite>La que fuera líder de Tahures Zurdos marcó una época en la historia del pop rock del Estado.</cite> (Deia)<br />
<cite>La que fuera la suboficial Ellen Ripley en la saga &#8216;Alien&#8217;, Sigourney Weaver&#8230;</cite> (La Razón)<br />
<cite>El que fuera consejero de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta [&#8230;] Asimismo, el que fuera alto cargo andaluz entre los años 2004 y 2009&#8230;</cite> (Ecodiario)<br />
<cite>El que fuera uno de los líderes del grupo británico Dire Straits&#8230;</cite> (Que.es)<br />
<cite>El que fuera jugador blanquiazul Mario Husillos es el sustituto de Fernández</cite> (El Mundo)</p>

	<p>No sé a ustedes, pero a mí me daría <em>yuyu</em> que hablaran de mí con un tiempo verbal de estilo funerario cuando todavía (espero) le quedan muchas alegrías a este cuerpo. Y ustedes que lo vean.</p>

	<p>.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.·º·.<br />
Y más:<br />
<a href="http://hispanoteca.eu/Gram%C3%A1ticas/Gram%C3%A1tica%20espa%C3%B1ola/Imperfecto%20subjuntivo%20literario.htm">Hispanoteca</a><br />
<a href="http://www.analitica.com/bitblioteca/amarquez/subjuntivo.asp">Alexis Márquez</a><br />
<a href="http://www.fundeu.es/vademecum-P-preterito-imperfecto-de-subjuntivo-3102.htm">Fundeu</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/22951/subjuntivo-pero-menos</link>
		<pubDate>Tue, 28 Aug 2012 08:34:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-08-28:77c262b7562572606450a68115f67ab6/d505d6a13733d97cef2a5c3af040469e</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Números y letras</title>
		<description><![CDATA[<p>Si ha tenido usted alguna vez un quebradero de cabeza con el uso del punto decimal frente a la coma en la configuración de su sistema informático, al menos se confortará sabiendo que es una víctima más de un complot internacional histórico.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Probablemente usted nunca ha oído hablar de Giovanni Magini ni de Wilbord Snellius; y, sin embargo, estos dos sujetos tomaron en su día una importante decisión sobre cómo interpretar determinados signos de puntuación.</p>

	<p><strong>Giovanni Antonio Magini</strong> fue un matemático italiano del siglo <span class="caps">XVI</span> (fue otras cosas, pero en el renacimiento italiano todos eran muchas cosas a la vez) que adoptó por vez primera el uso de los decimales en matemáticas separándolo de los enteros por un punto.</p>

	<p>Prácticamente en las mismas fechas, otro matemático, el holandés <strong>Willebrord Snel van Royen</strong> (Snellius), utilizó también el decimal en sus trabajos de óptica, pero optó por separarlo con una coma.</p>

	<p>Así que, por la falta de acuerdo de estos dos señores, el mundo conoció un nuevo cisma: los que separan los miles con el punto y los decimales con la coma y los que lo hacen exactamente al revés. A finales del <span class="caps">XVII</span> casi toda Europa empleaba la coma de Snellius, mientras que los británicos, por aquello de ser diferentes, se empecinaron en el punto de Magini.</p>

	<p>Por avatares históricos diversos, las naciones hispanohablantes han optado por uno u otro modelo, sumando un grado más de dispersión ortográfica a los ya existentes en nuestro idioma. En general, los países con mayor influencia de EE.UU. utilizan la notación de punto decimal y coma millar mientras que Sudamérica y España lo hacen mayoritariamente al estilo europeo.</p>

	<p>Para mayor inri, los españoles, que también somos muy nuestros, hemos venido utilizando hasta no hace tanto un apóstrofo (&#8217;) en la posición decimal, no se sabe muy bien el porqué.  De hecho, el que esto escribe siguió tal notación durante su estapa escolar. Actualmente está formalmente desaconsejado, tanto en los estilos formales como por las academias de la Lengua Española.</p>

	<p>Sin embargo, la <span class="caps">RAE</span> admite tanto el punto como la coma decimal (y su contrario en la notación de millares) para dar cabida a la tradición vigente en los paises bajo la disciplina del idioma castellano.</p>

	<p>Y, bueno, antes de continuar, alguno estará pensando que qué demonios pinta la <span class="caps">RAE</span> en todo esto (y, ya puestos, a qué viene este tema en una columna de gramática). ¿No es la notación numérica asunto de matemáticos y no de lingüistas?</p>

	<p>Efectivamente, los mátemáticos, como los físicos, ópticos, economistas y demás profesiones cuya herramienta de trabajo son las cifras, tienen sus convenciones en la representación de números (en matemáticas, concretamente, no debe usarse la separación en grupos de millar, aunque profesores y libros de texto parecen ignorarlo).</p>

	<p>Sin embargo, en tanto en cuanto hablamos de grafismos y signos de puntuación insertados en la escritura común, es la ortografía (y la ortotipografía) la que regula el uso general.</p>

	<p>Mas, en este asunto, por encima de las academias y órganos lingüísticos, está la <strong>Oficina Internacional de Pesos y Medidas</strong> y otros reguladores de estándares, como la <strong><span class="caps">ISO</span></strong>. Pues bien, estos organismos de ámbito internacional aceptan, en principio, las dos opciones antedichas, pero añaden y recomiendan una tercera, establecida ya en 1948: separar los grupos de millar por un espacio en blanco (un espacio “fino” en jerga tipográfica), de tal forma que al encontrar un signo de puntuación, sea coma o punto, será inequívocamente el separador decimal:<br />
12&thinsp;345&thinsp;678,99</p>

	<p>Para mi sorpresa, la última edición oficialista de la <strong>Ortografía</strong> del castellano, recoge y respalda esta recomendación. Sin embargo, de momento, su uso es minoritario, pese a la evidente ventaja que supone. Tampoco los sistemas operativos de los equipos informáticos parecen tenerlo en cuenta, prefiriendo adaptar la configuración a las tradiciones nacionales de cada usuario.</p>

	<p>En cualquier caso, solo debe introducirse un separador cuando el guarismo represente una cantidad o valor, y no una codificación establecida. Además, no debe utilizarse cuando los dígitos sean solo cuatro.</p>

	<p>Explícitamente no se ha de usar separación:
	<ul>
		<li>En el caso de los años de calendario (2012, 1914, 1300 a.JC.), aunque sí puede hacerse si indica una cantidad de años, al menos si se usan más de cuatro dígitos: <em>El paleolítico medio comenzó hace 40.000 años</em></li>
		<li>En los números de página, verso, artículo, ley o decreto, etcétera (al igual que en el caso anterior, sí se podrá hacer cuando indiquen cantidad).</li>
		<li>En los números de calle o código postal</li>
		<li>En los códigos numéricos como <span class="caps">CIF</span>, <span class="caps">NIF</span>, normas <span class="caps">ISO</span> o <span class="caps">UNE</span>, signaturas, <span class="caps">ISBN</span>, etcétera.</li>
	</ul></p>

	<p>Por otro lado, en un estilo correcto de escritura se prefiere emplear la expresión numérica en palabras antes que en dígitos. Como ya digo, es una cuestión de estilo, quedando a criterio del autor si el contexto, la claridad y el destinatario hacen preferible una u otra fórmula. En textos técnicos y científicos suele preferirse usar los dígitos, pero también cuando las cantidades requieren un alto número de palabras (<em>trescientos cuarenta y dos mil setecientos ochenta y tres</em>).</p>

	<p>Así, en un conocido medio informativo, el periodista (supongo) escribió hace unos días: <cite>El 7 veces campeón del mundo ya ha conseguido un podio esta temporada y está en el doceavo puesto con 23 puntos.</cite></p>

	<p>Lo correcto en prensa escrita hubiera sido: “El <strong>siete</strong> veces campeón&#8230; con <strong>veintitrés</strong> puntos.” Al menos los valores pequeños y los que pueden expresarse con una o dos palabras deben escribirse con letras. Pero si optamos, por razón justificada, por el criterio contrario, al menos manténgase consecuente en todo el texto: ”El <strong>7</strong> veces campeón del mundo ya ha conseguido <strong>1</strong> podio y está en el <strong>12º</strong> puesto con <strong>23</strong> puntos”.</p>

	<p>Y ya que estamos, supongo que alguno ya se habrá dado cuenta, “doceavo” no es la forma correcta del ordinal, sino del fraccionario (doceava parte). <strong>Duodécimo</strong> (o decimosegundo) es aquí la única opción aceptada. Esta confusión entre el partitivo y el ordinal es enormemente frecuente, tal vez influenciada porque entre el cuarto y el décimo coinciden ambas expresiones: <cite>“Se ha realizado un quinto del presupuesto total”</cite> y <cite>“se arrojó desde un quinto piso”</cite>, aunque me temo que también por la comodidad de añadir –avo a cualquier cardinal, sin necesidad de pensar.</p>

	<p>Aunque tampoco hay que pensar tanto. La <span class="caps">RAE</span> y el sentido común aceptan que, cuando el ordinal va más allá del un límite (pongamos el trigésimo), pueda optarse por escribir con números para tampoco obligar al lector a hacer un ejercicio mental de traducción: <cite>“El restaurante está en el piso 52 del edificio”</cite> (no “quincuagésimo segundo”), <cite>“Es la edición 126 del torneo de Wimbledon”</cite> (no “centésimo vigésimo sexta”). Además, pueden emplearse los voladitos º y ª, siguiendo un criterio similar al especificado antes.</p>

	<p>Y para terminar con este sucinto repaso de ortografía numérica, me referiré a otra pequeña diferencia de uso trasnacional que tuvo también su origen en el siglo <span class="caps">XVII</span>.</p>

	<p>Por aquella época, y precisamente por el cambio de estilo en la notación, en Francia e Italia se empezó a hablar de <strong>billón</strong>, pero no para referirse al millón de millones (cuyo uso ya existía), sino al millar de millones, es decir, una cantidad mil veces inferior. Posteriormente, en los años 60 del siglo pasado, abandonaron ese uso alejado del canon matemático, pero en los Estados Unidos de Norteamérica adoptaron varios usos franceses tras su independencia (intentando alejarse culturalmente de la metrópoli británica), y entre ellos el uso de billón y trillón como mil millones y billón-europeo, respectivamente, y en ello se han mantenido hasta ahora, contando además con la adhesión de otras naciones, entre ellas el mismísimo Reino Unido que, en 1974, decretó que <em>billion</em> significa 1.000.000.000 de unidades.</p>

	<p>Actualmente, casi la mitad de los estados del mundo utilizan la denominada <strong>“escala corta”</strong> (1 billón=10 <sup>9</sup>) y la otra mitad la <strong>“escala larga”</strong> (1 billón=10 <sup>12</sup>), creando cierta confusión en las informaciones, sobre todo en las referidas a las economías nacionales.</p>

	<p>En castellano, la <span class="caps">RAE</span> ha propuesto el uso de <strong>millardo</strong> (del francés <em>milliard</em>) para referirse a esta cantidad. A mi juicio es tarea inútil pues, por un lado, no soluciona la semejanza fónica del <em>billion</em> inglés con el billón español; además no es una voz conocida (se registra por primera vez en castellano en los años 90); y, en último lugar, creo que no cuesta tanto escribir “mil millones” en vez de “millardo” o “125.000 millones” en vez de “125 millardos”. Luego, bueno, la palabra es fea de narices, pero eso es una opinión subjetiva y, al menos, no tan abstrusa como aquel <strong>meuro</strong> (=1.000.000 €) que, demos gracias a Dios, ya casi no se usa.</p>

	<p>123.321.123.321.123.321.123.321.123.321.123.321.123.321.123.321.123.321,99</p>

	<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Separador_decimal">El separador decimal</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Separador_de_millares">el de millar</a> en Wikipedia<br />
<a href="http://www.bipm.org/en/CGPM/db/22/10/">Resolución 10ª de la Oficina de Pesos y Medidas</a><br />
<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Escalas_num%C3%A9ricas_larga_y_corta">El billón según paises</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/22746/numeros-y-letras</link>
		<pubDate>Sat, 28 Jul 2012 08:13:09 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-07-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/875f434b239cf7a2dfb6a4c60b809c0c</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Ético sí, superfluo no</title>
		<description><![CDATA[<p>El dativo es una antigua fórmula, ya empleada en el latín, que nos permite hacer personal lo que, sin dativo, nos sería ajeno.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Paco López Barrio</strong> publicó hace días <a href="http://guionistasvlc.wordpress.com/2012/06/18/dativo-y-ablativo/">una bella entrada</a> en el blog <span class="caps">GUIONISTASVLC</span> (ya recomendada en su momento por LdN). En ella se refiere a un sutil giro de pensamiento expresado en latín clásico por la sustitución del modo ablativo por el dativo, de tal forma que, <em>grosso modo</em>, el objeto de origen pasa a ser el destinatario de la acción, lo que le confiere una forma íntima y subjetivísima.</p>

	<p>Leyéndolo y pensándolo, me temo que no tenemos ese recurso en castellano. Lo perdimos cuando simplificamos aquel sistema declinatorio y lo sustituimos por el preposicional.</p>

	<p>O no del todo…</p>

	<p><cite>Tus ojos se me van</cite><br />
<cite>de mis ojos y vuelven</cite><br />
<cite>después de recorrer</cite><br />
<cite>un páramo de ausentes.</cite></p>

	<p><cite>Tu boca se me marcha</cite><br />
<cite>de mi boca y regresa</cite><br />
<cite>con varios besos muertos</cite><br />
<cite>que aún baten, que aún quisieran.</cite><br />
(Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias)</p>

	<p>En el verso inicial de cada cuarteta, el poeta oriolano no se conforma con retratar el dolor objetivo de la pérdida temporal del bien querido, sino que introduce un pronombre, precisamente como dativo: <strong>me</strong>, se <em>me</em> van, y redobla la energía poética porque no está contando al lector lo que se pueda sentir desde fuera, sino lo que a él golpea y siente en primera persona. No es que ojos y boca amados se marchen de él, es que se <em>le</em> marchan, a él.</p>

	<p>Esta fórmula de asumir como destinatario de la acción a un observador que, en circunstancias normales, no estaría personado en la causa, se denomina <strong>“dativo ético”</strong> o <strong>“dativo de interés”</strong>. Bueno, los puristas diferencian ambas clases, reservando aquella para cuando posee una mayor implicación emocional, aunque la fórmula gramatical no difiere demasiado.</p>

	<p>Así al pronto, estos dativos parecen funcionar como complementos indirectos, pero tal espejismo desaparece al constatar que, cuando es necesario, existe un genuino CI (<em>¿Me das este sobre a Juan?</em>) o pueden utilizarse incluso en transitivos que no aceptan un indirecto (<em>mi niña me come de todo</em>).</p>

	<p>(Nota: el primer ejemplo sería un vulgar dativo “de interés”, mientras que el segundo, más emocional, se entiende “ético”; sin embargo analicen la casi nula diferencia sintáctica entre aquel y este otro: <em>¡Me vas a dar un disgusto a tu padre!</em>).</p>

	<p>Las <strong>Academias de la Lengua Española</strong> lo definen así: “se suele denominar <span class="caps">DATIVO</span> <span class="caps">ÉTICO</span> el pronombre átono no reflexivo que manifiesta ese caso [de dativo] y que modifica al verbo señalando al individuo que se ve afectado indirectamente por la acción que aquel denota.” (Gramática 35.7r)</p>

	<p>La etiqueta que se le suele poner a estos dativos es la de “superfluo”, queriendo indicar que si los extirpamos de la oración, esta no se altera en su estructura gramatical. Disiento. No ya como la mayoría de los autores que aceptan que eso no supone que la intencionalidad del hablante sea necesariamente la misma, sino que entiendo que ese pronombre de dativo ha sido insertado precisamente como un recurso gramatical válido, activo y pertinente, y con él la estructura de la oración sufre un evidente desplazamiento, un vector que del núcleo de la acción señala al elemento afectado.</p>

