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Buscando a Johnny Jones por Francisco José Palomares

A través de sprites polvorientos y bajo viejos y olvidados comandos de basic, Francisco José Palomares, arqueólogo de los 8 bits y soñador profesional, nos trae los días 9 de cada mes el fruto de sus investigaciones, centradas en la búsqueda del rastro del legendario héroe Johnny Jones. Su intención: reconstruir lo más fielmente posible la memoria sentimental de una generación fascinada por los gráficos simples, los casetes llenos de pitidos y la música en MIDI.

Malditos villanos

Descontando unas pocas excepciones, lo más normal es que cuando nos metemos en la piel del protagonista de un videojuego cualquiera nos pongamos el traje del bueno. No siempre será un héroe modélico más bueno que el pan con Nocilla, pero en general se tratará de alguien con cierta tendencia a no tener la destrucción del universo conocido como uno de sus objetivos prioritarios en la vida. Bueno, salvo en aquellos juegos en los que se nos da un poco de libertad a la hora de elegir en que zona del mapa moral cae nuestro personaje, pero incluso en esos casos, por muy malos que nos volvamos, casi siempre tenemos enfrente algo bastante peor.

Y de eso precisamente va esta edición de Buscando a Johnny Jones: de todos aquellos que se alzan como el gran rival del heroico (o no tanto) protagonista, el enemigo a batir, el malo maloso, la amenaza de Andrómeda, la muerte en los talones. En definitiva, este artículo va dedicado a todos aquellos villanos a los que nos hemos tenido que enfrentar durante nuestra dilatada carrera como jugadores. Que no son pocos.

Hace un par de años ya dimos un buen repaso a algunos de los jefes finales más épicos de la historia, y algunos de esos nombres se van a repetir aquí, pero el concepto de villano va más allá de ser simplemente un último obstáculo en el camino del jugador a la hora de terminar el juego. Un buen villano no es sólo difícil de derrotar, sino también un personaje con sus objetivos, motivaciones y características únicas que lo hacen interesante desde un punto de vista argumental, y que además lo convierten en un aliciente más para perseverar ante las adversidades y llegar hasta el final. Un buen villano es alguien a quien quieres derrotar, cuya caída proporciona tanta o más satisfacción que el hecho de haber conseguido completar la aventura.

Al igual que pasa con los videojuegos y sus protagonistas, hay villanos de todos los colores, olores y sabores. En sus inicios, la mayoría de videojuegos no tenían una historia especialmente elaborada, con lo que la personalidad de los villanos prácticamente se definía únicamente por su apariencia y acciones en pantalla. Aparte de los archifamosos casos de Donkey Kong o los fantasmas de Pac-man, quizá los primeros casos de villanos con cierta personalidad y carisma, hay que recordar al algo olvidado Sinistar, un curioso juego arcade en el que el villano de turno, la demoníaca nave gigante del título, no sólo aterrorizó a los jugadores de principios de los ochenta persiguiendo y devorando sus naves, sino también con las voces digitalizadas con las que amenazaba e insultaba al incauto que se había atrevido a meter una moneda en la ranura. Uno de los primeros malos a los que de verdad apetecía destruir, aunque sólo fuera para callarle la boca de una vez…

Las grandes sagas clásicas que se iniciaron por aquel entonces fueron las primeras en descubrir las bondades de un nuevo tipo de malvado: el villano recurrente. Se trata de villanos que empezaron su carrera como enemigos finales normales y corrientes, sin apenas profundidad en sus personajes, pero que con el paso de los años y sus múltiples reapariciones en títulos posteriores de sus series, se han acabado convirtiendo en elementos casi tan imprescindibles como sus correspondientes rivales en el bando de los buenos. Es difícil imaginar qué habría sido de la saga Super Mario Bros si su archienemigo Bowser no volviera cada dos por tres a secuestrar a la princesa Peach o a intentar conquistar el Reino Champiñón. Lo mismo se puede decir de Mega Man y el doctor Wily o, algunos años más adelante, de Sonic y el doctor Robotnik/Eggman. Ninguno de estos maléficos personajes es ningún ejemplo en cuanto a complejidad y sus motivaciones suelen ser simples y bastante repetitivas, pero eso no les quita ni un ápice del carisma imprescindible en todo antagonista que se precie.

