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Kliong! por Carlos Acevedo

Kliong!, a razón de cada martes, se encargará de desmenuzar el mundo del tebeo y del cómic desde una perspectiva que llama a la rotura y al trompicón. Kliong tiene más que ver con una olla que cae por torpeza que con un arrebato o un golpe, aunque a buen seguro no saldrás sin moratones.

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27° Salón del Cómic de Barcelona

Hace unos cinco o seis años paseaba por Buenos Aires cuando vi una discusión muy álgida entre un hombre y una mujer. No sé si por una cosa relativa a la resaca, el “nomeimportismo” gregario o qué, decidí mediar la discusión ante lo cual el macho de la situación espetó, con un tono centroamericano o así, un “Tú, a tus cosas”. Me demoré poco en entender que la cosa iba de líos de pareja en público y ya y seguí mi camino. Me fui de allí pensando que la frase que me ponía en mi lugar podía ser, según como se mire, un lema. “Tú, a tus cosas” es la matriz de la lógica que seguí al organizarme para asistir al pasado Salón del Comic de Barcelona, que cierra la persiana al tiempo que redacto esto, y es el principal motivo de que para mí la visita estuviera sesgada por lo que son mis intereses. Me he perdido infinidad de cosas interesantes, pero asumo, soy optimista en eso, que ya tocará cubrirlo como corresponde; pero esta vez, al ser la primera, decidí hacer como hace un visitante de a pie, directamente y sin monsergas “a mis cosas”.

Nada nuevo que ver, me dije, cuando puse un pie en el Salón. Es que en el Salón del Cómic te encuentras con casetas de cantidad de expositores, casi todos editoriales y tiendas, además de multitud de autores que van por ahí firmando y haciendo dibujines. Lo que pasa en casi cualquier actividad ferial, vamos. Resulta que no soy un gran cazador de autógrafos y entiendo, honestamente, que la gente que por allí pasa sí lo sea ,así que tampoco me sentí con la necesidad de colarme en alguna fila a preguntar algunas cosas. Igual es que no formaron parte del Salò los autores a los que le rindo pleitesía absoluta aunque, eso sí, me quedé con las ganas de invitar a unas cervezas a más de uno; pero conocedor de como funcionan las cosas para los autores en este tipo de lugares, tampoco la idea era molestar. Así que yo, como decía, a lo mio.

El primer imperdible de esta edición del Salón fue la presentación de novedades por parte de Random House Mondadori que coordinaba Javier Pérez Andújar con la presencia de Miguel Brieva y Paco Alcázar. Me resulta imposible enumerar la multitud de motivos que hacían y hacen que para mí dicha conferencia sea importante. Lo intentaré con dos cosas claras. Dos. 1.) Paco Alcázar y Miguel Brieva son, por mucho, dos de los más importantes historietistas de la actualidad y B) Javier Pérez Andújar es, como diría Raúl Minchinela, el Mejor Crítico Cultural del Mundo. No exagero, para nada. Hoy que el Salón cierra sus puertas miro una y otra vez el programa para meditar lo visto y me parece/me resulta horroroso que les hayan dado un espacio el viernes al medio día porque, repito, era El Momento del pasado Salón. Al menos a nivel de conferencias y eventos. Y, repito, hablo completamente en serio. Les puedo decir que concuerdo plenamente con lo que dijo Pérez Andújar al comenzar la sesión: “Estamos con dos autores que han entendido el mundo” y que lo diga él, “que maneja la cultura —la grande y la pequeña y la alta y la baja y la sacralizada y la de los contornos: toda; la cultura— y la relaciona con una facilidad y una concreción que te muestra de un plumazo, de dónde hemos venido, a dónde intentábamos llegar y dónde hemos acabado, y por qué es lo mismo que ha sucedido en este o este otro caso célebre” 1 , es motivo de tensión, porque lo dice a partir de los títulos de los dos volúmenes presentados y festejados en el evento: El Otro Mundo y El Manual de mi Mente .