	<p>Tal vez la impasibilidad del gramático esté justificada porque la presencia del dativo ético no supone la modificación del resto de los comensales, incluyendo la presencia de otros dativos o pronombres átonos de similar cariz:<br />
<cite>El tubiano <strong>se me</strong> espantó y si no <strong>me le</strong> afirmo y lo hago tomar por el callejón, tal vez no cuento el cuento.</cite> (Borges, El libro de arena)<br />
<cite>Por qué te tengo que encontrar si no <strong>te me</strong> has perdido?</cite> (García Márquez, El otoño del patriarca)<br />
<cite>Ahora mismo <strong>se me</strong> ate codo con codo a este loco rematado, y <strong>se me le</strong> meta en la cárcel…</cite> (Clarín, Apolo en Pafos)</p>

	<p>También por el hecho de que es enormemente más frecuente en el idioma oral que en el escrito (y, desde luego, inexistente en textos formales), y es raro verlo en tercera persona, lo que le confiere un aura de habla popular, y que por tanto no tiene que responder de su presencia ante los cánones gramaticales.  Un argumento demasiado elitista como para ser tenido en cuenta, el idioma es el que es, lo hable Agamenón o su porquero.</p>

	<p>Y pese a estas razones, y otras más aburridas, no apreciaba yo superfluidad en el dativo ético, y menos ahora con la referencia de que ya los latinos forzaban  el modo dativo para subrayar el efecto subjetivo de un verbo.</p>

	<p>En general, un servidor de ustedes no deja de asombrarse de que las rudas herramientas del lenguaje posean estas habilidades para poder expresar matices tan humanos. No somos animales parlantes que enuncian mensajes mecánicos, sino que hemos dotado al lenguaje de estratagemas que nos permiten, además, incluir los sentimientos.</p>

	<p>Nicole Delbecque, <a href="http://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/11/aih_11_1_012.pdf">El dativo español: una tipología</a><br />
<a href="http://www.wikilengua.org/index.php/Complemento_indirecto">Wikilengua</a><br />
<a href="http://romera.blogspot.com.es/2007/09/dativo-tico.html">Las palabras de la tribu</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/22662/etico-si-superfluo-no</link>
		<pubDate>Thu, 28 Jun 2012 08:15:42 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Crisis, deuda y léxico</title>
		<description><![CDATA[<p>El concepto de “crisis” no es necesariamente maligno ni perverso. Decisivo sí, pero no conduce al caos sino a una nueva situación y, en cualquier caso, es un juicio inevitable y en cierta forma parte del orden natural de las cosas (o capricho de los dioses).</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El escritor griego <strong>Petros Márkaris</strong>, casi al mismo tiempo en que recibía la noticia de ser galardonado con el premio Pepe Carvalho 2012, ha publicado Περαίωση, nueva aventura del comisario Jaritos en una Grecia vapuleada moral y económicamente.</p>

	<p><strong>Περαίωση</strong> (transliterado <em>peraiosi</em>) es un término contable utilizado para referirse a un procedimiento de regularización fiscal a empresas y profesionales; sin embargo, su semiótica original es mucho más profunda y orbita en el entorno de “transición, cierre de ciclo”, incluyendo, claro, alguna connotación al fin del ciclo vital llamado “muerte”, algo más apropiado para una novela  de género policiaco como es el caso.</p>

	<p>Aunque en la versión en Inglés de la novela, el título se ha traducido como <em>“The Settlement”</em> (“el acuerdo”, “el arreglo” o algo así), espero que su traductora habitual, Ersi Marina Samará, persuadirá a Tusquets de que en la edición española se traduzca como “Liquidación”, que conserva el concepto contable pero recuerda también al uso “mafioso” de quitar en medio a quien estorba; aunque yo incluso sugeriría <strong>“Ajuste de cuentas”</strong>, que sería la expresión castellana que mejor comparte el doble sentido que, supongo, Márkaris ha querido darle a su obra.</p>

	<p>Resabios de las lenguas, suplicios de los traductores</p>

	<p>Y en estas cavilaciones andaba yo cuando se me ocurrió pensar en cómo se vería desde la Grecia moderna el término <strong>“crisis”</strong>. Al fin y al cabo es una palabra que inventaron sus antepasados.</p>

	<p>No, por supuesto, con el mismo sentido. Para los helenos antiguos, <em>crisis</em> era sinónimo de dilucidar, dictaminar, tomar una determinación, y como sustantivo se aplicaba muchas veces una sentencia jurídica que zanjaba una cuestión ardua. Tímidamente los romanos lo adoptaron con el sentido de momento crítico, decisivo. </p>

	<p>El término desapareció en las lenguas latinas prácticamente durante siglos, salvo en su empleo médico, bajo la influencia de los textos de Galeno: la enfermedad puede resolverse por “lisis”, es decir, con una prolongada convalecencia, o por “crisis”, de un día para otro. Claro que, en este último caso también se incluía el desenlace fatal.</p>

	<p>Sin embargo, en ambos casos el concepto de “crisis” no es necesariamente maligno ni perverso. Decisivo sí, pero no conduce al caos sino a una nueva situación y, en cualquier caso, es un juicio inevitable y en cierta forma parte del orden natural de las cosas (o capricho de los dioses).</p>

	<p>En castellano, durante el siglo <span class="caps">XVIII</span> el latín parece ya poco culto a los cultos y buscan en el griego clásico términos más dramáticos. Crisis resurge entonces como concepto de un juicio inapelable, una opinión dotada de implacable objetividad, y se emplea el término “crítica” para el conjunto de argumentos que conforman a esta: <cite>“El defecto es de las noticias necesarias para hacer una crisis justa en la materia”</cite> (B.Feijoo, 1750)</p>

	<p>No es sino hasta el siglo <span class="caps">XIX</span> que ambos conceptos, el galénico y el crítico, se funden en uno y las “crisis” empiezan a designar momentos de ingobernancia y necesidad de ruptura con el modelo presente. Prevalece, al parecer, el concepto clínico que considera que una crisis es un presagio de final cataclísmico.</p>

	<p>Pero no es <em>crisis</em> el único término cuyo concepto no sería uniforme en todos los idiomas de las naciones implicadas.</p>

	<p>La <strong>Staatsverschuldung</strong> es, en alemán, la deuda que el estado contrae con sus acreedores, pero el sustantivo <strong>Schuld</strong>, deuda, tiene connotaciones bastante graves. En realidad significa “culpa”,  casi un sinónimo de delito, y la obra de Dostoviesky “Crimen y Castigo” se traduce en el idioma germano como “Schuld und Sühne”. Así podría pensarse que para un hablante de este idioma, mantener una alta deuda implica un conflicto moral, una situación ignominiosa y que supone una completa irresponsabilidad del deudor.</p>

	<p>Cuán distinto del caso hispano, para quienes que una deuda puede ser simplemente una obligación moral e imperativa pero relativamente sana entre gentes de honor; y así nos enseñaron a rezar <em>“…perdónanos nuestras deudas…”</em>, pues el “pecado” es acto de gente de mal, pero una deuda la contrae cualquiera y además es objeto de misericordioso perdón.</p>

	<p>Y mezclando esto con las idiosincrasias de cada región, se queda uno preguntándose si no será que para un griego estar en crisis no es ni bueno ni malo, sino el juicio esperable de un proceso, una situación pasajera, un momento para girar y seguir recto; y por otro lado se entendería mejor que la cancillera vea con absoluto horror y desdén la aparente ligereza de los países “periféricos” (otra palabra griega) en el tratamiento de su culpa, su delito o, dicho en tudesco, su deuda. ¿Es posible que haya algo de esto?</p>

	<p>Pues no. Claro que no. No hay tal falacia de determinismo lingüístico ni realismo platónico (aunque Platón fuera griego). Las palabras tienen algún poder, lo demuestran la magia y la poesía,  pero pensar que los pueblos y sus dirigentes son ingenuos incapaces de reconocer el concepto frente al término en sus dimensiones reales es insultar su inteligencia.</p>

	<p>El pensamiento no es producto del lenguaje, antes es exactamente al revés; los términos son cortos y pacatos, pero eso ya lo sabemos y no nos embaucan: solo uno sabe, por ejemplo, quienes merecen ser llamados “amigos”, a pesar de que <strong>Facebook</strong> insista en banalizarlo.</p>

	<p>{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}{O}</p>

	<p>Algo relacionado:<br />
<a href="http://www.pinyin.info/chinese/crisis.html">Crisis no es Peligro+Oportunidad, ni siquiera en chino</a> (en Inglés)<br />
<a href="http://nihilnovum.wordpress.com/2011/11/02/%CF%84%E1%BD%B8-%CF%84%E1%BF%86%CF%82-%CE%BA%CF%81%E1%BD%B7%CF%83%CE%B5%CF%89%CF%82-%CE%B4%CF%81%E1%BE%B6%CE%BC%CE%B1-el-drama-de-la-crisis/">El drama de la crisis</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/22484/crisis-deuda-y-lexico</link>
		<pubDate>Mon, 28 May 2012 08:49:57 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-05-25:77c262b7562572606450a68115f67ab6/95ba92a4770e10bdfac32f5e5caf36d3</guid>
	</item>
	<item>
		<title>El diccionario anacrónico, androcéntrico, inútil.</title>
		<description><![CDATA[<p>Si la sociedad está cambiando apresuradamente, el idioma le sigue a cierta distancia y el Diccionario de la Academia se queda aún más retrasado, este último corre el riesgo de convertirse en un tocho anacrónico, inútil y poco interesante. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Leo hace días un interesantísimo y bien trajeado escrito de <strong>Eulàlia Lledó</strong> y <strong>Mercedes Bengoechea</strong> titulado <cite>“Las miradas cruzadas: Análisis de la presencia femenina en una muestra del DRAE”</cite> (enlace de descarga al pie del presente).</p>

	<p>En él las autoras desmenuzan y desnudan al diccionario normativo del castellano, el que suscribe la <strong>Real Academia</strong>, en busca de marcas sexistas (o, más propiamente dicho, androcéntricas) contenidas en el infolio.</p>

	<p>De tanto en cuanto leo u oigo a quienes acusan al diccionario de contener vocablos o definiciones que laceran o degradan la dignidad de ciertos colectivos.  Vale, en buena parte es cierto, pero no veo cómo evitarlo del todo. Las palabras no son inocentes, muchas de ellas fueron creadas o adoptadas específicamente para humillar, insultar y menospreciar. El diccionario, cualquier diccionario, debe reflejar lo altivo del lenguaje, pero también sus bajezas, o entraríamos en un proceso de ocultación rayano en la hipocresía, que considero mucho más peligroso ideológicamente que mostrar descarnadamente cómo somos y cómo hablamos.</p>

	<p>La voz “marica”, por ejemplo, viene definida hasta hoy como <cite>“Hombre afeminado y de poco ánimo y esfuerzo”</cite>. Eso, claro, puede no parecerle apropiado a un varón homosexual que no se considere <em>afeminado</em> y cuyos ánimos y esfuerzos sean tan intensos como los del que más.</p>

	<p>Sin embargo, hartas veces se ha usado y se seguirá usando el término como provocación o agravio basándose en una homofobia cultural de la que es difícil escabullirse completamente: <cite>“y si los hombres de hoy fueran verdaderos hombres, joven, y no unos maricas de mierda”</cite> (Cortázar, Rayuela). Escamotear ese sentido peyorativo y rufianesco de la palabra y hacer como si no existiera por la vía de la invisibilidad de lo inaceptable me parece contrario al procedimiento científico y no creo que solucione nada. <strong>Cortázar</strong> quedará como testigo de que uno de sus personajes recurría a la bellaquería de asociar marica a “hombre de poco ánimo y esfuerzo”, ¿o también debería el autor argentino haber silenciado que existen personas que hablan así?</p>

	<p>Sin embargo, retomo el hilo, el planteamiento de Eulàlia y Mercedes, es algo distinto. No es una cuestión de ocultar lo que significan las palabras, sino de redactar las definiciones y organizar las entradas de una forma mucho más en consonancia con las ideas y el lenguaje del siglo <span class="caps">XXI</span> y, ya de paso, con mucha más asepsia científica y lingüística.</p>

	<p>No me parece un trabajo académico de calidad mantener en algunas definiciones eufemismos baratos y pasados de moda como “mujer ligera de cascos”, “de vida alegre” o “de mala vida” (¿en qué quedamos?). ¿No encuentran los lexicógrafos mejores, menos socarronas y más explícitas expresiones para definir vocablos que se aplicaron y aplicarán a féminas que escandalicen con una sexualidad indisimulada o que sencillamente sean prostitutas, mayormente a su pesar?</p>

	<p>Como tampoco parecen tenerlo claro a la hora de establecer femeninos, sobre todo en cargos y profesiones que, ciertamente, en ocasiones eran inusuales no hace tanto, pero sobre los que ya no cabe duda.</p>

	<p>En la edición 22ª del Diccionario de la Real Academia la palabra &#8220;monarca&#8221; aparecía como exclusivamente masculina y descrita como <em>&#8220;Príncipe soberano de un Estado&#8221;</em>.  Para la próxima edición impresa el sustantivo ha mutado a género común y encabezando el significado <em>&#8220;Jefe del Estado de un reino&#8221;</em> (y luego se pierde en disquisiciones que no sé si serán aplicables en todos los casos, pero no íbamos a eso).</p>

	<p>Reina, sin embargo, era <em>&#8220;Esposa del rey&#8221;</em> y luego, en orden de prioridad,  <em>&#8220;Mujer que ejerce la potestad regia por derecho propio&#8221;</em>. La modificación prevista para la próxima edición invertirá el orden de acepciones. No han juzgado conveniente trasladar la misma definición que <em>&#8220;rey: Monarca o príncipe soberano de un reino&#8221;</em>. ¿Es tan complicado que reina sea <em>&#8220;monarca o princesa soberana de un reino&#8221;</em>?</p>

	<p>Por cierto, no existe para “rey” la acepción &#8220;esposo de la reina&#8221;. En realidad ni siquiera se plantea la expresión &#8220;rey consorte&#8221;, que es la habitualmente empleada para los varones que han matrimoniado con damas monarcas: <em>“No había más rey consorte que el hijo de Carlos V”</em> (Galdós, Ayacucho). Tampoco “duque” se contempla como “esposo de la duquesa”, y creo que no faltan ejemplos en la prensa rosa en que se usa claramente con ese sentido.</p>

	<p>Pero peor definición se le depara a virreina que es, primero, la mujer del virrey y, segundo, <em>&#8220;mujer que gobierna como virrey&#8221;</em>. ¡Pues no señor!, gobierna como virreina que es por derecho legítimo y no en guisa masculina como pretende el diccionario ¿Era tan difícil poner <em>&#8220;Mujer que gobierna sobre un territorio virreino&#8221;</em>?</p>

	<p>En realidad, todas esas entradas son eufemismos y disimulos de pobrísima calidad filológica y culturalmente periclitadas: Reina, duquesa y virreina son los femeninos de rey, duque y virrey respectivamente, etimológica y semánticamente indistinguibles, y no vocablos distintos en los que haya que recurrir a giros y componendas. Y eso rige igualmente para fiscala, jueza, alcaldesa, gerenta, clienta y varias decenas de entradas que podrían resolverse con un simple &#8220;femenino de&#8221; (ya, que por qué no al revés, ellos &#8220;masculino de&#8221;; pues miren, al menos debería hacerse así en azafato, matrón, modisto, costurero y otras en las que la tradición del lenguaje presupone feminidad).</p>

	<p>Pues si así trata el Diccionario a la nobleza, imagínense para las profesiones mucho más humildes. Lo cierto es que el diccionario académico es feraz en acepciones que entienden que la posición de una mujer es subsidaria de la de su pareja (boticaria, almiranta, sombrerera, &#8230; son habitualmente &#8220;mujer de&#8230;&#8221;), así como que mantiene todavía una larga serie de profesiones que <strong>explícitamente invisibilizan</strong> a las mujeres que las pudieran ejercer: alfombrista, carretillero, alquimista o carrocero aún se definen como &#8220;hombre que&#8230;&#8221;. Pues tengo yo una amiga, <em>catadora</em> profesional (y titulada) de aceites y vinagres, a la que advertí que <a href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&amp;LEMA=catadora">no existe tal femenino en el <span class="caps">DRAE</span></a> ; me contestó, con todo su derecho, una obscenidad irreproducible aquí pero que traduciré como que <em>&#8220;le importa un comino&#8221;</em>.</p>

