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Porque me quité del vicio por Elia Martínez-Rodarte

Vicio es todo en exceso y desmesura hasta que lo abandonamos por un nuevo vicio, o nos convertimos en coleccionistas de ellos. Nunca es tarde para desechar uno y encontrar otro nuevo. De los vicios y pasiones que exponen nuestra humanidad hablaremos aquí, en este espacio comandado por Elia Martínez-Rodarte, mexicana, viciosa y escritora, autora de ivaginaria, el día 6 de cada mes.

400 penes

La primera vez que a una se le apersona una pija (no cuando lo tocaste en la oscuridad del cine ni en la ocasión ésa en que estuviste tentoleando a tu novio debajo de las cobijitas) es una circunstancia muy solemne.

Nos ponemos tête à tête con el órgano masculino o parte de varón que más sensaciones encontradas nos va a ocasionar en la vida, y la primera vez, ni lo sabemos. Sólo vemos a ese pedazo de carne en forma de salchicha polaca que nos mira con su pequeño ojo oriental lagrimeante y sabemos que desde ese momento ya estamos adquiriendo una nueva adicción.

No es la parte que nos va a “hacer mujeres” porque mujeres ya estamos hechas. Tampoco es el instrumento que más gritos nos va a arrancar, porque he sabido de lenguas y de dedos más violentos. Mucho menos va a ser un tesoro para la eternidad, porque nada es para siempre y porque hay lastres que ni la Viagra…

Por el pene sufriremos, gozaremos, maldeciremos y hasta podríamos fundar un nuevo continente, ya eso será dependiendo del cariño que una le haya agarrado al príapo.

Pero sin lugar a dudas la señora mandarria es un símbolo de poder que determina en menor o mayor medida nuestra adicción hacia él, en especial si lo conocemos muy de cerca, muy seguido y con varios especímenes de muestra. Al contrario de los pechos, la vagina y el culo, a la polla no se le observa cotidianamente en los periódicos erecta y rosadita, presumiendo su inclinación a la derecha o a la izquierda.

El carajo mueve al mundo cuando su hidráulica se lo permite, pero siempre permanece a la sombra de la visión de los demás porque su mismo poder que sublima las fantasías de las damitas, lo hace ofensivo a la vista de los señores y hasta de algunas señoras que se hacen de la boca chiquita.

Nunca he visto a un hombre buga observando una picha con admiración o celebrándola, como una que fácilmente puede decir: qué buen par de tetas” o “qué bien se le mira el culo a aquella de la faldita” o “qué vagina tan depilada la de ésta o la otra”.

El pene resulta una espada poderosa a la vez mismo que, blandirlo en todo su esplendor resulta pecaminoso, inmoral y muy escandaloso. Es imposible que un hombre aparezca en medios públicos haciendo lo mismo que una mujer hace con sus pechos.

No es fácil ver a un hombre tocándose la genitalia, haciéndola crecer y erigirse en toda su sorpresiva extensión, ni frotándola para que saque lo mejor de sí para el respetable.

No es del común tampoco ver a un hombre mesándose el pene en la publicidad, insinuándolo u ofreciéndolo a las damas presentes, que se los aseguro que no le harían gestos a una genitalia generosa o goloseable. Pero esas cosas nada más existen en nuestras imaginaciones que sin duda son más voraces, y aguerridas: pensamos en pijas y queremos pensar en grande.

Dado que hablar de cipotes es un tema que a todos nos concierne, me alegra la aparición de un libro de la editorial Taschen que se llama El gran libro del pene (The big penis book). Para abrir boca, en la portada aparece el hombre con una fusca grosera de casi 28 centímetros.

A lo largo de las 400 fotos que se muestran en ese ejemplar (a punto de ser un best seller en Europa) se pueden contemplar falos que oscilan de un tamaño grande a uno que aquí bautizaremos como el “quebrantahuesos”. La idea del libro fue mostrar genitalias ostentosas, porque la motivación del mismo es sumamente elemental y masculina: todo ente viril con una minga más allá del promedio (ll pulgadas, más de 20 centímetros, colgajo que sólo posee el 2 por ciento de la población mundial…ash) lo quiere mostrar. Hasta yo mostraría al mundo un pene de ese tamaño, o la foto que le hubiese tomado si me lo topo por ahí. O por allá, ¿qué más da?

Este nuevo homenaje visual a los falos reinventará nuestra idea de sus tamaños y grosores, tema en el que jamás nadie se pone de acuerdo. En la religión como en los tamaños de pijas, nadie tiene (ni quiere tener) la verdad.

Elia Martínez-Rodarte | 21 de junio de 2008

Comentarios

  1. Rafael Rengifo Mazarino
    2008-06-23 18:23

    Me encantó este comentario. Qué bien escrito está y qué femenino…Felicitaciones

  2. Francisco
    2008-06-23 20:24

    Felicitaciones por este escrito tan claridoso y cierto, linda optometrista de ojos orientales lacrimosos.

  3. Elia
    2008-06-23 21:40

    Como siempre, muy agradecida con sus comentarios. Gracias por pasar.

    Un abrazo

    E.

  4. vir
    2008-06-30 06:32

    me agrado un monton leer lo que habeis escrito, todo es muy cierto y sabes la forma en ke lo decis es genial. espero sigas con ese tu estilo … suerte maja. saludos desde chiapas -mexico

  5. Solomillo
    2008-09-03 16:39

    Hola wappa, por tu escritura veo que eres una golosona de los penes..

    Si alguna vez quieres conocer uno bastante cumplidor ya tienes mi e-mail….

    P.D: Una lágrima desde Las Palmas de Gran Canaria.


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