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Textos del cuervo por Marcos Taracido

TdC es un diario de lecturas, un viaje semanal por la cultura. Marcos Taracido es editor de Libro de notas. Escribió también las columnas El entomólogo, Jácaras y mogigangas y Leve historia del mundo [Libro en papel y pdf]. Ha publicado también el cómic Tratado del miedo. La cita es los jueves.

Nihilismo y sentido en Janne Teller

Hace unas semanas recibí un correo de Germán Machado. Me decía que leyese Nada, de Janne Teller. Me decía exactamente: «Tenés que leer esta novela. Bien, no es obligación, pero estaría bueno, así después charlamos sobre ella». La leí, y charlamos, y aquí dejo el resultado.

Germán: Y sobre Nada. Bien, que lo primero que pienso es en los impactos que puede tener, en términos de recepción, esa novela entre lectores adolescentes y jóvenes. Se supone que es una novela juvenil. De hecho, los protagonistas cursan 7o. grado, que vendría a ser un primer año de secundaria en mi país. Y la novela transcurre durante un año. Así que hablamos de protagonistas de 13-14 años. ¿Cómo crees tú que puede impactar en jóvenes de esa edad una historia así?

Primero, por la actitud del protagonista, Pierre Anthon. Y esa negación de todo sentido de la vida que expresa de palabra y con su actitud al trepar al árbol:

«Nada importa.
Hace mucho que lo sé.
Así que no merece la pena hacer nada.
Eso acabo de descubrirlo».

Segundo, por el contenido de la negación: ¿hay o no hay algo que tenga sentido?

Marcos: Sí, Teller la escribió, según dice, casi por encargo, respondiendo a una petición editorial de que escribiese algo para jóvenes. Desde ese punto de partida, me encanta la idea y el modo en que la ejecuta, con esa dureza asequible. Es terrible y dulce todo lo que se plantea. En cuanto al impacto en los jóvenes… es muy difícil decir algo desde nuestra madurez, porque casi nunca responden sus respuestas a nuestras expectativas. Desde mi pesimismo –quisiera pensar que documentado– acostumbrados como están (como nos hemos encargado de acostumbrarles) a la levedad más absoluta y los conflictos morales maniqueos pues caben dos respuestas posibles mayoritarias (y miles individuales, claro): una recepción superficial, de lectura más o menos entretenida, o una existencial, temblorosa, fundadora: mediada la lectura de la novela ya pensaba que aquello me sonaba a ese tipo de lecturas simbólicas universales al modo de El señor de las moscas. En cualquier caso, ninguna recepción será dramática o mimética, como debieron pensar los varios países e institutos que prohibieron el libro.

En cuanto a lo que planteas de Pierre Anthon y la negación de todo sentido a la vida, creo que es el dilema que germina la novela y que puede hacerla universal, porque todo respuesta a él es válida y argumentable.

Germán: Y la respuesta que desencadena en los jóvenes de su curso: ¿cómo impacta la progresión dramática del juego entre los jóvenes en cuanto a entregar aquello que más sentido tiene para ellos? ¿Cómo impacta la violencia que va tomando ese juego? ¿Es que sólo en el gesto de arrebatar con violencia algo de sentido se encuentra sentido?

Marcos: Está muy bien tramado esto en la novela; el juego que cualquier pandilla puede comenzar en este caso lleva en su nacimiento su muerte; fíjate que la cosa empieza a envenenarse por la naturaleza humana, por la identidad vengativa, por la necesidad de calmar el dolor que supone que te quiten algo tan valioso arrebatándoselo también a alguien, y por algo crucial en la adolescencia: la incapacidad de saber dónde están los límites.

Germán: Esto último, lo de la incapacidad de saber dónde están los límites parece muy propio de las últimas décadas. Pienso que cuando el mundo parecía más sólido y no tan líquido como ahora para los adolescentes era más fácil ubicar dónde estaban los límites, y en todo caso, las actitudes rebeldes o conformistas tenían mejor andamiento. Como que esto de no saber dónde están los límites viene más a tono con esa cosa postmoderna que nos rodea. Y ahí engancho con la respuesta que da el mundo adulto al episodio que transcurre allí en Taering, un barrio de una ciudad mediana de provincias: convertir todo aquello en espectáculo mediático, primero, en arte contemporáneo después, y en mercancía finalmente.

Marcos: Quizás este sea el peor momento narrativo, la facilidad con que los chicos aceptan la entrada de los adultos (junto con las lagunas legales que suscita el tema del enterramiento, la novela no deja de tener pretensiones realistas). Por lo demás, creo que lo que ocurre sería lo esperable, y aún quizás se quede corta Teller al dejar casi indemnes a la pandilla del daño mediático. Después de todo, ¿es lo que hacemos, no? Medir, valorar, tasar, también con los niños.

Germán: En las redes, actualmente, hay una propensión a escandalizar, pero estoy de acuerdo, sí, en que juega ese mecanismo de apropiación simbólica, incluso con los infantes. Y, luego, bueno, el desenlace: eso de que matar al mensajero parece ser la única respuesta que queda, salvo que consideremos que en la acción de relatar la historia, que es lo que hace la narradora protagonista, pueda asentarse finalmente el único sentido humano a la mano de estos jóvenes.

Marcos: Es muy interesante lo que dices de que la acción de relatar puede suponer el único sentido: sería una conclusión muy bonita, y muy complaciente con los que nos dedicamos a la ficción.
El desenlace me recuerda mucho a El perfume: así, no sería tanto canalizar la frustración como apoderarse del nihilismo como único modo de soportarlo.

Germán: En términos literarios, creo que la novela está bien lograda. Pero de eso no te hablé nada.

Marcos: Sí, obviamente llevar a puerto la trama ya es por sí un logro, pero además hay mucha sensibilidad en la prosa, y ningún insulto a la capacidad lectora de los jóvenes, lo que no es poco.

Germán: No sé por qué, pero tengo la idea de que es una novela que va a quedar. Un libro milliar, como lo fue “El guardián en el centeno”. Aunque claro, en este libro se ve bien que el guardián ya no tiene mucho qué hacer. No es casualidad que Pierre Anthon viva en una comunidad como aquellas que florecieron en los sesenta: las comunidades que formaron los lectores de Salinger.

Marcos Taracido | 28 de febrero de 2013

Comentarios

  1. climatizacion
    2013-03-06 23:52

    La venganza es un sentimiento muy “humano” por desgracia, no es fácil entender porque quitar cosas a otros puede aliviar la pérdida de uno pero esto para muchísima gente es una realidad.



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