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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Manu Chao, Antígona y Lakoff

Mis alumnos suelen ofenderse cuando, tras cerca de un mes explicándoles la poesía trovadoresca, forzándoles a leer una lengua cuya mera existencia y pervivencia es un desafío a su mundo basado en el hic et nunc, les obligo a hacer un comentario de “corazón partío” de Alejandro Sanz a partir de lo que han aprendido sobre aquellos majaderos que, para espantar el aburrimiento y las tentaciones carnales (ya se sabe: “perro ladrador…”), inventaron el amor allá por el siglo XII. Ofenderse es poco. Se sobresaltan en sus sillas con evidente peligro para sus rabadillas (excepto para la del listo que ha robado la silla del profesor, ligeramente, sólo ligeramente, más mullida, si el forro de gomaespuma recubierto de polipiel no ha desaparecido ya). Reaccionan como si el hecho de que su imaginario sentimental sea una mala copia vulgarizada ad infinitum de lo que han estudiado subvirtiese su orden establecido: el aislamiento de su mundo no sólo respecto del mundo de los adultos, sino del mundo académico y de cualquier posibilidad de conexión con el pasado o el futuro. A ello hemos contribuido no poco los mismos adultos, quienes, en definitiva, somos los que les nutrimos con contenidos. Nuestro ideal de protección infantil se ha convertido en un ideal de aislamiento infantil, que, a su vez, se convierte en una frontera intelectual durante su adolescencia.

Ahora que andaba yo ocupado en pensar cómo les explicaré la literatura universal que el curso que viene se incorpora como nueva asignatura al bachillerato, llega hasta mí la letra de la última canción promocionada de Manu Chao: Politik kills. Más de uno pensará que intento relacionar el tocino con la velocidad a base de darle patadas a un cerdo, o, por si me acusan de crueldad hacia los animales, de pagarle un billete en el AVE. Pero la verdad es que me vendrá al pelo para que ejerciten lo que aprendan sobre la tragedia griega comentando la letra de la cancioncita. Porque tras el siglo de Edipo, hemos entrado en el siglo de Antígona: en una dura lucha entre leyes y valores, entre la política y la familia. No oculto mi escasa simpatía por los segundos, y que Jesús Caldera, el encargado de levantar el Think Tank del PSOE que debe hacer frente a la FAES, se ampare en Lakoff, quien defiende que la moralidad política se base en un modelo de la familia que hace retroceder hasta tiempos prebíblicos para enunciar las líneas maestras del porvenir, me devuelve inevitablemente a Sófocles y mis simpatías por Creonte. Puede que la política mate, pero la familia lo hizo antes, más, y mejor.

Josep Izquierdo | 16 de mayo de 2008

Comentarios

  1. dErsu_
    2008-05-22 19:49

    Sí, recordamos a Creonte, a Antígona (en mi caso con antipatía), pero… ¿quien se acuerda de las víctimas, de Euridice i de Hemón?



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