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La importancia de ser Almodóvar

Por Pablo Muñoz

En La edad de Oro, programa-escaparate de lo que luego se llamó Movida Madrileña, Pedro Almodóvar, bien acompañado por Fabio McNamara, confesó a Paloma Chamorro una verdad profética: “Lo más seguro es que termine pareciéndome a Pedro Almodóvar.”

No pasó mucho tiempo hasta que Almodóvar, el director-quintaesencia de un movimiento novísimo, de una contracultura precoz y pionera, pasó a tener el más grande honor de la Cultura (y sociedá) española: Ser un Asunto. Así, a cada estreno, uno no debatía con sudor los méritos artísticos de la propuestas, la validez de su referencialismo y su puesta en escena iconoclasta….sino el tema en sí. Almodóvar. Sí o no. Qué ocurre ahora con Almodóvar. En qué bando está él y usted.

Su mutación creativa fue incesante, fue rápida, igual que su éxito. No dudó en explotar su faceta temprana de testigo privilegiado con películas intencionadamente kitsch luego mucho más inocentes de lo que parecen (Entre Tinieblas), tempranos personajes de libros de culto de espíritu genuinamente teen (Patty Difusa) e incluso una inclasificable variante folklórica del thriller erótico con tintes terroríficos (Matador). Almodóvar supo independizarse de sus referentes más peligrosos, Andy Warhol y Truman Capote. Del primero tomó la idea de no desaprovechar sus quince minutos y del segundo aprendió a dejar perecer al personaje en la década prodigiosa.

En los noventa supo ver claramente cual era el presente de España en su fallida (pero osada) Kika: el melodrama (des)dibujado de reality show. Su carrera osciló entre el melodrama buscando una tragedia de mayor empaque pero de menor irreverencia (La flor de mi secreto) hasta llegar al noir psicotrónico, chiflado, que parte de materiales de derribo (Ruth Rendell) y que no escapa de ser el primer intento español por componer un thriller subversivo comparable al Verhoeven o DePalma.

En Todo sobre mi madre el cine de Almodóvar llega al límite: siendo una figura consagrada y protectora de nuevos talentos salvajes (produjo Acción Mutante y relanzó a Guillermo del Toro con su primer cuento fantástico de posguerra), parecía que su faceta creativa había disminuido: la película, un indisimulado homenaje a Fassbinder, no estaba a la altura de su referenciado y era mucho menos transgresor de lo esperable. ¿Había envejecido el símbolo de la Contracultura española (¿o nunca sobrepasó los pocos años de antigüedad?), había dejado que su libertad creativa jugara en su contra?

Hable con ella reveló en Almodóvar un narrador arriesgado, capaz de manejar con soltura metáforas salvajes y al fin radicales (que dejaban en justa inocencia sus primeras películas con monjas divirtiéndose) para ahondar en el alma humana, deshaciéndose de sus referentes, o mejor, leyéndoles en clave absolutamente personal.

Tras Hable con ella, seguramente su obra maestra, Almodóvar cumplió el reto: hacer un fin un thriller comparable a la ambición de DePalma, pero no equiparable en su puesta en escena.

La mala educación funcionó como un poderoso y fascinante juego de espejos que parte de Vértigo para crear una autobiografía con el poder de un Lynch y la emoción neta de un DePalma…. y todo el talento de un solo creador, Almodóvar. Incluso tras ese reto suicida, consiguió, al fin, hacer una película española de fantasmas legítima, triste y nada tramposa: Volver era una invocación a Rossellini, a Visconti (a todos sus maestros italianos), pero también, otra vez, un incontestable hallazgo dentro de un progreso creador ascendente e imparable y una deconstrucción de los cuentos de espíritus maternales que nunca se marchan. También la más sincera película feminista europea hecha en la década.

La carrera de Almodóvar puede entenderse como una lucha privilegiada (porque ha sido un cineasta independiente y triunfador, sin ceder ni un ápice a las miles tentativas ofrecidas por parte de Hollywood) contra la tentación del estilo, contra la repetición, contra los peligros y el acecho de la conformidad que entraña toda libertad.

Pablo Muñoz es el autor de la bitácora El rincón de Alvy Singer

Pablo Muñoz | 19 de marzo de 2009

Comentarios

  1. Marcos
    2009-03-19 17:51

    Muy de acuerdo con el análisis del personaje Almodóvar. Mucho habría que decir sobre la participación en ese Asunto de los Medios y el público.

    Discrepo sin embargo en algunos de los comentarios sobre su filmografía. Por ejemplo, para mí La mala educación es una película fallida, muy fallida, en la que no consigue mantener el equilibrio en el guión, en el que intenta fundir la temática hiperbólica de sus primeras películas con la profundidad de las posteriores, y se torna increíble.

    Saludos

  2. gatavagabunda
    2009-03-19 21:00

    “Ser un Asunto”. Desde luego que sí. Y al hilo de eso, decir que a Almodóvar en recientes entrevistas se le ve algo dolido con esa sensación de que no es profeta en su tierra.

