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Porque me quité del vicio por Elia Martínez-Rodarte

Vicio es todo en exceso y desmesura hasta que lo abandonamos por un nuevo vicio, o nos convertimos en coleccionistas de ellos. Nunca es tarde para desechar uno y encontrar otro nuevo. De los vicios y pasiones que exponen nuestra humanidad hablaremos aquí, en este espacio comandado por Elia Martínez-Rodarte, mexicana, viciosa y escritora, autora de ivaginaria, el día 6 de cada mes.

Despedida de soltera

Hay algo muy falso en las despedidas de soltera. Como que es una fiesta en donde se oficializa que la futura señora de tal persona ya puede ir juntando calzoncitos sexys y brasieres cachondos para su primera noche de amor con el esposo…al menos bajo el estado civil de casamiento porque ahora, y bien hecho, todo mundo prueba la mercancía antes de comprarla. Ya he sabido de miles de sorpresas de micropenes y mujeres más frías que un kelvinator.

Fui a una despedida recientemente dedicada a una querida y cercana persona. Me apersoné en la citada fiesta por comando de mi madre, quien no entiende razones cuando se le dan negativas y más cuando se tratan de socialitos.
Para empezar tuve que hacer una escala técnica para hacer consultas: ¿qué se hace en una despedida de soltera? No he ido a una desde que se casó mi mejor amiga de la secundaria y eso fue hace un par de eras geológicas.

Pensando que iba a ir a la despedida de soltera cristiana, en la que nada más falta que se pongan a rezar el rosario porque además de santucha es la mar de cursi y de ridícula, le dije a todos los que me recordaron la fecha de que ése día me iba a llegar la menstruación y que ya saben qué lata es el primer día.

Pero como mi mamá podría haber mandado golpeadores por mí, fui mansamente como siempre.

Al llegar de entradita vi a las parientes que no veo desde que era menor de edad. Así se simple. Mis tías las primas de mamá, las sobrinas de mamá y sus madres, las cuñadas y parientas políticas, las amigas de éstas, las acompañantes de aquellas y las otras. Luego un contingente de señoras desconocidas, otro de mujeres muy jóvenes que no sé quiénes son, luego una chica muy linda cargando un bebé diciéndome: ¡ya tienes un sobrino nieto Lupita! ¡Un sobrino nieto! Pero si yo soy apenas una adultita ingenua que acaba de descubrir las bondades de los estimulantes suaves y que logró su primer parto, su primer libro y su primer árbol sin haberse dado cuenta de que ninguna de esas cosas había sucedido.

Habiendo superado el shock de ver a un típico bebé de los hermosos que hacen de cuando en vez en el clan Rodarte, me fui a sentar al sitio de las apestadas, que es donde están las solteras que jamás serán levantadas en defensa propia. Por un momento pensé, me acercaré a donde está mi mamita, que es donde está la mera acción del asunto, pero como ella estaba tan ocupada con la organización de las cosas preferí mantenerme a distancia y no estorbar.
Las mujeres somos muy raras. En un extremo se agruparon las señoras de cierta edad, con mucho ambiente, mucha risota ya saben de esa expansiva y muy franca, contándose bromas de doble sentido y haciendo comentarios atrevidos sobre algunas de las carnes que salen en la escena telenovelera.
Luego seguía el área en donde yo estaba, que más o menos la libraba porque con nosotras estaba la futura novia. Soltera aún. Con las demás solteras a su lado. El cuadro parecía más bien una especie de la última cena con buffet, porque de eso se trató la pachanga, de comer y de chacotear con la raza.

Más allá estaban las señoras jóvenes casadas, ganándose a pulso su estatus de santidad y matrimonio, porque para eso ya han tenido que fumarse como 20 mil despedidas de soltera, baby showers, bodas, funerales y demás rituales necesarios para quedar bien en todo lo que a una la inviten.

La verdad, siento mucho decirlo, pero me aburrí mucho. No por la fiesta ni por las personas que ví: más bien me pareció todo muy falso. No hubo despedida cristiana, ni striper como se estila en las despedidas de deschongue según ellas, ni tampoco se armó la lotería o el juego.

Sentí que para llegar a algo tan trascendental como lo es la unión bajo un rito, sea casamiento, boda de sangre, o lo que sea, no es neceario pasar por tantos rituales forzosos que compiten en ostentación y cursilería en esta ciudad.

La despedida de soltera de una mamá, luego de la suegra, el viaje con las amigas, las despedidas de él, la cena antes de la boda, la carne asada antes de la boda…¡Me impresiona que las personas después de eso tengan ganas de casarse!
En próximas entregas les contaré en qué termina la mayoría de estos rituales y de lo que llamaremos la fiesta del divorcio.

Elia Martínez-Rodarte | 22 de julio de 2008

Comentarios

  1. Kary
    2011-11-13 22:11

    Fascinada con tu relato de un hecho tan trivial pero con un toque de encanto entre palabras que fuesen para mí rebuscadas en el diccionario y analisis profundo. Saludos



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