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Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve. Pueden seguirse sus artículos en Román Paladino.

El retorno de la Bitácora

“… inmediatamente, todavía impersonando al Cuépitán Ahab tras Morbid Dyke dio una vuelta completa al timón y el convertible giró barloventeó, con todo dentro, incluyendo esta bitácora o log, el log de Gog y Magog, magloglog y, entró por el estrecho canal de la calle”.

Guillermo Cabrera Infante fue… perdón, ¡es! uno de esos artesanos que forjan idioma a fragua y yunque, de esos genios unigénicos que los siglos paren con insolente cicatería. Entre el delirante, socarrón y refrescante canturreo que el cubano derramó sobre las páginas nunca suficientemente bien leídas de “tres tristes tigres”, se encuentra el suprascrito párrafo donde emparenta con total naturalidad dos conceptos, bitácora y log, que hoy nos son devueltos al uso tras un renovador tinte tecnológico que el premio Cervantes nunca pudo sospechar.

El “log” era, para los marinos que construyen su propio universo en paralelo al de las gentes de tierra, un sencillo instrumento consistente en un madero (log) atado a una cuerda anudada a intervalos regulares que dejaban correr sobre la popa. Los nudos de la corredera que quedaban atrás en un tiempo preciso marcaba el ritmo de avance de la nao. Aún hoy el nudo –“knot” en inglés– es la unidad náutica de velocidad.

De los guarismos que ese “log” arrojaba en cada singladura, así como de otros avatares se dejaba constancia en el “logbook” (literalmente, el libro del log), del que se deriva la expresión “weblog” y ésta a su vez apocopada en el eructofónico “blog”.

La bitácora, de otro lado, era (creo que sigue siendo) la columnata que se alza cabe el timón y en cuyo interior se resguarda tras un cristal la aguja de marear1. Y de igual forma, de las derivas de esta aguja sobre la rosa de los vientos, entendía el preceptivo “cuaderno de bitácora”.

Bitácora y blog–log definen pues, en espíritu, el relato diario de la navegación por esta Internet que nos ha salido con alma marinera.

Recientemente se ha difundido el bulo de que la UNESCO “culpa” a Internet del riesgo de pérdida de miles de lenguas. Pero tras leer el documento constato que el organismo cultural de Naciones Unidas no afirma tal cosa ni por asomo, antes bien, exhorta a los estados y a sus habitantes a poblar este arriate virtual con la floral diversidad de recursos lingüísticos, con especial atención a los más frágiles.

Podemos medir la fortaleza de un idioma tomando como referencia tres parámetros: el número de hablantes, la capacidad de reacción ante los envites que el avance tecnológico y social le imponen y el volumen (y la calidad) de literatura que en él se genera.

Aunque pueda resultar tranquilizador el dato de que la lengua española ocupa puestos de podio por el monto de hablantes, esa pujanza debe ser trasladada a la práctica esgrimiendo con descaro el vocabulario omnímodo forjado en un milenio largo de evolución idiomática, un legado que nos pertenece no para confinarlo en el baúl de la literatura trasnochada sino para jugar nuestras propias cartas sin tener que robar del mazo de enfrente.

“Bitácora” es –para mi gusto– un vocablo mucho más evocador (casi poético) que “blog”, como lo es “enlace” frente a “link”, “trasfondo” en vez de “background” o “pasarela” en lugar de “gateway”.

Y si además, en lo literario, encontramos en nuestro camino manantiales de lenguaje tan refrescantes y sabios como lo fue…, perdón, lo es Guillermo Cabrera Infante, nos queda idioma para muchas generaciones.

1 Aguja de Marear: Delicioso nombre para este invento chino, frente al casi nigromántico apelativo de “brújula”

Miguel A. Román | 28 de noviembre de 2005

Comentarios

  1. Alberto
    2005-11-29 00:31 PUes mira, yo utilizaba siempre “blog” o weblog”, y a partir de este texto utilizaré “bitácora”. La verdad es que lo hacía por inercia: no encuentro argumentos para utilizar ahora el término inglés.
  2. Marcos
    2005-11-29 18:41 Muy de acuerdo, Miguel. Sin embargo, dudo mucho que prevalezca el uso “bitácora”. Hay varias razones, pero creo poderosa una por encima de todas: la economía de la lengua: una sílaba (blog) frente a cuatro (bitácora). Con el actual estado de frenesí propiciado por la inmediatez internetera (y el SMS, no olvidemos), dudo mucho que cuaje un término tan extenso. Además, la inmensa mayoría de servicios que ofertan el alojamiento o creación de bitácoras utilizan el término inglés.

    Saludos.
  3. JMR
    2005-12-01 01:30 Bitácora, sin discusión:
    http://www.romera.blogalia.com/historias/18517

    Saludos.
  4. Magda
    2005-12-02 03:00 Me gusta mucho más bitácora, por supuesto, pero voy de acuerdo contigo en dudar de que prevalezca. Blog, además, es por blogger, entre todo lo que acertadamente apuntas.
    Hay una palabra que en lo personal me parece demasiado fea (demasiado): “linkear”, uf, y decir e-mail en lugar de correo-e, lo he dicho muchas veces, pero de nada ha servido, las convenciones…

    Saludos cordiales
  5. joseluis
    2005-12-02 08:21 Sabeis lo que pasó en Francia con el término email? Pues que, dado “courier” (correo, carta) y dado “électronique” propusieron couriel. Fallido. Con tal precedente, bitácora llegó tarde. Y la Real Academia, no llega a nada, claro …


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