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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Van Damme

Cuando tenía doce años en el colegio salesiano al que yo iba nos llevaron de excursión a Mérida, por aquel entonces a un buen paseo en autobús desde Sevilla. Para amenizar el viaje, en el autobús nos ponían siempre películas que se oían de aquella manera pero, en fin, era más que suficiente para los cuarenta mostrencos masculinos exaltados que estábamos dentro de ese carricoche. Recuerdo que en aquel viaje teníamos dos películas a nuestra disposición. Nuestro profesor puso la primera y en cuanto salió el mensaje “No recomendada para menores de 13 años” apagó el vídeo y nos la quitó diciendo que era una película para mayores. Ese filme pseudo pornográfico no era otro que Dirty Dancing (id., Emile Ardolino, 1987) y nos impidieron comprobar si había alguna teta furtiva que se escapase en algún momento (luego resultó que no).

Así que sin pensárselo ni un momento el bueno de nuestro tutor colocó en el vídeo el plan B de emergencia. La película era Contacto sangriento (Bloodsport, Newt Arnold, 1988) y su protagonista un joven campeón de artes marciales belga: Jean Claude Van Damme. El mensaje estaba claro: tetas no, no vaya a ser que nos posea el demonio. Pero guantazos a toda mecha… ah, eso es otra cosa, donde vamos a parar.

No tengo ni idea de cuánto sonará de escandaloso a las madres y asociaciones protectoras de menores y plantas de hoy en día pero cuando yo era pequeño me eduqué cinematográficamente alquilando películas de guantazos de Bud Spencer y Terence Hill y mirando alucinado los brazos del Schwarzenegger, Stallone, Lungren y Chuck Norris. Poco antes, la generación anterior alucinaba con la mala idea de Charles Bronson y la dureza de Clint Eastwood. Incluso mi padre me cuenta que cuando era adolescente competía con sus amigos para lograr parecerse a Steve Reeves. Y luego está Van Damme, claro.

Pregunten a cualquiera por Jean Claude Van Damme a ver que les dicen. Por ejemplo John Tones, que es gran fan suyo, me escribió una vez sobre él que “me gusta Van Damme porque sus características como mamífero y como titán enriquecen y multiplican las virtudes de películas que sin él serían muy distintas”. Cuando indagué en casa mi paciente cohabitante me dijo que nunca había visto una película del belga, que para ella “es una cara en las carátulas de los videoclubs”. Otros amigos simplemente se rieron al oír la pregunta. Hace tiempo un primo mío dijo muy convencido “ese es de películas buenas, buenas, buenas”.

El francés Mabrouk El Mechri es de mi generación, tiene un par de años más que yo. Él, como yo, como tantos, ha crecido yendo al videoclub a pedir una peli “de miedo”, “de risa”, “de llorar” y “de hostias”. En estas últimas Van Damme era uno de los reyes, una auténtica garantía de obtener lo que estás buscando sin duda alguna. Luego apuesto que con sus amigos en el patio del liceo ensayaba patadas imposibles y se golpeaba el pecho cada vez que creía haber hecho un movimiento parecido al del campeón. En algún momento El Mechri ha tenido que preguntarse qué demonios pasaba con Van Damme cuando se iba a casa, porque si no no me explico cómo se le ocurrió la brillantísima idea de crear JCVD (2008), una de las mejores películas del año que se va acabando.

Me resulta complicado describir el hallazgo que supone este film, lejos de la parodia o de la redención, completamente opuesto a un “descubrimiento dramático de Van Damme”. Esto es simplemente otra cosa, un thriller tenso y seco, cercano al polar francés a ratos, donde una excusa argumental leve (un atraco a una oficina de correos) coloca al actor Jean Claude en la piel del personaje Van Damme, en un espacio intermedio y desconocido entre la ficción pura y la biografía descarnada. Créanme, Van Damme está ahí en medio, hablando de sí mismo pero no del todo, actuando en una película pero no del todo, siendo al mismo tiempo un cincuentón semiacabado y el héroe de acción de siempre.

