Libro de notas

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Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve. Pueden seguirse sus artículos en Román Paladino.

Sexo, género y genitales.

Habitualmente no somos conscientes de que nuestro idioma muda sus formas continuamente, de igual forma que no notamos cómo la hierba crece bajo nuestros pies. Es difícil recordar que muchas de las expresiones que hoy utilizamos no eran habituales –o incluso eran inimaginables– hace sólo unas décadas.

Pero así es. Nadie, en los ochenta, hubiera apostado porque “mandar un correo”, “ponerse las pilas”, “bajarse una canción” o “soltar una parida” serían expresiones corrientes en los inicios del tercer milenio. Si logran hacer memoria, verán que ninguna de ellas habría tenido sentido en aquellos días.

Otro tanto hubiera sucedido si les hubiesen hablado en esa década de “violencia de género”, menos aún de “igualdad de género”, “expectativa de género” o “política de género”. Nadie, en castellano, les hubiese entendido. El género, hace apenas un cuarto de siglo, estaba ligado a la flexión gramatical (masculino, femenino y neutro) y el sustantivo que reflejaba el dimorfismo entre hombres y mujeres era el sexo (a fecha de hoy, sigue siendo el apartado donde, en el DNI y otros documentos, se indica esta circunstancia).

Pero merece la pena recapitular y ver el camino que ambos vocablos han recorrido en este tiempo.

En los años 60, la ciencia empezó a mirar el comportamiento sexual de las personas como un atractivo objeto de estudio. Nacía la sexología y la gente empezaba a reconocer la sexualidad como un aspecto relevante de nuestras vidas.

Hasta aquí nada que objetar. Pero los términos citados eran incómodos, largos y poco prácticos, así que –ya en los 70– comenzó a utilizarse la abreviatura “sex/sexo” como sinónimo “culto” de actividad erótica. Podía hablarse de sexo, practicar el sexo o incluso tener sexo, exhibiendo un aire de intelectual modernidad y evitando muy correctamente utilizar palabras que el decoro prohibía.

De esta forma “sexo” asumía un significado que hasta entonces le era extraño, al tiempo que se desplazaba ligeramente de designar aquella característica que marcaba la genitalidad de cada individuo. Pero, como suele suceder, el concepto engulle más tarde o temprano a la palabra que lo porta (y rara vez al revés). Poco a poco el tabú recuperó el terreno y “sexo” empezó a teñirse de matices de obscenidad, pecado y cochinada.

El resultado fue que nos encontramos sin una palabra neutra que retomase el puesto de significar la natural diferencia entre seres con genotipo XX y XY, y que, en ciertos casos, sería muy desaconsejable utilizar. Lo “políticamente correcto” de los 90 no podía hablar de “violencia de sexo” (que sugiere sadomasoquismo), igualdad de sexo (¿invitación a que todos nos refocilemos por igual?), perspectiva de sexo (no quiero ni pensarlo), política de sexo, etcétera.

Por ello se recurrió al vocablo que, hasta entonces, había designado similar diferencia… a nivel puramente gramatical: la palabra género. De esta forma se volvía (¡de nuevo!) a un valor neutral y sin cargas emocionales perniciosas.

(Tradicionalmente se dice que éste es calco del inglés gender. En parte es cierto, pero sólo porque los sajones ya habían pasado exactamente por el mismo proceso unos pocos años antes).

La evolución ya está hecha, el lenguaje es así de arrollador; de nada han servido las voces contra el desatino idiomático; y ya replegadas las tropas, se reconoce el uso, pero se advierte de que, al menos, la anomalía no vaya a mayores –como ya se hace– hablando de “personal de ambos géneros”, o calificando al género de varón o mujer

Yo entiendo que, tal y como el personal suele interpretar las cosas, no es de recibo que la Guía de género en Internet troque este título por “guía de sexo en Intenet” (aunque con esta opción hubiera obtenido mejor posición en los buscadores).

Sin embargo, “género” todavía se encuentra incómodo en sus nuevas funciones de designación socio–biológica. Para empezar se ve forzado a ligarse como calificador. No existe el género en sí, sino las cosas “de género”, colgando de esa preposición de la que, de momento, no podrá prescindir.

Y además, fruto de su improvisada adaptación al puesto, carece de elementos de expansión y evolución: no puede derivarse puesto que su raíz ya ha sido utilizada y sólidamente establecida. Si bien “sexo” puede ser malamente reemplazado por “género”, sexual no tiene reflejo en “general”, ni sexuado en “generado”. Un sexador (de aves) no puede ser reconvertido a “generador”; un sexólogo no será jamás confundido con un médico generalista; y, si la sexualidad llegara a ser mencionada como “generalidad”, en Catalunya tendrían un problema con su más alta institución.

