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Pa cuatro que piensan por Miguel Santa Olalla

Tendemos al derrotismo y a pensar que caminamos inevitablemente hacia la decadencia. Frente a esto, en todos los campos del saber y del hacer hay personas cuya tarea está cimentando el legado que dejará nuestra época a la siguiente. ¿Qué tal si conocemos a algunos de los pensadores de nuestro tiempo más importantes? No son cuatro, pero pensar, sí que piensan. Y lo que tienen que contarnos merece la pena. Miguel Santa Olalla es profesor de secundaria y editor de boulesis.

Arte, razón, cinismo, crítica... ¡Sloterdijk!

La obra que lanzó s Sloterdijk a la fama internacional se publicó a principios de los 80: Crítica de la razón cínica. El propio título ya nos pone sobre la pista a todos los que hemos pasado por las clases de Historia de la filosofía del último curso del bachillerato: hay ecos de Ilustración y aquella descomunal Crítica de la razón pura de Kant, pero también algo de ladrido de Diógenes. Un ladrido, eso sí, más formal y académico que el que sale de la boca de Zizek. La razón, viene a decirnos Sloterdijk, ha visto ya cuáles son sus capacidades y sus límites y nos muestra su lado más cínico con actuaciones irracionales. No es de fiar esta compañera de viaje que nos hemos buscado. La crítica de la razón cínica es, en el fondo una crítica de la razón. Sin adjetivos, aditivos, colorantes, ni conservantes. Principalmente porque la razón suele manifestarse como más poderosa de lo que en realidad es, y este es el mayor de sus cinismos.





Con todo, sería un error, tanto con Sloterdijk como cualquier otro, el encerrar todo su pensamiento bajo la etiqueta de “postmoderno” y pasar página, llevados quizás por cierto hastío hacia la crítica a la razón que empieza a propagarse. Y es que Sloterdijk va mucho más allá de una mera destrucción de la razón que comenzó en filosofía hace ya más de cien años. Un mero botón de muestra: su famoso viaje a la India, donde se convirtió en uno más de los seguidores de Osho, el líder-gurú-timador más polémico del siglo XX en el país oriental. No es que el filósofo alemán se “convirtiera” en una fervoroso hindú: pero buena parte de la ironía, de la cosmovisión de la naturaleza y de nuestro lugar en ella estará presente, de una forma más o menos identificable, en toda la obra de Sloterdijk.


Crítico de la razón, influencias orientales… y un firme defensor de la biotecnología como camino de transformación de la humanidad. ¿Evolución intelectual o una pura provocación, una contradicción en el seno de una filosofía que critica la razón? Es difícil dar una respuesta, pero lo cierto es que la discusión Habermas-Sloterdijk fue uno de los fuegos filosóficos que más y mejor prendió en el cambio de siglo. La crítica de Sloterdijk a toda la tradición humanista es devastadora: lo que no han logrado siglos de arte, literatura y filosofía podría alcanzarse gracias a la biotecnología en apenas unas décadas. ¿Confiaremos entonces en la razón tecnológica y científica esperando de ella una redención de la humanidad? ¿Puede esa razón cínica que denuncia Sloterdijk en su obra sobreponerse al cinismo y llevar a la humanidad de formas de vida mejores por medio de la intervención genética? Preguntas abiertas, cuyas respuestas hemos de intuir en la obra de Sloterdijk, aunque algunas de ellas quedan marcadas por Las normas para el parque humano, la obra que desató la polémica con Habermas.


Nos falta aún una idea más para invitar a la lectura del cínico que critica la razón cínica: su labor académica como profesor de estética. Algo que se ha dejado ver más en sus últimas obras. La trilogía Esferas nos muestra un filósofo más literario, más cercano por otro lado a la estética, el arte y la vida cotidiana. Espacializar el pensamiento y mostrar sus más escondidos rincones es el objetivo principal de Burbujas, Globos y Espumas, los tres títulos que integran la obra y que son ya suficientemente sugerentes: no sabe uno si está ante el nombre de un videojuego o de cualquier otro producto gastronómico o de belleza de estos tiempos nuestros en los que todo se mezcla de una forma asombrosa. Lo que el lector encuentra en Esferas es un ejercicio a medio camino entre la filosofía, el arte, la religión y la geometría, lleno de referencias culturales que nos muestran el enorme potencial filosófico de Sloterdijk. Un pensador que, como los buenos cínicos, tan sólo puede ser encajado con un adjetivo: inclasificable.


Para saber más:

Miguel Santa Olalla | 17 de noviembre de 2013


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