Un caso especial de villano recurrente clásico es el de Ganon o Ganondorf, el malo más frecuente de la saga Zelda. Su debut como enemigo final en The Legend of Zelda no le confirió mucha personalidad más allá de la del típico malvado demonio que conquista y esclaviza la tierra del protagonista. Su aparición en sucesivos títulos de la serie, sin embargo, han permitido dar mucha más profundidad a su personaje, especialmente en Ocarina of Time, juego en el que conocemos sus orígenes como general humano al servicio del rey de Hyrule, su posterior traición y primera conquista del reino, y su conversión en un ser bestial gracias al poder de la Triforce, antes de ser finalmente derrotado y desterrado por el inefable Link. La presencia de Ganon en casi todos los títulos principales de la serie no sólo le confirman como el antagonista principal, sino que además sirve de eje principal para la línea temporal de la saga, siendo así el nexo que une a Link, Zelda y Hyrule en una cíclica aventura que promete no terminar jamás…

Sin embargo, la mayoría de villanos no tienen la oportunidad de eternizarse como el enemigo a batir durante toda una serie de videojuegos, y tienen que conformarse con dar el máximo de sí mismos en un único título. Incluso cuando ese título pertenece a una de las sagas más largas y clásicas del mundillo como Final Fantasy. Square son unos auténticos maestros en la creación de seres malvados de un atractivo innegable, ya sea por su complejidad o por su capacidad de llevar el mal a extremos insospechados. El caso más famoso es probablemente el de Sefirot, el gran enemigo a derrotar en el séptimo capítulo de la infinita serie de fantasías finales. Sus diseñadores no sólo consiguieron crear a alguien capaz de competir en carisma y imagen con el protagonista del juego, Cloud Strife, sino que además lo convirtieron en la personificación del “lado oscuro” contra el que éste lucha durante toda la historia. La frialdad de Sefirot, unida a su temible poder, sus aspiraciones a convertirse en una divinidad aún a costa de destruir buena parte del planeta y, cómo no, la muerte de Aerith a sus manos, lo convirtieron en alguien a quien los jugadores deseaban machacar con todas sus fuerzas, aunque a la vez era capaz de provocar cierta empatía. Y eso tiene su mérito.

No es, sin embargo, el malvado de la saga más querido por aquellos que aún recordamos la época de las consolas de 16 bits. Y es que Kefka es mucho Kefka. El mago de la corte y aparente fiel escudero del emperador Gestahl pronto se convierte en el verdadero protagonista de todo lo malo que ocurre en Final Fantasy VI (que es mucho) y acaba liderando nada más y nada menos que la casi total destrucción del mundo en el que habitan los protagonistas. El nihilismo y la absoluta locura de Kefka le convierten en uno de los villanos más reconocibles de todos los tiempos, ayudado también por su ridículo aspecto, más cercano al de un bufón que al de un ser de poder casi divino y maldad extrema.

Al igual que Kefka, otros muchos desalmados han intentado poner el mundo a sus pies guiados por distintos grados de demencia. Uno de los casos más hilarantes fue el del tentáculo Púrpura, un tipo aparentemente majo al que las aguas radioactivas que fluían bajo la mansión de la extraña familia Edison dieron brazos y volvieron un poquitín tarumba, llevándole a intentar conquistar el mundo con sus poderes mutantes a través de un complejo plan temporal que Bernard, Laverne y Hoagie deben desbaratar en Day of the Tentacle, quizá la mejor aventura gráfica de LucasArts. Hablando de Lucas y sus aventuras, tampoco estaba muy cuerdo (ni vivo) que digamos, el capitán LeChuck durante sus fechorías en la serie Monkey Island. El pobre Guybrush tuvo que vérselas con él como fantasma, como zombi y hasta como demonio, y no creo que ninguna de esas versiones consiguiera conquistar el corazón de su gran obsesión, la gobernadora Elaine Marley. A pesar de todo, LeChuck sigue siendo el mejor capitán pirata no-muerto que ha existido jamás en cualquier medio, por mucho que Johnny Depp y sus corsarios caribeños intenten ponerle las cosas complicadas.