Y, por otro lado, la nueva asunción de significado tampoco parece acertada en según que casos. Así refleja un rotativo canario la noticia en que una mujer siega la vida de su compañera sentimental: “Lo que en principio apuntaba a un nuevo caso de violencia de género acabó convirtiéndose en un crimen pasional”.

Encontrándose, claro, el redactor en la tesitura de que si “género” implica diferencias biológicas, no sería aplicable cuando víctima y verdugo coinciden en lo genital. Y nos deja, tal como lo cuenta, en la duda de si los crímenes pasionales no pueden ser ya considerados “violencia de género”, sino otro género de violencia.

Adicionalmente, las expresiones que venían –legítimamente– usando del término, quedan ahora en una curiosa situación. ¿Qué debemos entender en adelante por “pintura de género”, “cine de género”, “literatura de género”? ¿Cómo interpretaremos la expresión “género humano”? ¿Será el “género chico” un pene atrófico?

Estas consideraciones y la experiencia de que el idioma es un superviviente nato, me hacen apostar porque éste y otros “baches” lingüísticos serán reconducidos en tiempo y forma por los mecanismos naturales que, desde hace milenios, siguen haciendo del habla un mecanismo eficiente de comunicación y cultura.

Miguel A. Román | 28 de abril de 2007

Comentarios

  1. Marcos
    2007-04-30 23:17

    Muy buen artículo, Miguel. Claro, pedagógico e ilustrativo. Y comedido.

    Saludos.

  2. Ana Lorenzo
    2007-05-02 07:40

    Me ha encantado tu artículo, Miguel. Es muy entretenido y bonito y explica muy clarito la falta que tenemos de un buen adjetivo para esa clase de violencia, más allá de decisiones políticas y políticamente correctas o de recomendaciones de la RAE sin explicación como la tuya.

    Un saludo

  3. María José
    2007-05-02 08:46

    Yo esto lo vivo como un pequeño martirio. En Psicología es habitual que el sexo o el género sea una variable en función de la cual se analicen diferencias. Hasta hace unos años el término utilizado de forma habitual era sexo: varón y mujer. Ahora se utilizan tanto sexo como género, con el problema de que si pones sexo en lugar de género parece que tienes detrás toda una serie de prejuicios, que no sé muy bien cuáles son, pero que pueden generar cierta distancia con algunas alumnas.

    Según he podido intuir, porque todavía no he conseguido entender, no se trata de un simple cambio de una palabra por otra, sino que son conceptos diferentes a la hora de clasificar. Entonces mi pregunta, que no he conseguido que nadie me conteste de manera que pueda darle cierta forma en mi cerebro (puede que por incapacidad mía), es si las categorías que se generan son o no las mismas. Es decir, si se puede ser de sexo mujer y de género masculino. Yo de momento me sigo quedando con sexo, que desde un punto de vista práctico me permite diferenciar a los sujetos.

  4. Xoán
    2007-05-03 08:58

    Muy interesante el artículo, enhorabuena. Yo siempre he entendido la diferencia entre sexo y género de la siguiente manera. El sexo es una categoría biológica, que permite diferenciar a los especímenes machos de los hembras de una especie animal con base en diferencias cromosomáticas o morfológicas. En algunos casos, excepcionales, esas diferencias no son del todo claras o el genotipo no se corresponde con la forma de los genitales o con la apariencia general del individuo, es decir, como en toda clasificación existen zonas de sombra. El término género se viene utilizando para referirse a la variable cultural o social del sexo biológico. Las formas en que se expresa esa distinción culturalmente en diferentes sociedades pueden ser muy diversas. Por ejemplo, utilizar maquillaje es proprio en nuestra sociedad del género femenino, forma parte de la imagen social de lo femenino, pero en otras culturas o en otros momentos históricos o en otros grupos sociales, como para la nobleza francesa del siglo XVIII o para los astros del heavy metal, eso puede no ser exactamente una marca de género. Me parece que cuando se habla de violencia de género se está enfatizando que la situación de opresión que padecen las mujeres sometidas a malos tratos deviene del papel que en una sociedad machista (o en grupos sociales especialmente androcéntricos) se le asigna a la mujer, en virtud de su sexo pero en relación con una determinada imagen de lo que debe ser lo “feminino”, sumisión, pasividad, silencio, etc. Esa representación es enteramente cultural y no biológica, como es obvio.
    En ese sentido, creo que se podría hablar de violencia de género en el caso de la mujer que mató a su compañera sentimental, si es que la víctima representaba en la relación ese papel, lo que puede no ser del todo extraño. Aunque dudo que el periodista que redactó la noticia tuviese en cuenta esas sutilezas.

