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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Así que el 2013...

Qué de polvo hay por aquí. Como si hiciera por lo menos un año que no entra nadie.

En fin, que termina ya 2013 y ha sido un año algo decepcionante en lo cinematográfico para mí. Una gran primera mitad que se ha ido desinflando hasta tal punto que empiezo a preguntarme si el cine ya no me gusta como me gustaba antes o si he perdido capacidad de sorpresa o de apasionamiento por lo que veo en pantalla. Por primera vez en años no he tenido ninguna película que me haya dejado clavado en el asiento, no ha habido un Drive, un Holy Motors, un Che que me haya hecho salir bailando del cine. Buenas películas, alguna excelente, pero ninguna que me haya marcado. Aunque en una semana se estrena La grande bellezza de mi amado Paolo Sorrentino. Veremos.

Entretanto vamos con el resumen del año, como marcan las costumbres de esta casa.

Lo más impactante

Esos cuarenta últimos minutos de Zero Dark Thirty, donde Jessica Chastain sale de plano y lo que vemos es la impecablemente resuelta, aséptica, limpia operación de captura de Osama Bin Laden por parte de un cuerpo de élite del ejército norteamericano. También la pérdida de control de Sandra Bullock después del primer impacto de la basura espacial en Gravity. Los cubos, ¡los cubos!, de Cabin in the woods. (SPOILER) Y el “cuarto de tortura” que construye Hugh Jackman para el pobre Paul Dano en Prisioneros. Madre de dios bendito.

Y ha sido un año muy impactante en cuanto a sexo en la pantalla. Desde la escena del siluro (ahí lo dejo) de Cameron Díaz en El consejero hasta la incómoda, desagradable y humillante escena del stripper en Paraíso: amor. Y por supuesto ese infinito primer encuentro sexual entre Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos en La vida de Adèle: quince minutos de cuerpos dándolo todo para incomodidad, risitas, excitación y curiosidad de la platea.

Oh, y un guiño a mi buen Pedro Toro, ese “bad guy” de la muy especial Cabás de Pablo Hernando: su primera aparición, baile incluido, es una de mis escenas favoritas del año.

Lo más decepcionante

El cine español, en general: sé que ha habido menos películas que otros años gracias a esa hermosa política de torturar nuestro cine que lleva a cabo nuestro gobierno, pero quitando alguna excepción en general he salido descontento de casi todas las películas españolas que he visto este año. Por concretar en un par: La gran familia española es una comedia espantosa y Stockholm es la mayor decepción por culpa del “hype” que he tenido y por unas interpretaciones opuestas a cualquier cosa que pueda gustarme.

Creo que si Steven Soderbergh hubiese estado a mi lado lo habría matado con mis manos desnudas por el estropicio que hace con la segunda mitad de Efectos secundarios después de una primera parte brillante. Los mimados de la crítica francesa Assayas y Dumont se pierden en la propia contemplación de su ombligo en Después de mayo y Camille Claudel. 1915 respectivamente. Mud tenía tan buena pinta que quedarme en “entretenida” me supo a muy poco. Y tres decepciones que tienen que ver más con mis expectativas que con el resultado final dela película en sí: no pudo darme más igual la Adèle de La vida de Adèle, Turistas es curiosa pero no vi revolución alguna ni nada particularmente reseñable, y Searching for sugar man se salva por su excelente banda sonora pero, eh, es como ver una película de Paulo Coelho.

Los papelones

Cate Blanchett, poderosa, magnética, excesiva, brillante, espectacular en Blue Jasmine, la mejor interpretación femenina del año. Que La vida de Adèle me diese lo mismo no me impide ver el maravilloso trabajo de Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, con un nivel de compromiso con la película insuperable. Y muchas más: inquietante y extrema Cameron Díaz en El consejero, fresquísima Tea Falco en Tú y yo, intensísima Marián Álvarez en La herida, valiente Margarete Tiesel en Paraíso: amor, simplemente maravillosa Greta Gerwig en Frances Ha. Qué buen año de actrices.

Entre ellos, todos la miraban a ella pero yo me conmoví mucho más con Jean-Louis Trintignant en Amour. José Sacristán lo borda en El muerto y ser feliz una película tan especial como su interpretación. Mads Mikkelsen consigue sobrevivir a algo tan complicado como La caza, y con nota además. Es fácil ponerse del lado de Daniel Day-Lewis haciendo de Lincoln pero qué coño, es que se transforma en el presidente norteamericano, por mucha rabia que nos dé que lo haga todo tan bien. Y bastante inolvidable el descenso a la locura existencialista de Xabi Tolosa en Cabás.

Pero quizás mi interpretación favorita del año es colectiva: la que nos regalan Emma Watson, Logan Lerman y Ezra Miller en Las ventajas de ser un marginado, desprendiendo un aura de autenticidad y de verdad como pocas veces he visto antes a tres actores adolescentes.

Y la semana que viene hablamos de chorradicas. ¡Hasta entonces!

Alberto Haj-Saleh | 04 de diciembre de 2013

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