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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Dietario para la revolución

Llámenme aguafiestas, pero todavía está por llegar la revolución que triunfe. No la que tome el poder, de esas ha habido unas cuantas, sino aquella que consiga alcanzar sus objetivos y mantenerlos en el tiempo. Repasen ustedes cuantas revoluciones quieran, pero fíjense en quién gobierna diez años después y qué políticas desarrolla. En ese sentido, las revoluciones son estallidos emocionales (dolor, rabia, ira…) que se extinguen en cuanto se agota su combustible, y es por eso que fracasan, aunque triunfen: porque la felicidad del triunfo diluye las pasiones, y entonces ya sólo queda la demanda de justicia que le es inherente, que es siempre infinita, y por tanto inalcanzable.

“En algún lugar he leído que el aburrimiento es el tormento infernal que Dante olvidó.” Acedía, ennui, mal du siècle… Al fin y al cabo, una emoción como la vergüenza, la culpa o el desprecio. Una emoción infantil, intelectual, aristocrática. Que no parezca que hacemos la revolución porque estamos aburridos, aunque así sea. Porque, si no, será lógico que alguien ahí fuera se pregunte por qué discutimos si la enseñanza de la religión como fenómeno espiritual debe ser prohibida en las escuelas, o sólo el punto de vista católico sobre el tema, mientras la escuela pública acaba en manos de empresas de capital riesgo. No confundamos hablar del sexo de los ángeles con el sexo oral. Por cierto: la frase inicial es del arquitecto que diseñó la Germania hitleriana.

La justicia es el motto de toda revolución, lo explicite o no. Y la justícia es el summum bonum de la sociedad contemporánea. ¿Para cuando un análisis de la justicia en las narrativas de masas? Un ejemplo: que una de las series de televisión más longevas haya sido, durante los últimos veinte años, Law & Order, una serie que se esforzaba por establecer lo justo (básicamente, que la justicia no es ni debe ser individual, sino social) en una realidad lábil y multiforme dice mucho. Y que haya sido suprimida, también. Tal vez sea la justícia como ente autónomo desligado del individuo aunque no de sus circunstancias lo que ya no vale. El último capítulo de la sexta temporada de The Mentalist acaba con el protagonista tomándose la justicia por su mano, Justified posee un título lo suficientemente explícito como para que no sea necesario advertir que el concepto de justicia hoy en día ha virado: ya no persigue la paz social, sino la paz individual, el resarcimiento inherente a la venganza. Podríamos decir que la justicia, el concepto social de justicia, se ha absolutizado: ya no atiende a circunstancias y atenuantes, ya no busca el bien común sino el bienestar privado. No la resolución del conflicto sino la satisfacción de la víctima.

“Vota contra el bipartidismo”… Y los deseos se cumplieron: ya no hay bipartidismo, sólo monopartidismo. ¿Nunca les advertí contra los deseos cumplidos?

Josep Izquierdo | 11 de junio de 2011


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