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Enterrar la memoria para ser felices

Alber Vázquez

La de veces que uno ha podido escuchar, en los últimos meses, que las fuerzas aliadas fueron a Irak con la intención de llevar hasta allí la democracia y la libertad, buenos y sanos principios donde los haya. Yo mismo, sin ir más lejos, me he sorprendido pensando así. Libertad para el pueblo iraquí, sí señor. Pero el caso es que no: no se invadió un país con la intención de liberarlo de un tirano. No, se fue en búsqueda de las dichosas armas de destrucción masiva, aquellas mismas con las que Sadam Husein pretendía destruir el mundo. Eso, al menos, se nos dijo en su momento. Y nos lo creímos, no mucho, pero nos lo creímos. Bien, pues a por las armas de destrucción masiva.

Luego resultó que de armas de destrucción masiva nada, que éstas, por mucho que las buscasen, no aparecían ni debajo de las piedras. ¿Qué hacer? ¿Cómo justificar, entonces, la invasión armada? Calma, calma. La solución es simple. Se cambia el pasado, se destruye la memoria, se engaña vilmente a una ciudadanía que no realiza el mínimo esfuerzo por evitar ser vilmente engañada. Así somos: amnesia pura. Así lo hemos sido siempre y, si nadie lo remedia, así lo seremos para siempre. Debe estar impreso en nuestro acervo genético a modo de recurso de hábil adaptación a las circunstancias. O sea, que cuando vienen dobladas, lo mejor es mirar para otro lado. Ignorando el problema, el problema no se soluciona pero se hace más llevadero.

Del pasmo en el que uno queda sumido tras la reflexión ante todo esto, surge «Instrucciones para doblar un mapa». ¿Qué sucede cuando pretendemos enterrar nuestra memoria? No, no acuso a los malvados gobiernos que engañan y pervierten al pueblo. Al diablo, eso no existe en las sociedades occidentales avanzadas. Ellos, los gobernantes, no hacen nada que no les vaya en el cargo. Somos nosotros, nosotros mismos, la sociedad civil, quien debe hacerse responsable de todo. Bush, Blair, Berlusconi, Aznar, cada uno de los tergiversadores que ante nosotros han desplegado sus artimañas de feriante provinciano, han de quedar eximidos de toda culpa. Son presidentes electos, pardiez. Va la gente y les vota, les otorga poder y razón, presencia y desarrollo. Digo yo que hasta habría que ser benévolo con ellos: a fin de cuentas, actúan como se supone que han de actuar.

Pero nosotros no. Lo nuestro sí que es vergonzoso. Toda una sociedad civil hecha y derecha entregada a la ocultación de su propia memoria. Somos los culpables de pretender algo que, por otro lado, no creo que nos sea ajeno: buscar la más habitable de las percepciones de la realidad y darla, de inmediato por buena. ¿Que todo es una burda mentira? Qué más da. Llevamos la democracia y la libertad al pueblo iraquí y eso nunca puede ser malo. ¿Qué importa que no fuera ése el plan inicial? Todos aquellos sujetos a los que hemos matado no eran sino terroristas internacionales de la peor calaña. Al carajo, merecen estar muertos. Deberían todos darnos las gracias por hacer lo que hacemos. Democracia y libertad por los cuatro costados. Quien de ahora en adelante mente las armas de destrucción masiva no es de los nuestros. Algo sucio pretende con tanta insistencia. A lo mejor se ha puesto del lado del enemigo.

Bien, éste es el quid del asunto. Reconocemos que, en el fondo, no debemos ser tan mala gente. De acuerdo, con nuestros defectos y todo eso, pero buenos tipos. Nos percibimos entrañables y, se mire como se mire, tenemos que vivir con nosotros mismos, así que aguantamos el tirón como se puede, hacemos la vista gorda donde procede y maquinamos una realidad apetecible. Desquiciada, ficticia y artificiosa, pero todo eso suele ser cuestión de tiempo. La mentira mil veces repetida, acaba por convertirse en rotunda verdad. Eso es algo que nadie lo puede dudar. Como les sucede a los valientes héroes de «Instrucciones para doblar un mapa».

Este texto sirve a su autor de presentación de la novela Instrucciones para doblar un mapa (Verbigracia, 2004)

Alber Vázquez | 12 de noviembre de 2004

Comentarios

  1. Luis
    2004-11-12 22:55 Estoy bastante de acuerdo con el artículo. La política de Aznar, sin ir más lejos, fue respaldada por casi diez millones de votos . Es ahí donde habría que ir a pedir responsabilidades. A cada uno de esos diez millones de seres. La sociedad, se mire como se mire, es bastante responsable de lo que le pasa. Me leeré el libro.
  2. Juanhop
    2004-11-13 02:50 Se vé que tanto os gustaron los cuarenta años de franquismo, que le deseais lo mismo a los iraquies. Por cierto, en Afganistan ya ha habido elecciones, pero sin asedio al contrario político, no como aquí.
    Seguir con la Ser, y sereis tan felices como los que sólo se creían lo que decía el cura. Al fin y al cabo Iñaqui es vuestro obispo.
    Pardilletes,los americanos están tomando posiciones frente a vuestra admirada China, que ya es el primer consumidor mundial de cemento y en menos de 9 años consumirá el mismo petróleo que Europa y USA juntos. Cuantas mas democracias amigas (... y su petróleo) halla, mejor para los que gustan del libre occidente, y peor para los amrgados fracasados que a falta de diablo, necesitan alguien a quién echarle las culpas.

    Darle recuerdos a vuestros queridos Chamberlain y Daladier, gracias a cuya inestimable flojera de pantalones zapateril, Hitler y Stalin pudieron convertirse en los mayores asesinos de la historia.
  3. Admin
    2004-11-13 04:06 Juanhop te ruego que la próxima vez que quieras dar este tipo de discurso:

    1. No insultes.
    2. Escojas una anotación que tenga que ver con lo que tú quieres decir.

    Saludos.


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