Libro de notas

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Kliong! por Carlos Acevedo

Kliong!, a razón de cada martes, se encargará de desmenuzar el mundo del tebeo y del cómic desde una perspectiva que llama a la rotura y al trompicón. Kliong tiene más que ver con una olla que cae por torpeza que con un arrebato o un golpe, aunque a buen seguro no saldrás sin moratones.

La belleza convulsa (Parte 4 de 4).

Cuando me propuse hablar o escribir de aquello que la obra de Almendros significa en el ámbito historietil ejpañol no pensé que me cansaría, pues esperaba que hubiese más donde rascar. No se me malentienda: de verdad creía que había mucho más que decir respecto a tan insigne autor con una obra tan personal/distinta. El punto, me doy cuenta ahora, es que es muy posible que no sea así; lo cual me obliga a pensar en una tensión evidente entre mis expectativas, mis ánimos y las interferencias del panorama.

Respecto a mis expectativas y mis ánimos poco y nada tengo que decir, salvo que me falló el calculo (con dos entregas contundentes me estaría evitando esto) y que quise abordar la obra de Almendros dentro de una constelación de sentido que supone las historietas hechas y editadas en España. Es decir, quise discutir sobre lo que dibujan tres volumenes sin tapa dura en un entorno donde TODO parece ‘merecer’ tapa dura (algún día os hablaré sobre por qué hay esa noción de que las tapas duras ennoblecen, de dónde viene el hálito nostálgico respecto a ciertos formatos; algún día, también, trataremos la estupidez y el antiahorismo).

Por un lado, es imposible leer todo lo que se edita. No porque sea imposible en cuanto a material, se re-edita muchísimo, sino porque hacen falta estómago y ánimos completistas. Carezco de ambas características, nnamás eso.

Por el otro, resulta complicadísimo escribir sobre una obra sin sentirse ridículo de
cara al ruido y a la tontería que se genera a su alrededor. Todo esto me obliga —es un decir— a intentar contestar/constrastar ciertos apriorismos que van por ahí muy sueltos y/o muy dispuestos a abundar en el carácter autobiográfico de la obra de Almendros. Quicir, tengo la sensación de que hay demasiado ruido ambiental al tiempo que no me siento cómodo construyendo un análisis, un diálogo con un corpus, asumiendo que ‘yo’ es ‘yo’ y no ‘otro’ (Rimbaud intended) o ‘nadie’ (Parra intended).

Así las cosas conviene explicar que el título de esta serie, que concluyo ahora y de esta manera porque me faltan ánimos y redaños para hacerlo de otra manera, que no es más que la síntesis de la excitación, producto del goce estético, que en sucesivas lecturas me despierta la obra de Almendros.

Que tengan ustedes (cuatro) un buen día.

Carlos Acevedo | 17 de enero de 2012


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