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Román Paladino por Miguel A. Román

Miguel A. Román pretende aquí, el vigésimo octavo día de cada mes, levantar capas de piel al idioma castellano para mostrarlo como semblante revelador de las grandezas y miserias de la sociedad a la que sirve. Pueden seguirse sus artículos en Román Paladino.

¿Sabe usted qué es un puticlub?

Bien, si tu respuesta es no, supongo que deberían sugerirle a tus papás que controlen mejor tu uso de Internet.

El caso es que todos los demás sabemos qué es un puticlub (al menos sabrán qué significa esa palabra). Como lo sabe un ciudadano europeo que ha presentado un formulario en un ayuntamiento levantino solicitando abrir un local y en el campo “actividad” ha escrito: puticlub. Y cuando le han preguntado cómo se ha atrevido a escribir semejante cosa, su respuesta ha sido simple:
– Así se dice en español ¿no?
– Es que debería usted haber puesto “bar”.- le aconsejaría el funcionario.
– Es que yo no voy a poner un bar, sino un puticlub.

Y tendría razón en ambas cosas. Primero en que es inequívocamente un término del español, (pese al evidente anglicismo club). Y, segundo, en que el término está correctamente empleado: no es un bar, esto es, según el DRAE: Local en que se despachan bebidas que suelen tomarse de pie, ante el mostrador, sino en todo caso un “bar de alterne”, aquel local donde ciertas chicas tratan con los clientes, para estimularles a hacer gasto en su compañía, del cual obtienen generalmente porcentaje. O sea, un puticlub.

Sin embargo, el término, pese a ser español, ampliamente conocido y utilizado desde hace ya décadas, incluido un uso literario, extendido por casi todas las áreas hispanoparlantes y designar inequívocamente un concepto concreto, no aparece en el Diccionario de la Real Academia. (Nota: fue introducido y publicado en el DRAE en web en junio de 2012, este artículo es anterior a esa modificación).

Pero es que, contrariamente a lo que algunos piensan, el DRAE no es un catálogo exhaustivo del léxico del idioma. Ni lo es, ni pretende serlo ni, aunque lo pretendiera, lo podrá ser. Entre otras cosas porque las palabras nacen muy abajo, y hasta que llegan a las narices de los académicos, ya maduras y con su nicho bien asentado, han transcurrido normalmente varios años.

Con frecuencia leo consultas del tipo
– ¿existe la palabra cataplines?
Y la respuesta cabal es:
– Existe, y la prueba es que la está usando en la pregunta.
– Pero no viene en el diccionario, ¿Debo entonces escribirla en cursiva o entre comillas?
– No es necesario, la palabra es genuinamente hispana, no es un extranjerismo ni pertenece a una jerga técnica. Sólo (en este caso concreto) si se quisiera remarcar que es un vulgarismo malsonante.
– Entonces ¿cuándo sabemos que una palabra forma parte del idioma castellano?

¡Buena pregunta! Sencillamente cuando nos consta que el término forma parte del léxico común de una parte importante de los hablantes a los que va destinado el mensaje y, aunque su etimología fuese evidentemente foránea, no hay una palabra enraizada que represente fielmente el mismo concepto. Pero que figure o no en los diccionarios que consultamos puede ser únicamente una cuestión de tiempo y éxito vital del vocablo.

Es importante establecer a quiénes va destinado el mensaje, puesto que incluso en las variedades dialectales del español, las palabras que les son propias no han de ser destacadas o figurar entre comillas. Un ayuntamiento canario no escribirá en un bando la palabra guagua entre comillas, ya que en aquella región no se dice jamás autobús; como tampoco un mexicano ha de remarcar jitomate, que es como él llama diariamente al tomate; pero sí debería utilizar cursiva o comillas un cronista valenciano que relate a sus conciudadanos sus visitas a Canarias o México, haciendo notar que está utilizando localismos que les son ajenos a sus lectores.

Muchas veces noto una excesiva prevención al uso de neologismos. Algunos los evitan sustituyéndolos por rebuscados sintagmas que no son sino pacatos eufemismos, otros estigmatizan con comillas vocablos que ya han sido sobradamente nacionalizados. A vuelapantalla he recorrido algunas ediciones digitales de la prensa en español y he encontrado al menos estas cinco:

Parón, es decididamente aumentativo de paro. Sin embargo añade el matiz muy cualificado de una detención brusca e intempestiva. No he encontrado diccionario que asuma tal definición, pese a que hace más de un siglo que se viene usando con ese sentido. Hoy es noticia diaria el “parón inmobiliario”. A mi juicio no debería emplearse cuando se trata de un hecho normal y planificado, como hablan los periodistas del parón navideño de la liga de fútbol, que en tal caso sería más propio hablar de pausa o descanso. Menos aún si se habla de una huelga o parada laboral, en cuyo caso el aumentativo está de más.