    Estupendo el análisis, y muy curiosa la visión de “Todo sobre mi madre”, teniendo en cuenta lo que implicó para su carrera internacional…

  3. la hundida
    2009-03-20 02:48

    Casi no debería opinar, porque no he sido capaz de ver una película de Almodóvar de punta a cabo. Dalí también era un show y no me molestaba ni la mitad. No pongo en duda que sea un talento, sólo que entre autor y obra me sobra algo que chirría, ya ves. Soy una consumidora de arte exigente. No me meto en la conversación por esto, sino porque hay una expresión en el texto que no me deja en paz, y es “lucha privilegiada”. ¿Desde cuándo la lucha es privilegiada? Vale que sea un luchador y hasta muy buen luchador, pero los hay más luchadores y menos, aunque buenísimos, dentro del ramo. Son gente que abominan el autobombo, que detestan el marketing y que tal vez por ello, no consiguen desubicarse del montón. Pero no por ello son más conformistas. La suerte que ha tenido de colocarse en el chiringuito del éxito, sí que es un privilegio.

  4. María José
    2009-03-20 08:54

    Yo tampoco he visto muchas películas de Almodóvar, porque las pocas que he visto me han aburrido bastante. Tengo pendiente darle una oportunidad a “Hable con ella” y “Volver”, pero después de haber visto “Todo sobre mi madre” todavía no me han vuelto las ganas de darle otra oportunidad. Y mira que al principio me pareció que prometía, sobre todo con la única película que me ha parecido de verdad interesante: “Qué he hecho yo para merecer esto”, que no suele aparecer entre las más citadas.

  5. Ana Lorenzo
    2009-03-22 06:58

    Muy interesante el artículo, Pablo. A mí sí me sorprendió para bien La mala educación, aunque algunas cosas en ella me sobraran; me ocurrió también en Mujeres al borde de un ataque de nervios: para mí, son las dos mejor tramadas de Almodóvar, hasta donde he visto.
    Y una de las mejores, le doy la razón a María José, me sigue pareciendo Qué he hecho yo para merecer esto.
    Un beso.

  6. Marga
    2009-03-23 03:38

    A mí me pasa como a Maria José y a Ana. Porque la frescura, originalidad y fuerza que tienen las películas de Almodóvar de los ochenta no es comparable a las últimas, por más que ahora tenga todos los premios y reconocimientos internacionales.
    Para mí la mejor película de Almodóvar es “La ley del deseo” de 1986. El amor obsesivo, inquietante y que llega al delirio está magistralmente descrito, tanto aquí como en “Atame” de 1990. Pensar que secuestrando a alguien va acabar enamorándose de ti resulta sin embargo totalmente creíble.
    Para empezar, y esto será por haber visto todas sus películas, repite los argumentos, la magistral “Que he hecho yo para merecer esto”, el ama de casa adicta a las anfetas que no aguanta a su marido y acaba liquidándolo me recuerda a Penélope Cruz en Volver (ésta, una versión edulcorada y hueca, pero que acaba también matando a su marido y es un ama de casa)
    Para mí “Todo sobre mi madre” es un culebrón, sí, lo siento, seré muy burra, pero es un auténtico culebrón venezolano y Toni Cantó una aberración como actor. La última escena es totalmente prescindible de la película.
    Y recuerdo que en “la ley del deseo”, una película donde los personajes principales son hombres, como en “la mala educación” (película nefasta) el personaje principal, también había estudiado en un colegio de curas y había sufrido abusos sexuales. Menuda diferencia de películas….

  7. Alvy Singer
    2009-03-24 23:03

    Hombre, gracias por los comentarios. Pues Dark Habits, como titularon el Qué he hecho yo para merecer esto en USA, me parece una gran película, quizá la primera de Almodóvar, una especie de aplicación de sus coordenadas kitsch a una forma neorrealista.

    ‘La mala educación’ destaca e interesa por ser una vuelta de tuerca metacinematográfica a ‘La ley del deseo’, que no era una reescritura de Vértigo como si lo es esta. De hecho, cuando se estrenó ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ hubo gente que dijo que era un reverso cómico de películas como ‘la ley del deseo’…

    También he obviado ‘Átame’ porque es una película tremendamente irregular de la que sí hablaremos Mr. Haj-Saleh y yo en un PRÓXIMO post.

  8. Marcos
    2009-03-24 23:13

    ¿Vértigo la de Hitchcock? Bueno, no dudo que quizás fuera esa la intención de Almodóvar, pero creo yo que se quedó lejos, lejísimos. Mira, siendo efectivamente muy irregular “Átame” es muchísimo mejor película que “La mala educación”; y por supuesto, La Ley del deseo, que con muchas zonas flojas tiene el plus de originalidad que le falta a “La mala…”.

    Saludos,
    Marcos

  9. ddaa
    2009-03-26 00:33

    “Pensar que secuestrando a alguien va acabar enamorándose de ti resulta sin embargo totalmente creíble”

    “Átame” es también mi favorita de Almodóvar, pero no olvidemos que se trata de una hábil mezcla de “El Coleccionista”, de William Wyler, y “Bus Stop”, de Joshua Logan. Y supongo que las irregularidades que menciona Alvy tendrán que ver con la entonces irresistible tendencia del manchego a introducir subtramas que nada aportaban a sus películas (véase el rollo de las falsas memorias de Hitler en “Qué he hecho yo…”) como no fuera una dispersión bastante perjudicial.



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