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Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve.

Réquiem por un punto y coma

El universo de las palabras sería un caos, y no un cosmos, sin los pequeños artefactos que representan los signos de puntuación. Cuando nuestros ancestros comenzaron a construir la escritura como plasmación física del pensamiento humano, toparon con una piedra de difícil instrumentación: trasladar a símbolos la prosodia, la cadencia con que las palabras gotean y el ritmo que producen sobre el oído virtual del lector.

Entre los infinitos mecanismos posibles, algunas lenguas optaron por una solución bastante parca; señalizar poco más que pausas y silencios, dejando al intérprete la peligrosa responsabilidad de reconstruir, con sólo estas indicaciones, la entonación de la que el amanuense intentó dejar constancia.

Pese a ello, el empeño viene funcionando con aceptable eficacia; además, cuenta con la ventaja de que reduce la representación a dos sencillos grafismos: el punto y la coma; mas, como pronto parecieran insuficientes, se les unió la combinación de ambos.

El punto y coma, por tanto, es un híbrido, como ya su propia extravagante grafía presupone. Tradicionalmente se le define como el representante de una pausa mayor que la que implica la coma pero menor que aquella que establece el punto. Tal definición –así estandarizada en decenas de textos de gramática– dejaría al estupefacto escribiente en la tesitura de tener que cronometrar hasta el milisegundo cada instante de mutismo; y aún así, de arriesgarse a emplear en la práctica tan ambigua norma, inevitablemente chocaría con casos frontera, en los que le fuera imposible decidirse entre la coma y el punto y coma o entre éste y el punto redondo. Peor lo tendría el lector que quisiera demostrar su pericia en la interpretación del texto, valiéndose de un estricto metrónomo mental que le permitiera revelar a su audiencia a qué símbolo corresponde cada ínterin como si fuera un virtuoso percusionista ante una retorcida partitura.

En realidad, y prescindiendo de la apariencia gráfica del signo, el punto y coma tiene personalidad propia y usos precisos e insustituibles; pero, lamentablemente, éstos son frecuentemente desconocidos, lo que provoca su cada vez más exigua presencia hasta el punto de que hay muchas voces que consideran que está “en desuso”.

Como no puedo sino estar en desacuerdo con lo antedicho, les traigo a continuación las normas de uso elemental de esta “especie en extinción”.

El más inequívoco empleo del punto y coma es para enmarcar los fragmentos de la oración cuando ya se usan comas para un nivel inferior, como sucede en la soberbia rima de Bequer:
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… yo no sé
qué te diera por un beso.

También allí donde separe frases con una ligazón semántica fuerte (por ejemplo: causa y consecuencia) que el punto rompería dando una falsa sensación de independencia entre ellas. En este caso, muchas veces puede sustituirse por los dos puntos; Antonio Machado decidió usar ambas opciones en estos versos:
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón.

Igualmente, ante conectores del tipo “pero”, “aunque”, “sin embargo”, “en consecuencia”, “por tanto”, etcétera; especialmente, cuando la oración subsiguiente tenga una cierta longitud y sobre todo si ésta utiliza comas en su desarrollo, como sucede en este conocido fragmento de “El Quijote”:
”... se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio.”

Estos usos, y otros más o menos similares, nos llevan intuitivamente a una regla algo más en consonancia con las normas de estilo, donde se nos sugiere que el punto y coma es el candidato ideal allí donde la coma se hace insuficiente o reiterativa, o donde el punto supondría una inaceptable ruptura en la continuidad del pensamiento.

Por lo demás, no hay riesgo inminente de que la silueta del punto y coma desaparezca de nuestros teclados; al contrario, los lenguajes informáticos han hecho de él uno de sus tokens predilectos. Pero ya que está ahí, démosle también en el lenguaje humano, el lugar que se merece.

Miguel A. Román | 28 de agosto de 2006

Comentarios

  1. Marcos
    2006-08-28 10:43

    Impagable, señor Román. El punto y coma es uno de los quebraderos de cabeza para cualquier docente de lengua; por otra parte, si un alumno lector se nota en la ortografía, la coherencia y la redacción en general, es quizás en el uso de los signos de puntuación donde más se percibe: si un alumno sabe usar el punto y coma, es que es lector constante.

    Saludos.

  2. Jesús
    2006-09-07 19:54

    Si no voy mal, otro uso común del punto y coma es en enumeraciones largas en las que se describe cada elemento. Por ejemplo:

    “Esta frase enumera tres palabras: la primera, que es la que enuncio en primer lugar; la segunda, que viene justo a continuación; y finalmente la tercera, que es la última”.

  3. Gosku
    2006-09-07 20:49

    Enhorabuena por el artículo. Me ha encantado, sobre todo porque hace ya un tiempo que dejé de usar el punto y coma, precisamente porque era incapaz de averiguar cuándo era un momento bueno para usarlo. Este texto me ha ayudado a aclararme un poco. Muchas gracias.

  4. Rodrigo Garcia
    2006-09-08 01:51

    Yo soy ingeniero en informatica. El punto y coma lo uso todos los dias, cientos de veces al dia.

    Probablemente no en el mismo contexto, pero era algo que simplemente tenia que comentar :D

  5. Javier Smaldone
    2006-09-08 07:05

    Excelente, Miguel. Ya hace unos años intenté la arriesgada aventura de buscar apariciones del punto y coma en textos escolares; claro está, sin fortuna.
    Bienvenido sea este tipo de aportes a nuestra cultura.

