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Buscando a Johnny Jones por Francisco José Palomares

A través de sprites polvorientos y bajo viejos y olvidados comandos de basic, Francisco José Palomares, arqueólogo de los 8 bits y soñador profesional, nos trae los días 9 de cada mes el fruto de sus investigaciones, centradas en la búsqueda del rastro del legendario héroe Johnny Jones. Su intención: reconstruir lo más fielmente posible la memoria sentimental de una generación fascinada por los gráficos simples, los casetes llenos de pitidos y la música en MIDI.

Burbujitas de colores

Hace apenas cinco días que volví de mi primera y probablemente penúltima party del año, la Gipuzkoa Encounter 3, que tuvo lugar como ya es casi tradicional en el polideportivo de Tolosa. Y dejadme que os diga que no hay nada mejor que pasar cuatro días rodeado de frikis, jugando en red a cualquier cosa que se pusiera a tiro (Left 4 Dead fue el gran triunfador), durmiendo (poco) en una casa rural, y pasando muchas horas sumergidos en las cálidas y burbujeantes aguas del spa, que iba incluído en el precio de admisión. Una auténtica gozada, aún mejor si cabe cuando se pasa rodeado de mis amigos de los foros de ModPC. Eso sí, no se os ocurra apuntaros en masa el año que viene, que el sitio es pequeñito y los veteranos tenemos prioridad. Tsk, qué os habíais creído…

Fue precisamente uno de ellos (hola Iago) el que me encendió la bombillita para el tema del artículo de esta semana. Llegó el sábado cargado con su máquina recreativa casera, precargada con chorrocientos juegos clásicos funcionando sobre MAME. No llegué a jugar con ella, pero sí pasé por delante varias veces, y en uno de esos paseos me encontre con ellos. Saltaban de lado a lado de la pantalla, atrapando a los múltiples enemigos que les acosaban dentro de las burbujas que escupían. Y la puertecita de los recuerdos se abrió de nuevo en mi cerebro, y aunque estaba a varios metros y el ruido del ambiente no me dejaba oir nada, me encontré tarareando una vez más la que probablemente es la melodía más pegadiza de la historia de los arcades. Cinco minutos más tarde estaba arrancando el MAME en mi portátil y rezando porque el ROM de Bubble Bobble estuviera en mi disco duro externo. Lo estaba. Varias horas más tarde, alguien me avisó de que era hora de ir a dormir. Menos mal, o aún seguiría allí.

La verdad es que la gente de Taito acertó de pleno con Bubble Bobble, en todos los aspectos. El juego apareció en una época difícil, apenas dos años después de la gran crisis del sector de los videojuegos acabara prácticamente con el mercado norteamericano. La crisis no tuvo tanto impacto en Europa y Asia, pero aún así se dejó notar, sobre todo en el mercado doméstico, y especialmente en las consolas. Así, las grandes productoras internacionales centraron sus esfuerzos en sectores más seguros, intentando capear el temporal. Los salones recreativos fueron la principal tabla de salvación, sobre todo para los grandes estudios nipones como Namco y Taito. 1986 fue el año de la recuperación definitiva para Taito, después de dos años titubeantes con pocos títulos publicados, la mayoría de ellos de dudosa calidad. Ese año aparecieron grandes clásicos como Renegade, Darius/Nemesis y Arkanoid, el machacaladrillos por excelencia. Sin embargo, la publicación de 1986 que más impactó al mundo videojueguil fue Bubble Bobble.

El motivo es el mismo que había convertido a Pac-Man en un icono, y que también estaba consiguiendo que cierto bigotudo fontanero italiano estuviera en el camino de transformarse en todo un símbolo para millones de jugones de todo el mundo: el carisma. Bubble Bobble era un juego simpático, gracioso y agradable de ver. El inteligente uso del color y de una estética manga muy cuidada lo hacían llamativo para cualquiera que pasara por delante de la recreativa en un salón. Buena parte de la culpa de esta atracción a primera vista la tenían sus protagonistas. Bub y Bob eran dos pequeños dragoncitos de ojos saltones y sonrisa perenne, uno verde y el otro azul, que como buenos dragones orientales, escupen agua (o más bien burbujas) en vez de fuego. Los enemigos tampoco se quedan atrás, y los sprites que los representan son ejemplos perfectos de cómo dar personalidad y atractivo a un personaje con apenas tres o cuatro colores y una resolución ínfima. Otro gran punto a favor del juego es que permite a dos jugadores participar simultáneamente en la partida, colaborando en la misión y compitiendo por conseguir la mejor puntuación.