	<p>Si la sociedad está cambiando apresuradamente, el idioma le sigue a cierta distancia y el Diccionario se queda aún más retrasado, este último corre el riesgo de convertirse en un tocho anacrónico, inútil y poco interesante.</p>

	<p>Quedan dos años para que la institución publique sobre papel su vigésimotercera versión, y los recursos de edición y revisión que proporciona la tecnología harían posible una cirugía reparadora importante y necesaria. Pero para eso hacen falta voluntad y mentalidad, y no tengo claro que la institución ande sobrada de ninguna de esas virtudes; ya saben: <em>&#8220;&#8230;de poco ánimo y esfuerzo&#8221;</em>.</p>

	<p>o&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;o</p>

	<p><a href="http://ntic.educacion.es/w3//recursos/secundaria/transversales/instituto_mujer/diccionario/indice_mc_analisis.htm">Las miradas cruzadas: Análisis de la presencia femenina en una muestra del <span class="caps">DRAE</span> por Eulàlia Lledó y Mercedes Bengoechea</a></p>

	<p><a href="http://elpais.com/diario/2008/06/14/sociedad/1213394401_850215.html">El lenguaje es sexista. ¿Hay que forzar el cambio? Por Tereixa Constenla</a></p>

	<p><a href="http://elpais.com/diario/2006/06/25/cultura/1151186401_850215.html">El diccionario impertinente por Álvaro de Cózar</a></p>

	<p><a href="http://blogs.elpais.com/mujeres/2012/03/y-que-diria-maria-moliner-en-este-debate.html">Y, ¿qué aportaría María Moliner al debate sobre el sexismo? Por Inmaculada de la Fuente</a></p>

	<p><a href="http://www.ucm.es/info/especulo/cajetin/miembra.html">Miembra, por Ana M. Vigara Tauste</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/22339/el-diccionario-anacronico-androcentrico-inutil</link>
		<pubDate>Sat, 28 Apr 2012 11:17:24 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>El informe Bosque</title>
		<description><![CDATA[<p>Aun estando de acuerdo con bastantes de los planteamientos del documento, tengo que discrepar de la mayor parte de los argumentos esgrimidos, de la retórica empleada y del talante general que rezuma todo el texto.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Anda revuelto el mundillo idiomático desde hace unas semanas. <strong>Ignacio Bosque</strong>, varón, manchego, filólogo, catedrático de lo suyo en la U. Complutense de Madrid, sedente “t” en la <strong>Real Academia de la Lengua</strong> y ponente de la última gramática de esta institución, dio el pasado primero de marzo en redactar y proponer al pleno académico un “informe” (luego aclararé las comillas) intitulado <strong>“Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”</strong>.</p>

	<p>Debo entender &#8220;informe&#8221; de &#8220;informar&#8221;, luego <cite>&#8220;descripción, oral o escrita, de las características y circunstancias de un suceso o asunto&#8221;</cite>; y, sin embargo, me queda la duda de si refiere a la segunda entrada que el diccionario reserva para &#8220;informe&#8221;: <cite>que no tiene la forma, figura y perfección que le corresponde</cite>. </p>

	<p>Y es que, aun estando de acuerdo con bastantes de los planteamientos teóricos del documento, tengo que discrepar de la mayor parte de los argumentos esgrimidos, de la retórica empleada y del talante general que rezuma todo el texto.</p>

	<p>Pues para ser el estudio de un académico, reputado gramático (&#8220;el mejor de nuestra lengua&#8221; según algunos), me vengo a encontrar no con un análisis curioso, objetivo y ecuánime sino con un manifiesto trufado de posturas altivas, prejuicios y confusión de valores.</p>

	<p>Para empezar, el título es engañoso. Sería mucho más aclaratorio algo así como <strong>“Juicio sobre una muestra de guías de &#8220;lenguaje no sexista&#8220;”</strong>, ya que es ese el contenido real del discurso.</p>

	<p>Se dice allí que <cite>«se ha señalado en varias ocasiones que los textos a los que me refiero contienen recomendaciones que contravienen no solo <strong>normas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias</strong>, sino también de varias gramáticas normativas.»</cite></p>

	<p>Esta afirmación, así dicha, quizá sea parte del problema, y causa de buena parte de las polémicas y controversias que envuelven a la institución académica. El idioma, claro que sí, tiene normas, pero estas no emanan &#8220;de la Real Academia&#8221; ni institución alguna, como tampoco son dictadas desde obra escrita por mano humana. Las normas gramaticales son inherentes al idioma y este propiedad de los hablantes. Las gramáticas normativas recogen las correctas y aceptables y denuncian las perversas, y los gramáticos, hombres y mujeres, deben estudiarlas con rigor, asumirlas con humildad y difundirlas con generosidad.</p>

	<p>Y no es que lo diga yo, que lo hago, es que lo dice el <strong>Sr. Blecua</strong>, director de la <span class="caps">RAE</span>, en <a href="http://www.fundeu.es/noticias-articulos-director-de-la-rae-el-diccionario-no-tiene-que-ser-politicamente-correcto-6941.html">declaraciones</a> que intentan apoyar la postura del Sr. Bosque: <cite>«&#8220;la gramática no se puede cambiar&#8221; dado que lo que hace esta disciplina es &#8220;describir la lengua y sus estructuras morfológicas y sintácticas […] y eso <strong>no depende de la <span class="caps">RAE</span>; depende de las lenguas naturales</strong>&#8220;»</cite>. </p>

	<p>Afirma el estudio que <cite>«la mayor parte de estas guías han sido escritas sin la participación de los lingüistas. [&#8230;] Aunque se analizan en ellas no pocos aspectos del léxico, la morfología o la sintaxis, sus autores parecen entender que las decisiones sobre todas estas cuestiones deben tomarse sin la intervención de los profesionales del lenguaje, de forma que el criterio para decidir si existe o no sexismo lingüístico será la conciencia social de las mujeres o, simplemente, de los ciudadanos contrarios a la discriminación.»</cite></p>

	<p>¿Eso es una afirmación contrastada y demostrable o simplemente la opinión que al Sr. Bosque le merecen los hallazgos documentales? ¿Ha contactado el autor, para cada guía, con las personas encargadas de la elaboración, revisado sus currículos profesionales y académicos y les ha inquirido sobre los criterios empleados? Si la respuesta es &#8220;no&#8221; (que es la que infiero del resto del párrafo), dejemos sentado entonces que el escrito no es el resultado de una investigación sino la expresión de una opinión. Opinión que debe ser tenida en cuenta, al menos viniendo de quien viene, pero que no es a priori  mejor ni peor fundada que la de otros filólogos que no lo ven tan claro.</p>

	<p>y sigue:  <cite>«…a algunos parece molestarles que la <span class="caps">RAE</span> actualice sus obras con el curso de los años, ya que esta modernización los va privando de argumentos para criticarla»</cite></p>

	<p>Y de nuevo percibo en el tono de la frase una cierta dosis de artificioso enfrentamiento, ignoro si personal o institucional, y una obvia impresión subjetiva y excesivamente desligada del método científico y el análisis lingüístico.</p>

	<p><cite>«Pareciera que se quiere dar a entender que la mujer que no perciba irregularidad alguna en el rótulo Colegio Oficial de Psicólogos de Castellón, y que (a diferencia de <span class="caps">VAL</span>-37) no considere conveniente cambiarlo por Colegio Oficial de Psicólogos y Psicólogas de Castellón, <strong>debería pedir cita para ser atendida por los miembros de dicha institución</strong>.»</cite></p>

	<p>¿Es un chiste? Hacía mucho tiempo que no veía un chiste en un estudio lingüístico, en concreto creo que es la primera vez. Aunque, como no tiene gracia, tal vez no sea un chiste. ¿Acaso algo es o no un chiste dependiendo de que haga gracia? Entonces, ¿por qué afirma que si hay personas que no se sienten discriminadas es porque no hay discriminación posible? Y en definitiva ¿no había resuelto antes que no son las mujeres sino los lingüistas profesionales quienes tienen autoridad para opinar sobre este asunto?</p>

	<p>También yo, como el Sr. Bosque, conozco a mujeres muy inteligentes que no se irritan por estas cosas (aunque tampoco les pasan desapercibidas), pero evidentemente, no estoy de acuerdo en que se pueda asumir que si el sujeto no se siente personalmente discriminado no exista entonces discriminación en el mensaje. Es cierto que no menoscaba quien quiere sino quien puede, pero ello no exime de culpa, descuido o negligencia al emisor. Y, en cualquier caso ¿debe el lingüista determinar la corrección gramatical del mensaje tomando como unidad de medida la sensación que despierte en una parte de la población?</p>

	<p>Dictamina Bosque que <cite>«&#8230;si se aplicaran las directrices propuestas en estas guías en sus términos más estrictos, no se podría hablar.»</cite></p>

	<p>Pero de nuevo el autor del informe se agarra desmañadamente a un caso límite y que creo que no corresponde al espíritu de los documentos tratados. La mayor parte de estas guías, y muy concretamente varias de las consultadas en el informe, no plantean tanto su uso en el lenguaje oral cotidiano sino una orientación (o, como reconoce el informe, <cite>“un intento de iniciar pequeñas vías de reflexión en la ciudadanía”</cite>), e inicialmente dirigidas a la elaboración de documentación de difusión pública, que, como en el caso de la guía de CC.OO.: <cite>&#8220;responde a la necesidad de eliminar el lenguaje discriminatorio que permanece en los convenios colectivos y normalizar la representación equilibrada entre mujeres y hombres en los documentos sindicales&#8221;</cite></p>

	<p>Pero, aún conviniendo en que algunas de las recomendaciones pueden ser exageradas o, cuando menos, difíciles de seguir hasta sus últimas consecuencias, el informe referido no cita ninguna virtud ni acierto. ¿Tan perniciosas le parecen al autor? No veo yo el atentado gramatical en sustituir “los trabajadores” por “el personal”, e incluso, si me apuran, en ocasiones será expresión más apropiada por reunir no solo a ambos sexos sino también a empleados y empleadores. </p>

	<p><cite>«El propósito último de las guías de lenguaje no sexista</cite> &#8212;concluye el académico- <cite>no puede ser más loable: contribuir a la emancipación de la mujer y a que alcance su igualdad con el hombre en todos los ámbitos del mundo profesional y laboral.´</cite></p>

	<p>Lo de &#8220;emancipación de la mujer&#8221; es ya un poco un término historiográfico, pero lo respetaré toda vez que aún quedan muchos aspectos que pueden incluirse ahí. Respecto a la igualdad entre los dos sexos, me asombra que el autor del informe cite un objetivo ceñido al mundo profesional y laboral, cuando es de sentido común que ha de abarcar a todos los ámbitos vitales con las únicas salvedades a las que fuerza la biología.</p>

	<p>Y conste que respeto sobremanera la figura y trayectoria profesional de Ignacio Bosque, así como creo firmemente que la herramienta básica para alcanzar ese objetivo está en la educación y en el avance continuo de la mentalidad colectiva y que cambiar el idioma “a las malas” no es la forma correcta de hacerlo. Pero lo cierto es que, mientras la sociedad ya ha cambiado en muchos aspectos, el idioma es tardo muchas veces en reflejar esos cambios. Todavía quedan demasiados letreros que advierten a “los señores socios” y documentos que ha de firmar “el padre o tutor”, y me consta que no siempre es obra de misóginos cavernarios, sino que a veces son gentes sencillas que no saben si poner en su lugar &#8220;los señores socios y las señoras socias&#8221;, &#8220;el padre, la madre, el tutor o la tutora&#8221; u otras expresiones que, por kilométricas, asustan.</p>

	<p>Eso es un problema de un uso correcto y autorizado del idioma, y si desde las filas académicas se arrogan la función de correctores y encauzadores, como hace el reiterado informe, lo mejor que pueden hacer es dejarse de pamplinas, polémicas vanas y firmas de ampulosas proclamas estériles y ponerse a sudar la silla, mostrarse abiertos y tolerantes y ofrecer su desinteresadísima colaboración y poner sus vastos conocimientos al servicio de los estamentos que quieran unas guías que respeten aceptablemente el castellano sin ningunear a la mitad de sus hablantes.</p>

	<p>Lo que más lamento, como hablante, amante y entusiasta del español, es que estos planteamientos de puño cerrado y no de mano abierta conducen sin remedio a réplicas airadas y enquistan posiciones antagonistas que solo logran generar confusión y nos alejan de soluciones prácticas.</p>

	<p>Más puntos de vista: <br />
<a href="http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000040.nsf/(voanexos)/arch50C5BAE6B25C8BC8C12579B600755DB9/$FILE/Sexismo_linguistico_y_visibilidad_de_la_mujer.pdf">Texto íntegro del informe</a></p><br />
<a href="http://blogs.elpais.com/mujeres/2012/03/y-que-diria-maria-moliner-en-este-debate.html">¿Qué diría María Moliner?</a> </p>

	<p><a href="http://www.laopinion.es/cultura/2012/03/11/lenguaje-sexista-divide/401701.html">Y qué dicen otros</a></p>

	<p><a href="http://manifiestolinguistica.weebly.com/">Manifiesto de apoyo a Ignacio Bosque y su informe</a></p>

	<p><a href="http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2012/marzo/moreno.html">Juan Carlos Moreno Cabrera: Acerca de la discriminación de la mujer y de los lingüistas en la sociedad</a> (via elcastellano.org</p>

	<p><a href="http://www.diariosur.es/20120314/local/malaga/manual-sexista-gramaticalmente-correcto-201203142043.html">Antonia M.ª Medina Guerra, un manual gramaticalmente correcto</a></p>

	<p><a href="http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2012/marzo/demonte.html">Violeta Demonte</a> (via elcastellano.org. Demonte dirigió junto a Bosque la Gramática Descriptiva de 1999)</p>

	<p><a href="http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/marzo_12/13032012_01.htm">Enrique Bernárdez. El lenguaje políticamente correcto y (no) sexista</a></p>

	<p><a href="http://www.unizar.es/gobierno/vr_institucionales/observatorio/femenino/genero.pdf">José Luis Aliaga Jiménez, filólogo y varón, pero con otra forma de analizar el sexismo en el habla</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/22169/el-informe-bosque</link>
		<pubDate>Wed, 28 Mar 2012 08:47:42 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Caprichos y neologismos</title>
		<description><![CDATA[<p>No nos cabe duda de que las lenguas se están modificando continuamente. Muchas veces por la necesidad de incorporar conceptos nuevos, pero otras veces parecen hacerlo porque sí, como cambian las modas en el vestir, en el arte o en los protocolos sociales.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>A finales del siglo <span class="caps">XVIII</span>, el inglés hablado en Australia y en los arrabales de Londres era probablemente idéntico: lógico, pues aquellos australianos no eran sino súbditos de su graciosa majestad llevados convictos al quinto continente. Pocas décadas más tarde ya había estudios sobre la paulatina diferenciación de la lengua australiana. Hoy, tan solo dos siglos más tarde, un “aussie” y un “londoner” pueden tener algunos problemas para entenderse entre sí como resultado de la evolución de sus respectivos idiolectos.</p>

	<p>No nos cabe duda de que las lenguas se están modificando continuamente. Muchas veces por la necesidad de incorporar conceptos nuevos, pero otras veces parecen hacerlo porque sí, como cambian las modas en el vestir, en el arte o en los protocolos sociales.</p>

	<p>Un servidor de ustedes está lejos de creer en estereotipos y encasillamientos étnicos. Pese a ello, mantengo una peregrina teoría: que los pueblos han hecho sus idiomas a su imagen y semejanza o, dicho sin tanta terminología bíblica, adaptado a sus costumbres y necesidades. Ignoro si es una cuestión achacable a su genética, su entorno, clima, alimentación o historia, pero algo hay que va transformando el idioma haciendo que de alguna manera refleje el carácter común de sus hablantes. </p>

	<p>Nótese que no estoy hablando de propiedades intrínsecas al diasistema y su conjunto de reglas gramaticales,  y que podría tener algún sentido decir que la química de cada idioma lleva implícitas las costuras por donde crecer.</p>

