Libro de notas

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Máquina de perspectiva por Julio Tovar

El 11 de cada mes es la cita con la historia, o mejor, con sus máscaras. Tal como Jorge III observa al pequeño Napoleón en la ilustración de la cabecera, Julio Tovar —cuya única religión es el culto a Clío— , cogerá su microscopio para radiografiar el pasado, capa por capa, y diagnosticar los cambios en esos bichillos tan entrañables llamados hombres.

Viñetas contra el honor

“¿Qué se celebra aquí, que hay tanta gente?
El Banquet de la Victoria
¿De la victoria? Ah, vaya, serán paisanos.”

Joan García Junceda, Viñeta en “Cu-Cut!”, 23 de noviembre de 1905

El pasado 24 de septiembre de 2012 la asociación de militares españoles, la AME, respondía a las intenciones soberanistas de Artur Mas y CIU con un comunicado vehemente, cesarista, que invocaba la “jurisdicción castrense” para los delitos de alta traición contra la patria:

“…cuantos han permitido, participado o colaborado en llegar a esta, última pero reiterada en el tiempo, amenaza de fractura de España, por comisión, omisión o provecho de sus cargos constitucionales, habrán de responder con todo el máximo rigor de tan grave acusación de alta traición ante los tribunales en el ámbito de la jurisdicción castrense.”

¿Era una novedad en la historia de España? Es claro que no, ya que una campaña de caricaturas en la revista “Cu-Cut!” contra el ejército, a inicios de siglo XX, había provocado no sólo la indignación y violencia de los militares, sino también un cambio legislativo que habría de eclipsar el poder civil en el régimen de la Restauración.

A diferencia de las quejas actuales, establecidas en torno a la iniciativa legislativa que vulnera el artículo 8 —según interpretación de la AME—, el caso “Cu-Cut!” fue una muestra del , primero, frágil margen de la libertad de expresión en el marco de la Restauración y, segundo, del clima guerracivilista en que la Barcelona de inicios de siglo, la cual vive entre una burguesía catalanista fuertemente conservadora y un proletariado todavía dominado por la demagogia republicana de Alejandro Lerroux.

Describe Teresa Sala:

“…a finales del siglo XIX e inicios del XX, la ciudad es múltiple y metamórfica, en constante transformación, que su nombre también varía, según las circunstancias: Mánchester del Mediterráneo, París del Sur, Rosa de Fuego o ciudad de las bombas, perla del Mediterráneo, ciudad de marfil, ciudad quemada…, diversas Barcelonas en una sola Barcelona, porque no cabe duda que la modernización de la ciudad aumenta la población y la hace más conflictiva.”

En este marco de fuerte conflictividad social, donde el propio Lerroux adquirió el nombre de “Emperador del paralelo”, el proceso de “Cu-Cut!” comenzó como parte de la estrategia catalanista para responder a los “bárbaros de hoy” según el célebre escrito del político cordobés.

El 98 como marco

La pérdida de Cuba y Filipinas, refrendada por el durísimo tratado de París —10 de diciembre de 1898—, no cambió la vida social de un país cuya ciudadanía todavía era emergente, inconclusa. Ahora, constituyó una crisis “espiritual”, un replanteamiento del zeitgeist hispano, que eclosionaría en varias generaciones intelectuales que pretendían diagnosticar y resolver “el problema español”

Los dilemas regionales, atemperados con la victoria alfonsina en los años 70, volverán primero como tímida reivindicación regional para finales de siglo (las Bases de Manresa) y finalmente como fuerza política clara, luego de la victoria en 1901 de los primeros diputados catalanistas en las elecciones municipales. La intervención de una burguesía catalana insatisfecha, que había perdido su mercado cubano, consolidará este movimiento todavía embrionario en Cataluña a lo largo de esta primera década del siglo XX.

Afirma Ealham que este choque será fruto del

“…aislamiento de un número cada vez mayor de patronos locales respecto a un Estado central distante que se mostró incapaz de encontrar un “paraíso colonial” para la exportación colonial, multiplicándose las acusaciones por el trato diferencial que otorgaba a los latifundistas del sur en detrimento de los intereses económicos del capital moderno.”

En el marco conflictivo de esta Barcelona ya industrial, los periódicos van a ser el campo de batalla en el que las tendencias luchen, cada vez más matizadas por el choque cultural entre el obrerismo y la reivindicación identitaria catalana. Así cita Joaquín Romero Maura:

“Cuando Lerroux llegó al escenario en 1901, había encontrado a las masas trabajadoras en situación desesperada. Los precios estaban subiendo a ritmo mucho más rápido que los salarios; había además gran cantidad de paro y desempleo. Alrededor del 50 por ciento de la población obrera de Barcelona era analfabeta (…) Estas masas desheredadas tenían escasa relación con la cultura oficial de las clases medias (…) Lerroux ofreció patronazgo municipal a estas masas y creó organizaciones de auxilio mutuo y escuelas (…)”

La “sorpresa Lerroux”, como la llama inteligentemente Albert García Balaña, era una quiebra no tanto por su subvención ilegal, por partidas ocultas del Estado según cita Carlos Seco Serrano, sino por ahondar en las evidentes fracturas sociales de una Barcelona que para 1900 había pasado de 200.000 habitantes a 500.000 en menos de 50 años.

