Libro de notas

Edición LdN
Una aguja en un pajar por María José Hernández Lloreda

Se pretende ir construyendo, los días 10 y 20 de cada mes, una antología personal de poemas (que no de poetas) de autores más o menos contemporáneos, más o menos conocidos. Los poemas tienen en común el ser lo suficientemente cerrados para producir una sensación/idea compacta y lo bastante abiertos como para que además emerjan nuevas significaciones con cada nueva lectura. La autora es profesora del Departamento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Facultad de Psicología de la UCM.

Aunque sea un instante. Jaime Gil de Biedma

Aunque sea un instante, deseamos
descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal de que la vida deponga sus espinas.

Un instante, tal vez. Y nos volvemos
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.

                                                      Se olvida
pronto, se olvida el sudor tantas noches,
la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro
llevándonos a él de antemano rendidos
sin más que ese vacío de llegar,
la indiferencia extraña de lo que ya está hecho.

Así que a cada vez que este temor,
el eterno temor que tiene nuestro rostro
nos asalta, gritamos invocando el pasado
–invocando un pasado que jamás existió–

para creer al menos que de verdad vivimos
y que la vida es más que esta pausa inmensa,
vertiginosa,
cuando la propia vocación, aquello
sobre lo cual fundamos un día nuestro ser,
el nombre que le dimos a nuestra dignidad
vemos que no era más
que un desolador deseo de esconderse.

Jaime Gil de Biedma
de Compañeros de viaje. (Joaquín Horta, 1965)

María José Hernández Lloreda | 20 de abril de 2008

Comentarios

  1. C. Martín
    2008-04-20 17:46

    Después de leerlo tres veces y de estremecerme por lo que me significa, sólo puedo decir gracias por descubrirme este poema.

    Gracias.

  2. Ana Lorenzo
    2008-04-21 10:10

    Esta poesía de Gil de Biedma es una de las que más me gustan, María José, aunque he de reconocer que no es nada esperanzador y sí muy pesimista; bueno, o quizá no es pesimista, simplemente realista, el poeta en ese momento de cansancio que sufre y que él tan bien plasma; y ese recurso del ser humano de pensar que existió un tiempo en que todo estuvo bien y tuvo su sentido y hubo felicidad, porque si no, se muere uno.
    Un beso.



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