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Ciencias y letras por Salvador Ruíz Fargueta

Ciencias y letras, trata de acercar las dos culturas , favorecer su mestizaje. En realidad, sólo es una cultura que nos puede acercar más a nosotros mismos, a las complejas relaciones humanas, al mundo y a sus interrogantes. El autor, ingeniero y físico, es editor de La bella teoría. Publica los días 1 de cada mes.

Conociendo a Foucault

Para muchos lectores, su primer contacto consciente con Jean Bernard Léon Foucault es posible que haya sido a través de la novela de Umberto Eco, El péndulo de Foucault. En ella uno de los tres protagonistas se encuentra en el Conservatoire National des Arts et Métiers, donde hay un Péndulo de Foucault, esperando un acontecimiento que ha de producirse en la noche inminente del solsticio de Verano. Mientras espera, cuenta la mayor parte de la narración en forma retrospectiva.

En mi caso, el primer conocimiento de Foucault fue gracias a unas sorprendentes corrientes en torbellino que llevan su nombre. Estaba haciendo el bachiller y mis compañeros y yo nos encontrábamos en el laboratorio de física y química con mi buen profesor D. Luis Gómez. Nos sentamos alrededor de él que nos iba a enseñar un experimento de electromagnetismo: una placa de cobre, suspendida de un hilo, iba a pasar a través de los polos de un electroimán. Como la placa no era de hierro yo no esperaba que pasara nada significativo al atravesar los polos, pues al fin y al cabo un imán no es capaz de atraer el cobre. Pero… maravilla de las maravillas, al pasar entre los dos polos la placa se frenó, de forma absolutamente misteriosa para mí, y solté una exclamación que causó la risa entre mis compañeros y la sonrisa benévola de mi profesor.

Había descubierto las corrientes de Foucault, unas corrientes que aparecen en todo conductor que se mueve en el seno de un campo magnético oponiéndose a su movimiento y frenándolo. Debido a ellas todas las piezas metálicas que se mueven en el seno de campos magnéticos suelen ser laminadas, pues la capa de óxido interpuesta entre las distintas láminas basta para evitar, o debilitar extraordinariamente, la circulación de las corrientes.

Su potente efecto se utiliza en algunos trenes y vehículos muy pesados para su frenado. Durante el mismo, las ruedas están expuestas al campo magnético de un electroimán, que genera corrientes de Foucault en sus núcleos y llantas. Las corrientes de Foucault ofrecen resistencia al movimiento mientras circulan a través del metal, y hacen que las ruedas disminuyan su velocidad. Mientras más rápido giren las ruedas, más fuerte será el efecto, resultando que a medida que el tren disminuye su velocidad, también lo hará la fuerza de frenado, consiguiéndose así un frenado suave proporcional a la velocidad de las ruedas.

En los hornos eléctricos de inducción estas corrientes llegan a fundir el material metálico que se coloca en el núcleo del electroimán. Al hacer pasar corrientes alternas de alta frecuencia se producen corrientes inducidas capaces de llegar a fundirlo por efecto Joule . En las cocinas de inducción ocurre algo similar, las corrientes se originan en el propio utensilio de cocina que se calienta directamente por su efecto. Al no utilizar ningún agente de calentamiento intermedio el rendimiento energético es mucho mayor.

Pocos años después del experimento en el instituto volví a tropezarme con Foucault, esta vez a través de su famoso péndulo. En un viaje a Santander visité su Museo Científico y me quedé maravillado del péndulo de Foucault, un péndulo esférico que demuestra la rotación de la Tierra. La masa esférica que pende de un largo hilo, merced a su propia inercia, mantiene su plano de oscilación independientemente de la rotación de la Tierra. Para el observador parece que el péndulo va cambiando lentamente su plano de oscilación, pero la realidad es que lo que va cambiando es el entorno del mismo por la rotación de la Tierra. El péndulo permanece oscilando en el mismo plano en el que empezó a oscilar. Foucault hizo la primera demostración en 1851. El péndulo se fijó a la cúpula del Panteón de París: medía 67 metros y llevaba una masa de 28 kg. Una vez lanzado oscilaba durante 6 horas.

A los científicos nos los encontramos por doquier, a través de los miles de artefactos de nuestra vida cotidiana que debemos a su ingenio. Los hallamos hablando por teléfono, cocinando una tortilla o viendo la televisión o el cine. Los encontramos en la oficina, en la escuela, conduciendo nuestro coche o durmiendo plácidamente en nuestra cama. Los conocemos por sus obras pero casi nunca por sus nombres.Cuando leemos una novela conocemos el nombre de su autor, pero cuando hacemos una tortilla en una cocina de inducción no tenemos ni idea de que cocinamos gracias a las corrientes de Foucault.

Péndulos de Foucault en el mundo

Museo de las Ciencias Príncipe Felipe

Salvador Ruiz Fargueta | 01 de enero de 2011


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