En estas circunstancias, la prensa asociada a la Lliga Regionalista, “La Veu de Catalunya” y “Cu-Cut!”, va a hacer una campaña constante, satírica, contra los políticos del turno, el lerrouxismo y los militares. ¿A qué se debe estos tres enemigos? A que eran los poderes fácticos opuestos al catalanismo emergente. Si “La Veu…” será un medio tibio, más cultural que político (aquí comenzaron periodistas como Eugeni Xammar o Josep Plá), “Cu-Cut!” —fundado en 1902— será más mordaz, alcanzando tiradas de 30.000 ejemplares a lo largo de la década.

El ejército en la Restauración, con todavía un gran poder y autoridad moral, había asaltado anteriormente en 1895 los diarios “El Resumen” y “El Globo” por denuncias respecto a la situación cubana. En 1899 se repitieron estos altercados con el diario “El Nacional”. Todos estos casos, en perspectiva, quedarán como hechos menores al lado de la gravedad y consecuencias legislativas del “Cu-Cut!”

El proceso

La revista cómica de la “Lliga…”, el “Cu-Cut!”, sostiene desde 1903 a 1905 una crítica constante, sardónica y frontal contra el estamento militar y al propio atraso del resto del país. En este sentido, ya para el 4 de junio de 1903 muestra esta viñeta.

En ella muestra a dos guardias civiles regañando a un conductor catalán por llevar un automóvil, a lo que responde éste de manera irónica. A lo largo de 1905 las viñetas se van a recrudecer con mayor intensidad y sátira, en muchas ocasiones clasista, contra el estamento militar.

En esta segunda viñeta, para marzo de 1905, se muestra a un niño que ha roto su escuadra, y el profesor declama que “Valdría para marinero español…” por su torpeza. De septiembre a noviembre es cuando “Cu-Cut!” va alcanzar el mayor ataque frontal contra sus enemigos políticos.

En septiembre de 1905 muestra en su portada a un torero defendiéndose con una señera frente a un militar “que no puede embestir”. La respuesta, en este septiembre, fue una denuncia por injurias al ejército. El 5 de octubre el Gobernador Civil, Julio Fuentes, multará a la revista. ¿Cómo se había pasado de un salto cualitativo en este enfrentamiento?

En este septiembre las elecciones a Cortes ven un triunfo de la Lliga Regionalista con seis diputados (Rusiñol, Rahola, etc.). Esta victoria, inesperada, demuestra un tejido cívico que permite articular una respuesta nacionalista. Ahora bien, serán las elecciones municipales de noviembre de 1905 las que den una victoria más amplia al partido nacionalista, celebrándolo en “Cu-Cut!” con la que habría de ser la viñeta la discordia (dibujada por Joan García Junceda) el 23 de noviembre.

Esta viñeta requiere un explicación somera por ciertas referencias: el Frontón Central fue donde se celebró el banquete de la victoria de la Lliga Regionalista por sus resultados en las elecciones del 12 noviembre de 1905 donde salieron elegidos diputados como Durán y Ventosa, Calvell, etc. El militar se sorprende por la “victoria”, algo que es ajeno a las glorias militares españolas del tiempo para “Cu-Cut!” como hemos visto en anteriores viñetas.

Muchos autores afirman que la viñeta no tenía como objeto provocar el conflicto a posteriori, pero ésta sólo fue la chispa de un polvorín de insultos a un cuerpo que había sido sólo domado en el marco de la Restauración. Como dice de manera más precisa Núñez Florencio:

“…lo verdaderamente insoportable era la impotencia del sistema en su conjunto para poner freno a los “excesos” catalanistas (…) A la semana siguiente aumentaba su grado de desvergüenza. Volvía a ser denunciado. El número posterior repetía la broma cargando más las tintas.”

Ante los límites el poder civil, lógicos desde la ley de prensa de Sagasta, la reacción de los militares de la guarnición de Barcelona fue la aplicación directa de la fuerza. Entre las nueve y las diez de la noche, el 25 de noviembre, 300 oficiales se reúnen en la plaza Real para poner en práctica lo acordado en el Café Español.

Fueron, primero, a la Imprenta Gálvez, en la calle Aviñó, donde se editaba “Cu-Cut!” Allí hundieron la puerta a hachazos, destrozaron gran parte del material, e hicieron una fogata con todo lo que allí podía quemarse. Posteriormente fueron a la redacción, en Cardenal Casañas, y luego a “La Veu…” La imprenta en Escudillers pudo salvarse.