	<p>Pero no. Estoy diciendo que, de algún modo, la idiosincrasia comunitaria de los hablantes se infiltra en los mecanismos de evolución del idioma; que son algunas “manías” o rasgos temperamentales de la población los que determinan la forma en que lo hace. Y que esta influencia se hace más notable (seguramente porque es el mecanismo evolutivo más evidente) en los neologismos, las palabras nuevas incorporadas al idioma.</p>

	<p>Permítanme desvariar un poco más y ejemplarizar esta hipótesis con algunas lenguas de las que tengo solo ligera noción:</p>

	<p><strong>Los angloparlantes</strong> tienen un idioma envidiable, al menos en estos tiempos de prisa y eficiencia. Su estructura permite una adaptación sencilla e intuitiva a casi cualquier cambio tecnológico o social.  Pero hay más.</p>

	<p>Uno de sus deportes lingüísticos preferidos es hacer <strong>“portmanteau”</strong> o <strong>“blend”</strong>, que es la composición de una palabra obtenida a partir de dos o más, una quimera léxica, cuyo híbrido resultado designa un concepto con genes de ambos progenitores.</p>

	<p>Al parecer, el ínclito <strong>Lewis Carroll</strong> ya hacía un uso copioso de esta fórmula ideando palabras como &#8220;slithy&#8221; (lithe+slimy, ágil y obsequioso).</p>

	<p>Sea como fuere, ya en este siglo se inventan otros términos como <em>brunch</em> (breakfast+lunch=almuerzo de media mañana), <em>smog</em> (smoke+fog=opacidad de la atmósfera por contaminación de humos), <em>motel</em> (motor+hotel=hotel de carretera), <em>workaholic</em> (work+alcoholic=adicto al trabajo), <em>blog</em> (web+log=bitácora en internet) y, por supuesto, <em>spanglish</em>.</p>

	<p>Algunas de estas palabras, por supuesto, pertenecen a un entorno informal, pero otras han sido incorporadas con todo derecho al idioma culto. Aunque pueda dar la impresión de que el carácter <em>yankee</em> es más proclive a estas prácticas que el británico, hay un balance muy ajustado entre ambas orillas; sirva como ejemplo que el vocablo “oxbridge” (persona que ha estudiado en cualquiera de las dos celebérrimas universidades británicas) fue acuñado por <strong>W. Thackeray</strong> en 1849, o el hecho demostrable de que el irlandés <strong>James Joyce</strong> era un prolífico generador de estas amalgamas.<br />
o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o</p>

	<p><strong>Los franceses</strong> no son amantes de adoptar modismos extranjeros, pero tampoco de modificar los propios, son hablantes conservadores y que prefieren emplear el circunloquio descriptivo antes que acuñar nuevo término o aceptar uno venido de fuera. Con esta filosofía idiomática la sede del ayuntamiento es el <em>“hôtel de ville”</em> (casa de la ciudad), la patata fue bautizada <em>“pomme de terre”</em> (manzana de tierra), el buzón es un <em>“boite aux lettres”</em> (cajón de las cartas), el ferrocarril recibe el nombre de <em>“chemin de fer”</em> (camino de hierro) y los controladores aéreos son los <em>“aiguilleurs du ciel”</em> (guarda-agujas de los cielos, por el símil ferroviario). </p>

	<p>Siempre se ha pretendido que la economía en el lenguaje es uno de los requerimientos para su éxito, y sin embargo estos sustantivos perifrásticos del idioma galo parecen contravenir esa máxima.</p>

	<p>Hay un algo poético en esta forma de adoptar nuevos sustantivos que evocan imágenes cercanas al surrealismo, y no puedo dejar de preguntarme si ese movimiento artístico hubiera nacido en Francia de no existir esta extraña manía de los francoparlantes en denominar algunos objetos como alucinatorios híbridos.<br />
o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o</p>

	<p><strong>A los italianos</strong> les encanta decorar sus términos con desinencias, a veces con prefijos. Allí estiran el idioma como un chicle y a cada palabra le dan vueltas, le ponen y quitan trozos para ofrecer los diversos aspectos que pueda ofrecer; y sorprende la abundante presencia de derivados, especialmente diminutivos, que toman carta de naturaleza con significado más o menos diferenciado del origen: <em>spaghettini, telefonino, peperoncino, ombrellone</em>, etc, y en algunos casos hasta dos o más desinencias enlazadas: <em>tavolinetto</em> (mesita auxiliar, de <em>tavolino</em> y a su vez de <em>tavola</em>, mesa).</p>

	<p>Pero este mecanismo, no exclusivo de su idioma (aunque, repito, más exacerbado que en otras) se extiende a todo tipo de derivaciones y modificaciones del término raiz que, además, puede ser cualquier sustantivo, adejetivo o incluso adverbios.</p>

	<p>Solo con el apellido de su hasta hace poco presidente, he podido contar más de una decena de variaciones: <em>berlusconismo</em> (ideología afín), <em>berlusconide</em> (seguidor del berlusconismo), <em>berluschino</em> (joven seguidor de Berlusconi), <em>berlusconata</em> (acción propia del susodicho), <em>berlusconiano</em> (obra atribuible), <em>berlusconizzare/si</em> (adaptar/se a lo berlusconiano), <em>berluschese</em> (idioma hablado por Berlusconi y los berlusconidi), <em>neoberlusconismo</em> y, claro, <em>postberlusconismo</em>.</p>

	<p>En los últimos años cuando visito la bota itálica me encuentro con un exceso de –ismos, muchos ligados a la vida política de la península: <em>berlusconismo</em>, <em>italoforzismo</em> (de Forza Italia), <em>dipietrismo</em> (de di Pietro), … como también de tendencias en forma más o menos burlesca: <em>bullismo</em> (de bullying, acoso escolar) o <em>leccaculismo</em> (de leccare=lamer, traduzcamos “lameculismo”).</p>

	<p>Tal vez los italianos hayan mantenido de esta forma el gusto por las declinaciones del latín, aquella lengua que hablaron sus ancestros en momentos muy gloriosos de su historia.</p>

	<p>o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o·o</p>

	<p>Y entonces ¿qué tenemos de particular los hispanohablantes? Pues me cuesta bastante encontrar un mecanismo bien diferenciado, tal vez porque “estoy dentro” y resulta más complicado aislar una característica; pero sea.</p>

	<p><strong>Los hablantes de castellano</strong> tenemos en general poco prurito de aceptar palabras  extranjeras; puede que por aquello de “que inventen otros” o porque nuestras razas y culturas son una larga mezcla histórica, preferimos acoger el término foráneo antes que rebuscar a ver si ya teníamos uno aproximativo, continuo dolor de cabeza de los académicos que no hacen sino echárnoslo en cara mientras auguran la debacle de nuestra lengua, sin caer en que llevamos milenios haciéndolo, y nos va tan bien.</p>

	<p>Ya lo hicimos al menos con los árabes a los que en los años que vivieron en la península les agenciamos casi un tercio de nuestro léxico de entonces (hoy todavía un quinto), o con las tribus amerindias de las que calcamos casi todo lo novedoso que en ellas encontramos (tomate, patata, barbacoa, piragua, canoa, huracán, chocolate, tiza, tiburón, maíz, papagayo, cancha, guano, pampa, macana, jícara, hamaca, petaca y así hasta unos tres mil términos). Cuando los franceses gobernaron el cotarro político y económico también importamos términos suyos sin cuento, y ahora lo hacemos del dominante inglés. Visto lo cual y si todo marcha como pintan previsible, para finales de este siglo igual tenemos varios miles de vocablos chinos en nuestro idioma; y si no, al tiempo. De momento, apunten: charol, té, soja, pekinés, kétchup, galanga, lichis, gingseng, tofu, taichí, kungfú, yudo, pingpong, haiku, fengsui y wok entre otros.</p>

	<p>Eso sí, los acogemos como propios pero los vestimos de nacionales haciéndole cortes de manga a las ortografías y fonéticas originales: escribimos fútbol (no <em>football</em>, como hace el resto de occidente), chófer o chofer, espaguetis o popurrí; querencia común a todos los hispanohablantes a cualquier lado del océano en el que se encuentren, y así como en España se dice Miami (no ma-ia-mi), espiderman (no espaider-man), y tuperguare, un argentino dice omelete, panqueque o mouse (pronunciado mo-u-se) calcos directos de <em>omelette</em>, <em>pancake</em> y <em>mouse</em> (/maus/) para tortilla, bizcocho y ratón (de ordenador) respectivamente.</p>

	<p>Insisto, ya al final de mi disertación, en que no son mecanismos del idioma, sino caprichos de los hablantes los que marcan estos caminos. De todas formas, comenzando por que mis destrezas en otras lenguas no son exhaustivas, las observaciones vertidas en este artículo carecen de rigor científico alguno y no las defendería si alguno las tildara de dislate.</p>

	<p>Pero, seamos sinceros, ¿a que dan que pensar?</p>

	<p>O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*</p>

	<p>Algunas referencias y ayudas:<br />
En Inglés:<br />
http://en.wiktionary.org/w/index.php?title=Category:English_blends<br />
http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_portmanteaus</p>

	<p>En Italiano:<br />
Duemilasei  Parole nuove. Un dizionario di neologismi dai giornali. (Giovanni Adamo e Valeria Della Valle, 2005)<br />
http://www.corriere.it/Primo_Piano/Politica/2005/11_Novembre/22/neo.shtml<br />
http://linguista.blogautore.repubblica.it/2009/10/19/una-passeggiata-fra-i-neologismi-del-terzo-millennio/</p>

	<p>En Español:<br />
http://lear.unive.it/bitstream/10278/293/1/Atti-6-1s-Alvar_Exquerra.pdf<br />
http://espanolinternacional.blogspot.com/</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/22008/caprichos-y-neologismos</link>
		<pubDate>Tue, 28 Feb 2012 08:02:38 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-02-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/23042a244b05bbe03c7ee42306960767</guid>
	</item>
	<item>
		<title>¿Cómo como? Como como como.</title>
		<description><![CDATA[<div class='centrado'><img src="https://librodenotas.com/images/2766.jpg" style="margin:3px;padding:0px 0px"></div>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado septiembre, en medio de un efervescente inicio de curso, apareció <a href="http://www.publico.es/espana/394594/aguirre-envia-una-carta-con-faltas-de-ortografia-a-21-000-profesores">una versión de una carta</a> dirigida al profesorado de la Comunidad de Madrid y presuntamente escrita por la ínclita presidenta de este organismo. La carta en cuestión estaba trufada de un par de decenas de faltas de ortografía de variado pelaje, y alguien se había tomado el insano trabajo de corregirla a boli rojo y publicarla de tal guisa en Internet.</p>

	<p>Al final nunca supe cuál fue la historia real de la misiva de la que, al parecer, había otra versión de impecable ortografía; pero no venía yo a esto sino a que, en mitad de la carta corregida, aparecía esta línea:</p>

<div class='centrado'><img src="https://librodenotas.com/images/2766.jpg" style="margin:3px;padding:0px 0px"></div>

	<p>En los <a href="http://www.meneame.net/story/esperanza-aguirre-manda-carta-profesores-madrid-devuelven">comentarios vertidos</a> en varios medios y foros que del tema trataron, de repente alguien opina que tal vez ese <em>“cómo”</em> realmente portaba legítima tilde y que el tachador se extralimitó en su corrección; y para mi sorpresa, pronto la polémica sobre el fondo o forma del mensaje se alterna con otra donde se esgrimen contundentes argumentos a favor y en contra del acento ortográfico en este caso: <small>
	<ul>
		<li><strong>#13</strong>   &#8220;comprobar cómo los comercios&#8221;, le han tachado la tilde. ¿No debería llevar tilde en este caso, al ser interrogativa indirecta?</li>
		<li><strong>#15</strong>   #13: estoy contigo: ese &#8220;cómo&#8221; lleva acento (salvo que una norma ortográfica que, evidentemente, desconozco, diga lo contrario).</li>
		<li><strong>#16</strong>   […] Aparte de lo del &#8220;como&#8221; que, como la norma es tan compleja, no me atrevo a decir si lo lleva o no.</li>
		<li><strong>#21</strong>   […]Respecto al cómo/como, yo tampoco lo tengo nada claro. Aquí lo explica, pero aun así no podría asegurar si lleva tilde o no.  www.rae.es/rae/gestores/gespub000018.nsf/(voAnexos)/arch8100821B768091</li>
		<li><strong>#22</strong> #13 Creo que en la última reforma la tilde del como es opcional.</li>
		<li><strong>#23</strong> #13 #15 Creo que ese &#8220;como&#8221; es sin acento porque se usa como adverbio relativo de modo, no es una interrogativa indirecta buscon.rae.es/dpdI/SrvltConsulta?lema=como <br />
#26 Fíjate que en esos ejemplos que has puesto estás esperando una respuesta, en la frase de la carta está afirmando, no preguntando.</li>
		<li><strong>#24</strong>   #21 Sí, yo también lo he leído. No lo sé. Yo sé que yo la pondría, pero no soy quién para decirle a un profesor de Lengua que está equivocado, la verdad.</li>
		<li><strong>#26</strong>   #13 #15 #18 No soy filólogo pero yo también creo que es correcto con tilde. Es un caso similar a<br />
&#8220;Repite qué has dicho&#8221;<br />
&#8220;No sé cómo se hace esto&#8221;<br />
etc.</li>
		<li><strong>#31</strong>   #13 Cuando &#8220;como&#8221; es equivalente a &#8220;que&#8221; no lleva tilde (Podemos comprobar como los comercios cierran -&gt; Podemos comprobar que los comercios cierran)</li>
		<li><strong>#99</strong>   #31 Ahí NO equivale a que. Aunque la frase siga teniendo coherencia cambia su sintaxis. <br />
comprobar cómo los comercios cierran = comprobar el modo en que los comercios cierran,<br />
Lleva tilde.</li>
		<li><strong>#240</strong>  #31  Lo que se dice con &#8220;cómo cierran los comercios&#8221; es &#8220;la forma en que cierran los comercios&#8221; se entiende, de forma apresurada y acelerada, para enfatizar el estado de crisis. La tilda está por lo tanto bien puesta. De todas maneras podría no llevar tilde como se explica después.</li>
		<li><strong>#250</strong>   #99 Lo que dices es correcto. Estas dos frases son correctas y se parecen, pero no son iguales.<br />
Vemos cómo cierran los comercios<br />
Así es como cierran los comercios </small><br />
(etcétera, etcétera, etcétera…)</li>
	</ul></p>

	<p>Entonces, ¿lleva tilde o no la lleva?</p>

	<p>Buena pregunta.</p>

	<p>Veamos: hace casi 177 años, <strong>José de Espronceda</strong> publicaba estos ya inmortales versos:<div align=center>A la voz de «¡barco viene!»<br />
Es de ver<br />
Como vira y se previene<br />
A todo trapo a escapar:<br />
Que yo soy el rey del mar<br />
Y mi furia es de temer.<br />
</div></p>

	<p>En casi todas las ediciones del siglo <span class="caps">XIX</span>, entre ellas el original de  “Poesías” (Imprenta de Yenes, Madrid, 1840), el tercer verso figura tal cual he transcrito, sin tilde en el “como”. Sin embargo, a medida que avanza el siglo XX, los editores y compiladores han ido optando cada vez más por la versión tildada: <a href="http://www.google.es/search?tbm=bks&amp;tbo=1&amp;hl=es&amp;q=%22como+vira+y+se+previene%22">Cómo vira y se previene</a> (algo tendrá que ver el que los antólogos se copien unos a otros sin mediar revisión alguna).</p>

	<p>Entonces, ¿lleva tilde o no la lleva?</p>

	<p>Buena pregunta.</p>

	<p><strong>Fernando Ávila</strong> en &#8220;Dónde va la tilde&#8221; (Ed. Norma, Bogotá, 2002), en un momento de inusitada ofuscación (supongo), suelta el siguiente párrafo:<br />
«Por lo demás, no se preocupe si no logra establecer diferencias claras entre conjunción, preposición y adverbio relativo. Lo importante es distinguir el <em>cómo</em> con tilde del <em>como</em> sin tilde, que es fácil si se tienen en cuenta que el que lleva tilde es tónico y el que no la lleva es átono. La confusión se puede presentar en oraciones completas, lo que hace indispensable la tilde diacrítica para establecer claramente el significado.»</p>