  5. Miguel A. Román
    2007-05-04 05:09

    Xoán está muy cerca de la realidad. El uso de género es consentido cuando representa una situación sociocultural no biológica, y especialmente cuando implica una asimetría injusta para uno de los dos sexos. Huelga decir que en nuestra sociedad esta situación desfavorable perjudica prácticamente siempre a la mujer.

    Sin embargo, y espero contestar así a la pregunta de María José, me cuesta aceptar que haya un género masculino y otro femenino (por cierto que en gramática hay otro: el neutro). Creo que en el lenguaje formal de hoy solo se justifica utilizar género cuando se refiere al hecho diferencial, pero las características particulares de cada grupo lo son en función de su sexo.

    Es decir, hay violencia de género, diferencia laboral de género o ley de igualdad de género porque son asuntos que implican a los dos conjuntos en el mismo entorno, pero lo biológico y lo psicológico (aunque sea manifiestamente cultural), es decir, aquello que apela a lo masculino y femenino, es una cuestión de sexo (entre otras cosas porque lo hormonal no le es completamente ajeno). Una señora que se maquilla lo hace para reafirmar su sexo y no dejar dudas al sexo opuesto (además de para resultarle más atractiva) y ello lo indica el hecho de que el varón transformista imita ese mismo gesto para “feminizarse”; pero si una dama inserta un cuchillo patatero entre los omoplatos de su pareja no es porque quiera parecer de otro sexo.

    Todo esto, por supuesto, está por definir. El sentido de lo que he escrito es precisamente porque nos encontramos con una palabra parcheada en nuestro idioma y no tenemos claro cómo usarla.

  6. Xoán
    2007-05-04 08:05

    Perdona que insista, Miguel, pero yo creo que sí que se justifica hablar de género para marcar esas diferencias culturales entre lo masculino y lo femenino, que están relacionadas con el sexo pero que no por ello están determinadas por esa condición biológica. Cuando decía que en nuestra sociedad lo femenino se representa (cada vez menos) en términos de sumisión o de pasividad, esa sería una cuestión de género. Y me niego a considerar argumentos pretendidamente científicos que se refieran a los estrógenos o a la testosterona para justificar supuestas diferencias psicológicas o de carácter universales entre hombres y mujeres. Lo que entendemos como propio del hombre y de la mujer no es universal, varía entre culturas, entre grupos sociales y entre diferentes épocas históricas, aunque biológicamente las diferencias entre seres humanos no sean significativas.
    Tal vez exageré un poco con el ejemplo de la mujer que mató a su compañera, pero quería sólo mostrar que algunas mujeres pueden ser muy “macho”, al identificarse con una imagen culturalmente construída de lo masculino. Por otro lado, un hombre transformista va a utilizar (y frecuentemente exagerar) aspectos que en nuestra sociedad se relacionan con lo femenino, pues maquillarse no está universalmente asociado a la mujer, ni es una actividad “determinada” por el sexo biológico en sí, sino por exigencias sociales más o menos intensas en un determinado momento histórico.
    En lo que se refiere al género gramatical, tampoco estoy seguro de que exista el género neutro en español (o en cualquier otra lengua románica). Si definimos el género gramatical como una categoría morfosintáctica que permite diferenciar los nombres (sustantivos y adjetivos) en grupos que se relacionan sintácticamente a través de la concordancia, y que en algunos casos comunica también diferencias semánticas, en español sólo hay dos posibilidades, masculino y femenino, pues no existe concordancia en neutro. Los llamados pronombres neutros o el artículo “lo” concuerdan en masculino y en singular con los sustantivos que acompañan. El neutro existía en latín, porque había nombres de ese género, pero desapareció dejando sólo esos rastros formales que, me parece que por inercia terminológica, seguimos llamando “neutros”. En realidad, desde ese punto de vista morfosintáctico, no dejan de ser simplemente pronombres masculinos invariables que transmiten un significado de mayor indeterminación.

  7. María José
    2007-05-04 18:33

    Xoán,

    Con respeto al tema de sexo/género, es un poco circular lo que propones, porque para definir género al final recurres a lo que se identifica en una cultura con cada sexo. Además, según se desprende de tu argumento, las diferencias de género pueden llegar a desaparcer, por lo tanto tendremos todos el mismo género pero distinto sexo.

