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Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve. Pueden seguirse sus artículos en Román Paladino.

Baipás

El sustantivo o nombre es, con mucho, el elemento más enriquecedor de los idiomas. Cada pueblo construye las lenguas según sus necesidades, y entre éstas la más imperiosa en el tiempo es la de dar designación distintiva a cuanto nuevo elemento entra en nuestras vidas.

Mas esta necesidad de dotar de denominación propia (y a ser posible, exclusiva) a cada entidad nueva que aparece en el universo de los hablantes no está exenta de riesgos, entre otros el de incorporar al buen tuntún voces técnicas sin esperar a que los conceptos que transportan sean asumidos como propios por el pueblo, único y legítimo propietario del habla.

Con frecuencia el problema de adaptación de estos vocablos inmigrantes no es tanto el mensaje que contienen como los grafismos que se aplican, especialmente cuando la pronunciación difiere en demasía de la aceptada en el idioma.

En la reciente edición del Diccionario panhispánico de dudas, me encuentro con que las Academias que lo suscriben proponen escribir baipás para citar el by-pass, técnica quirúrgica que inserta una vía de circunvalación en el maltrecho circuito coronario de los pacientes, o nocaut para referirse a la pérdida de conciencia del púgil por los certeros guantes de su adversario (_knock-out_), entre otras muchas adaptaciones que intentan asimilar etimología a fonética.

Recuerdo que hace unos años, la de la Lengua Española propuso escribir “yas” para nombrar la sensual música de origen afroamericano… o sea, el jazz, o “yip” (por jeep) para citar los vehículos todo terreno. No recuerdo que nadie sensato siguiera tal recomendación, y sólo con algo más de éxito se mantiene güisqui.

No es nueva, sin embargo, esta fórmula de reconversión lineal del fonema en grafema. Sin excesivo trauma el castellano de inicios del siglo XX acogió fútbol como trascripción directa del inglés football aunque durante muchos años intentó en vano imponerse “balompié”, hoy decididamente obsoleto.

Chut, ponche, panqueque, autobús, etcétera, ya se acomodaron en su momento al castellano hablado y escrito y otros muchos barbarismos vienen ganando cada día su cuota de adeptos que ensayan representaciones escritas ora atendiendo al sonido que producen (beicon, góspel, rosbif) ora pronunciándolas como si en común español estuviesen, alterando o no la grafía original (_vídeo, sándwich, software_).

En tiempos pretéritos, cuando muchos ciudadanos apenas sabían leer su propio idioma, menos todavía los foráneos, la transmisión oral acuñaba sonidos que llegaban a la escritura mucho más tarde ya con carta de naturaleza adquirida. Pero hoy en día hay ya varias generaciones en la calle que, más bien que mal, reconocen los vocablos tal y como se escriben en su lengua original, por lo que aquellas fórmulas que escasamente reflejan el étimo original pocas probabilidades tienen de aclimatarse en nuestros diccionarios.

A mi juicio, en estos casos, bien harían las Academias en dejar al pueblo soberano que mostrase, con el inevitable paso de los años, sus preferencias y no apostar a priori por caballos de tan dudosa estampa.

Miguel A. Román | 28 de enero de 2006

Comentarios

  1. Marcos
    2006-01-28 18:41 Dos consideraciones:

    1. ¿Hasta qué punto es “bueno” esa transcripción fonética? Con la adaptación fonética del voacablo extranjero perdemos su etimología y, por lo tanto, nos alejamos de su significado, de su origen.

    2. Creo que en cuestión de triunfo o no de las adaptaciones juega un papel esencial la publicidad y los medios. No han triunfado yas ni yip (ni creo que triunfe güisqui) porque aparecen constantemente en su forma original en los anuncios, en la tele. Baipás, por ejemplo, es más fácil que se quede entre nosotros: no es vocablo de uso común y bastará que lo adapten las redacciones de los periódicos para que se perpetúe.

