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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Garzón y el eterno retorno

Los acontecimientos desde el viernes pasado bastarían para alimentar los artículos de todo un año, pero la vida es breve y raramente da brevas, así que despachémoslos con laconismo, sin perjuicio de retorno posterior sobre alguno de ellos, un eterno retorno, en más de un caso.


La ordalía gubernamental del miércoles estuvo coreografiada por un sádico que fantasea con autos de fe. Ardió en la pira del recorte en gastos sociales, y parece que ha sobrevivido, que es más de lo que puede decirse de la oposición popular y de los sindicatos.


Los primeros porque las medidas alternativas propuestas parecían sacadas del bolsillo interior del chaqué de Groucho Marx, y porque en situaciones de especial gravedad y urgencia, quien sacrifica algo (como el gobierno su credibilidad) transmite más confianza que quien recogerá beneficios a buenas y a malas. En ese sentido los populares parecen especuladores metafísicos: ganan tanto si las medidas funcionan como si no. Y no están los tiempos como para mostrar simpatía por los Madoff del espíritu.


Los sindicatos han convocado una huelga de funcionarios. Dejo de lado el triste papel de los sindicatos  de clase en la democracia postmoderna, cuya supervivencia acomodada depende, precisamente, de que sean sindicatos de clase media. Sospecho que secretamente están de acuerdo en todo con el gobierno, especialmente con el recorte de sueldo de los funcionarios, y que incluso les parece escaso. ¿Cómo, si no, se explica que para protestar por ello convoquen una huelga de la función pública cuyo mayor beneficiario será, precisamente, el tesoro público gracias a la parte proporcional del sueldo que se deje de percibir ese día? La explicación alternativa es que son una institución esclerótica incapaz de proponer formas de reivindicación o de protesta que tengan una repercusión real en el único terreno que importa: el de la opinión pública. Dos millones y medio de funcionarios frente a cuatro millones y medio de parados que aplauden la medida hasta con las orejas es, como mínimo, una batalla desigual. De José Blanco se podrán decir muchas cosas, pero esto lo entiende: su presencia mañana sábado en La Noria, un programa de televisión que sorbe los vientos por ese tipo de teleespectadores, lo corrobora.


Y los trajes de Camps han vuelto a salir del armario. La causa por cohecho ha sido desarchivada y, a la espera de su imputación definitiva, el President de la Generalitat Valenciana ensaya un holocausto autonómico estilo “aut Camps aut nihil”, mientras sus perrillos falderos actúan de mafias perdonavidas afirmando que el presunto corrupto no convoca elecciones anticipadas para no destrozar al adversario.  El caso es que es probable que no les falte razón, hoy por hoy, pero si fuesen más leídos atenderían la advertencia del clásico catalán Bernat Metge, notorio corrupto él mismo,  que ya avisaba que “la gent se alegra de novitat, e majorment de novella senyoria” (la gente se alegra de las novedades, especialmente de nueva señoría). Y lo de Camps empieza a sonar a cosa vieja. Incluso él mismo parece notoriamente más viejo en sus últimas apariciones: mala cosa para un político tan preocupado de su galanura y distinción como para aceptar (presuntamente, oiga, que como me descuide me meten una querella) atavíos graciosamente donados. Un consejo gratis et odio: mientras en Roma se delibera, Sagunto es asaltada.


Y en esto llegó la suspensión de Garzón. Se cumplió el rumor que auguraba que si la causa contra Camps era desarchivada, Garzón seria suspendido.  ¿Demostración de fuerza e influencia? ¿Venganza? Estupidez. Parece mentira que esta gente tan seria, tan de orden, tan de misa y comunión, no sepa cómo se fabrican los mártires: mediante la cólera irracional y la impiedad.

Josep Izquierdo | 15 de mayo de 2010


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