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Textos del cuervo por Marcos Taracido

TdC es un diario de lecturas, un viaje semanal por la cultura. Marcos Taracido es editor de Libro de notas. Escribió también las columnas El entomólogo, Jácaras y mogigangas y Leve historia del mundo [Libro en papel y pdf]. Ha publicado también el cómic Tratado del miedo. La cita es los jueves.

Literatura de cordel en la era cibernética

Se ha estudiado muy poco: una de las empresas esenciales de las imprentas que nacieron en el siglo XV y el XVI fue editar lo que después se ha conocido como literatura de cordel o de ciegos: pliegos sueltos, folios sin encuadernación que se vendían a bajo precio. Se colgaban de cordeles como hoy he visto en algunas ferias poner los cds del top manta, ropa tendida al viento en una exhibición desinhibida, y como ahora gritan los precios y la calidad de la materia los feriantes, entonces eran generalmente ciegos quienes recitaban fragmentos de un romance o una copla, o voceaban pasajes de algún libro de caballería, o de un lance o suceso o maravilla. Generalmente, los pliegos difundían literatura popular, de tradición anónima, oral, y sobre todo a partir del XVII los avisos, noticias de sucesos, chanzas y burlas crecieron exponencialmente y supusieran buena parte de la producción. Es decir, que al tiempo que se editaban biblias, crónicas regias, cancioneros ampliamente ilustrados, poemarios de Herrera, Góngora, Villamediana y novelas de caballería, bizantinas, sentimentales, otra cultura se abría camino alternativamente utilizando las mismas herramientas de construcción e innovando en la distribución y difusión, imitando los modos juglarescos y perpetuando la transmisión oral que sólo el siglo XX acabaría enterrando. Y más: esa alta cultura de los nombres insignes era pirateada en estos pliegos sueltos, y Lope o Quevedo se quejaron en alguna ocasión de que sus poemas apareciesen en hojas sin tasa, o se viesen modificados, o sus nombres adornasen versos ajenos… aunque ellos mismos fuesen asiduos lectores.

Escribir, escribir, escribir ha sido el sino de gente que no ha leído en proporción. Ahí están los vascos para demostrarlo. ¿Cómo los caracterizaban en los siglo XVI y XVII? Como hombres dados a ser secretarios, a desempeñar cargos en que se necesitaba buena pluma: buena pluma, se entiende, desde el punto de vista caligráfico. Sin embargo, desde el punto de vista literario, aún popular, el vasco bulle muy ocasionalmente tan sólo. Los índices superiores de analfabetismo lo dan las tierras del Sur… y sin embargo en ellas es donde, precisamente, más fuerza ejercen nuestros pliegos de cordel: cordobeses, malagueños, sevillanos, granadinos, murcianos… Estamos, pues, ante una serie de hechos casi irreductibles. En tierras donde se sabe leer y escribir se lee poco, donde no se sabe se lee más. Seleccionan artística, espléndidamente, unas sociedades que conservan en la memoria partes del viejo “Romancero” y no otras.
Julio Caro Baroja, Ensayo sobre la literatura de cordel

Internet, y las bitácoras especialmente, está ejerciendo esa misma labor de la literatura de cordel. No se trata de negar la cultura tradicional, ni de suplirla ni rechazarla: se trata de extenderla, de metamorfosearla, de engullirla y excretarla, de imitarla, copiarla, cambiarla, de ofrecer alternativas, de facilitar el acceso a la producción y la creación. Se trata de escribir millones de pliegos sueltos, originales y copias y bastardos, que sirvan a millones para consumirlos, difundirlos o transformarlos en otros millones que a su vez.

Marcos Taracido | 19 de junio de 2008

Comentarios

  1. Alberto
    2008-06-20 17:09

    Supongo que, como la literatura de cordel, la literatura en Internet choca con el deseo de permanencia que tienen la mayoría de los que escriben…

  2. Ana Lorenzo
    2008-06-20 18:23

    Es un interesante paralelismo: quizá deberías desarrollarlo más y publicar un ensayo, junto a varios otros textos sobre la red y el acceso al texto. Y no vengas con esas de que no eres constante y tal y tal.
    Un beso.

  3. Marcos
    2008-06-21 00:28

    Bueno, la literatura de cordel más que una literatura de autores lo era de distribuidores, y es ahí donde se tiene que establecer la comparación con internet, algo que es posible que no quedase claro: la literatura de cordel la hacían los ciegos (principalmente, pero no únicamente) seleccionando aquellas creaciones que querían vender, aunque también los había que componían las suyas propias o, sobre todo, rehacían las ajenas. La comparación se establece ahí, con una internet (y sobre todo el movimiento “bitacoril”) en la que ha renacido el proceso de recolección y muestra de textos ajenos, e incluso el de manipulación, apropiación, plagio, etc, etc… Y la concepción del movimiento en general se ve mucho menos “permanentista” que la edición tradicional, que el autor tradicional: miles de bitácoras desaparecen o se abandonan, con los textos de sus autores flotando en la nada o borrándose literalmente: no hay ese afán de permanencia que da el papel, quizás por lo etéreo que nos resulta todavía el medio.

    Y Ana: quizás, sí, quizás. Tener secretaria me ayudaría mucho. O negra.

    Saludos

  4. MaRcELo
    2008-07-04 08:53

    Excelente comparación, y por sobre todo sobre el alcance de la literatura en el medio con crecimiento brutal, abismal y sin fronteras: Internet! La gloriosa Internet es la caja de pandora, donde encontrarás el cielo y el infierno a la distancia de un clik.

    En mi particular opinion, Internet roba a los autores lo que ellos al mundo. Nadie es dueño de una idea, nadie puede privar a nadie de conocimiento, pues la vocación innata del ser humano es extenderse en la história con su legado, llegar a la inmortalidad por sus ideas, porque el resto perece.

  5. Enrique Sabaté
    2008-11-15 19:18

    Descubro tu cuaderno de bitácora y te dejo este comentario, andaba buscando ideas para mis pliegos de cordel.

    ¿Es plagio reescribir la Iliada? Lo hizo más o menos Virgilio, por no decir que es el arranque en el siglo III a.c. de la literatura romana.

    ¿No es Don Pablos el Buscón, en cierta medida, un alter ego del propio Quevedo?

    Y en un momento dado se gana la vida como compositor de coplas para ciegos.
    ¿Es una queja del autor o quizá constata un hecho?

    Como decía Manuel Machado:

    “Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor.”

    Pícaros de la edición,
    ganapanes del barato
    gentes del cordel que al rato
    penaban de inanición;
    hoy se copia una canción
    y de la red se entresaca
    se transmite en toma y daca.
    Toman de aquí las ideas
    las cuentan y aunque sean feas
    flotan en mar como estaca.

    Si quieren que yo les cuente
    como es vida de juglar
    entre el plagio y recrear
    los oidos del oyente:
    hay que atraer a la gente
    con invocaciones varias
    a diosas celtas y arias
    o al romano santoral
    al paganismo oriental
    y las faltas fiduciarias.

    Mas no les aburriré
    y me salto el argumento
    hoy es en este elemento
    como ágora, se ve,
    donde la historia hace pie;
    la rede que se hace plaza,
    repartida como hogaza,
    y abierta donde se empeña
    el laborioso, y enseña
    los dientes la calabaza.

    Te copio la idea y la prosigo.

    Un abrazo.



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