Libro de notas

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Máquina de perspectiva por Julio Tovar

El 11 de cada mes es la cita con la historia, o mejor, con sus máscaras. Tal como Jorge III observa al pequeño Napoleón en la ilustración de la cabecera, Julio Tovar —cuya única religión es el culto a Clío— , cogerá su microscopio para radiografiar el pasado, capa por capa, y diagnosticar los cambios en esos bichillos tan entrañables llamados hombres.

El banco de papel

“Si el dinero fuera dado a la gente en una cantidad mayor de la cual hay demanda, el dinero podría caer en su valor; pero si sólo es dado igual a la demanda, no caerá en su valor.”
John Law, Dinero y comercio considerados con una propuesta para suplir a la nación con dinero, Edimburgo, Editores de Andrew Anderson, 1705, pp. 116 – 117

“¿Es Law un Dios, un farsante o un charlatán.”
Voltaire, “Carta a Nicolás de La Fáluère de Génonville” (Diciembre de 1713) en Ian Davidson, Voltaire a Life, Londres, Profile Books, 1996 pág. 30

El 15 de septiembre de 2008 el banco estadounidense Lehman Brothers quebró, confirmándose la mala perspectiva económica y datando el inicio definitivo de la crisis actual en el sistema monetario. Lo que había sido una respuesta eficaz de los bancos centrales a la ya olvidada burbuja de Internet, conocida aquí en España por el “fenómeno Terra”, acabó con medio sistema financiero en números rojos, una gran contracción del crédito y el uso y abuso de los poderes públicos en salvar a las entidades bancarias.

Se habla, desde hace tiempo, de la crisis del 29 como referente previo, pero el marasmo económico actual tiene un referente más preciso en los primeros juegos bancarios del siglo XVIII. En este sentido, la especulación monetaria, todavía primigenia en comparación con el grado que alcanzó en la crisis actual, fue paralela a los activos económicos de las compañías de Indias, originadas en Holanda e Inglaterra a mediados de la Edad Moderna.

Las compañías por acciones y su génesis

Si bien ya nos avisó Weber de la lógica capitalista del pensamiento protestante, más bien puritano en todo caso, no podemos más que mencionar los “intentos fallidos” de emular las nuevas teorías económicas por los estados católicos a lo largo de la baja Edad Moderna. Así, progresivamente, se van a implantar políticas económicas protoliberales, todavía experimentales, siguiendo el éxito holandés de la célebre compañía de Indias creada por las Provincias Unidas de Holanda para 1602 y que basaba sus activos en el lucrativo comercio de las especias (arrebatado a Portugal a lo largo del siglo XVII).

Este sistema, originado por la propia iniciativa empresarial de una clase comercial emprendedora, tendrá imitadores nacionales por doquier, originados no tanto por los comerciantes de los países sino por la iniciativa estatal, regia, siguiendo los planes económicos de Colbert. De hecho, en 1664, Luis XIV inaugurará su propia compañía oriental de las Indias, a la que seguirán compañías comerciales en la Luisiana, en Estados Unidos, casi siempre deficitarias y que respondían únicamente por el dinero regio.

El propio Rey unía al mercantilismo colbertiano un gasto descomunal en sus múltiples guerras —no siempre victoriosas— y en la esplendorosa Corte de Versalles. Todo ello era sufragado con un sistema fiscal propio del Antiguo Régimen, basado en la desigualdad de facto y que, junto a la política mercantilista, acabó con un déficit comercial para 1715 de un millón de libras. Dumas reconstruye la satisfacción del pueblo de París a la muerte del Monarca en su obra sobre la Regencia:

“…cuando la noticia de la muerte del Rey corrió por los alrededores de Versalles, París se conmovió de júbilo, como si hubiera roto las cadenas de una larga esclavitud; el pueblo por tanto tiempo desgraciado, oprimido, arruinado, despreciado, casi aborrecido, palmoteó, bailó, cantó, encendió fogatas por la ciudad; de manera que el teniente de policía Mr. de Argenson, que había hecho inútiles esfuerzos para oponerse á este torrente de impiedades, declaró que de nada respondía, si el cortejo fúnebre atravesaba por París.”