	<p>Advierto que casi toda <a href="http://www.librerianorma.com/autor/autor.aspx?p=zZq3k/tBJM1I63+6wny3ZA==">la obra de Ávila</a> es aceptablemente precisa y lúcida, aunque convengamos en que la anterior no es su mejor explicación; pero, a lo que vamos, ¿lleva tilde o no la lleva?</p>

	<p>Buena pregunta.</p>

	<p>La <strong>Real Academia</strong> de la cosa lingüística, en el documento web de <a href="http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000018.nsf/(voAnexos)/arch8100821B76809110C12571B80038BA4A/$File/CuestionesparaelFAQdeconsultas.htm#ap26">preguntas más frecuentes a la ortografía de 2010</a>, abunda en ligeras disquisiciones sobre la pronunciación átona o tónica del adverbio, conjunción o relativo para justificar la presencia o ausencia de tilde, y concluye con  esta perla:<br />
«Aunque los relativos, presenten o no antecedente expreso, son normalmente átonos y se escriben sin tilde, hay casos en que pueden pronunciarse tanto con acento prosódico como sin él. Esta doble posibilidad se da cuando los relativos introducen subordinadas relativas sin antecedente expreso, siempre que el antecedente implícito sea indefinido y tenga carácter inespecífico (<em>una persona, alguien, algo, algún lugar, nadie, nada,</em> etc.). Esto ocurre cuando la oración de relativo sin antecedente depende de verbos como <em>haber, tener, buscar, encontrar, necesitar</em>, etc., que admiten complementos indefinidos de carácter inespecífico. En estos casos es aceptable escribir el relativo tanto con tilde, reflejando la pronunciación tónica, como sin ella, representando la pronunciación átona.<br />
No tenía <strong>cómo/como</strong> defenderse de las acusaciones.»</p>

	<p>Discrepo en lo idóneo del ejemplo elegido ahí por los académicos; pero, insisto,  ¿lleva tilde o no la lleva?</p>

	<p>Buena pregunta.</p>

	<p>Pues bien, la <strong>Nueva Gramática</strong>, obra auspiciada por la Real Academia en 2009, máxima instancia de apelación a la que podamos someter este pleito, explica en su apartado 22.16b:<br />
«Con verbos de percepción, como ver, oír o escuchar, el adverbio <em>cómo</em> puede introducir interrogativas indirectas del tipo de las mencionadas en el apartado precedente: <em>No vi <strong>cómo</strong> lo hizo</em>. Sin embargo, en ocasiones es necesario distinguir entre la percepción del modo y la del hecho en sí. En la construcción <em>Ya verás cómo consigue ganar</em> (con el adverbio interrogativo <em>cómo</em>), se hace referencia a la manera de conseguir algo. En cambio, en <em>Ya verás como consigue ganar</em>, la conjunción <em>como</em> introduce una subordinada completiva que alude al propio hecho de la consecución. Se plantea un problema cuando la percepción del modo y la del hecho resultan inseparables, lo que hace difícil dilucidar si se trata de una interrogativa (<em>cómo</em>, con pronunciación tónica y acento gráfico) o de una completiva (<em>como</em>, con pronunciación átona y sin tilde). Por esta razón son admisibles las dos opciones que aparecen en <em>Ya verás {cómo/como} llegamos tarde</em>. Se registran a menudo casos en los que la variable tónica neutraliza las dos interpretaciones, incluso dando preferencia a la de hecho sobre la de manera: Observen <u>cómo</u> la Comisión Europea abrió ayer una investigación […]. Es habitual escuchar <u>cómo</u> el locutor despide con un abrazo a su invitado […]. Habían visto <u>cómo</u> las llamas se iban apoderando de los pisos intermedios […].»</p>

	<p>¿Se concluye entonces que, en la frase en cuestión, era correcta la tilde en <em>cómo</em>?</p>

	<p>Buena pregunta.</p>

	<p>Porque, unos capítulos más adelante, en el 43.3l, la citada gramática académica dictamina que… «el adverbio interrogativo <em>cómo</em> presenta usos difíciles de distinguir de los de la conjunción subordinante <em>como</em>. Aparece esta última en <em>Verás como sale corriendo</em>, donde no se alude a la forma en que se realiza la acción de correr (frente a lo que sucedería si cómo fuera adverbio), sino que se expresa un significado equivalente a <em>Verás que sale corriendo</em>. Aun así, la conjunción mantiene vestigios de la significación modal que posee como adverbio relativo, ya que la percepción del hecho en sí (en este caso, ‘salir corriendo’) es difícilmente separable de la percepción del modo en que se realiza.»</p>

	<p>Y añade: «La conjunción subordinante <em>como</em> es característica de las subordinadas sustantivas que complementan a ciertos verbos de percepción y juicio: Ya verás <u>como</u>, a la larga, todos saldrán beneficiados […]. Ha sido también una gran experiencia estar en compañía de tantas, tantísimas mujeres,  y comprobar <u>como</u> son muchos los que están empeñados […]. Podrá notar <u>como</u> la cadena no siempre cae perfectamente de un engrane a otro.»</p>

	<p>Pero entonces, ¿está diciendo que, al final, no debió usarse tilde en aquella carta?</p>

	<p>Buena pregunta.</p>

	<p>Lo que intento mostrar es que ni los editores de Espronceda, ni reconocidos correctores de estilo, ni la ortografía ni la gramática emanadas de la Real Academia Española son capaces de delimitar con claridad en qué casos se ha de usar aquella tilde y cuándo se ha de prescindir de ella.</p>

	<p>A estas alturas, ¿todavía cree usted que la Ortografía es una norma nítida, sin fisuras, incólume, infalible y omniscia?</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/21845/como-como-como-como-como</link>
		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 07:49:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-01-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/728cf0e127f4b8c455251533f0a1edcb</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Nueva miscelánea de errores</title>
		<description><![CDATA[<p>Como otros años por estas fechas finales del calendario, elijo como vértebras de esta columna un grupo heterogéneo de usos impropios del lenguaje que, por su simpleza, no dan para rellenar los párrafos mínimos que los editores de LdN me exigen.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Como otros años por estas fechas finales del calendario, elijo como vértebras de esta columna un grupo heterogéneo de usos impropios del lenguaje que, por su simpleza, no dan para rellenar los párrafos mínimos que los editores de LdN me exigen.</p>

	<p>Y, como en ocasiones anteriores, busco ejemplarizar la normativa lingüística con deslices cometidos por esos supuestos profesionales de la palabra escrita que se dedican a completar en la prensa diaria los huecos que les deja la publicidad. Nunca me decepcionan: los periodistas (algunos) son una inagotable fuente de errores, corrupciones, disortografías y resto de desmanes idiomáticos.</p>

	<p>No estoy hablando de solecismos recónditos ni extranjerismos en vías de naturalización o giros del lenguaje de intrincada y discutible morfosintaxis, que esto del idioma tiene a veces trampas donde el más cauto da de hocicos. Estoy refiriéndome a fechorías gramaticales que harían saltar las lágrimas (de risa o impotencia) a un docente de secundaria, y que una y otra vez son expelidas por quienes se arrogan la pluma como arma profesional.</p>

	<p>Pues puedo entender y disculpar algunas de estas infracciones en personas que no han tenido el privilegio de ser instruidas en destrezas comunicativas y que infrecuentemente se enfrentan a la tarea de redactar un texto que, en todo caso, será difundido en un entorno muy cercano y limitado.</p>

	<p>Pero ese no debiera ser el caso de quienes, tras recibir formación académica específica, se sientan ante folio o teclado cobrando por ello (poco y mal, cierto, pero eso no es excusa aquí) y que, para mayor inri, difunden su incorrecto mensaje a un impredecible número de hablantes a los que pueden contagiar los gérmenes lingüísticos que a ellos aquejan. Por esta responsabilidad, si no por mera profesionalidad, deberían tener un exquisito cuidado en respetar las normas que los hablantes nos hemos dado y que las academias de la cosa refrendan (en ese orden). Y si no ellos, porque errar es humano, los supuestamente más veteranos colegas y superiores en el escalafón editorial podrían poner más interés en supervisar en qué forma salen las palabras encadenadas camino de la imprenta o del código <span class="caps">HTML</span>, según cada caso. </p>

	<p>Constato que estas aberraciones son infinítamente más frecuentes en el idiolecto de las secciones deportivas, y créanme que ignoro el porqué. No veo yo que para contar los milagros de Messi o Nadal haya que ser menos pulcro que para relatar los incidentes en Damasco o advertir de las amenazas que se ciernen sobre los mercados bursátiles. Y sin embargo, empíricamente se demuestra que aquellos cometen más y más sangrientos atentados contra el rancio idioma castellano.</p>

	<p>Por ello, en un exceso de prurito que no venía a cuento, he procurado no cargar las tintas mostrando demasiados ejemplos provenientes de esta especialidad, así como de medios cuya realidad editorial desconozco (muchos de ellos latinoamericanos) y elegir preferentemente los de reputados medios y agencias; pues, de todos modos, ejemplos sobraban para cada caso.</p>

	<p>Como a continuación se demuestra:</p>

	<p><cite>&#8220;Aunque la prevención es <u>el mejor arma</u> contra la infección&#8230;&#8221;</cite> (La Razón, 30/11/2011)<br />
<cite>&#8220;Los trabajos de cimentación de la futura área de ampliación [&#8230;], y los de instalación de la estructura tubular que sustentará la cubierta metálica <u>del nuevo área expositiva</u> han concluido ya.&#8221;</cite> (<span class="caps">ABC</span>.es, 13/12/2011)</p>

	<p>Ante un sustantivo que comienza por &#8220;a&#8221; y termina por &#8220;a&#8221; deberían saltar las alarmas: casi todos son del género femenino, pero el uso tradicional hecho norma le otorga el artículo masculino cuando aparecen consecutivos y la primera sílaba es tónica: alba, ánima, área, arma, águila, ánfora, ánsia, agua, hacha, habla, arca,&#8230; </p>

	<p>Sin embargo esta deferencia no se aplica cuando entre artículo y sustantivo se coloca un adjetivo, y en ningún caso aquél pierde su caracter femenino, por lo que todas las referencias al mismo coordinarán en género. Es decir: &#8220;la prevención es la mejor arma&#8221; y &#8220;la nueva área expositiva&#8221;, respectivamente.</p>

	<p>Nunca he tenido muy claro el cómo-porqué de esta excepción gramatical, que no se aplica cuando el vocablo es un adjetivo (la alba casa, la árida tierra, la árdua tarea, la alta hierba) ni cuando al sustantivo lo precede un determinante distinto del artículo (esta área, aquella arma), lo que derriba el manido argumento de la cacofonía, que es lo que nos cuentan en la escuela. En realidad es una evolución en dos sentidos opuestos del mismo determinante latino: <em>illa</em>, que, por manías de los hablantes, ha perdido la &#8220;a&#8221; final en algunos casos y la &#8220;i&#8221; inicial en el resto.</p>

	<p>o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o</p>

	<p><cite>&#8220;Junqueras ha desvelado que <u>han habido gestos</u> del Gobierno catalán para agradar a los republicanos.&#8221;</cite> (Europa Press, 20/12/2011)<br />
<cite>&#8220;&#8230;estos pacientes no deberían haber sufrido lo que han sufrido si no <u>hubieran habido órdenes</u> desde arriba&#8221;</cite> (<span class="caps">ABC</span>.es, 30/11/2011)<br />
<cite>&#8220;En este sentido quiso dejar claro que si <u>hubiesen habido políticas</u> diferentes a la cultura del la especulación financiera&#8230;&#8221;</cite> (AndaluciaInformacion.es, 02/12/2011)</p>

	<p>El verbo <strong>haber</strong> es impersonal, no acepta más sujeto que un inasible ente de tercera persona singular. El resto de sus formas verbales solo existen para dar cabida a su función auxiliar (hace siglos se usaba también como sinónimo de poseer). Por tanto, si lo utilizamos en cercanías de un sustantivo, poca duda queda de que este no es sujeto sino objeto directo; y tal es la función que gestos, órdenes y políticas desempeñan en las frases citadas y, en consecuencia, debió escribirse ha/hubiera/hubiese habido, en singular.</p>

	<p>Dicha impersonalidad alcanza también al uso indirecto del verbo, es decir, cuando aparece en infinitivo introducido por verbos modales: poder, deber, tener, soler, &#8230; que en tal caso han de ir igualmente en singular de tercera persona:</p>

	<p><cite>&#8220;Si <u>van a haber pactos</u> entre candidatos, pues es posible&#8221;</cite> (La Razón, 11/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Si lo contamos es porque creemos que <u>tienen que haber muchos casos</u> similares al que hemos vivido nosotros&#8221;</cite> (Levante-<span class="caps">EMV</span>, 12/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Las cantidades están claras y <u>pueden haber otras ciudades</u> interesadas&#8221;</cite> (Canarias 7, 13/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Ha añadido que hay una línea roja por la que no <u>deben haber más recortes</u> de personal.&#8221;</cite> (Que.es, 9/12/2011)</p>

	<p>o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o</p>

	<p><cite>&#8220;Hay valores, sin embargo, que no forman parte del  <u>acerbo</u> moral de la transición.&#8221;</cite> (diarioinformacion.com (Alicante), 11/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Ese  <u>acerbo</u>, añade, sigue ahí y cuanto antes caiga el régimen de los Asad más fácil será recuperarlo.&#8221;</cite> (El País, 28/11/2011)<br />
<cite>&#8220;&#8230;posee un patrimonio lingüístico y  <u>acerbo</u> cultural a disposición de los que vendrán.&#8221;</cite>  (Lasprovincias.es (Valencia), 07/12/2011)</p>

	<p>El adjetivo <strong>&#8220;acerbo&#8221;</strong>, del latín <em>acerbus</em>, amargo, áspero al gusto y, por extensión, un mal trago en lo espiritual, conserva en castellano prácticamente el mismo significado. No es el caso del sustantivo <em>acervus</em>, que en la lengua de Roma era un conjunto de cosas materiales más o menos apiladas (pudiera traducirse por &#8220;montón&#8221;) pero en el español actual, <strong>&#8220;acervo&#8221;</strong>, casi exclusivamente se emplea para el conjunto de bienes inmateriales inherentes a una cultura o idiosincrasia y que, modernamente, puede también aplicarse a la herencia cromosómica: acervo genético.</p>

	<p>Uno supone que parte de la confusión es achacable al <strong>betacismo</strong>, característica fonética del español en toda su extensión geográfica. Ciertamente &#8220;acerbo&#8221; y &#8220;acervo&#8221; tienen idéntica pronunciación. Pero ambos términos son cultismos, vocablos de tan escaso uso y en contextos tan elitistas que me sorprende que quien los confunda ignore su auténtica ortografía, lo que me lleva a la sospecha de que, quien así obra, desconoce por completo la existencia del otro término,  creyendo que son el mismo.</p>

	<p>o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o</p>

	<p><cite>&#8220;Con todo, el asturiano desafía a la adversidad y lo primero que <u>le dijo a los médicos</u> es que estará en la final de la Champions&#8221;</cite> (<span class="caps">ABC</span>, 20/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Se trata de una relación que <u>le viene bien a las dos formaciones</u>.&#8221;</cite> (El Correo Digital, 20/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Y <u>le adelantó a los industriales</u> que si querían un dólar más alto deberían sentarse a hablar de la consecuencia sobre los precios.&#8221;</cite> (Clarin.com, 24/11/2011)<br />
<cite>&#8220;Los premiados en esta edición han sido el periodista Lorenzo Martínez en la categoría de Derechos por el impulso que <u>le dio a las asociaciones</u> vinculadas a la discapacidad&#8230;&#8221;</cite> (<span class="caps">ABC</span>, 24/11/2011)</p>