    Saludos.
  2. Miguel A. Román
    2006-01-29 00:48 Los mecanismos del evolución del lenguaje no son ni buenos ni malos cuando son generados espontáneamente en el seno de la sociedad que los habla, son sencillamente “naturales”. Pero cuando son artificialmente “acelerados” desde instituciones como la Academia o la Fundeu o bien a través de medios de comunicación o publicitarios de gran alcance, el hablante no puede elegir y, en general, prefiere fiarse de lo que oye o lee a otros.

    La trascripción fonética ha sido, hasta hace unos decenios, el mecanismo predilecto para importar vocablos extranjeros: cóctel, petisú, estor, chófer, etcétera; principalmente, supongo, debido al alto analfabetismo (el madrileñísimo chotis es el resultado de pronunciar el alemán schotisch, “escocés”).

    Pero actualmente no es raro que la forma escrita preceda a la oral en la difusión. Eso explica que en España no pronunciemos “maicrosof” (Microsoft), “maiami” (Miami), “guey” (gay) ó guay-fai (Wi-fi), que sin embargo sí son así pronunciadas en el español de Hispanoamérica, sobre todo en México, Cuba, Puerto Rico o Venezuela que son paises mucho más próximos al habla yanqui. Sin embargo no decimos “bite” sino “bait” para byte, o asumimos correctamente la hache aspirada en Harlem, Haway, hacker, Hanoi, harira, hámster, hachís, hippy o Honolulú, sin necesidad de transcribirla como “j”.

    Como anécdota para hacer ver que no es este un asunto baladí, está el problemático hecho de que nuestra moneda “euro” se pronuncia de forma distinta en cada lengua europea (“yu®ou” en Inglaterra, “oggó” en Francia, eúro en Italia, eerou, ouro, etcétera).

    Como digo, los mecanismos son complejos y cambian con los tiempos, por lo que insisto en que forzarlos detentando autoridad sobre el lenguaje es un error, cuando no un abuso.
  3. claudia
    2007-09-14 04:31

    ase como 5 años que estoy buscando remedio para mi obesidad pero nada me a resultado bie.
    este año me iban a aser una operacio
    pero el otro dia el doc me dijo que no abia caso y yo estoy muy desesperada me quiero ber bie y estar sanada de esta enfermedad .
    soy muy joben tengo 35 años y quiero mejorarme.

  4. Ana Lorenzo
    2007-09-14 19:40

    Miguel, uno de tus mejores artículos, y mira que es difícil superar lo bueno en materia de lengua, norma y uso. Un placer leerte. Sería una maravilla que en la RAE hubiera más como tú y menos académicos que no sabemos bien qué hacen ahí.
    Un beso.

  5. Maura Mares Flores
    2010-06-28 10:35

    Tengo vergüenza. Pero expesarè. Tengo un maestro alemàn. Siempre que compartimos casos clínicos, él està corrigiendo muchas de nuestros errores desde la expresiòn, pronunciación, escritura. Somos mèdicos. Desde que lo conozco leo más acerca de nuestro español y razono un poco más cuando escribo. Ahora, por casualidad me he encontrado con un libro hermoso de Alex Grijelmo, “La seducciòn de las palabras”. Lo he leído y en verdad que he aprendido. Actualmente estoy en la lectura de: “La punta de la lengua”, simplemente, ¡excelente!.
    Siempre era de mi parecer pronunciar las palabras de origen inglès como se escriben. Aunque hablo inglès, la mejor opciòn para mi es pronunciar todas estas palabras como se escriben cuado estoy hablando español. Por ejemplo: quiero una “diet coque”, pero lo sigo escribiendo en inglés. Prefiero ahora con esta lectura de Álex Grijelmo y Romàn Paladino buscar la mejor forma de expresar con un total español todo nuestro vocabulario. En mis sesiones jamàs volverè a decir “bypass” ni escribirè baipàs, expresarè que mis pacientes tienen una circunvalaciòn o el desvío de una arteria.

  6. will cy
    2014-01-21 00:15

    simplemente, ¡excelente!.



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