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El fatídico 11 de septiembre llegó a Suecia

??Rolando Gabrielli?? 11 Este rabioso número impar me mira de reojo, sangrón. En la víspera, me hace una seña. Después de las doce, le oigo decir. Incrédulo me voy a dormir, con un ojo en cada número, no vaya a ser, que ya haya marcado mi destino. El indeciso capitán general de Chile, A gusto Pinochet Ugarte, tenía pensado dar el golpe un 15 de septiembre, según ha contado él esa misma historia. Creerle o no creerle, es una cuestión hamletiana, en esa sufrida, angosta, lejana tierra, al sur del sur y aún más lejos. Es cuestión de unos días más y los muertos, desaparecidos no se levantarán de sus fosas comunes, ni los torturados olvidaran el oficio de muerte que cumplieron las Fuerzas Armadas en Chile durante 17 años, capitaneadas por ”Yo, Augusto”. Chile, una provincia romana de Wahington, como tantas otras, tuvo su Emperador y vitalicio, general de cinco estrellas en la impunidad de la noche de Chile, brilló en el terror de su gente, tan gallarda, altiva, donde jamás regía rey alguno. Tuvo la originalidad este augusto personaje, de someter a bayoneta a su propia gente, acabar con la convivencia nacional, decapitar la democracia más arraigada de América latina, empujar aun presidente constitucional al suicidio, despojar de la nacionalidad a chilenos opositores, asesinar en el exterior a figuras de un gobierno electo por el pueblo y conspirar internacionalmente, además mandar a asesinar a ciudadanos norteamericanos, españoles, franceses, bolivianos etc. Largo periplo en el horror, iniciado un 11 de septiembre de 1973 y concluido en 1990, donde el capitano no le dio tregua a la impunidad de sus actos contra natura. Hace dos años, Nueva York, también un 11 de septiembre, fue víctima de un acto terrorista repudiable, que destruyó no sólo sus emblemáticas y orgullosas Torres Gemelas en Manhattan, sino la vida de alrededor de tres mil personas civiles. Volvía el tenebroso 11 de septiembre a presentarse de la mano del horror en la fecha. El mundo presenció el acto de destrucción en el mismo instante en que se producía, gracias a la “macabra” inmediatez de los tiempos. Como si hubiésemos visto quemarse Roma a manos de Nerón o hundirse Pompeya. Nada parea la imaginación y el horror real, que no es virtual, tampoco lo permite. El mundo ya no sería igual después de las Torres Gemelas, igual que Chile después del 11 de septiembre de Pinochet. Cada año trae en un 11 de septiembre y este ha llenado de luto a Suecia, una nación pacífica, alejada del mundanal ruido, exitosa, ejemplar, ejemplarmente solidaria, muy vinculada a Chile el 11 de septiembre, porque su Embajada abrió las puertas a cientos de refugiados y después su generoso reino, se hizo presente con particular cariño de miles de compatriotas. En este 11 de septiembre, desde estas cálidas, tropicales tierras, con mi pequeña palabra de poeta inédito, quiero simbolizar en Suecia, el apoyo internacional que se le brindó a mis compatriotas perseguidos, expatriados, humillados, torturados, gente sin patria. Suecia supo extender su mano y abrir el corazón de su reino, en otro idioma, con otro clima, en el lenguaje universal de la solidaridad humana. Por eso hoy, comparto el duelo, el dolor de su pueblo, que ha perdido a su Canciller, Anna Lindh, un 11 de septiembre, tras un atentado en pleno centro de Estocolmo, la capital sueca. Un crimen abominable, inútil, estéril. Pero no es un asesinato común, no sólo por la alta investidura de la señora Lindh, sino porque se ataca a una de las sociedades más abiertas del mundo. Suecia es un país cívicamente ejemplar, uno de los pocos que en el mundo respiran pluralidad de ideas, culturas, y que tan generosamente ha abierto sus puertas para recibir a otros pueblos. Es un crimen contra la Humanidad humana realmente.
Marcos Taracido | 12 de septiembre de 2003

Comentarios

  1. adkljf
    2003-11-11 00:39 El dolor nos inunda a todos, y aún hoy, 10 de Noviembre, cuesta creer que esto haya ocurrido; cuesta creer que esto haya ocurrido en Suecia, precisamente allí, una sociedad abierta y democrática, la menos merecedera de crímenes así. Anna Lindh ha perdido la vida, una familia ha perdido una excelente madre y esposa, un pueblo ha perdido una gran líder, y la humanidad ha perdido una magnífica persona.

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