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Dos puntos comillas por Jaime Rubio Hancock

Jaime Rubio Hancock es uno de los periodistas más reputados del país (ignoramos cuál). Cofundador de la revista Playboy, fue director de The New York Times entre 1987 y 1992, cuando se convirtió en el primer menor de edad en dirigir una publicación diaria. Desde las páginas de ese diario se opuso a la guerra de Iraq, destapó la trama del Gal y predijo la Revolución Francesa. Actualmente publica en Libro de Notas cada jueves esta serie de entrevistas que, según nueve de cada diez dentistas, jamás tuvieron lugar.

El premio Nobel de Literatura (mantengamos la intriga): "Dejé de leer a los siete años para dedicarme por entero a la literatura"

El jurado que entrega el premio Nobel de Literatura conspira (¡de nuevo!) contra mí, por envidia y por cierto intento de atentado con bomba que algunos resentidos no saben dejar atrás. ¡Me disculpé! ¡Por carta! ¡Por carta manuscrita!
No me refiero a que, de nuevo, el premio vaya sin duda a recaer sobre alguna otra persona. Bah. La reputación de un premio con nombre de cigarrillo y que ignoró a Shakespeare, Sófocles, Horacio, Mozart, Flaubert y Cervantes está lo suficientemente maltrecha como para que prefiera no recibirlo. Se trata de que, un año más, lo anuncian justo cuando la entrevista de Dos puntos comillas ha aparecido ya publicada en la edición matutina de Libro de notas.
(Gritos de “no puede ser”, “ultraje”, “boicot”, “¿ése era el tren de las 11:42?”, “no”, “menos mal”.)
A pesar de que los Nobel están sin duda sobrevalorados, la resonancia de este galardón bien merecía una entrevista. Pero su caducidad convertía en imposible esperar una semana a su publicación. Por ejemplo, ¿quién se acuerda hoy en día de Terence Grasshopper? ¡Pues fue el sastre de mi abuelo! ¡Y aún me puedo poner esta chaqueta! ¡Está como nueva! ¡No, no es de Grasshopper, me la compré el sábado en Zara! ¡No me liéis con preguntas que no vienen al caso!
Sin embargo, el jurado sueco del Nobel no contaba con que los redactores, colaboradores y tipógrafos de Libro de notas hemos desarrollado habilidades especiales, debido al amianto del edificio y a la pintura con plomo de las paredes de nuestra redacción. Marcos Taracido no sólo se ahorró más de sesenta euros en la hipoteca, sino que además nos proporcionó superpoderes a todos.
En mi caso, en lo que es una alegre casualidad, puedo viajar en el tiempo. Y he viajado al jueves por la tarde para averiguar la identidad del premio Nobel de Literatura. Y entrevistarle. Yo. A él. Sí.
Sin más dilación, la entrevista:

Bueno, va, un poco de dilación:

