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Buscando a Johnny Jones por Francisco José Palomares

A través de sprites polvorientos y bajo viejos y olvidados comandos de basic, Francisco José Palomares, arqueólogo de los 8 bits y soñador profesional, nos trae los días 9 de cada mes el fruto de sus investigaciones, centradas en la búsqueda del rastro del legendario héroe Johnny Jones. Su intención: reconstruir lo más fielmente posible la memoria sentimental de una generación fascinada por los gráficos simples, los casetes llenos de pitidos y la música en MIDI.

Buscando a Johnny Jones

A todos nos ataca la nostalgia de vez en cuando. En el momento menos pensado nos acordamos de una canción que escuchábamos sin parar en la radio de nuestra infancia. O la primera película que fuimos a ver al cine con aquella chica. Un lugar pintoresco que vimos en las mejores vacaciones de nuestra vida. Un libro que devoramos en una sentada. Una imagen. Un sonido. Un algo. Todos tenemos algo que provoca que notemos la lagrimilla en el ojo, lista para saltar en cuanto nos descuidemos un poco.

Yo, como soy así de especial (o, como dice mi madre, de “raro”), me acuerdo de Johnny Jones.

Johnny, para los que no lo conozcan, era el hermano de Indiana. Sí, ese Indiana Jones. No os preocupéis demasiado si no os suena de nada a los cinéfilos seguidores del arqueólogo con nombre de perro más famoso del mundo, es normal. A Johnny la vena aventurera le llegó bastante más tarde que al resto de la familia, y casi por accidente. Quién mandaría a cierta tribu de caníbales sin escrúpulos bloquear las exportaciones de Saimazoom, su café favorito… En fin, gracias a ellos (y a Víctor Ruiz, y a Sir Clive Sinclair, entre otros), Johnny dejó su vida sibarita y acomodada allá por 1984 y se lanzó a la selva en busca de aventura. Y de café, claro.

Por aquel entonces yo era un mocoso recién salido del parvulario, y que prácticamente no sabía qué narices era un videojuego, por lo que no tuve la oportunidad de conocer a nuestro amigo Johnny hasta unos cuantos años después, en 1988. Unos meses antes del feliz encuentro tuve mi primer contacto directo con el mundo de la informática. Fue en una visita a casa de un familiar, durante la que descubrí un Amstrad PC1512 con monitor en blanco y negro, ¡oh maravilla de la tecnología! Evidentemente, me pasé la tarde entera enganchado, cosa que tuvo bastante mérito teniendo en cuenta que la mayoría del tiempo estuve pulsando teclas al azar, mientras unos soldaditos blancos y negros se movían por la pantalla y se disparaban flechas unos a otros sin ton ni son. The Ancient Art of War se llamaba el invento, y por lo visto estaba bastante lejos del alcance de un crío de 9 años. Aún así me lo pasé bomba, y salí de aquella visita convencido de dos cosas: que de mayor quería ser ingeniero químico como mi pariente (y ganar tanta pasta como él), y que quería tener un ordenador. Y ya.

El “ya” se convirtió, tras una ardua negociación familiar, en “cuando aprendas mecanografía”. No me preguntéis el por qué de esa condición, supongo que mis padres pensaron que, como los ordenadores tenían teclado, hacía falta saber manejar una máquina de escribir antes de poder pensar siquiera en comprar uno… El caso es que me tocó esperar unos meses, en los que maté el gusanillo con frecuentes visitas a casa de un compañero de clase (y uno de mis mejores amigos durante mis años escolares), que tenía un Amstrad CPC 6128. En una de esas visitas, entre partidas a Chase HQ. y Pacland, conocí a Johnny.

Pero este Johnny era un Johnny diferente al que se habían encontrado los jugadores del 84. Por lo visto, en los dos años que pasaron entre la medalla de plata de aquel equipazo de baloncesto en Los Ángeles y el semifracaso de casi el mismo equipo en el Mundobásket de España, nuestro héroe le había pillado el gusto a esto de ir de aventuras. Tanto, que se creyó que podía imitar al hermanísimo y se coló en el templo de Abu Simbel. Y claro, como por lo visto Indy se había llevado toda la suerte que había disponible en los genes familiares, le cayó una maldición. El pobre Johnny acabó convertido en una masa informe de color lila, con piernas incorporadas, su rostro apolíneo perdido para siempre… Er, bueno, lo de apolíneo es una pequeña hipérbole (o, en otras palabras, mentira). De hecho, además de la suerte, Indy también se llevó toda la belleza disponible en los genes familiares. Se ve que ser hermano de Harrison Ford e hijo de Sean Connery no garantiza nada.

Abu Simbel Profanation era un juego imposible, o casi. De hecho, se ofreció un premio en metálico al primero que consiguiera acabárselo y enviar a Dinamic una carta con la frase que aparecía al final (“Nos vemos en el polo”), y se rumorea que el ganador final tuvo que hacer trampas para conseguirlo. Un paso en falso significaba el 99% de las veces una muerte segura, y ni con las muchasmil vidas que nos daba el juego era probable sobrevivir más allá de las primeras 4 o 5 habitaciones. Y había 50. Brrr.