Lo dicho, hay malos para todos los gustos. Tenemos héroes caídos en desgracia debido a su propia ambición o exceso de celo como Arthas (Warcraft III), terribles Sith del pasado cuyo legado exploramos a lo largo de todo un juego mientras investigamos la posibilidad de que sigan con vida sólo para descubrir que estuvieron mucho más cerca de nosotros de lo que pensábamos desde el principio, como Darth Revan (Knights of the Old Republic), e incluso a personajes que nadie tiene muy claro si son en realidad malvados o no, pero que con su actitud extraña y su tendencia a interponerse constantemente en el camino del protagonista dan bastante mal rollito en general, como el G-Man (Half-Life), todos ellos memorables antagonistas (¡y hasta protagonistas!), cada uno en su peculiar estilo.

Personalmente, hay dos tipos de villano en particular que me atraen especialmente. Por un lado están los malvados que son un reflejo del lado más oscuro del protagonista, o un claro ejemplo de lo que éste podría llegar a ser si diera el salto al bando contrario. Ya he mencionado a Sefirot y su compleja relación con Cloud, y se puede trazar un paralelismo similar entre Zidane/Yitán y Kuja en Final Fantasy IX. Más extraño si cabe es el caso del protagonista de la saga Baldur’s Gate, uno más entre muchos engendros de Bhaal, caído dios del asesinato. Durante los dos capítulos de la serie y sus correspondientes expansiones, deberá enfrentarse no sólo a sus “hermanos”, incluyendo al malvado Sarevok, sino también a aquellos que desean obligarle a abrazar su siniestra herencia (Jon Irenicus, antagonista principal del segundo capítulo) y a la creciente influencia del propio Bhaal, que le empuja sin descanso hacia el trono antaño ocupado por el dios muerto. No es por casualidad que Baldur’s Gate es una de las mejores sagas de juegos de rol de la historia, y sus villanos tienen buena parte de la culpa.

Por otro lado, tengo cierta debilidad por las inteligencias artificiales, quizá por aquello de ser informático. Y da la casualidad de que estos entes virtuales tienen cierta tendencia a querer erradicar a sus creadores humanos en cuanto consiguen cierta independencia. Que se lo digan si no al pobre hacker protagonista de System Shock, responsable involuntario de la liberación de SHODAN, uno de los villanos más odiosos y terroríficos que ha dado el mundo de los videojuegos hasta hoy. Su voz distorsionada y obviamente demente, su absoluto desprecio por la “vida orgánica” y su capacidad para convertir cualquier nave espacial en la que se encuentre en una auténtica pesadilla suman, pero su mayor virtud es la profunda sensación de futilidad que provoca en el jugador. Está en todas partes y en ninguna a la vez, vigilando todos nuestros movimientos, moviendo los hilos, activando trampas y haciéndonos la vida imposible sin ni siquiera molestarse en enseñar la cara más que para reírse de nuestros débiles intentos de resistencia de vez en cuando. Y cuando por fin parece que hemos conseguido derrotarla, resulta que no, que ha logrado escapar, que todo ha ido de acuerdo a sus planes, y que nos espera para torturarnos un poco más en el futuro. Brrr…

Y por mucho que sea una incorporación relativamente reciente al siempre creciente elenco de malos malísimos virtuales, no puedo acabar este artículo sin mencionar a GLaDOS. Nuestra amable aunque algo excéntrica guía robótica a través de los puzles de Portal resultó estar un poquito más loca de lo que se podría esperar, y en vez de darnos el pastel que nos prometió se dedicó a intentar matarnos de formas la mar de creativas, hasta que pusimos fin a su existencia en una tensa confrontación final. O eso creíamos, porque GLaDOS volvió con ganas de marcha en la secuela, como ya nos avisó a ritmo de Still Alive. Y, si la maldición de Gabe Newell con las terceras partes se rompe de una dichosa vez, que sea por muchos años.

Francisco José Palomares | 09 de febrero de 2013

Comentarios

  1. Osito
    2013-02-12 22:31

    Como siempre, espectacular el analisis de los malos de los videojuegos.

    GLaDOS, grande GLaDOS. Una obra maestra del sarcasmo, el humor negro, a medio camino entre odiosa y adorable. Y aunque Weasley tambien tiene sus puntos, no llega a ese nivel de masoquismo que genera GLaDOS, que estas deseando que te putee de nuevo para ver que salvajada te cuenta….



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