PREGUNTA: Buenos días, ¿cómo está usted?
RESPUESTA: Bien, gracias.
P: ¿Desea salir a la luz o permanecer en el anonimato?
(Se abre el telón, se enciende la luz y el premio Nobel de Literatura da un paso al frente.)
PÚBLICO: (En murmullos) Oh, no me lo puedo creer… Rhuibarb, rhuibarb… Es… César Vidal… Rhuibarb, custard, rhuibarb… César Vidal… Oh, ah… Rhuibarb César Rhuibarb…
P: Señor César Vidal, permítame felicitarle.
R: Oh, gracias. Se ha acordado.
P: Normalmente se dice que el Nobel es el premio a toda una obra. En su caso estamos hablando de doscientos cuarenta y tres mil trescientos catorce libros publicados. Sólo en 2007 y según la wikipedia, publicó once.
R: Sí, es que el año pasado estuve muy liado con la radio.
P: En todo caso, ¿cree que le han premiado por pesado?
R: En ocasiones, la insistencia es una virtud. Es algo que los masones nunca comprendieron. Por eso derribaron las torres gemelas.
P: Se le ha acusado de escribir libros como churros, haciendo corta y pegas de libros suyos anteriores o básicamente de cualquier cosa que encontrara por internet.
R: Eso son falacias producto de la envidia. Los masones también escribirían más, si no se pasaran las tardes conspirando para acabar con el libre mercado y con la palabra de Dios. De todas formas, le confesaré una cosa …
P: Ave María Purísima…
R: No, del modo laico, que yo soy evangelista.
P: Oh, perdón.
R: Perdonado. Le decía, mi querido charnego agradecido, que un día, sin querer… Bueno, tenía abierta una página web con sonetos de Quevedo y… En fin… En mi libro sobre música country, en cuya portada aparezco vestido de cowboy, de la página 98 a la página 157 todo son sonetos de Quevedo. Igual eso ha influido al jurado.
P: Porque ese tal Quevedo promete, ¿no?
R: Claro, al ser español. Eso sí, era la única forma de que el jurado tuviera en cuenta a un español. Haciéndolo pasar por americano.
P: Con ese quevedesco sombrero de John Wayne.
R: Ahí estamos. Porque seamos sinceros, los suecos siempre han estado en contra de los españoles y de los americanos, además de ser unos antisemitas de tomo y lomo. Son lo que vendríamos a llamar proetarras.
P: Aham… Ya… Er… ¿Cuáles son los autores que más le han influido?
R: Ni idea. Dejé de leer a los siete años para dedicarme por entero a la literatura. Escribir y reírme de la ignorancia de los rojos absorbe todo mi tiempo. El otro día di con el libro de este vasco, Darwin… Ja, ja, ja, qué hartón de reír.
P: Parece que usted lo de la evolución no se lo acaba de creer.
R: Bueno, es que es una teoría.
P: Pero es que la palabra teoría en el contexto científico significa sistema lógico compuesto de observaciones, axiomas y postulados, que tienen como objetivo declarar bajo qué condiciones se desarrollarán ciertos supuestos, tomando como contexto una explicación del medio idóneo para que se desarrollen las predicciones. A raíz de estas, se pueden especular, deducir y/o postular mediante ciertas reglas o razonamientos, otros posibles hechos.
R: En teoría, sí, claro. Pero a ver, hagamos un guitarren experiment…
P: ¿No será un Gedanken Experiment?
R: A ver, ¿aquí quién traduce dieciséis idiomas?
P: Mierda, me quedé en catorce.
R: Hagamos un grijander experiment, decía: si los animales evolucionan, ¿por qué siguen caminando sobre cuatro patas? ¿Cómo contestan al móvil? ¿Por qué la ropa sigue saliendo arrugada de la lavadora? ¿Quién decide qué animales molan y tienen alas y vuelan? Ah, amigo, la ciencia no lo puede explicar todo. El otro día, sin ir más lejos.
P: ¿Qué?
R: ¿Qué de qué?
P: No, que el otro día qué.
R: Pues eso, que el otro día no lo puede explicar la ciencia.
P: ¿Por qué? ¿De qué habla?
R: ¿Lo ve? Incluso para usted todo son preguntas.

Lo tuve que dejar aquí. Viajaba en el tiempo sin billete y el revisor me devolvió a mi época, 1478. He esperado pacientemente más de cinco siglos para poder dar a conocer esta entrevista. De paso, me comí todas las gunufretas que existían. Ah, repugnantes. Pero nadie más podrá probar su nauseabundo sabor. Muajaja… ¡Fueron todas mías! Muajaja… Ja… Ehm… Es que cuando me río me duele la úlcera que me salió. Sí, por el ácido de las gunufretas.

Jaime Rubio Hancock | 09 de octubre de 2008

Comentarios

  1. Alberto
    2008-10-09 16:58

    Escaso mérito de entrevista, amigo Blonde, se sabe de sobras que César Vidal es en realidad todos los escritores del mundo, así era fácil acertar con el premiado.

    Por otra parte te puedes dar con un canto en los dientes: a mí Marcos me otorgó el poder de alargar mis meñiques, utilísimo para la cera de las orejas pero poco más.

  2. Ishar
    2008-10-09 20:17

    ¡Genial! ¡Hilarante! :)

  3. mostro
    2008-10-09 22:16

    ¡Pero que bueno eres! a ver si para el año el nobel te lo dan a ti.

  4. Orayo
    2008-10-09 22:46

    Será por la cuenta que me trae, pero la parte relativa a la evolución y, en concreto, la alusión a la definición de teoría me ha encantado. Ves las cosas claras y además con humor.

    salu2!


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