Por algún motivo, la imagen de ese pequeño engendro púrpura se me quedó grabada en la mente. Y es raro, porque aparte de un par de partidas acompañadas de comentarios del estilo de “oye, pues es verdad que este juego es infernal”, “jajaja, has vuelto a caer en la habitación-trampa, qué pardillo” y derivados varios, no le hicimos demasiado caso en nuestras mini-sesiones con el CPC. Unos meses más tarde, mis padres por fin se rindieron y me compraron un MSX (con monitor verde fosforito, por supuesto… Aún me duele la vista), pero nunca conseguí encontrar la versión para mi sistema del Abu Simbel. Y, debo reconocer con cierta vergüenza, tampoco me molesté demasiado en buscarlo. Era un juego más entre muchos, algo pasado de moda, y la Micromanía se encargaba de restregarme las últimas novedades por la cara cada mes. Poco a poco, Johnny fue cayendo en el olvido.

Pasaron los años. El MSX se quedó pequeño casi enseguida, y al cabo de una nueva tanda de discusiones, promesas y condiciones familiares, fue retirado y substituido por un flamante 486 DX40 con 4Mb de RAM, y pasó a acumular polvo y ácaros en el fondo de un armario. Llegaron más juegos, mejores gráficos, sonido estéreo envolvente, el CD-ROM y el DVD-ROM, Internet y los juegos online… Pero, incluso hoy, de vez en cuando, cuando la nostalgia vuelve a la carga, me sigue pareciendo que nada de todo esto fue ni llegará nunca a ser tan divertido como aquellas tardes de vicio en casa ajena con un Amstrad CPC. Y siempre, sin fallar ni una vez, lo primero que veo con el legañoso ojo de la memoria es la figura deforme del pobre de Johnny, perdido sin remedio en un templo maldito en medio del desierto.

Por lo visto, no soy el único. Aquí van unos cuantos enlaces con Johnny Jones y su aventura egipcia como protagonistas:

- Reseña de Abu Simbel en Mobygames: La entrada para la versión Spectrum del Abu Simbel Profanation en MobyGames, que, para los que no la conozcáis, viene a ser algo así como la Biblia de los videojuegos en Internet. Si un juego no está allí, es muy probable que no exista.

- Remake de Abu Simbel: En la sección Juegos podéis encontrar un remake de Abu Simbel Profanation (entre otros muchos juegos y remakes del mismo autor), muy fiel al original. Curiosamente, está basado en la versión MSX del juego, ya que es la única en la que Johnny era rojo, no lila…

- Versión original del juego en Spectrum: Para los que pasen de remakes y quieran revivir la versión original de Spectrum, aquí la tenéis. También encontraréis información variada sobre el juego, como escaneos de las carátulas, instrucciones, enlaces a reviews de revistas de la época, e incluso un enlace a un emulador de Spectrum en Java para poder jugar en el mismo navegador.

En fin, ya conocéis a Johnny Jones, mi catalizador de recuerdos personal. Algo tendría ese Johnny para dejarme tanta huella, digo yo. O a lo mejor es que soy así de raro. Quién sabe.

Francisco José Palomares | 09 de septiembre de 2007

Comentarios

  1. Marcos
    2007-09-09 21:27

    Yo al Abí Simbel también jugué en casa de un amigo con Amstrad, pues yo pasé del Spectrum al Pc. No me gustaba demasiado: demasiado paciencia para tanta oferta. Fíjate, sí perdí horas y horas con el Manic Miner.

    Dios mío, qué años aquellos. Nos vuelves más viejos, Palomares, mucho más viejos.

    Saludos

  2. Hitokiri
    2007-09-10 06:54

    Está claro, a partir de ahora eres de lectura obligada…
    Y tal vez te apetezca ver un vídeo de un hacha que se pasa el Abu Simbel Profanation sin perder ni una vida (increíble, ¿verdad?)

  3. Alberto
    2007-09-10 21:40

    Me encanta. Dios, para algunas cosas soy un nostálgico convencido.

    Por cierto, se nota cuándo alguien juega al ordenador desde los tiempos del spectrum cuando, al decir el nombre de aquellos juegos, pronuncia el inglés como si fuera español. Pro-fa-na-ti-on. Tal cual. Nada de profaneishon.

    Chase HQ. Nada de “cheis eich quiú”.

    Y podría seguir.

  4. Zarita
    2007-09-16 00:34

    Aiii, la de tardes que he pasado con la banda sonora de las cintas de juegos que cargabas en el MSX.. Ese yñññaaaaa yñññññaaaa!!...XD

  5. Benjamin
    2008-02-28 06:43

    Me acabo de pasar el remake de este juego, del que como casi a todos los de mi generación nos dejo algo trastornados. Hoy es un dia feliz



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