Pinganillo es, entre los profesionales televisivos, el minúsculo auricular que llevan los locutores para el canal de instrucciones que les llegan desde realización. Se dice que este nombre le fue puesto por el realizador José María Fraguas, y, aunque ya existía el vocablo, se puede apuntar la paternidad del nuevo significado que ya ha trascendido el ambiente técnico donde nació y ha alcanzado a la política y el deporte.

Táper (o tupper), es obviamente el invento de Earl Silas Tupper consistente en un recipiente de plástico con tapa hermética. No es completamente sustituible por fiambrera, salvo que se especifique el material, ya que ésta es tradicionalmente metálica. Sea como sea hay que tener en cuenta que un nombre propio no constituye un extranjerismo per se, puesto que tampoco en la lengua materna del sujeto el término tiene el significado que le asociamos. Nos queda todavía arreglar el tema de su escritura y fonética, pero ya oralmente algún ministro advierte a los periodistas que asistan a la rueda de prensa con un tupper (porque la cosa va para largo) o la locutora describe un criminal artefacto explosivo ensamblado en un táper.

Clínex, aunque tampoco figura en el diccionario oficialista, es la grafía recomendada por el Diccionario de Dudas para el pañuelo de papel, con la obvia etimología de la marca registrada Kleenex. En inglés ya figura –con su grafía original, claro- en el Oxford’s. A la velocidad del lenguaje popular, el sustantivo está además convirtiendose en un adjetivo para designar con ironía elementos pasajeros o prescindibles (“de usar y tirar”).

Wiki, la Fundación para el Español Urgente ha incluido hace una semana la recomendación de considerar parte del idioma español este término proveniente de la lengua hawaiana utilizado para designar espacios web colaborativos. Por cierto, web sí figura en el Diccionario, pero colaborativo no.

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Referencias útiles:
Un excelente diccionario de neologismos

Miguel A. Román | 28 de febrero de 2008

Comentarios

  1. Merche
    2008-02-29 01:03

    Pues le estoy muy agradecida por el texto, ya que en más de una ocasión tengo dudas respecto a esta clase de palabras. Por cierto, yo era de las que decía siempre “fiambrera”. ¡Pero va a ser verdad que estrictamente no son siempre sustituíbles!

  2. Alberto
    2008-02-29 02:12

    ¿Puticlub? Ni idea, no…

  3. Francisco
    2008-02-29 02:42

    Roman, como va siendo rutina, culta rutina, tiene razon.

    Ni el DRAE, ni ningun otro diccionario, son catalogos exahustivos de las palabras del idioma.

    Son, simplemente una ayuda que en el caso del RAE, es lenta en adoptar neologismos, los que frecuentemente hurta de otras lenguas.

    Tal es el caso de “bar” y “pub”.

    Curiosamente desconoce “putibar” que es palabra que define uno de los negocios mas antiguos y conocidos del mundo.

    Mojigaterias de la gotosa corporacion de la lengua.

    Aunque realmente el hablar lo hacen los usuarios; es decir, nosotros.

    Menos mal.

  4. Francisco
    2008-02-29 02:50

    Correccion al comentario 3.

    Debi decir “puticlub”

    Es que estos neologismos diacriticos en dos idiomas son a veces confusos; aunque normalmente acertados. Podria ser tambien “putipub”.

    Como, por ejemplo, cuando alguien se refiere a un jurisconsulto con carencia de escrupulos, como abogangster.

    Saludos.

  5. Ana Lorenzo
    2008-02-29 23:27

    Como siempre, da gusto leer tus artículos, Miguel.
    Un beso.

  6. giafri_22@hotmail.com
    2008-07-01 00:17

    eswtoy agradesido por el texro pues no tenia ni idea

  7. joseluis
    2008-07-01 04:06

    Pst. No sé yo. Definición: “donde ciertas chicas tratan con los clientes, para estimularles a hacer gasto en su compañía, del cual obtienen generalmente porcentaje”. No sé yo que ello sea un puticlub. A menos que el “estimular” vaya en cierto sentido, ejem, y atendiendo algún particular sentido, el del tacto, mas no exclusivamente, pues vista y oído y gusto y olfato, pues que algo tienen, probablemente según ordenada secuencia, que ver con el negocio que nos ocupa, ocupa literariamente, no piensen mal. Pero en cuanto a definiciones. No sé, no sé.

  8. Augusto.F
    2010-06-20 05:21

    aca la letra del famoso puticlub para todos
    jajaja.. saludos..
    Por una pipa del nueve arrancó
    la gran masacre del puticlub.
    con pastillita en tren gladiador
    puso un huevo y la cosa explotó.
    Rock fuerte en el puticlub.
    cambió la suerte del puticlub.
    Buena faena de tajo y talón.
    ruedan los dientes del negro cañón.
    su mala leche no siente dolor
    y arroja entrañas por todo el salón.
    Los impacientes del puticlub
    perdían el tiempo y la salud.
    el gas coreano de pronto arribó.
    llegó del norte y todo acabó.
    Rock fuerte en el puticlub.
    ja ja qué fuerte lo del puticlub

    jajaja.. boe,,.,.



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