  6. Raul
    2006-09-08 15:02

    Genial aportación al cada vez más deformado lenguaje escrito. Me gusta el ; y lo uso, es una pena que efectivamente y como has notado cada vez se vea menos incluso en textos “profesionales” (que incluyen además barbaridades diversas en las que no quiero aventurarme por falta de tiempo)

  7. Ender Muab'Dib
    2006-09-08 17:22

    Jesús, el uso que tú comentas es el primero que Román ha especificado:
    «El más inequívoco empleo del punto y coma es para enmarcar los fragmentos de la oración cuando ya se usan comas para un nivel inferior».

    Quizás lo estés confundiendo con la cuarta función del punto y coma, que no ha sido aquí especificada: las listas de elementos en distintos renglones, por ejemplo:
    —Primer elemento;
    —Segundo elemento;
    —Tercer elemento.
    Dichas listas finalizan con un punto.

    Román: Genial artículo que no he dudado en enlazar desde mi blog, aportando mi granito de arena a la divulgación de su uso. A ver si entre todos conseguimos que no sólo los programadores abusemos de él.

    Saludos!

  8. Juanjo Acosta
    2006-09-09 10:48

    Me limito a corregir de su texto un punto y coma:
    “Entre los infinitos mecanismos posibles, algunas lenguas optaron por una solución bastante parca: (Y NO PUNTO Y COMA) señalizar poco más que pausas y silencios, [...]”.

    Sin comentarios.

    Un saludo.

  9. Marian (desde Venezuela)
    2006-09-27 14:23

    Si juntáramos todas las palabras y expresiones que nos atacan a diario en los países donde hablamos español, no terminaríamos nunca de poner ejemplos como los de esta página. Es verdad, el lenguaje está vivo, aunque políticos, artistas, cantantes y periodistas se antojan de matarlo a diario. Y nosotros nos antojamos de hablar por repetición.

  10. Federico Bassano
    2007-05-03 06:38

    Gracias por la clase ¨magistral del uso¨ del ; ... personalmente soy un escritor argentino que a veces hago uso (y abuso) del ¨punto y coma¨, y finalmente me decidí a revisar un poco su real utilización. Felizmente no estaba tan equivocado como lo venía aplicando.

    Desde ya, muchas gracias Román. =)

  11. Marco Antonio
    2007-11-07 05:07

    Evidentemente, señor Román, el punto y coma (y hasta los dos puntos) es el gran convidado de piedra de algunos buenos escritores; con la consiguiente pérdida de sentido y unidad en sus párrafos. Pienso que hay que ver no solo enunciados, sino textos; así, parece que el punto y coma forma parte de un todo, de un organismo: es orgánico. Por eso, uno siente un impulso vital antes de la llegada del punto y coma; parace como si estuviera “cantado”. Para esto (creo yo), se requiere mucha práctica, sensibilidad e intuición. Pero no es tan difícil. Organizándose un poco, todo queda bien, en su sitio. Todo eso, aunque no haya reglas fijas, suena muy racional. Y cualquiera que desee comprobar lo que dije sobre aquellos escritores, pueden hacerlo en tal o cual novela. Abundan los ejemplos.
    Muchas gracias.
    Marco Antonio Sánez.

  12. Marco Antonio
    2007-11-29 15:49

    Hay que decir que los signos tienen una jerarquía, y, en este caso, a la coma le sigue el punto y coma. Donde ya se registró la coma, irá el punto y coma para evitar la ambigüedad. Creo que este caso sería una innovación, que no está claramente estipulada en las normas de la RAE. Pongo un ejemplo:
    En la novela La tía Tula, de Unamuno, primera página, dice: -Tienes razón, Tula, perdónamelo.
    Deténgamos en esto. Aquí vemos una coordinación de dos oraciones; pero pregunto: ¿el vocativo “Tula” pertenece a “Tienes razón” o a “perdónamelo”?
    Creo que por una cuestión de inercia el cerebro lo entendería como que el vocativo pertenece a la primera; así: “Tienes razón, Tula; perdónamelo.”
    Pero otro, perspicaz, diría: no es así; puede ser también: “Tienes razón; Tula, perdónamelo.”
    De modo que, para evitar esa ambigüedad, el punto y coma queda muy bien en ambos casos, dependiendo de nuestra intención. Sobre todo después de haber usado alguna coma.
    Como colofón: si el enunciado es una sola oración, no hay necesidad del punto y coma.
    Ejemplo: “Tienes razón, Marco Antonio, en lo que dices.” Ojalá reciba comentarios.
    Marco Antonio Sánez.

  13. Aitor Zubiaurre
    2007-12-10 18:44

    Ahí va mi comentario, Marco Atonio.
    Confieso que al empezar a leer el tuyo, lo de la jerarquía, he sentido un nanogramo de rechazo, por un instante. Tu comentario central, el de la tía Tula, me ha hecho aprender, y me ha repuesto gozosamente del susto inicial. Lo digo yo, que soy un voraz consumidor de “puntoycomas”.
    Terminaré diciendo que soy más pesimista que Miguel A. Román. Además del punto y coma, también el punto va desapareciendo, devorado por la coma, desplazada a su vez por el simple espacio en blanco. ¿Quién se acuerda ya de “abrir interrogación”? ¡Ya puede ir la eñe remojando su bigote!

    Saludos.

    P.S.: Acabo de leer, con horror, al pie de esta misma página, al final del recuadro titulado “Nota Importante”:
    “Se soporta marcado con Textile, (¿¿¿ cccooommmaaa ???) en caso de no …”
    ¡Ya vienen! ¡Socorrooooo…!

  14. Francisco
    2007-12-11 03:14

    Muy buena y esclarecedora contribucion de Miguel A. Roman. Vale por un libro.


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