Libro de notas

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Textos del cuervo por Marcos Taracido

TdC es un diario de lecturas, un viaje semanal por la cultura. Marcos Taracido es editor de Libro de notas. Escribió también las columnas El entomólogo, Jácaras y mogigangas y Leve historia del mundo [Libro en papel y pdf]. Ha publicado también el cómic Tratado del miedo. La cita es los jueves.

Ramón

Deberíamos preguntarnos cuánto le debemos a Ramón; a cada rato. No hemos tenido observador más singular en la literatura en español. Su percepción del mundo era tan delicada como agreste, tan dolorosa como edificante. Una hoja con tres anversos. Quizás el más libre de todos. Leer a Ramón es iniciar una aventura en la que jamás intuyes cómo acabará la siguiente frase. Dejó de escribir hace cincuenta años, pero eso no importa demasiado porque podemos practicarle la autopsia a su obra, todavía sangrante, incorrupta, llena de glóbulos rojos y alveolos, y de tumores gigantescos y metástasis luminosas que, a poco que bajemos las defensas, nos invaden.

Ya me callo: lo que sigue es una mínima selección de asombros:

El xilofonista de los senos

Aquel hombre de espíritu sutil y preocupado siempre se había interesado por encontrar en los senos el tono musical, la polifonía.
«La tienen –pensaba él–; la deben tener».
«Cada seno tiene un matiz musical. Lo único que hay que hacer es encontrarlos», seguía pensando él.
En las estancias reservadas se quedaban impresionadas las mujeres cuando del bolsillo interior de su levita sacaba un macillo y daba unos golpecitos en los senos. Se parecía al dentista cuando da unos golpes con el pequeño martillo en la dentadura del paciente o al médico cuando ausculta o reconoce por un procedimiento nuevo.
«Lo que hay que perfeccionar es el macillo… Los senos tienen su nota perfecta, pero es muy difícil de sacársela… Lo que hay que perfeccionar es el macillo…»
Y perfeccionó el macillo y gracias a eso un día pudo reunir las más deliciosas notas, en un conjunto ideal.
Ponía en fila sus mujeres de senos distintos, los senos agudos, chillones, frívolos, respingones como los cuernos del cabrillo, hasta los senos opulentos, caídos, graves, que daban la nota honda; unas veces era inútil el derecho o el izquierdo, porque daban una nota extraña en la escala de la colocación de las mujeres. El macillo se libraba mu mucho de tocar ese seno átono.
Resultaba fantástica la figura del grande y extraordinario xilofonista frente a los senos sumisos, que se le ofrecían con aguante sincero, como si fuese el corazón el que daba las notas entrañables de su música. A veces, cuando la pieza musical era larga y violenta, se dibujaba cierto dolor en la del seno más destacado, ese seno izquierdo o derecho que tenía la nota culminante y repetida en la partitura.

Senos, 1917

Debajo de la almohada de los cochecitos de niño esconde la mamá sus ilusiones muertas.

Hay en Cinelandia unos ensayistas de películas que gozan de un «Estudio» aparte, el llamado «Estudio íntimo».
Los actores que tienen sed de creación concurren a esa cristalera sencilla y allí se inventan las películas sorprendentes, en las que a veces sólo son protagonistas absolutos de la película dos ojos que se mueven en obscuridades cuajadas de cosas.
Entre los ensayos que se han hecho en ese «estudio», que es como la estuda pequeña en que se cultivan las especies más excepcionales, está la película poética.
Toda película ha estado regida por el verso, un verso que no se proyecta ni se transcribe en la pantalla; pero que da el ritmo inimitable de la creación cinematográfica.

Cinelandia, 1923

Si el caracol sube esa tapia es porque espera encontrar un huerto, no un cementerio.

Sin un poco de buena cursilería no se habrá hecho sino no vivir, quizás a lo más supervivir sin haber vivido.
[…]
Lo cursi nace de la conformidad de vivir y morir en una setentena de años y por eso agarra el alma humana y acierta con la intimidad que hay que da a cada cosa.
[…]
Lo cursi está tramado con pelos de la cabellera de la amada, con alma de niño muerto, con el hallazgo de la novia que no se encontró nunca y que era la predestinada, la que hubiera cuidado la casa salvándola a la angustia y al estrago.

Ensayo sobre lo cursi, 1934

Hay un momento en que el astrónomo debajo del gran telescopio se convierte en microbio del microscopio de la luna que se asoma a observarle.

¿Volverá el enano torero? ¿Volverá a cometer el director del circo la misma incorrección de coger a todo un hombre en brazos y hasta subírselo en un hombro, como una mona? ¿Nos volverá a poner en el mismo aprieto de no saber si reirnos o si llorar? Aquel enano como escapado de un frasco de alcohol, aquel enano, con una apariencia de viejecito acartonado, con pequeña cabeza de avellana, una cabeza frente a la que no se podía ver ni suponer lo que pensaba, tenía un momento más desconcertante que lso otros cuanda daba la mano a los niños, como un niño más pequeño que ellos, como un niño del que se ríen los niños, cuando era un hombre de experiencia seria, quizá de experiencia patética, lejano a la niñez, tal vez viejo ya. Los enanos son algo desagradable en el circo.

El circo, 1917

No tiene importancia que el cazador mate un pichón, sino que haya matado un vuelo.

Marcos Taracido | 24 de enero de 2013

Comentarios

  1. Pau Pascual
    2013-02-11 21:00

    Verdaderas perlas. Después de releerlas tres veces desearía más.
    Un poco avergonzado, siento tener que decir que no se quién es Ramon. ¿Alguna pista?

  2. Marcos
    2013-02-11 21:03

    En España hay dos Ramones, los dos inmensos. Este era más discreto, que ya es decir: http://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_G%C3%B3mez_de_la_Serna

    Saludos

  3. Pau Pascual
    2013-02-11 21:43

    Gracias Marcos. Perdona mi ignorancia, me faltó un profe como tú.
    Creo que toca descubrir a ese hombre. Gracias!



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