La conversación dio un repaso por la influencia de lo que fueron los tebeos de Bruguera en la infancia de ambos autores para pasar a las vigencias que unen a Alcázar y a Brieva. Ese paso adelante en cuanto al costumbrismo que es la obra de ambos y su consecuente definición, además de la capacidad de aportar visiones hacia y desde la infancia, hicieron de esa mesa un momento álgido para quien se recrea en su propia curiosidad. Además de dejar en claro, a ciencia cierta, la necesidad del sentido del humor para decir según que cosas. A la salida, el Sr. Ausente me decía que esto no acostumbran hacerlo, que ha sido cosa de los de Mondadori. Y, por una vez y sin que sirva de precedente, creo que es menester agradecer. Gracias. En serio, ha sido grande. Muy grande.

Luego, al siguiente día, me pasé por la mesa redonda organizada por APIC que llevaba por nombre ¿Quién critica a los críticos? De ella formaban parte Koldo Azpitarte, Toni Guiral, y Álvaro Pons, supeditados a la moderación del ilustrador y dibujante Horacio Altuna. Una mesa redonda que, para servidor, contaba con todos los números para ser una cosa de bien, para ver gente liándose a hostias por defender una idea de Crítica. Porque para mí es de perogrullo que Walter Benjamin tiene razón y que el que no pueda tomar partido debe callar. Pero no, no ha sido así. Nadie ha tomado partido a excepción de uno de los asistentes, y, luego de desviar mucho rato la conversación entre la inexistencia de la crítica producto de una industria inexistente —que ya me dirás tú si las arcas miden la calidad de una industria— y si borrar o no los comentarios de los blogs, los asistentes nos vimos sumidos en la ponderación de conceptos acomodaticios como sensibilidad o mensaje y la separación entre red social y crítica, aludiendo a la internet y a la validez de lo que se dice en la misma. Bla ble blí. La mesa casi se cerró con Horacio Altuna, moderador del evento, diciendo que para él la crítica no era gran cosa. Que no le importaba mayormente porque él era un Autor, entendiendo que un autor es aquel que intenta que su obra nutra al lector. La pregunta, obviamente, cambia el cause de la conferencia y se transforma en la siguiente ¿Por qué modera una mesa sobre la crítica un Autor que se asume como impermeable a la misma? No lo sé. Tampoco lo entiendo. Pero esta pregunta habla sobre lo poco nutritiva que fue la mesa en sí misma. Suerte que entre el público estaba Pepo Pérez para dar con algunas ideas bastante claras y concisas. Realmente agradezco su presencia y sus contrapuntos, porque entre la gente pidiendo que el tebeo fuera concebido como Alta Cultura (sic), así como una Cahiers Du Cinema del tebeo (sic), las intervenciones de Pepo fueron realmente interesantes ante una mesa obstinada en asumir que la crítica de tebeos no existe mientras intentan homologarla con la del Cine o la de la Literatura. No sé si es cosa mia, aunque Constantino Bertolo y el reciente altercado entre Boyero y Almodóvar parecen darme la razón, pero esa crítica, ese modelo decimonónico, ya está muerto y enterrado. La Crítica a día de hoy es simplemente publicidad para según que tipo de obras, para según que tipo de lectores ansiosos de acuñar nuevos términos para pasarse de listos. Y no, señores, la función de la Crítica no es esa. Ni de coña.

Al parecer, tanto los asistentes como los responsables de la mesa han olvidado que la figura del crítico en general, en todas las áreas, ha mutado desde su función hasta su interlocutor. No sé qué tipo de satisfacción te otorga hablar sólo de las cosas que te gustan, como dice hacer la triada de dicha mesa redonda. Tampoco entiendo el porqué de la imposibilidad de ir gestando nexos y patrones comunes, jerarquías y demás puntos en común para hablar de los tebeos. Juro que no lo entiendo, por que me parece que la única apuesta razonable es, como decía Pepo Pérez, la del Crítico como detector de la Calidad Intrínseca de las obras y para eso, sí, sirve el conocimiento de muchas áreas pero no como único marco plausible sino como ampliación del campo de batalla. Porque, repito, quién no pueda tomar partido debe callar. Volveremos sobre ello en un futuro no muy lejano. En serio, lo juro.