	<p>Para empezar, ¿qué necesidad tienen de plantar ese pronombre de dativo cuando el referente solo dista un par de espacios en la oración y puede suprimirse sin mayor problema?: &#8220;lo primero que dijo a los médicos&#8221;, &#8220;una relación que viene bien a las dos formaciones&#8221;.</p>

	<p>Pero vale, una vez empecinados en el <strong>pleonasmo</strong>, ¿no podrían al menos hacerlo concordar en número con el referente plural?: <u>les</u> dijo a los médicos, <u>les</u> viene bien a las dos formaciones, <u>les</u> adelantó a los industriales y <u>les</u> dio a las asociaciones.</p>

	<p>La probable respuesta común a ambas preguntas es que, en la mente del redactor, ese &#8220;le&#8221; intenta señalar al objeto directo, lo que no hace sino empeorar el panorama añadiendo a la infracción el cargo de leísmo en grado de tentativa.</p>

	<p>o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o</p>

	<p><cite>&#8220;Él irá a Defensa, <u>a pesar que</u> no está dentro de sus competencias.&#8221;</cite> (La Vanguardia, 22/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Fabra ha afirmado que, <u>en caso que</u> así fuera,&#8230;&#8221;</cite> (Público, 16/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Iglesias, <u>convencido que</u> habrá varios candidatos.&#8221;</cite> (<span class="caps">ADN</span>.es, 27/12/2011)<br />
<cite>&#8220;&#8230;Frederic Kanouté, del que su entrenador <u>está seguro que</u> acabará la temporada en la disciplina del club.&#8221;</cite> (<span class="caps">ABC</span> -Sevilla, 21/12/2011)<br />
<cite>&#8220;&#8230;una institución de la que ha dicho que <u>está seguro que</u> sabrá hacer lo que deba hacer.&#8221;</cite> (<span class="caps">ABC</span>, 13/12/2011)</p>

	<p>Se denomina <strong>&#8220;queísmo&#8221;</strong> a la omisión inadecuada de una preposición ante el relativo que introduce una oración subordinada. Cuando interviene un verbo, la fórmula interrogativa revela la preposición: &#8220;¿<u>de qué</u> está convencido?&#8221;, &#8220;¿<u>de qué</u> está seguro?&#8221;, pero en construcciones como &#8220;a pesar de&#8221;, &#8220;en caso de&#8221;, &#8220;a fin de&#8221;, etc, no hay más recurso que saber emplearlo correctamente. Algunos verbos, sin embargo, bailan en la cuerda floja y pueden o no acompañarse de la preposición indicando sutilísimos matices, como sucede con &#8220;informar&#8221; o &#8220;advertir&#8221;.</p>

	<p>Igual o peor caso es el <strong>&#8220;dequeísmo&#8221;</strong>, situación contraria en la que una impertinente preposición se instala donde nadie le dio vela, constituyendo un caso no ya de incorrección sino de hipercorrección, que para mí tiene mayor reprobación porque no delata al que no sabe sino al que finge saber:</p>

	<p><cite>&#8220;Rosa Díez, de UPyD, <u>dijo de que</u> sería «terrible» que el PP no les facilitara grupo.&#8221;</cite> (La Opinión de Zamora, 13/12/2011)<br />
<cite>&#8220;la Archidiócesis de Kinshasa <u>confirma de que</u> más de 21 heridos de bala a causa de los enfrentamientos&#8230;&#8221;</cite> (<span class="caps">COPE</span>, 14/12/2011)<br />
<cite>&#8220;Desde el PP <u>se explicó de que</u> las actividades paralelas que desarrollarán son de carácter «residual y desarrollo marginal».&#8221;</cite> (Sur.es, 21/12/2011)<br />
<cite>&#8220;En ese sentido, <u>indicó de que</u> «hay personas que comparecerán ante la fiscalía por la comisión de ese delito».&#8221;</cite> (<span class="caps">ABC</span>, 15/12/2011)</p>

	<p>o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o</p>

	<p>N.del A.: Los ejemplos citados han sido copiados literalmente de la publicación digital indicada en cada caso. Pueden existir diferencias respecto de la edición en papel, así como que podrían haber sido corregidas en la versión <em>web</em> con posterioridad a su captura.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/21660/nueva-miscelanea-de-errores</link>
		<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 08:01:46 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2011-12-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/5e98a420e9bd278588e61f0dfb7d4186</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Gerundios sin -g</title>
		<description><![CDATA[<p>Campin, parquin, pirsin, petin, son las propuestas de la Real Academia Española para algunos de los anglicismos de gerundio que entran en la casa del español. Pero ¿es realmente necesaria esa reconversión? Tal vez no.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En castellano, la forma sustantivada del verbo es casi exclusivamente el  infinitivo, mientras que el gerundio es un adverbio. Sin embargo, en idioma inglés el gerundio es mucho más versátil, y aunque también puede funcionar como adverbio, es propiamente un <strong>sustantivo</strong>, e incluso un adjetivo (<em>running shoes</em>, <em>flowering plant</em>);  además, esta destreza le confiere un abanico semiológico mayor que en nuestro idioma, produciendo formas aparentemente verbales que en castellano no lo son (<em>standing</em>, en pie; <em>smiling</em>, sonriente; <em>feeling</em>, sentimiento; <em>meaning</em>, significado).</p>

	<p>De esta forma, el inglés es capaz de transformar la acción en el objeto con una envidiable simpleza gramatical. Consideren, frente a esto, que en español no siempre coinciden, aunque a cambio podamos elegir entre el infinitivo y el substantivo de su acción y efecto: leer/lectura, conducir/conducción, etcétera.</p>

	<p>Y digo yo que será esta simplicidad de formas la que hace que el concepto que porta este sustantivo-gerundio inglés sea fácil de asimilar en otros idiomas que se encuentran en la encrucijada entre acoger al anglicismo o traducirlo, con frecuencia en una larga e incómoda perífrasis. </p>

	<p>Consideren, por ejemplo, tener que traducir “holding”, “catering” o “piercing” a un vocablo único e inequívoco. Con esta artimaña semántica el préstamo lingüístico se hace difícilmente rechazable.</p>

	<p>La Academia, fiel a su estilo, acepta a regañadientes esta avalancha de sustantivos foráneos, pero… propone que a <span class="caps">TODAS</span> estas voces, en la escritura castellana,  se les ampute la –g final, así como dejar en una las dobles consonantes y resto de transliteración fonética a la grafía tradicional de nuestro idioma.</p>

	<p>Y a un servidor de ustedes, estas recomendaciones le dejan el estómago dividido en dos: la parte que atiende al corazón y la que rige el cerebro.</p>

	<p>Pues, por el lado de lo cardiaco, uno entiende que los usos históricos del lenguaje exijan a los extranjerismos alguna norma de naturalización como se espera de cualquier inmigrante que desee integrarse en la comunidad a la que llega. El hispanohablante es muy reacio a articular consonantes oclusivas al final de la palabra, y las que hay son residuos etimológicos que el habla común desprecia con altanería: reloj se dice <em>reló</em>, Madrid es <em>madrí</em> o incluso <em>madriz</em>, chalet se ha hecho chalé (incluso escrito), y a Internet, claro, la decimos <em>interné</em>. Así que ciertamente esa –g terminal del gerundio anglo tiene pocas probabilidades de sobrevivir en lo fonético.</p>

	<p>De hecho, algunos términos ya colonizaron el español con naturalidad desprendiéndose de ella, como <strong>esmoquin</strong> (de <em>smoking</em>, fumar, pues era una prenda que se utilizaba para tomar el olor a tabaco y luego quitársela) o <strong>mitin</strong> (de <em>meeting</em>, encuentro, reunión).  (Algunos autores incluyen en esta relación a “budín” o “pudín”, de <em>pudding</em>, dulce tradicional navideño, pero yo rechazo esa etimología y creo que la voz castellana proviene del francés <em>boudin</em>, una especie de salchicha).</p>

	<p>Sin embargo, en tales casos el motor de cambio no fue tanto la prescripción académica como la natural evolución en boca y pluma de los usuarios pues, al fin y al cabo, prácticamente todo el léxico ha seguido ese protocolo, proviniera del latín, árabe, inglés o malayo.</p>

	<p>Pero, en el bando encefálico, me temo que es una recomendación complicada de seguir, al menos hasta sus últimas consecuencias. La mayor parte de esos vocablos sufijados con –ing pertenecen, de momento, a jergas profesionales: <em>dumping, holding, hosting, mailing, casting, training, rafting, travelling, handling, peeling, shopping, leasing, overbooking,</em> … y, aunque ocasionalmente hacen alguna incursión fuera de su recinto, no hacen demasiada mella en el habla cotidiana.</p>

	<p>Pero si hay algo más impermeable a la gramática convencional que las jergas profesionales son las jergas sociales, donde la palabra penetra envuelta en un halo cultural que la hace sagrada y aquel miembro de la tribu que intente profanarla es inmediatamente ridiculizado por el resto de los adeptos.</p>

	<p>Pero, además, tampoco estoy muy seguro de que sea factible ni positivo en todos los casos.  En ocasiones porque el vocablo no proviene realmente de un idioma concreto, sino de un cierto idioma global, caso de los toponímicos pero también tsunami, huracán (hace cinco siglos ya), samurái, radar, internet, etcétera. Y en otros casos porque la palabra es reciente y tal vez no dure lo suficiente como para que merezca la pena que la comunidad de hablantes haga el esfuerzo de vestirla como <del>Dios</del> la Real Academia manda.</p>

	<p>Permítanme, en este tema del gerundio inglés, exponer un par de ejemplos de cada caso:</p>

	<p>· <strong>Campin</strong>, plural cámpines, es la recomendación de la Real Academia para el recinto destinado a albergar campistas, ya sean de tienda, remolque o vehículo. No cuesta nada, es cierto, retirar esa “-g”; sin embargo, un cámping suele ser un lugar donde se establecen turistas de muy distinta procedencia idiomática y, por eso mismo, la denominación se ha universalizado, al igual que sucede con “hotel” (palabra de origen francés, su equivalente castellano tradicional sería ‘posada’) o “taxi”: prácticamente en cualquier lugar en que usted se encuentre, cualquiera que sea el idioma o alfabeto local, estos negocios estarán identificados con estos caracteres.  ¿Vamos entonces ahora los hispanohablantes a romper esta uniformidad basándonos en una chauvinista defensa de nuestro idioma? </p>

	<p><strong>Manuel Seco</strong>, reputado académico y muy serio con estas cosas, en su día proponía y escribía “cámping”, así, con tilde, para cumplir escrupulosamente con la norma de palabra llana terminada en consonante no ene ni ese; y aceptaba, qué remedio, el plural irregular “cámpings”. No me parece mala opción.</p>

	<p>Como alternativa al anglicismo se han propuesto “acampada” o “campamento”. Sin embargo, el hispanohablante diferencia claramente el negocio turístico regulado y organizado con sus recursos y servicios, de la implantación espontánea de tiendas de campaña en territorio libre, y aun matiza como “acampada” cuando es de naturaleza civil y “campamento” cuando lo es militar.</p>

	<p>Lo que ya no me parece tan lógico es tener que usar dos palabras: “hacer cámping”, cuando existe el castellano “acampar” (la afición a esta actividad, en cualquier caso, sería “campismo”), como tampoco veo necesario construir la locución adjetival “de cámping” donde perfectamente puede emplearse “de campaña” (botas de campaña, cocina de campaña, tienda de campaña, …). </p>

	<p>· <strong>Parquin</strong>. El espacio reservado al estacionamiento de vehículos, a criterio de la <span class="caps">RAE</span>, debe escribirse sin la –g ya citada, pero además, ya puestos, sustituyendo la “k” por el dígrafo “qu”. <strong>Martínez de Sousa</strong> (Diccionario de usos y dudas, Vox, 2001) considera que esa españolización “no sería un acierto, sino todo lo contrario”. Coincido.</p>

	<p>Al igual que en el anterior caso, la palabra goza de un uso mundial bien asentado, siempre en su escritura original. Es pues poco probable que los establecimientos de este ramo acaten la recomendación: imagínense que los viajeros tuvieran ahora que ir buscando un letrero escrito al uso gráfico de cada idioma (parchin, paarkieng, bahrqim, barging, …) para encontrar dónde dejar su automóvil a salvo de multas antes de pasear por el centro urbano. Y, por otro lado, la propia Ortografía oficialista de 2010 acepta el uso de la “k” cuando así esté en la lengua de origen.</p>

	<p>Personalmente creo que la solución más elegante es la de emplear “estacionamiento” o “aparcamiento” en la narrativa y reservar “parking” (o párking), tal cual, para el uso comercial. Aunque reconozco que es poco probable que suceda, pues sería vivir una realidad y escribir otra distinta.</p>

	<p>· <strong>Pirsin</strong>. Tal es la grafía que la Real sugiere para la práctica de taladrarse los tegumentos para insertarse una anilla metálica, o sea, el <em>piercing</em>. La palabra, ciertamente, tiene mala traducción, no creo que “punzamiento” o cosas así puedan tener éxito. Resulta curioso que una costumbre que nuestra especie viene luciendo desde que habitaba cavernas no hubiera recibido denominación en castellano, pero tal parece el caso.</p>

	<p>Aquí,  lo inadecuado de la recomendación es más bien una sensación de brindis al sol, porque tengo para mí que el estrato social donde más se maneja el término no es especialmente sumiso a los dictados académicos. Desde luego no veo yo a quienes ejecutan esta cirugía menor poniendo en sus escaparates un letrero donde anuncie: <strong>“Se hacen pírsines”</strong>. Sinceramente lo veo poco probable. Y por otro lado, si bien el término es ya de uso común, tampoco es que esté todo el día en boca de todos; al final podría resultar que en unos años se pasara de moda y la recomendación académica se quedara para vestir santos.</p>

	<p>· <strong>Petin</strong>. Supongo que esta sería, siguiendo la norma, la opción para el <em>“petting”</em>, práctica sexual típica de adolescentes que consiste en toda suerte de caricias íntimas con la condición de no pasar “a mayores”. La palabra, por curiosidad, proviene de <em>“pet”</em>, mascota, y aunque algunos dicen que sugiere las caricias que se le hacen a perros, gatos y otros bichos domésticos, tengo por más verosímil que refiere a los obscenos meneos que estos animalitos realizan aferrados a la espinilla de sus amos o visitas. Proviene de Estados Unidos donde surge probablemente en los 60, y aunque ya en los 70 aparece documentada en estudios de sexología, no es sino hasta la era de internet que se difunde a todo el mundo angloparlante y no angloparlante.</p>

	<p>El lenguaje adolescente tiene también sus normas y una de ellas es que se abandona voluntariamente fuera del entorno protegido de los amigos, así que es poco probable que el anglicismo salga de su reducto juvenil y mucho menos que colonice la literatura; y voz que no se escribe poca esperanza de vida tiene.</p>

	<p>Pero en este caso concreto tengo yo mi prurito personal. Porque ya teníamos en castellano un buen surtido de verbos para esta lasciva actividad; cosa lógica, por otro lado, porque me da que eso ya se hacía en tiempos de Quevedo e incluso antes. <strong>Magrear</strong>, <strong>sobar</strong> o el muy castizo <strong>“meterse mano”</strong> (aunque no fuera la mano el único músculo implicado) gozan de un rancio y muy canónico historial en nuestro idioma. No sé entonces si es por moda o tal vez un eufemismo, y a los jovencitos y jovencitas de hoy les parezca más digno &#8220;hacer <em>petting</em>&#8221; que magrearse como posesos, pero que sepan que era esto último lo que hacían sus ancestros en similares circunstancias.</p>

	<p>No entiendan que con esta exposición trato de dinamitar la labor académica. Quien buenamente quiera que siga sus recomendaciones, ¡faltaría más!; pero si no lo hacen, a mi juicio (y al de algún otro más cualificado que yo), tampoco pasa nada. Es pecado venial, o igual ni siquiera es pecado.</p>

