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Edición LdN
Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

El público

En 2009 hubo un éxito editorial en España que eclipsó cualquier otro libro publicado en nuestro país durante ese año y el siguiente. El libro se llamaba El tiempo entre costuras y su autora era la desconocida María Dueñas; vendió más de un millón de copias (y sigue vendiendo) y ha sido traducido a veinte idiomas. Lo publicó una editorial tan acostumbrada a estos exitazos como Planeta, pero este caso tiene algo de particular: El tiempo entre costuras no contó con una gran campaña de lanzamiento, no inundó periódicos y vitrinas con publicidad, no ganó el Premio Planeta, con el empujón mediático que conlleva.

Sí, ahora todos recordamos publicidad sobre el libro, pero eso llegó después: lo primero que ocurrió es que un grupo de gente compró el libro, le gustó muchísimo y lo fue contando por ahí sin parar. Este best-seller partió de abajo, por mucho que estuviese publicado por una gran editorial.

Ahora que The Artist se ha llevado los premios gordos en los Oscar, es inevitable pensar en el poder publicitario (que a veces llega a la extorsión) por parte de ciertas distribuidoras en Hollywood. La distribución de The Artist ha corrido a cargo de The Weinstein Company, la productora-distribuidora de los hermanos Bob y Harvey Weinstein, antaño dueños y señores de la todopoderosa Miramax. En 1998 fue muy sonada su agresiva campaña para conseguir que Shakespeare in love se llevase el Oscar a la mejor película, a pesar de que la crítica no apoyó el filme (preferían Salvar al soldado Ryan) y de que el público salía del cine con su mejor cara de “meh”. Este año han vuelto a hacer campaña por la película francesa y, como aquella vez, han vuelto a salir ganando con su táctica.

Sin embargo The Artist no es Shakesperare in love. Para empezar, se estrenó en el Festival de Cannes donde el público salió entusiasmado con la propuesta, aparte de con algo tan gordo como el premio al mejor actor Jean Dujardin en el bolsillo. Más tarde, el público la votó en masa como su favorita en el Festival de San Sebastián, también en el de Sevilla, en el de Hampton y hasta en un festival no competitivo como el Cineuropa de Santiago de Compostela los espectadores echaban felices nueves y dieces en las urnas que recogían los votos para el premio del público al final de cada proyección.

En cualquier caso, para ver el efecto que provocaba la película no había más que acercarse a la salida de cualquier proyección en un cine normal y ver la cara risueña de la mayoría de las personas que salían de la sala, sinceramente alegres y felices.

A mí The Artist me parece una cosa tiernecica e insignificante, fue agradable verla, sobre todo porque la vi en un viejo cine-teatro de Sevilla, donde la atmósfera ayudaba mucho a toda la historia del cine mudo. Sin sus premios, la habría olvidado un par de días después, pero su éxito y sus Globos de Oro y sus Oscar han sacado la parte más afilada —y muchas veces airada— de muchos críticos y cinéfilos que no entienden que una película así obtenga tanto reconocimiento.

Pero el público la ha adorado, campañas aparte, sin que nadie les empuje, sin que la publicidad les haya convencido de que esa es la película que deben adorar. Eso es un logro que no puede ni debe ser tratado con desprecio o ligereza.

Alberto Haj-Saleh | 29 de febrero de 2012

Comentarios

  1. Merche
    2012-03-01 00:09

    Más o menos algo así quería apuntar en su artículo vecino de hoy, pero ya lo ha explicado usted mejor y no puedo añadir ni quitar nada ni aquí, ni allí.

    Ahora nos falta Manuel Haj-Saleh destripando las raíces de las fobias a los premios Oscars en otro estupendo artículo que deberían solicitar ya ;-)

  2. Miguel A. Román
    2012-03-01 23:30

    Bueno, pues ya la he visto, y me uno al grupo de los “muchos críticos y cinéfilos que no entienden que una película así obtenga tanto reconocimiento.”

    Y no es que sea mala, que no lo es, sino bastante buena. Pero ¿era esta la mejor película de 2011? Me alegro entonces de no haber ido mucho al cine el año pasado.

    Una pregunta de imposible ucronía y difícil distanciamiento: ¿habría ganado esta película esos premios en 1928 compitiendo con Wings de Wellman o El séptimo cielo de F.Borzage? Si la respuesta se acerca a “no” la única explicación posible es que esto no es un premio sino un aviso a navegantes que estén sacrificando cine por tecnología.

    Y es una injusticia que al perro Uggie no lo nominaran como mejor secundario, hace mejor interpretación que Goodman (que está muy lejos de sus mejores días).

    Tú la habrías olvidado un par de días despues. Yo, tras verla, llegué a casa y estaban echando El padrino II, ya estaba por la mitad del metraje y la he visto creo que tres veces, pero me senté a verla; a los diez minutos se me había olvidado completamente The Artist.


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