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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Estrategia manifestacional, bestialidad, y algo de belleza

El PP de la “Comunitat Valenciana” ha pedido en el juzgado que se prohíba la manifestación que había sido convocada para mañana sábado contra la corrupción en el gobierno autónomo y para pedir la dimisión de su máximo responsable, al parecer por un quítame allá un traje de presidiario en el cartel convocante. Por un traje. Qué ironía. Como sospechaba yo durante toda la semana, esta manifestación no le iba a hacer ninguna gracia.

Alto. Algún lector puede preguntarse legítimamente si hay alguna manifestación en contra de alguien que le haga gracia al aludido. Pues sí, las hay. En este caso concreto, y con el “molt honorable” en cuestión, no sólo las hay, sino que además le provocan un estado de excitación comparable sólo a la que le provoca una foto con Rajoy en el balcón del Ayuntamiento de València: las dos hicieron que se le aliviara como por ensalmo un principio de hernia discal. Las manifestaciones que le gustan a Camps son las que protestan por el cierre de las emisiones de TV3 en “su” comunidad: hace unos días no tuvo empacho en pedir a los fotógrafos que le acompañaban en una maratón inaugurativa preelectoral que le sacaran fotos delante de una de ellas, en Castellón. Entre los fotógrafos y los manifestantes le ahorraron una buena pasta en carteles y anuncios. Otro lector, o puede que el mismo, se pregunte tan legítimamente como antes cuál es la razón de tan, aparentemente, extraño comportamiento. La razón es que el anticatalanismo es, en España y en el País Valenciano, muy rentable electoralmente. Aparecer de manera tan gráfica como el aguerrido héroe que detiene a las hordas catalanistas es impagable. Casi tanto como el infausto anuncio que sufragó la misma entidad cívica que ha sostenido económicamente el funcionamiento de los repetidores de TV3 durante la primera campaña electoral que ganó el PP en València, allá por 1995: un anuncio que alertaba sobre los peligros que la victoria de Eduardo Zaplana traería a esta malhadada comunidad. Un anuncio como ese acabó teniendo efectos perversos: contribuyó a la victoria del PP, por mucha razón que tuviera, como el tiempo acabó confirmando. Puede que nos quedáramos muy a gusto con su publicación, pero estratégicamente fue un desastre, y Camps, que ni olvida ni perdona, seguro que lo recordó mientras exigía a los fotógrafos que hiciesen su trabajo, con pose y sonrisa forzada de top model.

Hace cinco días estuvo por aquí el ministro de Presidencia, Ramón Jáuregui. Y dijo lo que todos pensamos, obviando lo del socialismo que, dicho así, sin posibilidad de matices, no comparto: que València es una "tierra difícil, políticamente hostil para defender el socialismo y la libertad". El PP, Camps a la cabeza, salió en tromba a contrarrestar las verdades del barquero, afirmando que se sentía "orgullosísimo de presidir, en su opinión, la comunidad autónoma más libre y más democrática de toda España" y, pongan sus barbas a remojar, "el paradigma de la democracia, de la libertad, del progreso y de la modernidad de toda España". Y esto lo afirmaba cuando ya habían denunciado ante el juzgado de guardia la manifestación de mañana. ¿Contradicción? ¿Cinismo? ¿Desfachatez? Ya me disculparan, pero en este país esos conceptos ya no significan nada, ya no ofenden a nadie. Porque ya se sabe que quien no jalea al líder es un desafecto, que quien pide justicia y verdad no encontrará acomodo en esta tierra, que en palabras del Gran Timonel amante de las regatas, sobre todo las que paga el gobierno central, la Comunidad Valenciana "solo es hostil a aquellos que no creen en la libertad, en la igualdad, en la democracia, así como a quienes no creen ni en la Constitución, ni en el Estatuto, ni en España”.

Así que, infieles míos, renegados todos, terroristas intelectuales y demás amenazas para la paz de los cementerios, nos vemos mañana en la manifestación.

P.D.: Pero no puedo dejarles inmersos en tan extrema bestialidad, así que les propongo que también se sumerjan en la extrema belleza del más reciente trabajo artístico de mi muy querido amigo Roger Colom, sobre el cual escribiré el post de la semana que viene. Lamento tanto no estar ahí!

Josep Izquierdo | 26 de marzo de 2011


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