	<p>Y por otro lado, como dije, el idioma tiene sus propios e inexorables mecanismos para acoger o rechazar, y si estas palabras han de quedarse entre nosotros ya perderán ellas solitas la –g o lo que tengan que perder.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/21492/gerundios-sin-g</link>
		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 08:32:56 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Morningsingers</title>
		<description><![CDATA[<p>Mi disgusto proviene hoy de quienes emplean expresiones en crudo inglés sin más aparente necesidad que suponer que hablar así es <em>cool</em>, o sea, <em>fashion</em>.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Un vistazo a la cartelera cinematográfica de mi barrio: “Johnny English returns”, “Intruders”, “Paranormal activity 3”, “Animals united”, “Crazy, stupid, love”, “Margin call”, “Transgression”,  “Another year”, “Somewhere”, ”One day”,…</p>

	<p>Un momento: debo aclarar que “mi barrio” no es Queens, ni Chelsea ni Kildare, sino que está en una población española donde la lengua oficial y prácticamente única es el español.  Durante un instante pienso que por fin los exhibidores ibéricos han entrado en razón y empiezan a proyectar las obras en versión original. Sean comprensivos, un instante de estupidez lo tiene cualquiera. De hecho, el título original de uno de los filmes antes citados es <em>“Konferenz der tiere”</em>, luego ni siquiera me vale el argumento de que se haga inspirado en el respeto debido a la denominación del autor a su obra.</p>

	<p>Me temo que esta novísima costumbre de bombardear al ciudadano con expresiones en inglés responde exclusivamente a una estrategia de <em>marketing</em>, idéntica a la tienda de ropa que me ofrece desde su escaparate &#8220;ofertas en <em>urban</em>, <em>casual</em> y <em>sportwear</em>&#8221;. Añagaza publicitaria que tal vez intenta dar a entender que la denominación en inglés incrementa la calidad del producto, aunque las etiquetas especifiquen bien claramente que son <em>made in China</em>.</p>

	<p>Algo habrá de eso cuando los bienes de consumo que más recurren al método son del tipo <em>luxury</em>: coches, relojes, perfumes (atentos a la inminente campaña navideña: casi todas las fragancias se anunciarán en la lengua de Albión).</p>

	<p>Nótese que no hablo hoy de anglicismos más o menos innecesarios ni préstamos lingüísticos de ninguna categoría. El autor de esta columna tiene asumido que el tránsito de términos entre lenguas es más una fuente de riqueza que de perversión idiomática, y, mal menor, es uno de los mecanismos naturales de evolución de las lenguas y fruto inevitable de la transmisión de tecnologías e ideas entre las culturas.</p>

	<p>Tampoco me estoy refiriendo al <em>Espanglish</em>, al menos considerando este como una expresión cultural genuina que se cuece a ambos lados del Rio Grande; ni a las jergas técnicas o profesionales, que siempre se trufaron de términos específicos y arcanos.</p>

	<p>Mi disgusto proviene hoy de quienes emplean expresiones en crudo inglés sin más aparente necesidad que suponer que hablar así es <em>cool</em>, que está <em>on</em>, o sea, <em>fashion</em>, no sé si víctimas de la imagen publicitaria antes citada. Aunque no es ninguna novedad, siempre hubo quien pensara que hablar con palabras o frases de un idioma dominante le daba categoría, en décadas no tan remotas fue el francés el que se imponía, y ya Antonio de Guevara se burlaba de algunos autores trasnochados de su época diciendo aquello de que “rebuznar en latines, rebuznar es”. </p>

	<p>Culturetas vanos que anegan la conversación con <em>celebrities, feeling, look, fashion, <del>reality</del>, premier, singles, light, backstage, speech, tips, pool, background, feedback, support, outsourcing, staff, premium, coaching, training, testing</em>, …  Alguien debería decirles que parecen un anuncio de Vueling (en realidad, hablan en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fromlostiano">fromlostiano</a>).</p>

	<p><div class='derecha'><img src="https://librodenotas.com/images/2614.jpg" width=280 title="© Forges" style="margin:3px;padding:0px 0px" align=right></div>Tal vez alguno llegue a creer que esta avalancha de terminología foránea puede redundar en una mejora del vergonzoso nivel de idioma extranjero que secularmente padecemos los hispanohablantes (ya he dicho antes que un pensamiento estúpido le asalta a cualquiera). Tan peregrina idea choca con el hecho contrastable de que casi siempre emplean el vocablo anglosajón, pero pronunciado al castizo modo de su pueblo de origen, y así escuchamos “llunited”,  “creizi” (con genuina zeta trianera), “rreturns” (con esa erre que ningún angloparlante puede pronunciar sin fastidiarse la laringe), o hacen aguda “fidbak” (mientras que el original inglés <em>feedback</em> es llana).</p>

	<p>Reconozco que todo lo antedicho es una simple pataleta. Ni por un momento se me ocurre pensar que esa horda le vaya a hacer siquiera un arañazo al castellano. Ni aun cuando lo perpetren desde plataformas mediáticas que se tienen por serias:
	<ul>
		<li>“Esta gurú de la industria de productos <em>premium</em> está convencida…” (Expansión.com)</li>
		<li>“La mayoría de los <em>singles</em> entrevistados rechazan que buscar pareja sea su primera motivación” (El País)</li>
		<li>“Hay jueces cuyo <em>background</em> habla por sí solo.” (La Vanguardia)</li>
		<li>“…cuando ya había arrancado el <em>speech</em> presidencial” (La Nación – Argentina)</li>
		<li>“… unas críticas sensacionales después de su <em>premier</em> mundial” (El Imparcial)</li>
		<li>“El <em>premier</em> japonés viaja a Fukushima” (El Mundo) (transijamos con el tratamiento de “premier” atribuido al inquilino del 10 de Downing Street, pero fuera de ahí es francamente inadecuado).</li>
		<li>“Ambos dependían de un crédito de 300 millones que debía conceder un <em>pool</em> bancario” (El Mundo)</li>
		<li>“Este buen <em>&#8216;feeling&#8217;</em> lo ha padecido Patxi López” (El Correo Digital)</li>
	</ul></p>

	<p>En fin, retazos, pinceladas que, personalmente, solo me transmiten la calidad mental del periodista que firma y que me permito generalizar al resto de su trabajo.</p>

	<p><a href="http://www.elcastellano.org/span2.html">Xosé Castro y el <em>Ciberespanglish</em></a><br />
<a href="http://www.eldiplomatico.com/2002/09/consultor.html">Y un poco de humor</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/21318/morningsingers</link>
		<pubDate>Fri, 28 Oct 2011 07:45:56 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2011-10-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/b22852d0910ff1367c815e152df98e8e</guid>
	</item>
	<item>
		<title>RAE S.L. </title>
		<description><![CDATA[<p>El Sr. Soca recibió el otro día una comunicación algo petulante, donde un abogado al servicio del grupo editorial <strong>Planeta®</strong>, que afirma actuar &#8220;en nombre y representación de la <strong><span class="caps">REAL</span> <span class="caps">ACADEMIA</span> ESPAÑOLA®</strong>&#8221;, le insta a retirar una pieza de su página web.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hace años que estoy suscrito al servicio “La palabra del día” proporcionado por <a href="http://librodenotas.com/www.elcastellano.org">www.elcastellano.org</a>, recibiendo en mi correo electrónico una reseña etimológica siempre curiosa, a la que vienen añadiéndose secciones como la traducción de un latinajo, alguna propina gramatical, etc. Con periodicidad casi diaria, <strong>Ricardo Soca</strong> remite desde su vivienda en Montevideo, Uruguay, esta postal del lenguaje a más de 200.000 direcciones, un servicio completamente gratuito para el suscriptor.</p>

	<p>A más de ello, la página de Soca incluye muchas otras secciones, como un docto consultorio gramatical y una exhaustiva colección de referencias a noticias relacionadas con el mundo lingüístico en los países de habla hispana. Revelaré que, en más de una ocasión, han sido menciones halladas en la web del uruguayo las que me han puesto en la pista de alguna curiosidad del idioma que me permita justificar el folio largo que se vierte mensualmente en esta humilde columna que están ahora leyendo.</p>

	<p>Ricardo Soca, periodista, es el propietario, artífice y colaborador único de esa página que lleva la friolera de 15 años (recuerde: usábamos módem a 19Kbps) difundiendo las glorias y sombras de su lengua nativa, en la que esto escribo, movido –hasta donde yo sé- únicamente por el amor a la misma, pues dudo de que la publicidad que aloja dé para mucho más que el coste de servidores y servicios.</p>

	<p>Pero eso me da igual: si Soca se está enriqueciendo con la afluencia de visitantes a <strong>“La página del idioma español”</strong> y las ventas de sus libros y cursos que en ella publicita, mejor para él. Yo, y el común de los internautas, obtenemos de él un servicio y una fuente de información gratuita y fidedigna (que no es poco, y menos esto último). Sépase, en fin, que sus contenidos están considerados entre los más interesantes en este mundillo de quijotescos defensores virtuales del idioma y su labor mencionada, entre otros, por el Instituto Cervantes o la Fundeu.</p>

	<p>El caso es que, el Sr. Soca recibió el otro día una comunicación <a href="http://elcastellano.org/ns/edicion/2011/septiembre/intimacion.html">algo petulante</a>, donde un abogado al servicio del grupo editorial <strong>Planeta®</strong>, que afirma actuar &#8220;en nombre y representación de la <strong><span class="caps">REAL</span> <span class="caps">ACADEMIA</span> ESPAÑOLA®</strong>&#8221;, le insta a retirar una pieza de su página en la que, con sus propios medios, iba recopilando una comparativa entre las entradas del vigente Diccionario de la Real Academia Española© y las actualizaciones que esta misma institución viene adelantando orientadas a la próxima edición del infolio académico. O eso o que se atuviera a las consecuencias jurídicas derivadas de haber presuntamente contravenido la <a href="http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/l34-2002.html"><span class="caps">LSSI</span></a>, el artículo 270 del Código Penal e incurrir en “Competencia Desleal” (sic) según la <a href="http://noticias.juridicas.com/base_datos/Privado/l3-1991.html">Ley 3/1991</a> (no aclara el jurista en base a qué apartado, ¿revelación de secretos?).</p>

	<p>Estoy seguro de que, en caso de culminarse la amenaza, Soca podría esgrimir ante el tribunal el derecho a cita reconocido en el <strong>artículo 32.1 de la <span class="caps">LSSI</span></strong>:<br />
<div class='clara' style="background-color:#ffcccc; border:2px solid  #ff8888">Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual,[…] siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico. Tal utilización sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada.</div></p>

	<p>No estoy seguro, claro, de que el juez reconociera este derecho en la labor del uruguayo, y ciertamente éste se “olvidó” de incluir mención explícita a la fuente, tal vez suponiendo que quedaba meridianamente claro que se trataba de extractos del diccionario publicado “en abierto” en las páginas de www.rae.es©. En cualquier caso, nunca lo sabremos pues la sección correspondiente ha sido amputada de elcastellano.org ante el requerimiento antedicho y para no meterse en follones, que pleitos tengas…</p>

	<p>(Recuerdo que hace meses, el propio Sr. Soca tuvo un cierto meneo de derechos intelectuales con el blog Supercastellanía que reprodujo parte de su trabajo sin su permiso explícito).</p>

	<p>Tampoco voy a pensar, pues carezco de pruebas, que este interés en desvincular las referencias a www.rae.es© desde la página de Soca tenga algo que ver con la posición crítica que el periodista uruguayo mantiene con algunas de las políticas de la Real Academia.  Me pregunto si han obrado o piensan obrar de igual forma con wordreference.com, dirae.es, rinconcastellano.com, drae2.es y otros que, a diferencia de las páginas suprimidas que era una compilación &#8220;manual&#8221; y finita, no realizan más labor que una consulta directa a la web original de la RAE®.</p>

	<p>Pero al margen de implicaciones leguleyas, doctores tiene esa iglesia, lo que me deja estupefacto es la afirmación fehaciente, por parte del representante de Planeta®, de que obra de esta guisa bajo poder legal concedido por la Real Academia Española® para la gestión de los derechos de propiedad intelectual de los contenidos web (no de las ediciones en papel, que tendría sentido aunque su ética sea discutible). Cesión de derechos que, intuyo con maldad, lleva aparejada una cifra en moneda de curso legal, que no conozco yo gabinete jurídico que mueva un dedo si no hay un movimiento paralelo en las cuentas corrientes.</p>

	<p>Creo que la institución académica debería plantearse su modelo económico e institucional. No se puede servir a dos señores a la vez. O se es una institución pública, sostenida con cargo a los presupuestos estatales (y consecuente auditoría) y cuya labor se desarrolla al servicio de los hablantes y a mayor gloria de la disciplina lingüística y el idioma, o se autorreconoce como una institución privada, con legítimo ánimo de lucro y derecho a contratar con quien le venga en real gana pero, claro, desposeída de su privilegio como autoridad inapelable del idioma.</p>

	<p>Porque hay que recordar que la Real Academia Española® goza de capacidad normativa. Esto es, que si ella decide que <em>covarde</em> se ha de escribir con v, que el pronombre de CD ha de anteceder al CI (<em>“lo te dije”</em>) o que “purrismo” es un sustantivo sinónimo de “gofleta”, pues nos lo hemos de comer con patatas, porque lo ha dicho la RAE® y punto.</p>

	<p>Y digo yo que el ejercicio de esta autoridad debe hacerse desde una total independencia y transparencia, no ya por el dinero que sustraiga de mis impuestos sino porque de ella depende la calidad de un idioma patrimonio común de 400 millones de hablantes y plasmada en una incalculable riqueza literaria e histórica que es, a su vez, patrimonio de la humanidad, presente y futura.</p>

	<p>Y me temo que esto es meridianamente incompatible con la sumisión a los intereses comerciales de capital privado. Que la mujer del césar, además de ser casta tiene que aparentarlo, y a esta señora se le ve demasiado en compañía de amistades “poco recomendables”.</p>

	<p><a href="http://elcastellano.org/ns/edicion/2011/septiembre/intimacion.html">La versión del Sr. Soca</a><br />
(Lo lamento, pero no tengo la versión de Planeta-<span class="caps">RAE</span>)<br />
<a href="http://jamillan.com/librosybitios/">En Libros y Bitios</a><br />
<a href="http://portal.educ.ar/noticias/entrevistas/ricardo-soca-el-mayor-enemigo-1.php">Entrevista a R.Soca en Noviembre de 2004</a><br />
<a href="http://www.elobservador.com.uy/noticia/208965/tras-las-huellas-del-significado-/">Entrevista del pasado 10/09/11 en El Observador</a><br />
<a href="http://www.fundeu.es/noticias-articulos-el-uruguayo-ricardo-soca-descubre-el-origen-de-los-vocablos-con-palabras-fabulosas-6530.html">Reseña en Fundeu</a><br />
<a href="http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:Orwpvr4i4agJ:www.elcastellano.org/cgi-bin/diff.pl%3Fpalabra%3Dalguacil">Versión caché de una de las páginas suprimidas</a></p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/21132/rae-sl</link>
		<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 08:13:53 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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		<title>Dudas mayúsculas</title>
		<description><![CDATA[<p>Frente a la oleada de uso “compulsivo” de la mayúscula que vengo detectando en medios impresos y digitales, y toda vez que, supongo, muchos lectores dan por supuesto la corrección ortográfica de estos voceros, me permito, este último domingo de agosto en que no se me ocurre mejor temática, llamar la atención sobre algunas dudas “mayúsculas”.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La regla general es que la mayúscula inicial, además de la normativa asociada a la puntuación, se utiliza para identificar un nombre propio, esto es: aquel sustantivo que designa a una entidad singular, específica e inconfundible; sean pues nombres y apellidos de personas o personajes, accidentes geográficos, toponímicos, regiones y países, organizaciones, títulos de obras artísticas o literarias, marcas registradas, etcétera.</p>

	<p>Fuera de esta regla,  y ante la duda, es mejor emplear la minúscula o, mejor todavía, remitirse a un manual de ortografía o de estilo. La reciente <strong>“Ortografía de la lengua española”</strong> dedica un capítulo entero a las funciones y usos de este rasgo gráfico con una encomiable minuciosidad de análisis de casos y excepciones. Lamentablemente, este material, conteniendo la norma más uniforme del idioma para 400 millones de hablantes, no está disponible en línea por razones que se escapan a mi comprensión.</p>