    Creo que en esta sociedad existe un prejuicio que tiene su origen en la desigualdad histórica de la mujer, pero que no debe mezclarse con argumentos científicos que deben ir en otra dirección.

    En particular, me gustaría matizar algunas de tus afirmaciones:

    “ Y me niego a considerar argumentos pretendidamente científicos que se refieran a los estrógenos o a la testosterona para justificar supuestas diferencias psicológicas o de carácter universales entre hombres y mujeres “ es completamente emcional y, como tal respetable, pero nada más. No te puedes negar a que existan diferencias psicológicas entre hombres o mujeres, la existencia se constanta o no. Otra cosa es que las constataciones que haya hasta ahora no te parezcan convincentes. Es como negarse a que existan agujeros negros.

    “Lo que entendemos como propio del hombre y de la mujer no es universal, varía entre culturas, entre grupos sociales y entre diferentes épocas históricas,” quizá lo que tú entiendes como universal no es lo que se está considerando como universal en muchos ámbitos científicos.

    “Aunque biológicamente las diferencias entre seres humanos no sean significativas”. Esta afirmación es completamente falsa, si hay algo en lo que somos completamente diferentes hombres y mujeres es en la biología, esto genere o no diferencias psicológicas.

    ¿Qué pasaría si se demostrase que somos psicológicamente distintos? Desde mi punto de vista nada, pero desde el tuyo sí porque parece por tu comentario que sería algo horrible que de entrada te negarías a admitir.

    Muy importante: no confundir diferencias psicológicas con desigualdad social, ni entre hombres y mujeres, ni entre otros colectivos.

  8. Xoán
    2007-05-05 02:12

    Gracias por tus comentarios, María José,
    te respondo rápido porque ahora estoy un poco justo de tiempo. Creo que, en efecto, las diferencias de género podrían llegar a desaparecer, aunque siga habiendo biologicamente seres machos y hembras. De hecho esas diferencias cambian todo el tiempo, hoy los hombres y las mujeres se comportan de formas que eran impensables hace un siglo y características que parecían definir ad eternum a los sexos al final se han mostrado también en parte relativas. Creo que siempre habrá diferencias entre los seres humanos, relacionadas con el género o no, porque aunque algunas desaparezcan otras ocuparán su lugar, probablemente. Y eso me parece normal y deseable.
    Por lo demás, tal vez me expresé mal o precipitadamente, lo que me incomoda profundamente es cualquier forma de determinismo biológico para explicar el mundo o a las personas.

  9. Miguel A. Román
    2007-05-07 21:23

    Xoán:

    De acuerdo contigo en que no existe el género neutro en los sustantivos españoles a la luz de la gramática actual; aunque, ciertamente, a los que estudiamos en el bachiller del siglo pasado, nos contaron otra cosa.

    Mis disculpas por no haberme aclarado, pues no me refería yo a eso, sino a que en gramática (como ciencia que estudia el uso de las lenguas) existe el concepto de género en sus tres flexiones: masculino, femenino y neutro; y tiene aplicación, al margen de en la teoría pura, en lenguas muy actuales, como el inglés, donde se le reconoce tras el pronombre it.

    Respecto de la matización del uso entre emplear género o sexo y la repercusión social o técnica que conlleve, reitero que ni juzgo ni apuesto, me limito a contar lo que veo y leo, y a esperar que los propietarios del lenguaje, que son quienes lo usan, perfilen esos matices.

  10. Xoán
    2007-05-07 22:45

    Pues déjame decirte, Miguel, que no sólo cuentas sino que interpretas muy bien lo que ves y lees. Aunque no me manifiesto casi nunca, sigo siempre con interés lo que escribes por aquí. Un abrazo
    Xoán

  11. Francisco
    2007-11-14 10:49

    Estoy muy contento por mi hallazgo de los escritos de Miguel A. Roman.

  12. Gloria
    2007-12-26 05:03

    Después de leer el artículo y los comentarios, agradezco a sanbillgatesquetodolopuede haber encontrado este remoto lugar del ciber espacio.
    Me descubro ante usted, don Miguel.

  13. Alejandro
    2010-01-15 04:02

    Muy bueno el artículo y los comentarios. Pero, en definitiva y para una mente de ingeniero como la mía:

    a) ¿A qué nos referimos con la palabra género?
    b) ¿Existen los roles de sexos y de género?

    Les agradezco si me contestan.

    Alejandro



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