Con la muerte del Rey Sol, en ese mismo año, y su sucesión por parte de la regencia de su sobrino Luis Felipe de Orleans, las compañías comerciales francesas comenzarán un proceso especulatorio que será conocido como “burbuja del Mississippi” El grado de especulación no pasará inadvertido para el joven Voltaire, todavía enfrascado en la redacción de La Henriada, que escribirá a su amigo Nicolás de La Fáluère de Génonville:

“¿Os habéis vuelto todos locos en París? No oigo otras charlas que de millones. ¿Es esto una realidad? ¿es una quimera? ¿Es Law un Dios, un farsante o un charlatán? Esto es un caso que no puedo desenmarañar, y del cual sospecho que no entenderás nada.”

Pero ¿quién era ese Law capaz de crear dinero de la nada en un país arruinado por las guerras?

El milagro de papel

Juan Velarde nos avisó en su agudo libro sobre “el libertino y el nacimiento del capitalismo” cómo estos hombres, fuertemente amorales, eran clave en la expansión de la economía liberal. Juzgaba su biografía unida a su práctica económica, y así:

“Muchos de ellos tienen tal cantidad de hechos despreciables sobre sí —son espías, jugadores, mujeriegos, soplones, sablistas, falsificadores—, que si no se miran como colectividad, tendremos el impulso de pasar muy rápidamente las páginas de sus vidas…”

Law entra en esta “colectividad” con honor, si es que se puede considerar honorable escapar de la ley por asesinato. Como un personaje de Thackeray, la vida del escocés John Law (1671, Edimburgo) comienza en Londres por un duelo: el que habría de ganar a Edward Wilson sobre los amores de Elisabeth Villiers, que había sido amante del Rey Guillermo III de Inglaterra. Este hombre galante, cortesano, será condenado a muerte el 20 de abril de 1694, siendo conmutada su pena por la cárcel gracias a la intercesión regia. A ello respondió huyendo a Ámsterdam, con apenas 24 años, el año siguiente.

En este fugaz exilio le servirá para mejorar sus conocimientos en finanzas, sirviendo como secretario al cónsul británico en Holanda. Para 1705, regresado a su país natal, publicará en Edimburgo su obra fundamental de economía política: Dinero y comercio considerados con una propuesta para suplir a la nación con dinero. El objeto de la obra era una defensa de la creación de un banco nacional para Escocia, y la utilización del crédito, la liquidez, para resolver los problemas económicos de una economía casi totalmente dependiente del comercio exterior.
¿Su principal solución? La extensión del papel moneda, experimental en aquel tiempo, y que pretendía convertir en el principal dinamizador de la economía, puesto que consideraba que los metales preciosos eran insuficientes. La propia Escocia, siguiendo la estela de otros países como Suecia, estaba empezando a utilizar billetes desde 1696. El rechazo de este plan le llevará al continente, ante la imposibilidad de volver a Inglaterra, y recalará finalmente en la Francia de la regencia.

El transitorio periodo de la regencia, de 1715 a 1723, será un corto respiro de la política absolutista iniciada por Luis XIV, y se sustituirán las secretarías por consejos, en el sentido de evitar el despotismo y hacer partícipes del gobierno a los cortesanos. Si bien esta vuelta a los consejos fue en parte instigada por el propio Rey Sol, que temía el carácter disoluto de Felipe de Orleans y sus ambiciones. El regente se apoyó en la nobleza de cara a consolidar su efímero reinado, consiguiendo el apoyo del parlamento de París en 1715 en contra de las disposiciones regias del testamento (que recortaba sus funciones). El regente, mucho menos versado en asuntos públicos que su predecesor, dejó a los cortesanos ambiciosos, los libertinos siguiendo a Velarde, sus tareas de gobierno.

Era la hora de que un jugador de naipes, un verdadero funambulista, como John Law alcanzara el éxito: el 5 de mayo de 1716 obtiene el permiso regio para abrir un banco privado con un capital inicial de 1200 acciones de 5000 libras. Eran billetes convertibles en monedas de curso legal, a la vista o al portador. Los billetes equivalían a la moneda, y fue un relativo acierto al evitar la especulación monetarista de depreciación del metal propia de la intervención estatal. Esto es, todos los billetes mantenían su valor original, adquiriendo gran apreciación respecto a la moneda actual. Un año más tarde, en 1717, los pagarés oficiales del gobierno de Luis XIV llegaron a tener un descuento del 78.5: consecuencia de la competencia y éxito del banco de Law, lo que llevó a una extensión de su crédito sin ningún tipo de control, ampliándose a Lyon, Tours, Orleans y otras ciudades galas de comercio pujante.