Se ha discutido entre los historiadores, con diversas opiniones de Seco Serrano y Gabriel Cardona, sobre el número de catalanes de la guarnición de Barcelona, pero el hecho sintomático es que se tomó el ataque de la viñeta no tanto en términos nacionalistas como en términos corporativos. Lo que habría sido una algarada, réplica de aquellas de la década de los 90 dedicadas a la prensa y Cuba, acabó teniendo unas repercusiones absolutas: las guarniciones de Madrid y Sevilla apoyaron el hecho, y el gobierno de Montero Ríos no consiguió el apoyo de Valeriano Weyler para calmar la disensión militar.

El Conde de Romanones cita posibles rumores de golpe de estado ante la algarada, y describe que los diputados llegaron a comprar fusiles temiendo un “3 de enero de 73” (la caída de la I República) en este final de 1905. Más aún, el Rey hubo de enviar al general Bascarán a recorrer los cuarteles para evitar cualquier algarada del ejército.

De manera evidente, esto se vio como un ultraje en Barcelona, donde la “Veu…” acusó a Madrid de no respetar la ley:

“Ya lo han visto los ciudadanos de Barcelona. Aquí no hay leyes, no hay autoridades, no hay estados. Estamos en plena anarquía disposición de cualquiera más o menos espontáneo. (…)”

La respuesta será, desde Barcelona, una coalición electoral que habría de hacer mayoritario el nacionalismo en Cataluña: Solidaritat catalana. Dice Varela Ortega que la algarada:

“Provocó una amplísima reacción política y ciudadana (…) ya que abarcaba desde los carlistas hasta buena parte de los republicanos. Gracias a la Solidarirat, el catalanismo, que sólo tenía presencia institucional y fuerza electoral en una parte de Cataluña (…) se extendió rápidamente por todo el territorio.”

Los militares habían caído en la trampa de provocación imponiéndose al poder civil, y seguirán con su inflamada retórica de acusar de “turba catalanista” a los nacionalistas o pedir al ejecutivo “tratar a los catalanes de manera distinta a los demás ciudadanos españoles” en diarios como “La Correspondencia Militar” o el “Ejército Español” a lo largo de noviembre de 1905.

Es Lerroux, precisamente, el mayor testamentario del clima de este final de año en Barcelona, y cómo debió calar en el estamento militar:

“Los castellanos, que forman la tercera parte de esta población, no se atrevían a hablar fuerte en las Ramblas, porque la bestia separatista se mofaba cínicamente de su idioma. Algún oficial del ejército fue corrido y apaleado en la vía pública… Yo digo que si hubiese sido militar, hubiera ido a quemar La Veu, el Cu-Cut!, y el palacio del obispo por lo menos. (…) Si hubiera estado en Barcelona esa noche hubiéramos ido, el pueblo y yo, a quemar varios conventos, escuelas de separatismo, y a llamar a las puertas de los cuarteles y decirles que antes de la disciplina están, en la conciencia de los hombres, la libertad y la patria.”

El huevo de la serpiente

La algarada de este final de noviembre pudo ser controlada sin un coup d’etat, pero el Rey usó su poder para amparar las quejas del estamento militar. Si bien Montero de los Ríos —civilista proveniente del Sexenio— quiso actuar contra los militares y su acción, la prerrogativas de Alfonso XIII en el sistema canovista —la soberanía de las Cortes con el Rey— obligaron a su dimisión el 1 de diciembre, sustituyéndole el más dócil Segismundo Moret.

Pero la novedad de esta crisis de gobierno, habitual en la parte baja de la historia de la Restauración, fue la Ley de Jurisdicciones, que habría de poner los delitos contra la patria y el ejército en manos de los militares, sobreponiéndose a la ley civil. Todas estas afrentas, toda esta política “vergonzosa”, como la llama Santos Juliá, habrían de repercutir en el éxito del movimiento de Solidaritat Catalana para 1907. Esta lógica de acción–reacción, bien tramada por los intereses en juego, fue adelantada por la clarividencia de Antonio Maura en las Cortes respecto a la efímera suspensión de garantías constitucionales en noviembre de 1905:

“…tiene el inconveniente de llevar a Cataluña la impresión de una afirmación nueva de su situación distinta, de su aislamiento con su problema respecto a nosotros y temo que, en vez de estimularlos a esa urgentísima separación de lo que todos reconocemos como lícito y lo que todos condenamos como nefando, se convierta en una especie de solidaridad nociva… para el porvenir y para la solución definitiva del problema.”

De manera más literaria, notablemente más clara, Romanones hará metafórico un tropezón de Montero Ríos como síntoma de los escollos de la siempre frágil soberanía nacional en España:

“…don Eugenio no acostumbraba salir de su casa una vez puesto el sol. Aquella noche, pasadas las diez, salió de ella por haber sido llamado, con urgencia, de Palacio; envuelto en pieles, tapado el rostro con una bufanda, tomó el coche de muy mala gana; al salir no vio el peldaño del umbral, tropezó en él y cayó al suelo…, y del suelo ya no volvió nunca a levantarse políticamente.”

Bibliografía

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Periódicos

Correspondencia Militar (1905)

Cu-Cut! (1903 – 1905)

El ejército español (1905)

La Veu de Catalunya (1903 – 1905)

Julio Tovar | 11 de octubre de 2012

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