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Textos del cuervo por Marcos Taracido

TdC es un diario de lecturas, un viaje semanal por la cultura. Marcos Taracido es editor de Libro de notas. Escribió también las columnas El entomólogo, Jácaras y mogigangas y Leve historia del mundo [Libro en papel y pdf]. Ha publicado también el cómic Tratado del miedo. La cita es los jueves.

Escuela del siglo XXI

Intentaré ser muy claro y directo en este artículo:

1. Recomiendo leer a todo docente el libro de Fernando Trujillo Sáez Propuestas para una escuela del siglo XXI (Catarata, 2012). Más, recomiendo que se lo lea cualquier ciudadano interesado en la educación. Y no lo hago porque el libro de Trujillo sea maravilloso o vaya a cambiar radicalmente el panorama educativo y las mentes de quienes a él se acerquen, pero sí tiene una serie de virtudes que pueden ayudar.

2. No se trata de un libro de pura teoría; no es un libro de teoría pedagógica, no tiene casi jerga pedagógica, aunque no pueda escapar totalmente a ella. Quiero decir con esto que sus propuestas están asentadas en la práctica y no en el fantástico mundo de los despachos universitarios. Es cierto que cuando habla de experiencias exitosas no dice en qué consistió el éxito y, por lo tanto, hay que tener cierta fé (hay todo un aparataje de enlaces a sitios de internet en los que, a veces, sí se pormenorizan estos proyectos y sus resultados).

3. Habla de la necesidad imperiosa, que comparto totalmente, de superar la clase magistral y sustituirla por prácticas docentes mucho más participativas y activas por parte del alumnado; habla de romper el corsé del aula tradicional para incorporar técnicas y tácticas múltiples, variadas y en las que la tecnología en la que ya está sumergido el educando juegue un papel esencial, aunque no único.

4. Habla de la necesidad de que en las escuelas e institutos (y facultades) la creatividad y la construcción se conviertan en el procedimiento fundamental para la adquisición de conocimientos y habilidades (vale, sí, en el libro se habla de competencias, pero el lector está para intepretar, seleccionar y adaptar a su criterio las propuestas del libro, para aprovecharlo en suma).

5. Expone algo de lo que ya estoy absolutamente convencido pero que resulta muy complejo aplicar: la diversidad, la necesidad de evaluar distintamente a los que tienen distintas capacidades. La uniformidad en la evaluación de la enseñanza tradicional desperdicia, desde el punto de vista de la comunidad, un montón de talentos y habilidades que están fueran del corsé globalizador, y destruye, desde el punto de vista personal, muchas autoestimas y muchos futuros.

6. (Hay un aspecto que destaca al principio Trujillo y con el que reconozco que me ganó ya como lector de su libro porque me parece algo esencial para afrontar cualquier reforma de nuestro sistema educativo: somos profesionales, no, necesariamente, vocacionales; pretender que en un sistema con cientos de miles de profesores la vocación sea un parámetro necesario es frustrar la empresa antes de que comience.)

7. Destaca la imperiosa necesidad de cambiar la formación del profesorado, tanto inicial como permanente. El diagnóstico es sencillo: en las facultades no se enseña (sobre todo para los futuros docentes de ESO y Bachillerato) a dar clase en ningún sentido, y la llamada formación permanente es un chiste burocrático en el que vale mucho más sentarse durante 30 horas mientras alguien habla que escribir tres libros. El miedo es, como siempre, qué políticos se encargarán de llevar adelante el cambio y cuánto tardarán los siguientes en deshacerlo.

8. Y por último, trata Trujillo dos aspectos de muy difícil puesta en práctica por –sí, lo digo– la reticencia del profesorado: soy un firme defensor de la profesionalidad de la mayor parte de los docentes, de lo mucho que trabajan y de cómo se toman en serio su labor… pero suelen, solemos ser profundamente individualistas y reacios a trabajar en equipo, por múltiples motivos, entre los que también se encuentran la falta de tradición. Trujillo propugna el trabajo en equipo, la programación por proyectos que lleva a que varias disciplinas se unan en torno a un tema y lo exploten conjuntamente, aprovechando objetivos, procedimientos y recursos.
Y la capacidad contagiosa del entusiasmo: cómo poco a poco, pequeños gestos, iniciativas personales, actitudes visibles pueden ir creando un ambiente de cambio e innovación. Difícil, y potencialmente frustrante, pero esperanzador.

Marcos Taracido | 22 de agosto de 2013

Comentarios

  1. Eva
    2013-09-02 22:59

    Creo que los alumnos para que aprendan mucho más tienen que ser sujetos más activos en la ducación, y ya sea con la práctica o con una mayor participación en actividad que ayuden a entender las cosas y no sólo memorizarlas. Creo que de esta forma los alumnos pueden aprender mucho más y el sistema educativo puede funcionar de una forma considerablemente mejor



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