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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

El significado de Dios

Debo reconocer, en primer lugar, que me he resistido a escribir este artículo. Mucho. Y por varias razones, que les expongo. La primera, porque el tema no es cool. Me replicaran ustedes, con razón, que el resto de temas que abordo tampoco son la alegria de la huerta, o me desmentirán, con más razón todavía, aduciendo que quien no haya tuiteado un chiste sobre la dimisión de Benedicto o sobre la elección de Francisco que lance la primera piedra: yo no podría encabezar ninguna horda de lapidadores, lo reconozco. La segunda razón es que no estaba dispuesto a abordarlo desde el dogmatismo anticatólico, anticristiano o antireligioso, más que nada porque acabaríamos pronto, o les aburriría mortalmente como a mí me aburren Dawkins o Hitchens (o Ditchkins, como Eagleton los llama, brangelinamente). No les deseo tanto mal a mis lectores. La tercera y definitiva es que no creo que vaya a decirles nada ni sensacional ni ingenioso. Sólo unas cuantas reflexiones de un renegado del catolicismo que pronto vió que la verdadera sabiduría no estaba en el temor de Dios, sino en el temor del mundo.


Las razones por las que escribo hoy, pues, son puramente personales, y por ello puramente intelectuales. A mis dieciséis decidí ingresar en un seminario menor. De família comunista y anarquista, mis padres decidieron que no había necesidad de cortarme las alas, que ya las derretiría el sol. Mi aventura duró dos años, a principios de los ochenta. Un pequeño paraíso de camaraderia adolescente, lectura abundante y tiempo para llevarlas a cabo. Justo la razón que mi director espiritual esgrimió para empujarme amablemente hacia la puerta de salida: su “lees demasiado” se convirtió rápidamente en mi motto. Pero esa era su decisión. La mía, la misma, había sido tomada poco antes durante la charla que nos dio un sacerdote español que ejerció su ministerio en Chile durante el gobierno de Allende y la dictadura de Pinochet. A mí el tema me interesaba enormemente: desperté a la política internacional a mis doce con las noticias sobre la dictadura militar en Argentina, leía a Neruda desde los trece, cantábamos a Jara y Parra, y sabíamos de la opción por los pobres de la iglesia americana. Poco sospechaba entonces que la charla formaba parte de un plan orquestado por los sectores más conservadores de la oligarquía del catolicismo español para deshacer el trabajo de modernización y engarce con el concilio Vaticano II que intentó el todavía llorado cardenal Vicente Enrique y Tarancón. La charla fue salvaje. Mi recuerdo puede que no sea muy preciso, pero la impresión que dejó en mi fue indeleble: Allende fue retratado como un demonio (rojo, claro), un hipócrita cuya preocupación por los chilenos más desfavorecidos escondía un complot bolchevique que pretendía la dominación de América, y del mundo. Los detalles fueron muy feos. Recuerdo uno, especialmente, que fue narrado con especial fruición porque, supuestamente, el sacerdote había sido testigo de cómo Allende habría manifestado su repugnancia por haber estrechado las manos de cientos de mineros pobres, y, claro, sucios, desarrapados, casi inhumanos. Les ahorro las indecentes, criminales y nada cristianas justificaciones del golpe militar, del bombardeo de la Casa de la Moneda, de los muertos y desaparecidos durante la dictadura de Pinochet. Como digo, durante aquella charla aprendí que no había que temer a Dios, sino a los hombres. Especialmente al que tenía delante.


