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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Lo inevitable

Con más de treinta grados fuera y las salas de cine bajo mínimos el DVD se vuelve nuestro mejor amigo, acompañado de contraventanas cerradas y tiempo disponible para poder recuperar centenares de clásicos que esperan pacientemente a ser redescubiertos por enésima vez. Cojo la caja de La diligencia ( John Ford, 1939 ) y miro hacia ella interrogativamente. “Insuperable”, me confirma. Devolvió al western a la primera fila, marcó las bases del género, dándole los rasgos que lo han convertido en lo que es, delimitando las formas del cine clásico. Y colocó a John Wayne en un primer plano del que ya no volvió a salir. Es una gran elección, por lo tanto.

De lo que nadie me había hablado antes ni después es de la sorprendente habilidad narrativa de Ford para mantener la incertidumbre y el temor como protagonistas principales de la película, al mismo nivel que los integrantes de la diligencia que transita desde Tonto hacia Lordsburg. Empujados por fuerzas superiores a ellos mismos (la justicia, la venganza, la huida, la dignidad, la familia), los nueve componentes del viaje ignoran y desprecian el peligro real que les acecha, un peligro, los apaches, que aparece en forma de huellas y de restos pero no toma forma real hasta el último cuarto de película. A lo largo de setenta minutos el paisaje humano que conforman las diferentes paradas de la diligencia se va volviendo cada vez más árido e inhóspito y en el paso previo al destino final, Lordsburg, las señales dejan de ser sutiles para indicar la inmediatez del más terrible de los peligros. Así, Ford construye un western de suspense precisamente por medio de la supresión de la acción, enfila a sus protagonistas hacia un desenlace conocido y terrible, los empuja hacia un abismo que en buena lógica acabará con la muerte de alguno de ellos, si no de todos. En más de una hora de película no sale ni un solo disparo de los rifles Winchester, pero al final de la misma la sensación es la de haber asistido a un intercambio brutal y exhaustivo de disparos entre cowboys e indios.



Aunque las convenciones del Hollywood de los años 30 nos deparen casi siempre un final feliz yo diría que La diligencia es una de las películas más fatalistas y que mejor ha sabido representar la inevitabilidad y el destino prefijado de toda la historia del cine.

Alberto Haj-Saleh | 16 de julio de 2008

Comentarios

  1. J. Addams
    2008-07-25 04:45

    Muy interesante ver La Diligencia como película de suspense (muchas de John Ford son historias de gente sitiada, o de lugares cerrados a donde llega alguien de fuera). Y hay que ver cómo se consigue darle a John Wayne esa presencia, sobre todo por lo poco que habla (John Ford sí que sabía!!)
    saludos


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