El negocio, todavía únicamente europeo y que tenía como objeto despejar una cantidad relativa de la deuda francesa dejada por Luis XIV, tendrá su plan maestro con las colonias francesas tanto en oriente como especialmente en occidente. En 1717 John Law obtiene la concesión de una compañía indiana occidental (Compagnie d’Occident), que dominará el río Mississippi y con un capital inicial de 200.000 acciones de 500 libras.

Es el comodín de su baraja de truhán: convertir a los acreedores del Estado en accionistas de un futurible negocio americano. El apoyo de la corona llegará cuando en 1718 sea nombrado Banco Regio, y el Estado compre todas las acciones. Todo marchaba según lo previsto, emitiéndose 71 millones en billetes, obteniendo el monopolio del tabaco y con la regalía de gran parte del comercio de las colonias francesas. Se creía, falsamente, que Luisiana era abundante en metales preciosos, y la especulación fue rampante: se pasa de 500 libras por acción a 18.000 libras para 1720.

Ese año es su gloria final y obtiene la posibilidad de recaudar impuestos —el gran privilegio del Antiguo Régime—-, siendo nombrado además Inspector General de Finanzas. A sus medidas económicas también se añadía, sin duda, el carácter embaucador de Law, que el duque Saint-Simon describe de este modo:

“Law era un escocés, de muy dudoso nacimiento, alto y bien formado, de cara y aspecto agradables. Galante y en muy buenos términos con las mujeres de todos los países en los que había trabajado. Su mujer no era tal; era de una buena familia inglesa y bien conectada, había seguido a Law por amor y tenía un hijo y una hija de él. Pasando por su mujer, y llevando su nombre sin estar casada con él.”

¡Otra mascarada de este gran ilusionista de las finanzas! El nombre de la Compañía para 1720 acabará siendo Compañía de las Indias al obtener todo el negocio colonial de la corona francesa. El Duque de Saint-Simon también comenta con agudeza el éxito social del banco de Law:

“El Banco se estableció en la rue Quincampoix, donde vivía Law. Hubo que cerrar la calle con verjas, una campaña anunciaba la apertura y cierre del Banco. Había tanta gente que no cabía ni un alfiler; los empleados hacían pasar los billetes por las ventanas. Todo el mundo estaba mezclado, lacayos y gentilhombres. Había quién hacía en un momento una fortuna.”

Cuentan algunos autores del tiempo que llegó a existir “un jorobado (que) ganaba sumas considerables ¡alquilando su joroba como escritorio para especuladores impacientes!”. John Law hubo de cambiar la residencia bancaria de Quincampoix a la Place Vendôme, debido a la masificación de accionistas, todos mezclados fuera de su estamento, como afirma Saint-Simon, en una muestra de la sociedad emergente que traían las formas capitalistas.

En 1720 el parlamento de París avisó del exceso, y la escasa correlación del papel moneda con las riquezas. Pero serán los rivales de Law, casi todos aristócratas temerosos de las nuevas formas capitalistas, los que acaben con la “burbuja del Mississippi” y su banco. El príncipe de Conti, que no obtuvo de Law las acciones indianas que pretendía, reclamará el pago en moneda de los billetes obtenidos.

Fue la primera brecha del palacio de oro que se había erigido en Francia: en esta ocasión el regente intervino para obligar a Conti a obtener sólo dos tercios de la moneda metálica. Otros inversionistas (Bourdon, Richadière), siguiendo el ejemplo, convirtieron sus billetes en moneda metálica y la enviaron a otros países temiendo el fin de la burbuja. Avanzando 1720 la especulación de Law irá cayendo hasta el final, y aunque se enviaron colonos a Luisiana para dar confianza a los inversores, la Corona intervendrá, en principio, para salvar su prestigio y a su protegido John Law.

Se llegó a establecer, a inicios de 1720, entre febrero y marzo, que todos los pagos se hicieron en papel, pero la mecha de la desconfianza estaba prendida, y Monsieur Lambert, presidente del Parlamento de París, defendió la supremacía del dinero metálico respecto a los nuevos billetes. Se fusionará, como última medida, el Banco Real con la Compañía de Indias, obteniendo el respaldo del Estado. Medidas que sólo contribuyeron a revalorizaciones efímeras, con el billete en total retroceso respecto al prestigio del metal. Se acabó, claro, devaluando el valor de los billetes, pero el parlamento se negó, y para finales de año el papel moneda dejó de ser privilegiado.