No se me ocultaba que existía otra iglesia, otros sacerdotes, otros cristianos. Pero algo quebró en mi. Años más tarde la lectura de Jaynes me ayudó a entenderlo: Jaynes escribió que los seres humanos antiguos, antes, aproximadamente, del año 1000 aC, no eran “conscientes”, reflexivamente meta-conscientes, y operaban por medio de esquemas de hábitos conductuales automáticos, no conscientes. En lugar de tener meta-conciencia, estos humanos tenían lo que Jaynes llama una "mente bicameral". Para los seres humanos bicamerales, cuando los esquemas de hábitos conductuales no eran suficientes para manejar estímulos novedosos, y el estrés crecía en el momento de la decisión, la actividad neuronal en el hemisferio "dominante" (el izquierdo) era modulada por las alucinaciones auditivas verbales procedentes del hemisferio llamada "silencioso" (el derecho, especialmente el córtex temporal derecho), que eran escuchadas como la voz de un jefe o un dios y obedecidas inmediatamente: "[Para los seres humanos bicamerales], la volición fue una voz que tenía el carácter de una orden neurológica, en la que la orden y la acción no estaban separadas, en la que oír era obedecer". Es el trasfondo de la idea del temor a Dios, y de la relación entre los dioses y los hombres en la Ilíada. Jaynes argumentó que el cambio de la bicameralidad a la conciencia (entendida como la meta-cognición lingüística) se produjo en un período de diez siglos que comienzan alrededor del año 1000 antes de Cristo. La presión para que se produjera la aparición de la conciencia como medio para el control cognitivo se debió, en parte, al caos y la desorganización social que se produjo hace unos tres mil años, que coincide con y es estimulado por el desarrollo de nuevos métodos de control de la conducta, como la escritura. Cuando la revista Life le pidió en 1988, como a otros, unas palabras sobre el significado de la vida, Jaynes respondió que no tenía respuesta: "Las palabras tienen significado, no la vida de las personas o el propio universo. Nuestra búsqueda de la certeza descansa en nuestros intentos de comprender la historia de todos los seres individuales y todas las civilizaciones. Más allá de eso, sólo hay temor".


No siento ninguna piedad por los sacerdotes, los católicos, los cristianos o las gentes religiosas en general que siguen anclados en la mente bicameral, como el sacerdote de mi relato anterior. Y sí, y mucha, por la gente de bien que, a mi parecer equivocados, pero con sincera humildad y conscientes de que su fe se basa, fundamentalmente, en el deseo de la fe, intentan dotar de significado al mundo. Algunos ya hace tiempo que renunciamos, dicho sea con feliz desconsuelo.

Josep Izquierdo | 16 de marzo de 2013

Comentarios

  1. pseudopodo
    2013-03-17 00:17

    Gracias por enlazarme, <b>Josep</b>, aunque no coincida con tu interpretación: creo que hay más en la religión que la mente bicameral, aunque Jaynes me interese mucho.

    Quería también corregir el enlace, porque el que hay ahora manda a un post equivocado. El correcto es <a href=“http://pseudopodo.wordpress.com/2012/04/30/50-libros-10-razon-fe-y-revolucion-de-terry-eagleton/”>éste</a>

    Un saludo

  2. José Eburi Palé
    2013-03-17 00:17

    Apreciado Josep
    Bien.
    Bien tus ideas plasmadas en el texto y bien tus prolegómenos.
    Compartidos ambos, ideas y prolegómenos, por muchos.
    Me quedo con: aprendí que no había que temer a Dios, sino a los hombres.
    Pero yo diría más:
    Un Dios a quien se le haya de temer por decreto, no es digno de serlo.
    Lo de los hombres, desde luego de acuerdo.
    Agradable y fresca lectura, y tema de enjundia donde los haya.
    Gracias

  3. Josep Izquierdo
    2013-03-17 03:05

    Apreciado Pseudópodo:

    De nada. Yo también creo que hay mucho más en la religión que la mente bicameral, como he escrito ya en otros artículos y como haré en otros por venir, pero aún hoy hay mente bicameral en muchas personas religiosas. Gracias por el enlace, lo corrijo ahora mismo.

    Y gracias a José.

    Un saludo

  4. Epicureo
    2013-03-18 06:19

    Si los religiosos como el de la charla fueran “bicamerales” al menos podríamos reconocer que son sinceros. Esquizofrénicos, pero sinceros.

    Lo que pasa es que no es así. Son básicamente hipócritas que manipulan la religión para ejercer la autoridad y el poder. De hecho, el misticismo, la verdadera “bicameralidad”, ha estado mal visto en la Iglesia desde hace varios siglos.

    Yo no me tomaría tan en serio las teorías de Jaynes, en cualquier caso.

    Y sí, en la religión puede haber más que eso.



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