“Aquí estamos, solos tú y yo” dice Van Damme hablándole a la cámara. El espectador sabe que le están interpelando directamente, que la carátula del videoclub está abriendo la boca para confesarse y para buscar la complicidad de siempre con ellos, nosotros, con los que alquilábamos esas películas y dábamos esas patadas en el patio. Lo sobrecogedor de ese punto álgido de la película está en la toma de conciencia de que delante de ti está él, Van Damme, ni más ni menos. Él. Mabrouk el Mechri ha tenido el brutal acierto de rodar esta película teniendo en cuenta una realidad indiscutible e incontestable, una realidad que los personajes secundarios, desde una taxista hasta un delincuente, conocen plenamente y asumen. El Mechri comprende que a Van Damme hay que filmarle como lo que es y siempre ha sido: una gran estrella.

Alberto Haj-Saleh | 12 de noviembre de 2008

Comentarios

  1. Camilo
    2008-11-12 18:47

    Al margen de su indiscutible carácter de icono del fin del siglo XX, Van Damme no tiene muy buena fama entre los aficionados a las artes marciales. Igual que a Norris o no digamos ya a Bruce Lee se les reconoce como grandes campeones de sus disciplinas, a él se le considera más bien un acróbata o, despectivamente, “un bailarín” que no tendría demasiado que hacer en un tatami frente a un buen competidor de su mismo peso.

    Al menos es lo que se comenta en gimnasios, polígonos y parques suburbiales.

    No es que yo frecuente esos sitios, eh. Yo soy más de balneario y de jardín romántico.

  2. Tones
    2008-11-12 21:02

    Por eso, precisamente, las películas de Van Damme son tan memorables y las de Chuck Norris o las de Steven Seagal, quizás mucho más admirables como artistas marciales técnicos. Las de Bruce Lee, claro, tienen el valor de lo fundacional, pero ninguno tiene en su haber cosas tan pimpantes como Bloodsport o Double Team.

  3. josep m. fernandez
    2008-11-12 21:50

    Lástima la pésima distribución. Apenas cuatro salas en todo el estado.

  4. marisol
    2008-11-12 23:28

    Me disgusta el tratamiento de la edad que se hace en esta noticia. Nadie indemnizará a los apaleados por la edad y para buscarse la vida, no ser joven es estrepitosamente no recomendable. ¡Inapreciable levedad o lo que es igual: despreciable pesadez! Cuanto más conozco a las personas, más entiendo a los perros.

  5. JOse
    2008-11-13 01:05

    Ayer la vi en un programa de TV, y no tenía mala pinta.

    A Jean Claude lo usábamos mis amigos y yo como bajador de adrenalinas examineras. Después de una semana estudiando anatomía o bioquímica a piñón, te ibas a los minicines y siempre buscabas pelis como “Doble impacto”, “Time Cop”, “The Quest” (Las curras del luchador español, y su arte torero, traumatizaron a toda una generación de universitarios). Lo que fuera, con tal de que fuera totalmente intrascendente y que no hubiese que pensar demasiado. Para eso Van Damme era Dios.

    Por otra parte ¿Qué les darán este tipo de actores (sic) a la generación de mi padre? No se pierde un capítulo de Walker, ni una de Van Damme o “el de la coleta” (que es como llama a Steven Segal) hoyga.

  6. j.gabriel ariza pereira
    2008-11-28 01:36

    no puedo ser imparcial ala hora de referirme van damme,pues,practico artes marciales,y para mi,van damme es el mejor.

  7. Angek
    2009-01-17 02:03

    A mí siempre me ha parecido un buscavidas, mierdaseca, zafio y haragán.

    Sólo a las órdenes de John Woo hizo algo decente (y no Blanco Humano, precisamente)

    Me alegro que tenga que prostituir su careto, como tantos otros, para colarse en la zona grunge.

  8. sara
    2009-07-31 00:04

    en fin muchas cosas se dicen la incognita es si sera verdad o no pero lo unico que a mi me importa es que las peliculas de van damme a mi me encantan y para mi es el mejor entre todos les guste o no.


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