El juego en sí es de lo más simple, pero a la vez contiene en sí mismo la esencia de los mejores juegos de plataformas de la historia. Nuestros héroes deben atravesar 100 pantallas llenas de enemigos para rescatar a sus amadas novias, secuestradas por un misterioso villano. Para pasar cada nivel simplemente hay que eliminar a todos los enemigos, y para ello la solución más habitual es encerrarlos con las burbujas que disparan los dragoncitos, y reventarlas después con las espinas de su espalda. Mientras tanto se pueden recoger frutas que nos proporcionan puntos, letras que forman la palabra EXTEND y que nos permiten continuar la partida si perdemos todas nuestras vidas y power-ups variados que nos permiten disparar rayos o bolas de fuego o correr más rápido. La mecánica es sencilla a más no poder, pero el genial diseño de la mayoría de los niveles y la existencia de múltiples secretos por descubrir y explotar hacen que cada partida sea diferente, y que la diversión y el desembolso contínuo de monedas estén asegurados.

El éxito de Bubble Bobble fue rotundo, y sus protagonistas se convirtieron en los personajes más reconocibles de todo el catálogo de Taito, pasando a ser prácticamente las mascotas oficiosas de la compañía. Las conversiones a los sistemas domésticos no se hicieron esperar, y llegaron a prácticamente todos los formatos de la época, ya fueran consolas u ordenadores, de 8 o de 16 bits, con gran éxito comercial. Como no podría ser de otro modo, sus creadores decidieron aprovechar el filón, y un año más tarde ya tenían preparada la secuela oficial: Rainbow Islands: The Story of Bubble Bobble II.

Rainbow Islands nos devuelve a Bub y Bob como protagonistas, pero esta vez en forma humana. Por lo visto, las versiones reptilianas que vimos en Bubble Bobble eran producto de una maldición lanzada por el malo de turno. Y tampoco disparan burbujas, sino arcos iris, que no sólo les sirven de arma sino de ingenioso sistema para crear puentes y escaleras con las que alcanzar partes antes inaccesibles de los niveles. El objetivo de nuestros héroes esta vez es salvar las siete Islas del Arco Iris de los malos, y para ello deben alcanzar la parte superior de cada nivel (hay cuatro en cada isla) antes de que el nivel del mar suba hasta el tope y les alcance. El juego es casi igual de divertido que el original, y mantiene esos grandes gráficos llenos de colorido y la música pegadiza, convirtiéndose en otro clásico por méritos propios.

A partir de aquí, la saga se enreda, con diferentes títulos y versiones apareciendo para múltiples sistemas, tanto domésticos como arcades. La tercera parte “oficial” de la saga sería Parasol Stars, que aparició por primera vez en la consola PC-Engine de NEC antes de dar el salto al resto de sistemas de 16 bits de principios de los 90. El juego recuperaba la mecánica del Bubble Bobble original, pero Bub y Bob seguían siendo humanos, y esta vez iban armados con sombrillas de colores. Poco más tarde apareció Bubble Bobble II en los recreativos de medio mundo, devolviendo a nuestros héroes a su forma dracónica original, y mejorando notablemente tanto los gráficos como el sonido en un juego que es prácticamente un clon del original. Hablando de clones, otras compañías aprovecharon el filón y crearon sus propias interpretaciones del subgénero que Bubble Bobble había creado casi por sí mismo. Los más notables fueron Rodland, donde dos hadas armadas con cetros substituyen a los dragoncitos, y sobre todo Snow Bros., en el que controlamos a, atención, dos muñecos de nieve, que convierten a los enemigos en bolas de nieve antes de empujarlos rodando por todo el nivel para eliminarlos. Genial.