¿Qué Significa el Underground? es el nombre de un documental que presentaron el pasado domingo en el Salón. Al ver su eje relacionado con el mundo del Fanzine y la autoedición obviamente me vi interesado, porque el fanzine es de mis formatos favoritos de toda la vida. Es más, en el Salón sólo he comprado fanzines o su versión pro. Luego de ver un Clip de 10 minutos presentado por su autor, Guillermo Carandini, y escuchar los apaños de los creadores, me fui de la Sala por un motivo muy claro. A pesar del título de la pieza, el punto de partida del documental es la consideración de la ahora revista TMEO como algo importante cuando le dieron el sello de garantía (un premio honorífico) en el pasado Salón del Cómic y Manga de Getxo y el eje de la cuestión es ver el fanzine como un medio para llegar a formar parte del mundo del cómic y no como un fin en sí mismo; y esto, sobretodo esto último, me parece insoportable. Me explico: plantarse ante el mundo como un autor es, por cojones, una manifestación del ego. Si te autoeditas, ni hablemos. En literatura, por ejemplo, la autoedición es un mal mayor que esconde muchas veces poco más que las deficiencias en cuanto a autocrítica por parte de un autor que responde así, autoeditándose, a la negativa de las editoriales de publicarle sus cositas. En el mundo de tebeo es diferente, pero no mucho. No demasiado. Lo que tenemos que tener claro es que es absolutamente necesario, en cualquier obra que se crezca a partir de la creatividad, un mínimo de bagaje. Cómo te creas o generas ese bagaje es cosa de cada uno y de cada cual.

En efecto, como señala Josep Maria Berenguer en el teaser que hemos visto, nadie, en estos tiempos nuestros, está dispuesto a pagar por la posibilidad de que un autor aprenda lo que provoca que casos como el de Josep Maria Beà o de los titanes de Bruguera sean casi imposibles, motivo por el cual hoy son vistos como idílicos a pesar de lo que comportaba llevar a buen puerto ese curro. Pero de ahí a creer que la creación en la independencia —nadie censura un fanzine— sea sólo un medio para algo mayor hay un largo trecho. Si el curro es bueno, bueno de verdad, verás como sucede que tu fanzines se retapan y re-editan, de hecho se les pone un lomo para que luzcan mejor. Miren lo que ha pasado con Dinero de Miguel Brieva y con el Fanzine Enfermo. Ese es el ejemplo a seguir, sin duda.

Resulta, además, que para que algo sea bueno es necesario mimar cada uno de los aspectos que lo conforme. Para mimar el Todo™ que contempla cualquier obra o publicación, éste tiene que ser, por cojones, una finalidad en sí mismo. No hay más. Eso es lo que lleva al TMEO a recibir un galardón, pero dudo que dicha apreciación pase de una anécdota. Lo dudo muchísimo porque dudo que dejen de trabajar con el nivel que les caracteriza. Y si un autor osa poner un título de una lectura tan amplia a un documental sin saber que es realmente el TMEO, él mismo dijo que se había enterado de la importancia de la publicación por la noticia que generó el galardón que mencionamos, dudo que nos podamos esperar algo más que una anécdota a pesar del gran valor que entiendo tiene la opinión de la gente de Cretino, Toronto, el fanzine tonto o Rantifuso, porque son los que hoy a primera hora están ahí por el fanzine. Que no se me malentienda, por favor, que lo que trato de decir es que el documental tiene varios puntos de interés menos que los que uno podría intuir con el título y que lo que digo tiene que ver con los 10 minutos que me han mostrado y la pequeña, en extensión, reflexión de su autor. Sí, el problema van a ser las expectativas.

Y de ahí también, de la ausencia de expectativas, es que la mirada hacia atrás de lo que fue el Salón, incluyendo su Palmarés, es positiva. Es un paseo que puede ser de lo más divertido, aunque encuentres poco, muy poco, que no puedas tener en las librerías del ramo, aunque los debates no consientan mayores realces, aunque la entrada al stand de Planeta parezca un paso aduanero del 2001 post 9/11 y aunque Argh! haya perdido el premio a la mejor revista. Qué todo parece indicar que volveremos a dejarnos caer por ahí, sí.

1 Raúl Minchinela, Los príncipes valientes

Carlos Acevedo | 02 de junio de 2009

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