	<p>Empero, frente a la oleada de uso “compulsivo” de mayúsculas impertinentes que vengo detectando en medios impresos y digitales, y toda vez que, supongo, muchos lectores dan por supuesta la corrección ortográfica de estos voceros, me permito, este último domingo de agosto en que no se me ocurre mejor temática, llamar la atención sobre algunas dudas “mayúsculas”.</p>

	<p>Comencemos con los <strong>títulos</strong> y nombres de dignidades humanas, donde hay una fuerte tendencia a emplearlos en mayúscula cuando no hay razón lingüística alguna, ya que hablamos de nombres comunes.</p>

	<p>Al igual que no escribimos “el Gerente nos convoca a una reunión” o “el Fontanero vendrá mañana”, tampoco hay necesidad de usar la mayúscula para cualquier otro cargo, profesión o título por más dignidad o encumbramiento que conlleve. Esto reza para el presidente, el nuncio, el embajador, el rey, el emperador, el papa o la duquesa. Sobra, por tanto, aplicar mayúscula en los siguientes ejemplos:</p>

	<p><cite>Sin embargo, ayer, la Duquesa<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> quiso poner fin a las especulaciones</cite> (<a href="http://www.larazon.es/noticia/4949-un-duque-de-alba-para-octubre">La Razón</a>)</p>

	<p><cite>El balance de la <span class="caps">JMJ</span> que realiza el Papa<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> no puede ser más positivo</cite> (<a href="http://www.abc.es/20110825/sociedad/abcp-papa-espera-vocaciones-tras-20110825.html"><span class="caps">ABC</span></a>)</p>

	<p><cite>&#8230;en la agenda de la Familia Real<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> correspondiente a las próximas semanas también destaca la apertura del año judicial en Madrid</cite> (<a href="http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=908020"><span class="caps">ABC</span></a>)</p>

	<p>(Anecdóticamente, en bastantes páginas he encontrado el caso en mayúscula para, en el párrafo siguiente, apearlo a minúscula. Dejemos claro que si el escritor o periodista, por la razón que sea, opta por un uso u otro, deberá ser al menos coherente y uniforme con esta regla en todo su escrito).</p>

	<p>Otro uso frecuente y asimismo incorrecto es el de otorgar inicial mayúscula a <strong>patologías</strong>, especialmente cuando la denominación le fue otorgada en honor de un científico (normalmente el que lo descubrió) o un topónimo: alzhéimer, párkinson, chagas, ébola, …</p>

	<p><cite>La reina asumirá asimismo un protagonismo especial en la cumbre internacional sobre el Alzhéimer<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small></cite> (<a href="http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=908020"><span class="caps">ABC</span></a>)</p>

	<p><cite>Las treinta plazas disponibles en el centro de día especializado en enfermos de Alzhéimer<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small></cite> (<a href="http://www.lavozdegalicia.es/ourense/2011/08/24/0003_201108O24C11999.htm">La voz de Galicia</a>)</p>

	<p><cite>&#8230;dos equipos de investigación informan de que han identificado una proteína crucial que el virus del Ébola<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> explota para causar infecciones mortales</cite> (<a href="http://www.europapress.es/salud/noticia-investigadores-centran-estudio-proteina-esencial-infeccion-virus-ebola-20110825095533.html">Europa Press</a>)</p>

	<p>No obstante, sí se ha de emplear la letra capital cuando se use como complemento calificador de un nombre común: enfermedad de Párkinson, mal de Chagas, fiebre de Ébola; y cuando forme parte del nombre de un organismo o institución (como es regla general para estos casos): Año Internacional para la Investigación en Alzhéimer, Asociación de Familiares de Pacientes de Párkinson.</p>

	<p>Respecto de los <strong>accidentes geográficos</strong>, nuestra común ortografía establece que el sustantivo que refiere al tipo de accidente debe ir en minúsculas, mientras que, por supuesto, el nombre propio que lo identifica será en mayúscula. Sin embargo, tal vez debido al matrimonio indisoluble de estas denominaciones, con frecuencia se emplea, mal, el común en mayúscula:</p>

	<p><cite>&#8230;sospecharon de un pasajero por la gran cantidad de prendas de abrigo que llevaba &#8220;considerando que su lugar de destino eran las Islas<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> Canarias, donde habitualmente la temperatura no baja de los 20 grados&#8221;</cite> (<a href="http://www.larazon.es/noticia/9983-le-descubren-13-kilos-de-cocaina-porque-llevaba-demasiada-ropa-de-abrigo-a-canarias">La Razón</a>)</p>

	<p><cite>Seis personas, tres de ellas niños, murieron ayer apuñaladas en la isla de Jersey, situada en el Canal<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> de la Mancha, en Reino Unido</cite> (<a href="http://www.elpais.com/articulo/internacional/Mueren/apunaladas/personas/isla/Jersey/elpepuint/20110815elpepuint_3/Tes">El País</a>)</p>

	<p>Hay algún un caso límite: <strong>Islas Baleares</strong> es la denominación oficial (Illes Ballears, en el <em>Estatut</em>) del territorio autonómico que comprende el archipiélago balear. En puridad debería entonces usarse la mayúscula “Islas Baleares” para referirse a la entidad administrativa, pero la minúscula “islas Baleares” para el conjunto geográfico. Para mayor claridad prescíndase en aquel caso del artículo determinado:</p>

	<p><cite>De este modo, el crecimiento del turismo también se proyecta en la estadística por comunidades autónomas, especialmente en <strong>Islas Baleares</strong></cite> (<a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2011/08/02/baleares/1312273115.html">El Mundo</a>)</p>

	<p>De igual modo, tampoco hay razón para otorgar inicial mayúscula a los <strong>adjetivos pospuestos a accidentes geográficos</strong>, aunque sea la denominación usual: península ibérica, islas británicas, cordillera cantábrica, al igual que no se la ponemos a “costa mediterránea”, “islas caribeñas” o “estepa rusa”. </p>

	<p><cite>No es el momento de llevar osos desde la cordillera Cantábrica<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> a los Pirineos</cite> (<a href="http://www.lne.es/asturias/2011/08/25/principado-descarta-apoyar-trasvase-osos-pardos-pirineos/1120375.html">La Nueva España</a>)</p>

	<p><cite>La zona con mayor actividad sísmica de la Península<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> Ibérica<small><font color="#FF0000"><sup>(x)</sup></font></small> es la zona meridional</cite> (<a href="http://www.publico.es/392547/cuales-son-las-regiones-de-la-peninsula-con-mayor-actividad-sismica">Público</a>)</p>

	<p>Sin embargo, cuando el sustantivo común ejerce de <strong>antonomasia</strong>, es decir, sustituye por idoneidad al nombre propio que se omite, debe figurar en mayúscula. En este caso hay que suponer que en el mensaje se sobreentiende a qué entidad geográfica se refiere:</p>

	<p><cite>Los termómetros se mantendrán estables a lo largo del fin de semana en toda la <strong>Península</strong></cite> (<a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2011/08/26/espana/1314367472.html">El Mundo</a>) [Ibérica]</p>

	<p><cite>…es preciso garantizar la &#8220;permanencia&#8221; de cuestiones como la bonificación de las tasas aeroportuarias que se aplica en las <strong>Islas</strong></cite> (<a href="http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=907596"><span class="caps">ABC</span></a>) [Canarias]</p>

	<p><cite>…anunció también que los cancilleres de los países del <strong>Golfo</strong> se reunirán pronto para discutir la situación en Siria</cite> (<a href="http://www.infobae.com/notas/598398-Ofensiva-diplomatica-del-golfo-Persico-contra-Siria.html">Infobae.com</a>) [Pérsico]</p>

	<p>Seguramente podría continuar <em>ad nauseam</em> con el rosario de irregularidades que en este aspecto ortográfico se vierten continuamente por gentes cuya profesión remunerada es la de escribir y que, ya que rara vez lo hacen objetivamente, al menos podrían hacerlo correctamente; pero, por el lado de mis lectores, no deseo aburrir; y por mi lado egoista, permítanme reservar material para poder volver por aquí algún otro domingo veraniego sin mucho tiempo ni ideas.</p>

	<p>Por si quieren ampliar el tema: http://reglasdeortografia.com/mayusculas.html</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/20955/dudas-mayusculas</link>
		<pubDate>Sun, 28 Aug 2011 09:51:11 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Relaciones de pareja (y II): Revueltos pero no juntos.</title>
		<description><![CDATA[<p>Si, como vimos en la anterior entrega, la relación marital no legalizada es prolífica en la generación de eufemismos y sentidos encubiertos, imagínense la extramarital. Repasemos algo del léxico que los hispanohablantes nos hemos dado para estos casos.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Previene <strong>Covarrubias</strong> a propósito de <strong>&#8220;manceba&#8221;</strong> (que, por cierto, diferencia del masculino &#8220;mancebo&#8221;): <cite>&#8220;Este término se toma siempre en mala parte&#8221;</cite>, dando a entender que, si bien su significado natural sería <cite>&#8220;por la mujer soltera que tiene ayuntamiento con hombre libre, porque esto suele comúnmente suceder entre mozos y mozas”</cite>, añade que <cite>“confúndese la significación extendiéndose a significar cualquiera ayuntamiento que no sea legítimo, cuando es continuado&#8221;</cite>.</p>

	<p>Pero no es, por supuesto, una “confusión”, sino la necesidad de dar nombre a lo innombrable, a aquello que repugna al decoro de una sociedad que no puede evitar trasladar al lenguaje sus fobias y tabúes.</p>

	<p>Y es que si, como vimos en la anterior entrega, la relación marital no legalizada es prolífica en la generación de eufemismos y sentidos encubiertos, imagínense la extramarital: el asunto, el lío, la aventurilla,… hablando con propiedad: el <strong>adulterio</strong> o, más sonoro, la <strong>fornicación</strong>, o más coloquial: <strong>poner los cuernos</strong>.</p>

	<p>Y la distinción que el eximio lexicógrafo ya establecía en 1611 entre el masculino y el femenino de “mancebo/manceba” no es casual ni honrosa, pues en el glosario aplicable a los contendientes en la relación, han sido los términos femeninos los más abundantes y, al mismo tiempo, menos benevolentes; fruto, por descontado, del machismo que perversamente  disculpa o exculpa al varón que interviene en estos lances pero juzga y condena a la mujer, obviando que hacen falta dos voluntades para bailar ese tango.</p>

	<p>Pero dejemos esto para más adelante y comenzaré por el final. </p>

	<p><strong>“Amante”</strong> es hoy en castellano el término más comúnmente empleado para referirse, sin faltar mucho al respeto, a los  que establecen una relación sexual furtiva. Sin embargo, a muchos les sorprenderá saber que es un significado novedoso para la palabra. Hasta la segunda mitad del siglo XX no se registra con el sentido de ilicitud que hoy nos parece tan propio. Antes eran amantes quienes tenían intenciones honestas, únicamente movidos por el amor profesado al amado, como los “amantes de Teruel” que lo fueron sin más contacto carnal que un beso póstumo. Y, de hecho, fuera de las alcobas, se puede seguir siendo amante de la cultura, de las artes o del deporte sin que ello presuponga que se hace a escondidas.</p>

	<p>(Estas mudanzas del lenguaje, naturales por otro lado, confuden con frecuencia a quienes leen textos de otros tiempos y no aciertan a darle a la palabra el significado que en su momento tuvo:  <cite>Pasaba Andrés con Preciosa honestos, discretos y enamorados coloquios, y ella poco a poco se iba enamorando de la discreción y buen trato de su amante</cite> (Cervantes, La gitanilla, 1613)</p>

	<p>El giro proviene –probablemente- del francés <em>amant</em>, y quizá el hablante  de español lo aceptó con alivio tanto por su carácter de género común a ambos sexos como para poder desprenderse de otros términos más cargados de maledicencia.</p>

	<p>Porque, hasta entonces, el más suave sustantivo para una señora que tuviera trato carnal persistente con un señor casado (con otra mujer, claro) era el de “querida”.  No participio, sustantivo: <strong>la querida</strong>. El término sigue figurando en la edición vigente del <span class="caps">DRAE</span> como “Hombre, respecto de la mujer, o mujer, respecto del hombre, con quien tiene relaciones amorosas ilícitas” (en la edición próxima será, simplemente, sinónimo de “amante”).<br />
<cite>Nunca se le había ocurrido que pudiese llegar a ser la querida del rey rival en su corazón de la doncella cubana.</cite> (Gómez de Avellaneda, El artista barquero, 1861)<br />
<cite>Según él, yo era la querida de Juan y mi presencia le resultaba intolerable&#8230;</cite> (Laforet, Nada, 1945)</p>

	<p>Cierto es que también hubo <strong>“queridos”</strong>, si bien muchos menos y tal vez con un matiz menos desdeñoso:<br />
<cite>…le sucede poco más o menos lo que a una parienta mía, que se muere por las jorobas sólo porque tuvo un querido que llevaba una excrecencia bastante visible sobre entrambos omóplatos.</cite> (Larra, el castellano viejo, 1932)</p>

	<p>Pero, como ya digo, el tema se presta a una cierta cuchufleta, y el ingenio mordaz de mis cohablantes ha venido tirando de eufemismos más o menos crípticos como <strong>“la otra”</strong> o <strong>“la amiguita”</strong>:<br />
<cite>Me mandó Wilson que fuera a Chinatown a comprar una pulsera que quería regalar a una amiguita suya.</cite> (Jardier Poncela, Amor se escribe sin H, 1938).<br />
<cite>¡Su marido de usted tiene una amiguita en la calle de Pérez Galdós!</cite> (Hnos.Álvarez Quintero, La esposa y la chismosa, 1930).<br />
<cite>Y lo que me dolía era la espina que llevaba clavada en lo más sensible de mi ser: el pensamiento de que estaba con la otra&#8230;</cite> (Pérez y Pérez, Aquella mujer, 1961)</p>

	<p>Peor, supongo, es el caso de la <strong>“mantenida”</strong>,  figura muy extendida en los años en que las mujeres tenían mal lo de acceder a un empleo remunerado y su manutención corría a cargo de la parte masculina, normalmente “honesto” padre con familia legítima. <br />
<cite>No se había engañado: era una mantenida, es decir que era algo más que mujer pública, mejor que una mujer de mundo y tanto como una gran señora.</cite> (Hibbert, Sena, 1946)<br />
<cite>Ella sería una mantenida, una mujer de segunda, pero se comportaba como una primera dama.</cite> (Cabrera Infante, La Habana para un infante difunto, 1986)</p>

	<p>Similar a la anterior, es de destacar el uso de <strong>“entretenida”</strong>, nuevamente galicismo, esta vez a partir de <em>entretenue</em>:<br />
<cite>Una entretenida es una mujer que se aburre con el que la entretiene&#8230; y se entretiene con un amigo del que la aburre.</cite> (Hnos. Álvarez Quintero, La quema, 1922).</p>

	<p>Evidentemente hubo, hay y habrá “otros”, “mantenidos” y “entretenidos”.<br />
<cite>Era un entretenido, capaz únicamente de explotar a las mujeres.</cite> (Blasco Ibáñez, Entre naranjos, 1916)<br />
<cite>Pero mi aportación era tan exigua que prácticamente era un mantenido de la escultora, perversamente viciosa y exigente en materias íntimas.</cite> (Luca de Tena,  La llamada, 1994)</p>

	<p>Sin embargo, como puede suponerse, la frecuencia de uso de estos términos es exigua en comparación con su femenino. Ya sea tanto por menor número de casos aplicables como porque, en su día, ningún varón confesaría su dependencia económica de una dama a la que “compensara” sexualmente. Al sexismo y la maledicencia se le añade, claro, la hipocresía.</p>

	<p>Vicios de la sociedad humana, que intenta hacer del idioma una vestimenta que cubra sus deformidades cuando, en realidad, las realzan para mayor ridículo.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/romanpaladino/20815/relaciones-de-pareja-y-ii-revueltos-pero-no-juntos</link>
		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 08:00:27 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Miguel A. Román</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2011-07-27:77c262b7562572606450a68115f67ab6/0c602a38e32ab104f716fdd8e66f06c1</guid>
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