Pero Bub y Bob (y Taito) aún tenían un as en la manga, que les ha permitido pasar a la posteridad formando parte del muy selecto grupo de personajes que han logrado fama mundial con dos juegos pertenecientes a dos géneros totalmente distintos. En 1994 apareció Puzzle Bobble, conocido en los US of A como Bust-A-Move. Basado en clásicos juegos de puzzle como Columns, Puyo Puyo y por supuesto Tetris, Puzzle Bobble consiste simplemente en disparar burbujas desde una curiosa máquina dentada accionada por nuestros dragoncitos favoritos, de forma que consigamos formar grupos de tres o más burbujas del mismo color, para eliminarlas. Si de paso podemos conseguir eliminar otras pocas burbujas que “cuelguen” del grupo que hemos formado, mejor que mejor. De nuevo, Puzzle Bobble fue un bombazo casi desde su aparición, ha generado multitud de secuelas y spin-offs (hay incluso una versión basada en el manga Azumanga Daioh, que por cierto recomiendo encarecidamente), e incluso fue el protagonista de un concurso en la Gipuzkoa Encounter de este año. Eso es longevidad y lo demás son tonterías… Por cierto, por si alguien no se había dado cuenta, dentro de las burbujas de Puzzle Bobble están atrapados los enemigos del Bubble Bobble original.

Bub y Bob son hoy en día unos de los personajes más longevos de toda la historia del sector de los videojuegos, con más de 20 años de éxitos a todos los niveles a sus espaldas. No sería de extrañar que cualquier día de estos se cansaran de disparar burbujas en la enésima secuela de Puzzle Bobble y buscaran una nueva forma de sorprendernos con su ya demostrada capacidad de reinventarse. Mientras tanto, tengo un problema. ¿Alguien sabe alguna forma de quitarse la dichosa cancioncilla del Bubble Bobble de la cabeza? A ser posible que no implique trepanación, botella de lejía y estropajo, por favor…

Francisco José Palomares | 09 de mayo de 2009

Comentarios

  1. Osito
    2009-05-11 17:45

    Para quitarte la canción, tararea 20 veces seguidas el cánon de Pachelbell XD

    ¿Quién sería el pedazo de friki que se pondría a jugar al Bubble Bobble nada más subir la máquina? jejejeje. Nivel 40 nos hicimos antes de irnos de nuevo al Spa ;) La próxima vez no te quedes con las ganas de jugar ,me comentas y yo la enciendo o te dejo (estoy un poco saturado de jugar con ella) y además, si hay algún problema, suelo ser yo el que tiene la llave para abrirla y tocar las tripas.

    Y ¿Qué decir del Snow Bross? Otro juegazo mítico donde los haya, que me generó adicción y no pude acabar hasta que tuve los MAME en el ordenador y así continuar sin perder la herencia en moneditas de 25pts. Como el Puzzle Bubble, que todavía tengo en el móvil para las esperas y los viajes de metro, y la de piques que hemos tenido a dobles en Mod-PC.

    Y por cierto, no se si hasta tu barrio llegaron los trucos de programación del Bubble Bobble, que consistían en, antes de meter la moneda, en la pantalla del logo, pulsar:
    Izda, salto, Izda, P1, Izda, disparo, Izda, P1 y que te daban de serie todos los caramelos y la zapatilla y la de :
    disparo, salto, disparo, salto, disparo, salto, izda, dcha, P1 y te daba las puertas del nivel secreto en la pantalla 20.

    Creo recordar que eran así, pero luego lo reviso en casa en el MAME, que también funciona, y te digo ;)

    Y por cierto, eso de penúltima party, muy mal. Espero que vengas a la Cantabria Net, que es la que organizo yo (se me ve todavía menos que en las demás) y que hay un SPA 24 horas más grande que el de Tolosa :P



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