El regente, temiendo por su puesto, acusó a Law, y el odio a este advenedizo se concretó con el asalto a pedradas del populacho al coche de caballos donde viajaba. La vuelta de los consejeros económicos anteriores a Law marcan el destino del escocés y para junio se empezó a convertir de manera masiva una parte considerable de los billetes del banco en vil metal. El banco de papel, en fin, acabó por el soplo de la demanda del metal real.

A finales de año, salvando su vida gracias a la intercesión de Luis Felipe de Orleans, Law parte hacia el exilio hacia Bélgica, y de ahí volverá a su vida nómada, dedicado a los naipes. Morirá en Venecia, a la edad de 57 años, en 1729.
Montesquieu, a través de sus pseudónimas Cartas Persas (la número 142), hará un resumen punzante sobre la fábula de Law:

“En una isla cerca de las Orcadas nació un niño que tuvo por padre a Eolo, dios de los vientos, y por madre a una ninfa de Caledonia. Se cuenta que aprendió, completamente solo, a contar con los dedos y que, desde los cuatro años, distinguía tan bien los metales que cuando su madre le dio una sortija de latón en lugar de una de oro, se dio cuenta del engaño y la tiró. Cuando fue mayor, su padre le enseñó el secreto de encerrar el viento en odres, que después vendía a todos los viajeros; pero, como este negocio no prosperaba mucho en su país, lo abandonó y se fue a recorrer el mundo en compañía del ciego azar. (…)”

Después de mucho caminar convenció a los Pueblos de la Bética, su pseudónimo para Francia, con este parlamento:

“Juntemos nuestras riquezas en un mismo sitio; podemos hacerlo fácilmente, ya que no son demasiado voluminosas.”

Montesquieu sólo podía acabar esta sátira con esta frase aguda: “Inmediatamente desaparecieron las tres cuartas partes.”

Bibliografía

DAVIDSON, I., Voltaire a Life, Londres, Profile Books, 1996
DUMAS, A., La regencia, Madrid, Tipográfico de Mellado, 1849
KAISER, T. “Money, Despotism, and Public Opinion in Early Eighteenth-Century France: John Law and the Debate of Royal Credit” en Journal of Modern History, 63, no.1, Marzo de 1991, pp. 1 – 28
LAW, J. Dinero y comercio considerados con una propuesta para suplir a la nación con dinero, Edimburgo, Editores de Andrew Anderson, 1705
MACKAY, C., _Delirios multitudinarios: La manía de los tulipanes y otras famosas burbujas financiera_s, Barcelona, Ed. Milrazones, 2008
MONTESQUIEU, Cartas Persas, México, Dirección General de Publicaciones, 1992
PHILIP WOOD, J., Memoirs of the life of John Law…, John Philip Wood, Edimburgo, Printed for Adam Black, 1824
ROLL, E., Historia de las doctrinas económicas, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 2008
SAINT-SIMON, Mémoires, París, Ed. por Chéruel, 1856
VVAA. Historia Moderna, Madrid, Ed. Akal, 2005
VELARDE FUENTES, J., El libertino y el nacimiento del capitalismo, Madrid, La Esfera de los Libros, 2006
WEBER, M., Historia Económica General, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 1997

Julio Tovar | 11 de noviembre de 2011

Comentarios

  1. Troppi
    2011-11-22 17:41

    Espero que no me llaméis troll por esto, como el mes pasado, pero creo que el autor del artículo no tiene ni un solo conocimiento sobre economía y finanzas, solo nociones vagas de que el dinero sirve para comprar cosas.

  2. Dubitador
    2012-09-28 20:47

    Tiendo a estar de acuerdo con el comentarista Troppi, aunque no en terminos tan radicales, puesto que tampoco soy un entenddido en economia, pero me basto para considerar que la abundancia de detalles historicos, hechos y anecdotas relativas a personajes de aquel momento oculta la perdida del hilo economico y que éste se reduce a la clasica critica a aquello de darle a la maquinita de hacer dinero y al peligro de los bancos centrales.

    Precisamente esta crisis tiene bien poco que ver con la descrita en el post y mucho mas con la del 29 ya que en definitiva la raiz del problema es la hiperacumulacion de riquezas en poca manos, riqueza acumulada y que no se mueve mientras no retornen las espectativas de las inmensas ganancias a las que se habian acostumbrado.

    Quienes han estado dando a su maquinita de hacer dinero han sido los sujetos e instituciones privadas y el papel de los bancos centrales ha sido el don Tancredo, promoviendo y respetando las libertades para los negociantes, proclamadas como la esencia de toda libertad.


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